Tema central

América Latina en dos voces y una postdata

NUEVA SOCIEDAD invitó a un jóven argentino, y otro venezolano a plasmar en un intercambio de correo electrónico, sus visiones sobre la condición de ser jóven en América Latina en estos tiempos aciagos. Durante dos meses mantuvieron un diálogo vivaz y lúcido, en el que abundan, tanto contrastes como coincidencias.

América Latina en dos voces y una postdata

El 8/2/05 2:40 PM, «Jesús Ernesto Parra» <egoernesto@hotmail.com> escribió:

Estimado Martín: Nos toca a nosotros la tarea más difícil de todo este dossier. No es sencillo eso de capturar escenarios auspiciosos, y además saltar de meros objetos de un precario análisis, a sujetos que avancen hacia un contorno de la Latinoamérica que viene, la que se avecina, la de Caracas 2.15 pm y con lluvia.

Es muy curioso ese tema de las lluvias. De cómo a veces la naturaleza de las cosas se une a la naturaleza de los días. Desde inicio de año no ha dejado de llover, de hecho, ahora llueve más que nunca, los barrios pobres de la ciudad –ubicados en su mayoría en los cerros que la rodean– se vienen abajo, y la ciudad da la sensación de estarse derritiendo de a poco.Me vienen a la mente dos imágenes extraídas de la literatura. La primera es de Juan Villoro, quien habla de las ciudades de Latinoamérica como ciudades sin contornos, ciudades donde siempre es orilla; la segunda es de Walter Benjamin, que dice que la ciudad es la realización del antiguo sueño de la humanidad: el laberinto.

Si nos atenemos a esa noción de ciudades-espejo, entonces, ¿la Caracas derretida, dinamitada y sin contornos es reflejo del continente que la retiene dentro de sí? ¿El México DF de las demoliciones incesantes es un indicador de cómo mirar lo que tenemos entre manos?

Me hago estas preguntas partiendo de la agenda que nos marcó NUEVA SOCIEDAD. El futuro de Latinoamérica es el ahora, es cierto, pero más allá de lo que dicen los diarios, mi educación, víctima de la modernidad, necesita algunas bases mínimas, y sería muy curioso partir del no-ser y empezar a armar todo. Si, como tanto dicen, Latinoamérica es hija de la contingencia, ¿qué continente tenemos? Un abrazo,

Jesús Ernesto

El 8/4/05 6:49 PM, «Martín Aranguren» <martin_aranguren@yahoo.com> escribió:

Hola Jesús Ernesto:

Las chicas de la cerveza, sea cual fuere su condición racial, quizás no sean en este sentido la excepción más contestataria. A propósito, me sigo preguntando por qué la publicidad venezolana de cerveza consiste siempre en una chica y una botella, una chica y una lata.

Tenemos un continente que contiene contingencias, sin duda, pero también contiendas, contusiones, contaminación, contagio.

Hoy tuve un poco de contaminación, por ejemplo. Caracas me recibió, como de costumbre, con sus humaredas de país petrolero con gasolina a 100 bolívares el litro, todo un dato para esta conífera del sur, acostumbrada menos al Primer Mundo de Menem que al saqueo de Solanas. Pero todo muy europeo, por supuesto.La idea de contaminación no es algo que nos llegue desde el puerto en un container de la vanguardia ecologista, no. Contaminación como lo que produce impureza, lo que corrompe la naturaleza de las cosas. A pesar de mis esfuerzos, por ejemplo, no he logrado ver en Caracas una sola publicidad donde aparezca una persona de otra raza que la blanca. Ilusionado, el otro día fui a un bar y pedí una cerveza. De nada sirvieron mis quejas, el barman insistía en que la chica me la tenía que conseguir yo. Lo acusé de estafa, amenacé con denunciarlo, vociferé contra el imperialismo, pero no logré que me diera mi chica. ¿Será porque soy extranjero?

Entonces la contaminación es una idea que nos contamina desde tiempos de la Colonia. Observo tristemente que la historia del mestizaje generalmente es interpretada, en los hechos, en las publicidades, en el comentario de esa viejita mulata que me dijo «¡qué suerte, tus hijos van a salir blanquitos blanquitos!», como las peripecias de la contaminación racial y cultural. Entonces parece que la única alternativa que nos queda es decir: en América Latina, lo puro es lo impuro. Es una conclusión sugerente, sin duda, sobre todo para los ligeros amantes de las formulaciones «dialécticas», pero completamente incomprensible. Pensar en términos de pureza, ése es el problema, a pesar de las piruetas dialécticas. Pero si el problema del racismo, es decir, la consideración de la raza como un criterio pertinente para tipificar la conducta humana, si el problema del racismo fuera un simple galimatías conceptual, habría bastado un consejo de ilustres matemáticos para suprimir el apartheid. O de filósofos, si lograsen ponerse de acuerdo (bah, nunca faltan los que no están de acuerdo con la idea de que el acuerdo es necesario...).

El problema del racismo es que la raza sirve, no solo de manera «ideológica», para anticipar la conducta de la gente, sino de manera práctica para poder moverse en el mundo social, para realizar los fines que uno persigue a diario. Una actitud contestataria consiste en decir: todos somos iguales, voy a proceder haciendo abstracción de todas las diferencias, ¡pues solo tienen una existencia ideológica! Entonces hablas de literatura con los analfabetos, tomas Maltín (la marca más popular de malta en Venezuela) con los diabéticos, montas una cooperativa agraria con intelectuales y artistas. No importa, todos somos iguales, hacer diferencias es una vergonzante manifestación de «contrarrevisionismo reacciolucionario».

La otra es reconocer las diferencias como datos, y luego decidir cuáles son las que cuentan y las que no cuentan. Un extraterrestre podría extrañarse, por ejemplo, de que el complejo racial sea pertinente para anticipar conductas. Entre babas verdes, diría: ¿por qué es más importante ese conjunto difuso de caracteres fenotípicos que llamáis confusamente «raza», y no otra cosa, como el largo del pie o el complejo rodilla-codo-cuello, esencial en mi cultura saturnina, basada en el culto a las articulaciones?

Resultado: a) muchas chicas y latas de cerveza; b) dos actitudes; c) un extraterrestre.

¿Qué me dices de la contaminación, este comodín crítico? ¿Y del contagio, las contiendas, las contusiones?

Un abrazo,

Martín

El 8/10/05 2:40 PM, «Jesús Ernesto Parra» <egoernesto@platanoverde.com> escribió:

Martín:

Para que haya contagios tienen que existir, sin duda, los apestados. Pero tu carta me deja algunas preguntas: ¿cuál es el signo de nuestra peste? Y además ¿tiene algo de distinto nuestra afección antropológica de las de otras latitudes? Hablemos de la abulia de la juventud europea, de cómo las juventudes africanas no tienen más opciones frente a males menos metafísicos que los nuestros y de cómo, de la misma manera, los universitarios japoneses con bajas notas se cuelgan de una soga. ¿Qué signo nos puede articular, desde un eje generacional, si es que existe, y cómo arrancamos a trabajar sobre un escenario que asemeja a ciertas películas de la posguerra, pero ojo, sin grandes nombres de estrellas cinematográficas?