La clase trabajadora  100 años de lucha (83 / Mayo - Junio 1986)
Nº 83 — Mayo - Junio 1986

La clase trabajadora
100 años de lucha

El centenario del 1º de mayo de 1886 es el motivo para los balances y análisis de los 100 años de lucha y de la situación actual de la clase trabajadora. La coyuntura actual exige repensar la manera de enfrentar algunos retos contempóraneos como las innovaciones tecnológicas, los problemas tradicionales de difusión ideológica en el campo sindical, la relación entre dependecia y autonomía de las organizaciones obreras con los partidos políticos, e incluso la reformulación política de las organizaciones sindicales a raíz de la reciente redemocratización en varios países de América Latina.

Análisis

La reforma agraria sandinista

Lo primero que debemos señalar es que cuando se habla de reforma agraria en Nicaragua, nos estamos refiriendo a una acción promovida y dirigida por el FSLN desde la dirección del gobierno revolucionario. De allí que para conocer los objetivos que se plantea la reforma agraria sandinista debemos comenzar con los planteamientos del FSLN. En la historia de esta organización encontramos dos visiones sobre la reforma agraria, una en el programa histórico del FSLN en 1969, y la otra presente en la primera proclama del Gobierno de Reconstrucción Nacional en 1979. En ambas se contempla la necesidad de transformar las estructuras de tenencia de la tierra, conceder crédito, asistencia técnica y servicios sociales al campesinado, privilegiándose en ambas las formas asociativas de producción. En los dos casos se trata de una visión revolucionaria de la reforma agraria. Sin embargo, entre las dos se encuentra una diferencia muy importante. En el programa histórico del FSLN, la reforma agraria está ideada para liquidar el latifundio, fuera éste de tipo capitalista o feudal. Con este programa el FSLN invitó al campesinado desde la década del 60 a integrarse a la lucha armada contra la dictadura somocista. Diez años más tarde, en 1979, en la primera proclama del Gobierno de Reconstrucción Nacional, desaparece la promesa de destruir todo latifundio, y la afectación se limita a las propiedades de la familia Somoza, el mundo de corrupción que la rodeaba, así como las tierras ociosas y en abandono. En esta oportunidad el programa pretende ampliar la base antisomocista con todas las fuerzas susceptibles de enfrentarse a la dictadura, incluyendo a terratenientes capitalistas y de tipo feudal. En este sentido, las diferencias entre estas dos concepciones, que si bien responden a situaciones políticas diferentes, van a marcar los ritmos de avance de la reforma agraria, pues el fondo de tierras a distribuirse se ve limitado por la alianza de clases, al mismo tiempo que permite sobrevivir a la gran propiedad terrateniente.

La revuelta de los pobladores. Integración social y democracia

Este artículo da cuenta de los primeros resultados de una investigación sobre las modalidades que adopta la acción colectiva de los "pobladores" chilenos. "Pobladores" se llama en Chile a los habitantes pobres de la periferia de las ciudades. En los últimos años ellos han devenido en los principales protagonistas de la revuelta social contra el régimen de Pinochet a través de las llamadas "protestas nacionales". La desindustrialización del país, la crisis económica y un proceso de segregación social institucionalizado, han hecho de los pobladores un sector explosivo que ha desplazado a los grupos populares convencionales del primer plano de la escena. La clase obrera, en efecto, sometida a la coerción de la cesantía, no muestra una capacidad significativa de movilización. Los "pobladores", por su parte, no están en condiciones de transformar su revuelta en una acción social organizada ni en una demanda de cambio consistente, lo que lleva a una espiral de violencia a raíz de la represión policial. Las fuerzas políticas, por su parte, no logran ofrecer una salida. La opción de manipular la violencia latente de los "pobladores" para incrementar el grado de conflicto puede ser muy irresponsable; y la opción predominante que favorece una salida democrática concertada, no sabe qué hacer con este protagonista (los "pobladores") inarticulado y, por ello, incontrolable. En este sentido, la tarea de los partidos políticos parece ser, antes que la de gestionar este nuevo "contrato social", la de contribuir a la gestación de un actor o movimiento social en este universo de los pobres urbanos.

Coyuntura

Libros

Posiciones

Coordinación Socialista Latinoamericana. Conferencia y declaración de Montevideo

Durante tres días, organizaciones socialistas de América Latina analizaron en Montevideo, los grandes temas de la realidad continental y cuestiones programáticas y estratégicas del socialismo latinoamericano. Esta Primera Conferencia Política del Socialismo, que fue organizada por el Partido Socialista del Uruguay, se desarrolló del 11 al 13 de abril. Concurrieron organizaciones plenas representando a ocho países: Argentina (Partido Socialista Popular, Confederación Socialista Argentina, Partido Socialista del Chaco); Brasil (Partido Democrático Trabalhista, Partido Socialista Brasileño); Bolivia (MIR - Bolivia Libre); Chile (los tres sectores del Partido Socialista dirigidos por Almeyda, Briones y Mandujano, respectivamente); Paraguay (Partido Revolucionario Febrerista); Perú (Partido Socialista Revolucionario); Venezuela (Movimiento al Socialismo, Movimiento Electoral del Pueblo), Uruguay (Partido Socialista del Uruguay). Quedó abierta la posibilidad de que otros cuatro partidos suramericanos, invitados a la Conferencia, puedan integrarse automáticamente como fundadores, ellos son: Partido Socialista 1 (PS1) de Bolivia, Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, Frente Socialista de Ecuador (PSRE-PSE) y el Movimiento Firmes de Colombia. Como observadores asistieron delegaciones del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), FSLN de Nicaragua, Partido Comunista de Cuba, FDR-FMLN de El Salvador, PSOE de España, PS de Francia, Partido Socialista Unificado (PSUA) de la República Democrática Alemana, Organización por la Liberación de Palestina (OLP) y MAPAM (Partido Socialista de Israel).

Tema central

Chile: las tareas del sindicalismo

El artículo se concentra en dos temáticas centrales. La primera corresponde a los antecedentes previos a la situación actual del sindicalismo chileno a partir del cambio de escenario sociopolítico que significó la intervención militar de 1973 contra el régimen de la Unidad Popular. La segunda se refiere a las condiciones materiales y políticas que marcan la realidad sindical del presente, las cuales constituyen el contexto en el cual se definen los desafíos y tareas del futuro para el sindicalismo chileno. Respecto del primer punto el artículo sostiene que el sindicalismo chileno, pese a que fue duramente golpeado, logró sobrevivir y jugar un rol principal de interpelación crítica frente al modelo de sociedad y política implantado. Al mismo tiempo, sin embargo, no logró articular establemente una estructura de movilización de sus bases que correspondiera, en la acción, en la legitimidad obtenida para su rol político a nivel social global. En cuanto a la segunda problemática se argumenta que la crisis económica manifestada en empobrecimiento y en un desempleo persistente, el que opera como contención de la lucha sindical, y la aún débil consistencia de las coaliciones políticas democráticas que no otrecen todavía estrategias claras de salida del autoritarismo, dan lugar a un escenario que dificulta al movimiento sindical superar sus limitaciones de movilización. Sin embargo, se sostiene también que éste ha logrado identificar tres tareas principales que de ser exitosas pueden asegurar un despegue significativo. Ellas son: privilegiar más sustantivamente su rol de reivindicación de las demandas laborales específicas, sin abandonar su papel político global; definir una mayor autonomía social frente a los partidos y, convertirse en un referente principal para convocar a un proceso de concertación social por la democracia capaz de interpelar a las fuerzas políticas democráticas para que asuman un rol de unidad nacional.

¿Fiesta o protesta popular? El 1° de mayo en América Latina

El acuerdo del Congreso Internacional Obrero de París de 1889 llegó a una clase obrera latinoamericana que se formaba en centros mineros, fabriles, manufactureros, de transporte y de servicios. Los grandes impulsos de las primeras celebraciones son los inmigrantes europeos. Las ideologías dominantes entre ellos eran el anarquismo y el socialismo, las que se agregaron a los ideales artesanales mutualistas propagados por instituciones de ese tipo, que se desarrollaron desde mediados del siglo XIX. En Argentina, en 1890, los extranjeros vinculados a la socialdemocracia alemana efectuaron el primer acto, conforme a la fecha y características establecidas por la Internacional. En ese mismo año, en Cuba, también se cumple el acuerdo de París, pero allí los impulsores eran anarquistas, y hay una agitación previa en torno a los mártires de Chicago. Al año siguiente, 1892, el acto se desarrolló en México y Brasil. En aquél se le dio un tono de fiesta más que de protesta social; y en éste se mezclaron confusamente ideas mutualistas, socialistas y anarquistas. A fines del siglo XIX, los anarquistas uruguayos y chilenos también celebraron el 1° de Mayo. En el resto de los países lo hicieron paulatinamente en el primer cuarto del siglo XX. En todas partes, si el acto no era casi oficial, como en México, la prensa de las clases dominantes previno contra los organizadores y atacó los orígenes y contenidos de la manifestación.

Honduras: un movimiento sindical joven

El movimiento sindical hondureño que surgió a la vida institucional en la segunda mitad del año 1954, está representado actualmente por tres organizaciones de orientaciones ideológicas diferentes. Son ellas: la Confederación de Trabajadores de Honduras (CTH) de orientación social demócrata, la Central General de Trabajadores (CGT) socialcristiana y la Federación Unitaria de Trabajadores de Hondura (FUTH) de concepciones clasistas. El movimiento sindical hondureño se caracteriza por ser mayoritariamente agrícola, por su alto grado de concentración geográfica, por la naturaleza básicamente gremial de sus organizadores sindicales y por el carácter mayoritariamente masculino de sus afiliados, los que según datos oficiales representaban para el año de 1983 el 13.71% de la población económicamente activa del país. La CTH ha mantenido tradicionalmente posiciones sindicales y políticas afines, los distintos regímenes que se han sucedido en el país en las últimas dos décadas. El propio ha venido haciendo desde el año 1982 la CGT. En ese año se le concedió personería jurídica. La FUTH, que se ha caracterizado por sus posiciones contestatarias, se mantiene aún sin personería jurídica. Los sindiatos hondureños han jugado un importante papel en la vida político-institucional del país. A principios de la década del '70, los sindicatos hondureños a través de la CTH, en alianza con fracciones reformistas de la burguesía y del ejército, lograron imponer a los partidos políticos tradicionales un régimen de "unidad nacional", encargado de llevar adelante un programa mínimo de reformas. El fracaso de este régimen político indujo al movimiento sindical hondureño a apoyar un golpe militar de carácter reformista. En los primeros meses del año recién pasado la CTH y la CCT, en unión de varias organizaciones campesinas, tuvieron un papel protagónico en la vida política nacional, al intervenir activamente en la solución de una crisis institucional que enfrentó al Parlamento contra el Presidente de la República y la Corte Suprema de Justicia.

Las internacionales sindicales

El presente artículo describe las relaciones entre el sindicalismo internacional y las organizaciones sindicales latinoamericanas desde principios de siglo hasta la actualidad. Hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial esas relaciones fueron débiles, por diversos factores. El movimiento sindical internacional descansaba en organizaciones internacionales europeas, preocupadas centralmente por la problemática europea. A su vez, en América Latina, el movimiento sindical es todavía embrionario. Sólo se observan relaciones constantes entre sindicatos latinoamericanos y el sindicalismo norteamericano. Entre 1936-1946 se constituye y desarrolla la CTAL, la única experiencia de central unitaria latinoamericana, experiencia que fracasa por efectos de la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS a partir de 1947. Desde esa fecha hasta ahora se ha incrementado la presencia de organizaciones y corrientes sindicales internacionales en América Latina: la CIOSL-ORIT, la CMT-CLAT y la FSM-CPUSTAL tienen presencia a través de sus afiliados nacionales y Secretarios Profesionales. La CIOSL ha logrado éxitos, particularmente por la actividad de apertura del sindicalismo socialdemócrata europeo. Pero su filial ORIT, hegemonizada por la AFL-CIO (EEUU) no ha logrado prestigio. La CLAT, socialcristiana, es débil por sus vínculos ideológicos y políticos con los partidos demócratacristianos. La CPUSTAL, de orientación comunista prosoviética, es, salvo en Cuba, Nicaragua y Perú, también débil. El sindicalismo latinoamericano necesita orientarse en la búsqueda de estrategias y tácticas renovadoras y latinoamericanistas. Desde esta perspectiva se replantea su relación con corrientes sindicales internacionales modernas, especialmente las localizadas en el interior de la CIOSL.