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Algunas perspectivas desde la sociedad civil

Deslegitimado por su papel en Asia y Argentina, desacreditado debido a los persistentes desequilibrios globales y con cada vez menos ingresos como consecuencia de la decisión de algunos países de pagar anticipadamente sus deudas, el Fondo Monetario Internacional enfrenta una grave crisis. Para solucionarla, algunos proponen cambios cosméticos y otros impulsan, lisa y llanamente, su abolición. El artículo expone ambos argumentos y describe en detalle otras dos posturas: la de quienes sostienen que es necesario regionalizar sus funciones de coordinación de políticas, de modo de trasladarlas a agencias regionales, y la de aquellos que proponen reformarlo de manera profunda, para democratizarlo, hacerlo más transparente y aumentar la capacidad de decisión de los países en desarrollo.

Algunas perspectivas desde la sociedad civil

Deslegitimado por su papel en Asia y Argentina, desacreditado debido a los persistentes desequilibrios globales y con cada vez menos ingresos como consecuencia de la decisión de algunos países de pagar anticipadamente sus deudas, el Fondo Monetario Internacional enfrenta una grave crisis. Para solucionarla, algunos proponen cambios cosméticos y otros impulsan, lisa y llanamente, su abolición. El artículo expone ambos argumentos y describe en detalle otras dos posturas: la de quienes sostienen que es necesario regionalizar sus funciones de coordinación de políticas, de modo de trasladarlas a agencias regionales, y la de aquellos que proponen reformarlo de manera profunda, para democratizarlo, hacerlo más transparente y aumentar la capacidad de decisión de los países en desarrollo.

El Fondo Monetario Internacional hoy: preocupado y agobiado

El Fondo Monetario Internacional (FMI) fue diseñado en la década de 1940 para evitar que se repitiera la Gran Depresión de los años 30. Con este fin, la institución debía brindar apoyo financiero a corto plazo a aquellos países que sufrieran un desequilibrio externo negativo. El Fondo operaba sobre la base de un sistema de paridad fijo, con el dólar estadounidense vinculado al oro a 35,70 dólares la onza, como divisa y moneda de reserva y ancla de todas las demás.Aunque el mundo de comienzos del siglo XXI no podría ser más diferente de lo que era cuando se redactó el Convenio Constitutivo del FMI, en 1944, lo cierto es que la institución parece haber quedado atrapada en el tiempo. Sus políticas todavía tienden a enfatizar la estabilización a corto plazo, a menudo a costa de provocar una recesión. A pesar de que el Fondo afirma que adapta sus recetas a las necesidades particulares de cada país, en la práctica aún tiende a recomendar a todos las mismas políticas, sin importar el contexto. Más aún, las estructuras de gobierno del FMI continúan reflejando la distribución del poder económico y militar de la década de 1940.

En la primera década del siglo XXI, el Fondo ha demostrado ser incapaz de evitar o de resolver el gran desequilibrio global, en el que China y otros países del Este asiático han acumulado cantidades enormes de bonos del Tesoro estadounidense como reserva, además de crear una Unidad Monetaria Asiática (Asian Monetary Unit, AMU, por sus siglas en inglés), al tiempo que Estados Unidos atrae aproximadamente 70% de las inversiones globales para paliar su déficit comercial y fiscal. Ni Japón ni la Unión Europea han podido crecer a un ritmo suficiente como para actuar como motor de la economía global, en reemplazo de EEUU o planteando un desafío a la emergente China. Los banqueros centrales viven con temor a la inflación, a las crecientes tasas de interés, al desplome del dólar y a la depresión de la demanda resultante de los desequilibrios globales causados por la acción de Beijing y de Washington.

El FMI también ha perdido credibilidad en cuanto a su capacidad para manejar las crisis en los países de ingresos medios. Su impulso a la liberalización de las cuentas de capital es en buena medida defectuoso, pues viene fomentando crisis financieras endémicas desde mediados de la década de 1990. Además, las respuestas del Fondo ante situaciones de este tipo solo contribuyeron a empeorarlas. Por ejemplo, durante la crisis asiática de 1997-1998, el FMI estuvo a punto de provocar un problema mayor debido a sus recomendaciones de políticas estándar relacionadas con medidas de austeridad del gobierno, aun cuando los países afectados contaban con superávit fiscal. Otro ejemplo lo constituye la crisis argentina de 2001, que se debió, en buena medida, a la excesiva adhesión del país a los consejos de la institución, que luego se negó a aceptar su responsabilidad. Finalmente, algunos países antiguamente comunistas también recibieron consejos que, lejos de ayudarlos a transformarse de economías centralizadas en mercados libres, a menudo exacerbaron sus crisis.

Estos problemas provocaron una pérdida generalizada de confianza en las políticas del FMI, no solo en algunos círculos de la sociedad civil, sino también entre los gobiernos de los países deudores y los banqueros privados. Recientemente, algunos países de ingresos medios, entre ellos Argentina, Brasil e Indonesia, decidieron incluso pagar sus préstamos al Fondo en forma anticipada, como una forma de «declaración de independencia» respecto de sus condiciones. Charles Dallara, del Instituto de Finanzas Internacionales, recordó que el número de países que mantienen convenios de préstamos con la institución disminuyó de 21 en 1998 a seis en marzo de 2006.

A raíz de estos pagos anticipados, el FMI enfrenta una imprevista pérdida de ingresos. La proyección es que los pagos de cargos e intereses disminuirán de 3.190 millones de dólares a 1.390 millones de dólares en 2006, y a 635 millones en 2009. Mientras la institución se jacta del éxito de los países que pudieron realizar pagos anticipados, el director gerente del Fondo ha creado un «panel de alto nivel» para asesorar al directorio acerca de cómo invertir las reservas de la institución. Por vez primera, el FMI ya no puede afrontar sus costos operativos con los cargos por intereses pagados por los prestatarios, que hoy representan un tercio de lo que eran hace dos años y serán solo una quinta parte en el año 2009. Necesita, pues, de un ajuste.

Por otro lado, los países de bajos ingresos continúan ligados al FMI a través del Fondo para el Crecimiento y la Reducción de la Pobreza (FCRP) y el proceso relacionado con el Documento sobre Estrategias para la Reducción de la Pobreza (DERP). Aquellos que buscan aliviar sus pesadas deudas deben adherirse a las condiciones adicionales incluidas en la Iniciativa para Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE). Unos pocos deudores deben ajustarse a más condiciones para obtener una reducción adicional de la deuda, a través de la Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral (IADM). Aunque se le ha encargado al Fondo racionalizar el número y el alcance de las condiciones asociadas a estas iniciativas, en realidad poco ha cambiado. En lugar de ello, en 2005 se introdujo una nueva modalidad, el Instrumento de Apoyo a Políticas (PSI, por sus siglas en inglés), en virtud del cual los países pobres siguen luchando por cumplir las condiciones sin ningún apoyo financiero que les aligere la carga.