Sociedades ampliamente discriminatorias no pueden sino tener una cultura de masas con esa característica. En el fútbol, un deporte que concita pasiones y entusiasmos, esos rasgos se manifiestan de un modo virulento. Tanto en la cancha como fuera de ella, se expresan una serie de tramas sociales con un elevado contenido de discriminación. Mientras miramos el Mundial, conviene que pensemos en esto.