Históricamente periférica en la política estadounidense, Florida ha tomado un lugar destacado como motor de la derecha radical bajo la hegemonía de Donald Trump. Observada en el pasado con cierta indiferencia y plasmada por diversos escritores con tonalidades exóticas, la región cuenta con una suerte de Casa Blanca paralela: el club y residencia Mar-a-Lago, desde donde el mandatario republicano proyecta sus veleidades ideológicas refundacionales.