La primera vuelta de las elecciones presidenciales, con Flávio Bolsonaro en primer lugar y una ola conservadora en el Senado, dejó al descubierto el desánimo de la izquierda y la magnitud de su responsabilidad. Se trata no solo de intentar revertir el resultado en la segunda vuelta del 25 de octubre, en un camino lleno de obstáculos, sino también de imaginar otros futuros con más audacia que la mostrada en estos años, en los que Brasil viene atravesando una contrarrevolución cultural reaccionaria.