Opinión

Balances provisorios del primer año de la tercera administración del Frente Amplio: ¿freno o impulso? Un análisis del primer año del nuevo gobierno de Tabaré Vázquez

Balances provisorios del primer año de la tercera administración del Frente Amplio: ¿freno o impulso?   / Un análisis del primer año del nuevo gobierno de Tabaré Vázquez

Mientras se escribe este texto, el tercer gobierno consecutivo del Frente Amplio acaba de cumplir el primer año de gobierno de su período de cinco. Los avatares con que viene transcurriendo esta segunda presidencia de Tabaré Vázquez parecen corroborar ciertos desafíos e incertidumbres que ya se perfilaron durante el último ciclo electoral 2014-20151. El deterioro del contexto económico regional e internacional ha sido más severo y acelerado que lo previsto, confirmando un cuadro consistente de desaceleración económica. El crecimiento de la conflictividad social durante 2015 reveló a una sociedad que, pese a las mejoras innegables de la última década (y con seguridad como consecuencia de ellas), se ha vuelto más demandante y no otorga cheques en blanco a nadie. En ese marco, el principal reto para la izquierda gobernante apunta a demostrar que puede gobernar también en ciclos económicos en más de un sentido adversos y que puede hacerlo sin paralizar su plan de transformaciones, por el que se comprometió ante la ciudadanía que le ha otorgado por tercera vez no solo la Presidencia de la República sino la mayoría legislativa.

En ese contexto, resulta imperativo plantear algunos de los principales desafíos que enfrenta la izquierda uruguaya desde una hipótesis interpelante: luego de más de una década de crecimiento económico ininterrumpido, con tendencias virtuosas en buena parte de los indicadores sociales y económicos más relevantes, con una revolución productiva en curso y con un contexto internacional que tiende a desacelerarse pero en el que no se atisban amenazas concretas de crisis o recesión para el país, la hipótesis de un progreso sólido en la perspectiva del desarrollo configura un desafío razonablemente realista, que exige reformas estructurales complejas e impostergables, pero que ofrece un cuadro de oportunidades tal vez inédito desde la segunda postguerra hasta nuestros días.

Luego de un ciclo electoral que tuvo sus alternativas azarosas pero que culminó con una victoria abultada de Tabaré Vázquez en el ballotaje y hasta con un corrimiento general del electorado un poco más a la izquierda2, el primer año de esta tercera administración frenteamplista no ha dejado el balance esperado. Con el telón de fondo del cambio de contexto económico regional e internacional, la negociación del presupuesto nacional aprobado en el 2015 pareció monopolizar la acción del gobierno durante todo este primer año de gobierno, en un país en el que el Estado sigue siendo el principal empleador, comprador y hasta empresario. Sin embargo su tramitación resultó muy conflictiva y evidenció a un gobierno fuertemente cauteloso en el manejo de una situación fiscal difícil. El debate presupuestal tuvo momentos de confrontación particularmente severos en lo que refiere al sector siempre sensible de la educación. La negociación salarial en el sector privado tampoco resultó sencilla, aunque finalmente pudo tramitarse con un margen razonable de acuerdos. Sin embargo, la permanencia de las pautas salariales restrictivas anunciada por el Presidente Vázquez para los próximos años y justificada como medida imprescindible para detener la presión inflacionaria, ha generado una fuerte reacción por parte del PIT-CNT, en desacuerdo radical con esa propuesta. El cambio de contexto económico y la actitud demostrada por el gobierno para afrontar la nueva situación ha sido territorio abonado para que emergieran con mayor visibilidad diferencias fuertes dentro del partido de gobierno frente a temas relevantes: la presencia del país en las negociaciones del TISA3, el rumbo de la política educativa4, la conducción de las empresas públicas5, tema este último que marcó a fuego la interna oficialista durante 2015, en especial en relación al grave déficit de ANCAP6.

Varios de estos temas de conflicto en el seno de la izquierda han puesto de manifiesto y tal vez expandieron varios contenciosos de sucesión entre el gobierno de Mujica (2010-2015) y este segundo de Vázquez. Luego del liderazgo fundacional de Liber Seregni (1916-2004), Vázquez y Mujica han sido, junto con el actual Ministro de Economía Danilo Astori, los tres líderes más importantes de la izquierda uruguaya en las últimas décadas, tanto en lo que refiere a su rol en las etapas del crecimiento electoral de la izquierda como a la hora del gobierno. Sin embargo, sus relaciones personales nunca han sido sencillas. Expresan sin duda trayectorias y estilos políticos disímiles, así como enfoques muy diferentes acerca de cómo gobernar. En este sentido, Tabaré Vázquez, en muchos aspectos personaliza un espejo contrastante con Mujica. Por cierto que no en todo. Sin embargo, con carismas y trayectorias antagónicos, con concepciones de la política muy diversas y hasta opuestas en ciertos aspectos, entre celos y competencias finalmente humanos, paradójicamente Tabaré Vázquez y José Mujica hoy se requieren más que nunca. Buena parte del éxito de sus proyectos para el quinquenio depende de que sepan complementarse y administrar sabiamente sus pactos y diferencias. Luego de un año muy difícil, ambos parecen finalmente haberlo entendido en los últimos meses. Y es que más allá de ciertos problemas de herencia (que varios jerarcas del nuevo gobierno frenteamplista no disimularon), resulta muy difícil obtener consenso en la interna oficialista y el apoyo cohesionado de la bancada de legisladores frenteamplistas con estos dos liderazgos enfrentados.

Ni el Frente Amplio ni Tabaré Vázquez son los mismos de su primer mandato: su liderazgo es mucho más discutido y contestado dentro y fuera de las filas oficialistas, su capacidad de encolumnar al Frente atrás de sus decisiones y de las opciones de su gobierno no es la de antes. Está también el telón de fondo de un clima de variados descontentos, que se asocia con el cambio de la situación económica y con el crecimiento de expectativas no satisfechas. Pesa también el desgaste lógico del ejercicio del gobierno.

En este marco notoriamente más difícil, con el agregado de los cambios de ciclo político que se advierten en la región7, el actual gobierno frenteamplista debe enfrentar descontentos y oposiciones acrecidos. Ello también tiene que ver con su talante general, más orientado a mantener lo logrado en la última década de cara a los desafíos de la desaceleración económica, que a intentar un nuevo impulso transformador profundizando las reformas iniciadas y abriendo nuevos libretos de transformación cuya agenda tampoco parece muy clara o identificable8. Entre dudas de agenda y desafíos importantes de tramitación política, la izquierda uruguaya en el gobierno tiene en este 2016 un año de inflexión, luego de un primer año de balances magros y antes de un 2017 en el que se reabrirá la discusión presupuestal, desde un debate renovado acerca de las posibilidades de ir más allá o más acá en las reformas en función de la situación y los desempeños económicos. En ese contexto, entre la tentación de administrar un freno cauteloso para luego intentar avanzar con gradualismo y el temor –también la responsabilidad- de intentar un impulso reformador como respuesta anticíclica ante el fin de la bonanza expansiva de años anteriores, la izquierda uruguaya y su tercer gobierno debaten sus alternativas. Sin duda, el entusiasmo con el que podía verse la «hipótesis del desarrollo» tan solo dos años atrás ya no puede ser el mismo.

Puede conjeturarse con razonabilidad que las dificultades crecientes que el nuevo gobierno frenteamplista parece encontrar para convencer a la ciudadanía en general y a su militancia en particular sobre que «el Uruguay no se detiene» (como decía su último eslogan de campaña) se vinculan en parte con transformaciones tal vez excesivamente gradualistas en áreas capitales. Y lo que no se hizo en medio de la bonanza, sin duda que es más difícil hacerlo en contextos de desaceleración económica, cuando hay que probar que se sabe gobernar frente a ciclos adversos y que se lo puede hacer sin dilatar las transformaciones y reformas más cruciales.

Un programa sucinto sobre algunas de estas últimas puede ayudar a advertir los retos de la coyuntura: la confirmación de la estabilidad económica pero combinada con estrategias más activas de industrialización y de incorporación de valor agregado a la producción; la consolidación de una inserción internacional pujante sin desmedro del compromiso regional; una apuesta exitosa a la reforma de la educación; un salto en calidad de la logística y de las infraestructuras necesarias para continuar el crecimiento; un crecimiento genuino de las capacidades del país en investigación e innovación en ciencia y tecnología; la reversión de la segregación residencial para consolidar la integración social y territorial; el fortalecimiento de la cohesión social y de la convivencia social; una profundización de la democracia articulada con una agenda ampliada de nuevos derechos; etc9.

El impacto de iniciativas como las del «Plan Ceibal»10 en su momento o los logros de la transformación extraordinaria de la política energética en el último quinquenio11, son buenos ejemplos del tipo de acciones que se exigen para dar respuesta efectiva a esta hipótesis de un desarrollo posible como signo de las exigencias que debe enfrentar hoy la izquierda uruguaya. Se lo mire desde donde se lo mire, el pleito acerca de si se están aprovechando las oportunidades de la coyuntura todavía está en curso, tal vez con más profundidad en tiempos de desaceleración. Con sensatez y mirada estratégica, el gobierno del Frente Amplio solo podrá convencer a la ciudadanía uruguaya para que le renueve la confianza si prueba a cabalidad que no solo tiene programa para épocas de abundancia.

  • 2.

    El Frente Amplio obtuvo en la primera vuelta de octubre de 2014 un 47,8% de los votos emitidos, distanciándose de su principal contendor que fue el P. Nacional que logró 30, 9%. En la segunda vuelta realizada en noviembre, la fórmula presidencial frenteamplista de Vázquez-Sendic obtuvo 53,5% contra 41,2% de la fórmula nacionalista Lacalle Pou-Larrañaga, en lo que fue la mayor ventaja efectivizada en un ballotaje desde la aplicación de las reglas emanadas de la reforma constitucional de 1996. Por otra parte, la suma de ambos partidos tradicionales bajó en la primera vuelta respecto a lo ocurrido cinco años antes, con una mayor dispersión de voto entre distintos partidos menores, uno de los cuales, Unidad Popular, de extrema izquierda, llegó a obtener por primera vez un diputado.

  • 3.

    La participación en las negociaciones del acuerdo global sobre comercio de servicios conocido como TISA (Trade in Services Agreement), dispuesto en secreto por el anterior gobierno presidido por Mujica, generó una fuerte polémica en el seno de la izquierda al cobrar publicidad en los primeros meses del gobierno de Tabaré Vázquez. Este último, que insólitamente también se enteró por la prensa del tema, resolvió pasarlo a decisión del Plenario nacional del Frente Amplio, el que por una amplísima mayoría y con la única excepción del Frente Liber Seregni lo rechazó y exigió el retiro inmediato de las negociaciones. El Presidente Vázquez cumplió de inmediato con esa resolución de las autoridades frenteamplistas.

  • 4.

    La renuncia del Subsecretario del Ministerio de Educación y Cultura, Fernando Filgueira y del Director Nacional de Educación, Juan Pedro Mir, en octubre del 2015, nuevamente volvieron a poner en evidencia las diferencias en materia de política educativa dentro del Frente Amplio. Ambos habían sido los principales referentes del tema educativo durante la campaña electoral del 2014.

  • 5.

    Durante el gobierno de Mujica ya se había dado una discusión más discreta acerca del rol de las empresas públicas, sus autonomías, sus capacidades para disponer inversiones estratégicas, los tiempos de las mismas, sus contribuciones a rentas generales para el manejo del tema fiscal., entre otros aspecto. Estas diferencias se volvieron más visibles desde el inicio mismo del nuevo gobierno, enfrentando al nuevo Ministro de Economía, Danilo Astori, y a la nueva Ministra de Industrias, Carolina Cosse. Precisamente esta última fue presidente de ANTEL, la empresa uruguaya de telecomunicaciones, durante el anterior período.

  • 6.

    El debate sobre el tema empresas públicas terminó de detonar en 2015 al darse a conocer el déficit millonario en dólares (aproximadamente U$S 800.000.000 en tres años) de ANCAP, tal vez la empresa pública paradigmática del país, creada en 1931. Esa situación terminó con la necesidad de capitalizar la empresa, de intervenir indirectamente su conducción y de iniciar un proceso de renovación de sus autoridades, lo cual generó fuertes discusiones en el seno del Frente Amplio, en especial entre los grupos liderados por el actual Vicepresidente de la República, Raúl Sendic (precisamente el Presidente de ANCAP durante el pasado quinquenio) y el actual Ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, líderes de la lista 711 y del Frente Liber Seregni respectivamente, dos de los principales grupos de la coalición de izquierda.

  • 7.

    Los acontecimientos del último tiempo en Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Chile y Bolivia han llevado a varios analistas a hablar de un «cambio de ciclo político» en Sudamérica, con el agotamiento de los gobiernos progresistas en la región. Más allá de esta hipótesis por lo menos controversial, lo cierto es que todos esos procesos han impactado de distintas maneras también en Uruguay.

  • 8.

    Varios analistas han planteado que luego del primer gobierno de Tabaré Vázquez, que tuvo una agenda definida con el despliegue del plan de emergencia contra los impactos sociales de la crisis del 2002 y un ciclo de reformas específicas (en áreas sensibles como la salud o los impuestos, entre otras), durante el gobierno de Mujica (con la prioridad de los llamados «buques insignias» anunciados en su momento) y en el comienzo de este nuevo gobierno de Tabaré Vázquez, los libretos se han vuelto más difusos y poco claros. Vázquez anunció durante un mensaje por cadena en la noche del día de su asunción una serie de propuestas y planes concretos, los que sin embargo, por lo menos hasta el momento, han tenido dificultades evidentes de implementación y avance.

  • 9.

    Cfr. Caetano-De Armas-Torres, La provocación del futuro… etc. ob. cit. pp. 291 y ss.

  • 10.

    El Plan Ceibal es un proyecto socioeducativo, creado por el gobierno uruguayo presidido por Tabaré Vázquez por decreto del 18 de abril de 2007, con el objetivo de «proporcionar un computador portátil a cada alumno en edad escolar y a cada maestro de la escuela pública, así como también capacitar a los docentes en el uso de dicha herramienta, para promover la elaboración de propuestas educativas acordes con las mismas». La sigla Ceibal es un retroacrónimo que significa «Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea».

  • 11.

    En el último quinquenio, a instancias de las políticas públicas aplicadas por la Dirección Nacional de Energía, el Uruguay se ha acercado a tener cerca de la mitad de su matriz energética en formas de energía renovable.

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