Cultura Política y Gobierno en los 90 (134 / Noviembre - Diciembre 1994)
Nº 134 — Noviembre - Diciembre 1994

Cultura Política y Gobierno en los 90

El movimiento por la democracia con pluralismo ideológico, religioso y justicia social cada vez se extiende más en el Tercer Mundo. Tiene posibilidades de vincularse a un nuevo internacionalismo de partidos, trabajadores y pueblos. A fin de que esa accións sea universal habrá que dar la bienvenida a los movimientos nacionalitas, étnicos y tribales que luchan en su interior contra la mafias dominates y por el derecho de los pueblos.

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Las tribus rebeldes y los modernos

Nelly Richard Editorial Cuarto Propio, Santiago de Chile, 1994. Invitado a comentar este libro de Nelly Richard, me resulta casi imposible sustraerme a la última sección, que reproduce una fascinante conversación entre la autora y Adriana Valdés, Martín Hopenhayn y Germán Bravo, cuya ausencia nos acongoja a todos sus amigos. Es cierto que partir por ahí podría resultar injusto, pues parece distraernos del cuerpo principal de la lectura. No ocurre así, sin embargo. En verdad, todo el libro es como una conversación enhebrada por la autora: con sus anteriores escritos; con el pasado reciente de Chile, su memoria y discontinuidades; con una parte de nuestras ciencias sociales; con diversos analistas de la cultura en el norte y sur de América. No hay razón, por lo tanto, para sentirse incómodos. Más bien, entiendo el libro como una instigación a hacerse parte de esa conversación de múltiples voces, donde están presentes, según dice por ahí el texto, diversos autores que aparentan ser parte de una misma tribu. Me interesa sobremanera esa imagen de una o más tribus que concurren al diálogo reflexivo que nuestra cultura conduce sobre sí misma. En la conversación ya nombrada, uno de los participantes sugiere, a propósito de las citas que hace Nelly a lo largo del libro, que a través de ellas «pareciera que el texto genera un movimiento colectivo (...) Prevalece entonces la sensación de que los autores citados y el texto pertenecen a una misma tribu». La propia autora concurre a esta opinión. Señala que «las citas obedecen (...) al deseo de realizar un gesto casi exactamente inverso al gesto de compartimentación y desvinculación que aisló nuestras prácticas durante muchos años, y crear (así) zonas de intersecciones disciplinarias - entre el arte o la literatura y las ciencias sociales, por ejemplo -, que pongan en relación materiales que antes no habían tenido mucha oportunidad de intercambiar sus señas» (p. 101).

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