Análisis

1992 o el abandono europeo del Tercer Mundo

Si la CE se ve estimulada en su crecimiento económico por el nuevo mercado interno, los países en desarrollo no ganarán nada con ello. Una excepción, en el mejor de los casos, lo constituirían los países en vías de desarrollo más avanzados del Tercer Mundo. Los pocos ajustes en la política comercial exterior de la CE que serán necesarios no cambian por sí solos la escala de preferencias o el velado proteccionismo existente. Los probables cambios estructurales que se harán en respuesta a la presión de los nuevos miembros ibéricos y como consecuencia de la apertura hacia el Este europeo sólo resultarán en desmedro de los países subdesarrollados. La cooperación y ayuda para el desarrollo sufre una doble pérdida de importancia, tanto por la crisis de su legitimidad, como por el fin de la competencia entre los dos sistemas políticos mundiales en el Tercer Mundo. La ampliación hacia la península ibérica y el mercado interno sustituyeron el pesimismo europeo de los primeros años de la década del 80 por una nueva conciencia europea, que se ha extendido y ha transformado también al resto de Europa. Los probables problemas se presentarán en su periferia suroeste y este, regiones sobre las cuales se concentrará la atención y recursos de esta nueva Europa.

1992 o el abandono europeo del Tercer Mundo