En la isla de Roatán, frente a las costas de Honduras, se erige Próspera, una «ciudad-empresa» creada para atraer inversiones extranjeras y ensayar un modelo ultraliberal con impuestos mínimos y normas propias al margen del Estado. Pero este enclave, presentado como motor de desarrollo, abrió una disputa sobre los límites del Estado hondureño frente al poder del capital transnacional.