Entrevista
Junio 2020

«La verdadera división es entre democracia y oligarquía» Entrevista a Robert Reich

En esta entrevista, el ex-secretario de Trabajo de Estados Unidos afirma que la ira de los ciudadanos puede favorecer un nuevo proceso de democratización política. Además, valora la importancia de los sectores progresistas dentro del Partido Demócrata y asegura que, para ganarle a Trump, Biden debe inspirar y activar a los jóvenes y a la clase trabajadora.

«La verdadera división es entre democracia y oligarquía»  Entrevista a Robert Reich

En su libro The System: Who Rigged It, How We Fix It [El sistema. Quién lo manipuló, cómo lo arreglamos], sostiene que el sistema político y económico de Estados Unidos es manipulado por un círculo vicioso de riqueza y poder. ¿Puede explicar cómo es eso?

A medida que la mayor parte del ingreso de la nación pasó a manos de los más ricos, eso hizo que, por definición, ellos hayan incrementado su reserva de riqueza. Parte de esa riqueza se usó para influir en la política. En Estados Unidos hay poca o ninguna restricción a la cantidad de dinero que se puede gastar en una contienda política, principalmente en publicidad, en Facebook, en todo tipo de actividades que puedan ayudar a determinados candidatos.

A medida que más dinero de los ricos inundaba el sistema político, hubo cambios en las reglas del capitalismo estadounidense. Cambios de todo tipo, desde una menor aplicación de normas antimonopólicas hasta el incremento en las barreras a la organización de los trabajadores. Declararse en quiebra se ha vuelto más difícil para la gente común y más sencillo para las grandes empresas. Se extendieron los derechos de propiedad intelectual y se tornó mucho más fácil para las empresas, las firmas farmacéuticas y las grandes compañías tecnológicas prorrogar sus patentes y su copyright. Presentar acciones legales colectivas se ha vuelto más complicado.

Se volvió legal utilizar información privilegiada para hacer operaciones bursátiles, así como recomprar acciones para inflar la cotización en forma artificial. Las restricciones que se impusieron en la década de 1930 para controlar Wall Street prácticamente se habían eliminado antes de la crisis financiera de 2008, y las que se introdujeron tras la crisis financiera también se redujeron.

Se recortaron en forma drástica los impuestos que afectan a la gente con altos ingresos. Este es el círculo vicioso, ya que mientras el llamado «libre mercado» es alterado de estas y otras innumerables formas, se desplaza más riqueza hacia arriba, lo que permite que la próxima ronda de cambios en el mercado ayude a quienes se encuentran en la cima. Y ni siquiera hablé de todos los salvatajes y subsidios. Se puede ver incluso durante la pandemia que las compañías grandes consiguen salvatajes, los ricos consiguen ventajas impositivas adicionales y la gente común consigue muy poco.

¿Y eso la hace vulnerable a demagogos como Donald Trump?

A medida que más gente siente que no puede salir adelante, sin importar cuánto trabaje, a medida que ve apagarse las esperanzas de mejorar su propia condición o la de sus hijos, obviamente hay un mayor grado de ira y de frustración. Ese es un terreno fértil para que aparezca un demagogo y utilice esa ira y esa frustración para sus propios fines, para construir su base política, para canalizar esa ira hacia chivos expiatorios, como los inmigrantes, los pobres, las elites culturales y lo que se llama el «Estado profundo». Esto es análogo a lo que hizo Adolf Hitler en la década de 1930. Aprovecharse de la ira y las frustraciones de la clase trabajadora es una estrategia frecuente de los demagogos.

¿Por qué no ha habido más indignación y protestas más amplias?

Ha habido una gran cantidad de protestas. Dos candidatos importantes de la primaria demócrata fueron Bernie Sanders y Elizabeth Warren. Su éxito señala la existencia de un movimiento progresista muy numeroso y con amplias bases en el Partido Demócrata. En el Partido Republicano, Trump sigue haciéndole creer a mucha gente de la clase trabajadora que es su héroe, su salvador, pero ellos también están comenzando a entender. Ven que les ha otorgado enormes reducciones impositivas a los ricos y a las grandes empresas y que ha revertido normativas sanitarias y de seguridad. La pandemia, creo, lo ha hecho más evidente.

Lo que tenemos en realidad en Estados Unidos son varios mitos creados por la oligarquía que se están desintegrando bajo la presión de la realidad. Uno de ellos es que existen en la política una izquierda y una derecha según las líneas tradicionales, cuando de hecho la verdadera división es entre democracia y oligarquía. Los oligarcas quieren que la gente esté dividida porque esa es la manera más fácil de desviar la atención de la riqueza y el poder que han acumulado, pero la gente está empezando a verlo. El segundo mito es que existe un libre mercado y que el Estado se entromete en ese libre mercado, pero ese mito también se está desarmando y la pandemia ha acelerado el proceso.

Otro mito es que las empresas son socialmente responsables, o que se puede confiar en ellas para dar respuesta a sus trabajadores y sus comunidades. Pues bien, nada podría estar más alejado de la verdad. Las empresas responden solo a sus accionistas y sus CEO, a quienes se remunera de acuerdo con lo bien que les va a las compañías. Por último, el mito de la meritocracia, según el cual a uno se le paga por lo que vale. La gente está empezando a ver que el sistema es distorsionado por la riqueza y el poder. Aun hasta hace unos pocos años, rara vez se discutía en economía, o incluso en ciencia política, la cuestión del poder, pero ahora esta se ha puesto en el centro de la escena. En todos estos aspectos vemos una mucho mayor conciencia y acción por parte de la gente para recuperar la política y la economía de manos de la oligarquía.

En las elecciones de medio término de 2018, vimos una gran efusión de sentimiento y éxito progresista. Los demócratas tomaron el control de la Cámara de Representantes, y no fueron los demócratas corporativos de Wall Street quienes lo lograron. Fueron los jóvenes demócratas progresistas, como Alexandria Ocasio-Cortez, y muchas otras mujeres y personas de color. Los tiempos están cambiando.

En el pasado usted criticó a los demócratas diciendo que eran el partido del statu quo. En su opinión, ¿qué errores cometieron y qué debe hacer Joe Biden para ganar la elección?

El Partido Demócrata abandonó a la clase trabajadora. Ese fue el mayor error. La clase trabajadora había sido una parte clave de la coalición del Partido Demócrata en la década de 1930, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt. Pero a lo largo de los últimos 40 años, el partido buscó reposicionarse en el llamado centro. Los demócratas pensaron que el nuevo centro estaba ubicado en los suburbios de clase media alta, entre lo que se conoce como los votantes indecisos de los suburbios. Creo que eso fue desacertado.

Así dejaron abandonada a la enorme clase trabajadora estadounidense. Los demócratas prestaron muy poca o nula atención a los sindicatos y dejaron que la representación sindical languideciera desde un 35% por ciento a 6,4% de la fuerza de trabajo en el sector privado. Sin un movimiento sindical robusto, el Partido Demócrata se vio seriamente debilitado. En cuanto a Biden, es muy pronto para saberlo. Muchos lo consideran el candidato más seguro para derrotar a Trump.


¿Usted qué piensa?

Que esto puede ser correcto, pero Biden tiene que inspirar y activar a los jóvenes y a la clase trabajadora. Tiene tiempo para hacerlo. Bernie Sanders le acaba de dar su apoyo. Hay un esfuerzo por encolumnar al partido detrás de él, pero eso es fundamentalmente por el objetivo de derrotar a Trump, que en mi opinión es el peor presidente de la historia de Estados Unidos.

Si Biden logra ganarle a Trump, será solo porque la juventud, la clase trabajadora y los progresistas se han encolumnado detrás de él. Sin embargo, queda abierta la cuestión de qué tan enérgico será Biden, en caso de ser elegido, como agente para que la causa progresista avance hacia el futuro, proveyendo a los estadounidenses de una red de seguridad social más fuerte, que incluya la asistencia sanitaria. Como usted sabe, Estados Unidos es atípico. Los trabajadores estadounidenses son víctimas de la forma más hostil del capitalismo. Aquí tenemos socialismo para los ricos y un capitalismo extraordinariamente punitivo para todos los demás.

En su libro critica la desregulación y la privatización que lleva a cabo el gobierno de Trump. ¿Cuánta responsabilidad tiene el régimen en la situación actual del coronavirus en Estados Unidos?

Yo diría que aproximadamente 50% del contagio, la muerte y la destrucción causadas por el coronavirus se deben al gobierno de Trump. A su incompetencia, a su desregulación del sistema de salud, a su rechazo ideológico de la salud pública en general. Pero otro 50% ya estaba integrado a la estructura estadounidense. No hay un sistema de salud público en Estados Unidos. Tenemos un sistema de seguros de salud privados con fines de lucro, gerenciado en gran medida por empresas lucrativas. Tenemos una red de seguridad que está llena de agujeros, hecha jirones. Ya era así antes de Trump.

Trump es el punto culminante de años de negligencia, de salarios estancados, de desigualdad y corrupción crecientes y de un mayor flujo de ingreso, riqueza y poder hacia la cima. Si Trump no hubiera existido, habría otro demagogo en su lugar.

Debido al coronavirus, más de 20 millones de estadounidenses han solicitado el seguro de desempleo solo en las últimas tres semanas. ¿Cómo evalúa el paquete asistencial de dos billones de dólares negociado por demócratas y republicanos en conjunto?

Está lejos de ser suficiente y buena parte está dirigida a la gente equivocada. 500.000 millones del paquete se han apartado para el rescate de grandes empresas, principalmente. Esas empresas no necesitan ser rescatadas. Si algo aprendimos del salvataje de Wall Street de 2008, debería ser que jamás tendría que rescatarse a las empresas más grandes. El sector de la aviación en Estados Unidos, por ejemplo, tiene un gran aval en términos de riqueza y activos en forma de aviones y franjas horarias de aterrizaje. Las grandes cadenas hoteleras tienen propiedades que valdrán una fortuna, una vez más, cuando la economía se recupere.

Estas grandes empresas renegocian constantemente sus deudas con sus acreedores. Además, en años recientes se han endeudado enormemente para conseguir dinero para recomprar sus acciones para beneficio de sus inversores más importantes y sus CEO, sus altos ejecutivos. ¿Por qué deberían ser ahora rescatadas? Es ridículo. Por otro lado, 1.200 dólares por adulto está lejos de ser suficiente. El estadounidense promedio gasta mucho más que eso por semana en artículos de primera necesidad. Es un insulto. Una gran parte de ese dinero ni siquiera llegó aún a la gente.

El seguro de desempleo es una buena idea, pero el sistema está sobrepasado. No puede manejar todas las demandas que está recibiendo. Bajo los republicanos y los gobernadores republicanos, gran parte del sistema está diseñado para disuadir a la gente de solicitar el seguro de desempleo, incluso cuando tiene derecho a él. Lo que ha sucedido hasta ahora es muy inadecuado.


Robert Reich es profesor de Política Pública en la Universidad de Berkeley. Con anterioridad se desempeñó como secretario de Trabajo durante la gestión de Bill Clinton. Su libro más reciente, The System: Who Rigged It, How We Fix It, fue publicado a fines de marzo de 2020.

Traducción: María Alejandra Cucchi

Fuente: IPS


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