«Conócete a ti mismo»
Una lectura de la machosfera desde el feminismo negro
Nueva Sociedad 323 / Agosto 2026
La metáfora de la píldora roja de Matrix, apropiada por la machosfera y el pensamiento redpill, puede reinterpretarse desde el feminismo negro brasileño y la sabiduría del candomblé. El personaje Oráculo dialoga con la figura de la mãe de santo, mientras el concepto de cyphermasculinismo y el espejo de Oxum iluminan el resentimiento masculinista y el verdadero autoconocimiento.
Durante el último año, y tomando como eje los debates acerca de la machosfera y la ideología redpill, me he dedicado a desarrollar y profundizar un análisis filosófico de la película Matrix, de 1999. El filme, dirigido por las hermanas transgénero Lilly y Lana Wachowski, es uno de los grandes clásicos de la historia del cine y sigue siendo un puente que conecta distintos contextos y a distintas generaciones a la hora de analizar estructuras de opresión1.
Tres fueron los aspectos principales que inspiraron mi análisis. En primer lugar, la invitación a reflexionar en torno de la película surgió cuando tomé conciencia de que la metáfora de la píldora roja –en una escena, Morfeo, líder de la resistencia, le da a Neo a elegir entre una píldora azul, capaz de devolverlo a un estado de ilusión confortable, y una roja, que lo despertará a la realidad– había sido incorporada por movimientos de la machosfera para reproducir comportamientos y planteos misóginos.
En vista del debate público y la responsabilidad que tenemos hacia niñas y mujeres, poco a poco esa «invitación» se fue convirtiendo en un llamado. Era necesario afrontar el debate, aun a riesgo de recibir ataques en mis perfiles y publicaciones en redes sociales. Me parecía fundamental disputar la conciencia crítica de la juventud brasileña respecto de la apropiación distorsionada de la metáfora utilizada en una película que es todo un fenómeno de la cultura popular; uno de los filmes con más espectadores en todo el mundo, y en particular en Brasil.
En cierto modo, este camino se cruzó con otro muy importante en mi trayecto. El segundo aspecto que me llevó a desarrollar este trabajo reciente fue el interés de mi hija Thulane, de 21 años, por el universo de la machosfera en línea. Desde su adolescencia, Thulane viene siguiendo de cerca estas cuestiones y suele plantearme prácticamente a diario sus preocupaciones acerca de la violencia virtual y real sobre niñas y mujeres.
De no haber sido por ella, me habría perdido en el debate. Cada familia tiene su contexto, evidentemente, y en el mío los almuerzos de lunes a viernes estaban salpicados de términos como «incel», «redpill», «bluepill», «chad», «stacy», etc.2. Al comienzo de estas conversaciones, el glosario que Thulane traía en la punta de la lengua –un glosario que viene siendo relevado desde hace más de una década por investigadoras como Debbie Ging3– constituía para mí un código extraño. Hoy ya no es así. Mi hija ha sido una investigadora de la primera hora en mis trabajos. De todos modos, no soy una especialista en la machosfera, un área cuya investigación empírica se viene desarrollando con excelencia en el mundo académico internacional, entre otros por la ya mencionada Ging, una pionera, y otras estudiosas que voy conociendo a través de las redes sociales, como la australiana Stephanie Wescott, por ejemplo, que ha elaborado un estudio muy relevante sobre la machosfera y las escuelas, o como el sociólogo Michael Flood, una referencia en los estudios sobre la masculinidad digital4.
Aunque no está en el centro de mi trabajo, el estudio de la machosfera es el punto de partida para la reflexión filosófica sobre la metáfora de la píldora roja, en la medida en que grupos en línea masculinistas, al definirse como redpill, abrieron el campo para la interpretación de la obra cinematográfica. En Brasil, las manifestaciones organizadas del movimiento masculinista –grupos que, bajo el pretexto de defender los derechos de los hombres, articulan un discurso sistemático de odio y violencia contra las mujeres– pueden rastrearse al menos desde finales de la década de 2000. Su caldo de cultivo se dio en las comunidades de la extinta Orkut, una red social que llegó a ser sumamente popular en el país; allí, estos colectivos encontraron un terreno fértil para difundir la misoginia racista en forma anónima y a gran escala. En aquel marco, la figura de la feminista argentina naturalizada brasileña Lola Aronovich emergió como una de las pioneras en el activismo y en el estudio de lo que más tarde sería conocido como la machosfera brasileña.
Aronovich, que es profesora en la Universidad Federal de Ceará, en el nordeste de Brasil, hizo punta al lanzar en 2008 su blog Escreva Lola escreva [Escriba, Lola, escriba], que se convirtió, desde entonces, en un espacio de referencia del feminismo brasileño. Por la trascendencia de su trabajo, hacia 2011 Aronovich pasó a estar en la mira de los grupos masculinistas. En un relato conmovedor escrito en 2018 para el sitio The Intercept Brasil, narra esos años de persecuciones brutales por parte de un grupo liderado por dos hombres que le hacían llegar intimidaciones a diario y promovían campañas con amenazas de muerte5. Durante ese periodo, la activista hizo más de una decena de denuncias a la policía, pero esta demoró mucho en intervenir y dio muestras de una rotunda inexperiencia para actuar en este terreno.
Al usar la expresión «mascus» para denominar a sus agresores, Aronovich acuñó un término que acabaría adquiriendo un matiz peyorativo en el imaginario de estos grupos, al tiempo que reveló la faceta más violenta y organizada de este movimiento. En 2018, uno de los líderes de la red de odio y persecución contra la activista y académica fue condenado a 41 años y seis meses de prisión por una serie de delitos cometidos en internet, que incluía asociación delictiva, racismo, terrorismo y divulgación de material de abuso sexual infanto-juvenil. El caso inspiró una respuesta institucional y ese mismo año se sancionó la ley 13.642/2018, conocida como «Ley Lola», que atribuye a la Policía Federal competencia para investigar delitos de misoginia en internet, lo que ofrece un marco legal que refuerza el combate contra la violencia de género en el ámbito digital. Fue la primera vez que la palabra «misoginia» se aplicó en la legislación brasileña. Pero la urgencia de ese debate no es cosa del pasado. Las investigaciones registran un aumento de ataques en escuelas desde 2017, muchos de ellos cometidos por jóvenes con participación activa en foros de la machosfera. La respuesta institucional que se inició con la Ley Lola sigue en construcción: desde la decisión del Supremo Tribunal Federal sobre la responsabilidad de las plataformas digitales, en 2025, hasta el Estatuto Digital de Crianza y Adolescencia [eca Digital], orientado a la protección de niños y adolescentes en el ámbito virtual. Pero la ley no puede disputar los imaginarios: es en el terreno de la cultura donde sigue operando la metáfora de la píldora roja.
Una vez que nos adentramos en el terreno de la machosfera y las comunidades redpill, volvimos a ver Matrix y encontramos una referencia fundamental para el pensamiento filosófico brasileño. El tercer aspecto que me inspiró en este trabajo fue la tradición de reflexiones filosóficas sobre el filme en cuestión a partir de los planteos de Marilena Chauí, profesora emérita del Departamento de Filosofía de la Universidad de San Pablo y pionera en los estudios brasileños de este campo6.
Tras el estreno de la película, Chauí desplegó a partir de la primera década de los 2000 un extenso camino de reflexión en torno de sus diálogos y escenas. Entre sus aportes al debate, está el paralelo trazado entre Neo, protagonista de la película, y el mito de la caverna de Platón. Chauí, que escribió algunas obras fundamentales de introducción a la filosofía para un público no académico, dedicó asimismo una serie de artículos a elementos como la frase con que se topa el protagonista tras su encuentro con Oráculo (la única mujer negra de Matrix): «Conócete a ti mismo».
Así es como, en diálogo con los estudios sobre la machosfera y las ideas de esta filósofa brasileña, desarrollé una guía pedagógica y un curso en línea para escuelas y asociaciones educativas de todo el país7. El curso, titulado «Pensamento redpill», aportó elementos novedosos para las reflexiones en ambos campos, al visibilizar al personaje Cypher, uno de los programadores de la resistencia, y relacionar el arquetipo que encarna con las comunidades masculinistas, lo que resultó en la proposición de un concepto de mi autoría: cyphermasculinismo. Cypher, vale recordar, es el tripulante de la nave que traiciona a la resistencia. Habiendo tomado la píldora roja años atrás, se arrepiente de su despertar: prefiere la ilusión agradable de la Matrix a la dureza de lo real y negocia con las máquinas su reinserción en el sistema –«La ignorancia es una bendición», dice en un pasaje, mientras saborea un bife que sabe que no existe–. Pero su arquetipo incluye algo más: Cypher cultiva un resentimiento corrosivo hacia Morfeo, a quien acusa de haberlo engañado, al tiempo que alimenta una pasión por Trinity no correspondida, cargada de reclamos, como si ella le debiera atención. El resentimiento contra quien lo «despertó», la sensación de que el mundo lo defraudó y la transformación del rechazo afectivo en rencor: ese es el material del que están hechas las comunidades masculinistas, que se consideran a sí mismas redpilled y sin embargo habitan, como Cypher, en la fantasía que eligieron. Esa es la lectura que propone el concepto de cyphermasculinismo.
En este texto, vamos a introducir algunas reflexiones en torno del arquetipo de Oráculo, partiendo del enfoque del feminismo negro brasileño.
Es necesario un breve contexto histórico. Brasil es el país americano que más africanos esclavizados recibió: las cifras varían según la fuente, pero se estima que cerca de cinco millones desembarcaron en sus puertos entre los siglos xvi y xix, lo que representa más de un tercio de toda la trata transatlántica8. La mayoría de las personas traficadas eran nativas de África occidental, en especial de las regiones de Costa de la Mina (en las actuales Nigeria, Togo y Benín), y con un intenso flujo perteneciente a las culturas yoruba (nagós), jeje o bantú.
La región de Bahía fue uno de los principales destinos de los barcos y el epicentro de mayor concentración de africanos occidentales en Brasil. En ese ambiente de profunda violencia colonial y resistencia se estructuró el candomblé, ya en el siglo xix, como una religión de matriz africana, aunque de identidad brasileña. En el candomblé nagó se rinde culto a los orixás, divinidades que representan fenómenos de la naturaleza, la fauna y la flora. A los orixás masculinos (Exu, Ogum, Oxóssi, etc.) se los conoce como oborós, mientras que a las orixás femeninas (Iemanjá, Oxum, Iansã, entre otras) se las llama iyabás. Cada figura posee una identidad arquetípica y ocupa un lugar propio en la consulta adivinatoria.
Se trata de una religión que fue construyéndose primordialmente con las manos y las palabras de las iyalorixás bahianas –las mães de santo o madres-guías–, luego sucedidas por otras iyalorixás, que siguen siendo las guardianas de ese saber ancestral y las líderes de sus comunidades. En el candomblé, los lugares donde se rinde culto a los orixás se conocen como terreiros. Desde su formación, las mujeres negras tienen a su cargo la preparación de las comidas sagradas, la transmisión de pasajes en las vidas de los orixás (los llamados itans) y la atención de las personas afligidas y necesitadas dentro de lo que se conoce como jogo de búzios (tirada de caracolas). Son las que cuidan el axé, la fuerza vital que habita en nosotros, y actúan como autoridad espiritual y política que desafía la lógica patriarcal y racista de la sociedad esclavista. A lo largo de la historia de Brasil, estas mujeres fueron perseguidas y criminalizadas, y hasta hoy enfrentan la intolerancia religiosa que amenaza sus espacios de convivencia y devoción. Pese a todo, han logrado resistir y transformaron el terreiro en un espacio de producción de conocimiento, cuidados y reconstitución de las familias negras a las que la esclavitud intentó despedazar.
En la historia del candomblé brasileño, las iyalorixás dejaron grabados sus nombres. A modo de ejemplo, podemos citar a Mãe Stella de Oxóssi, Mãe Nitinha de Oxum, Mãe Ana de Ogum, todas ellas ancestralizadas en el Orum (plano espiritual), así como a mujeres negras que siguen produciendo saberes y cuidando a sus comunidades en el Aiyê (plano terrenal), como Mãe Neuza de Xangô, Mãe Luizinha de Nanã, Mãe Márcia de Obaluaiyê (que es mi oráculo y mãe de santo)9, entre muchas otras. Felizmente, pese al colonialismo que siempre persiguió al «pueblo del santo», existen miles de madres y padres de santo en Brasil, así como ogãs y ekedys, ebomis e iyaôs10 que llevan adelante el candomblé.
De este modo, para una persona familiarizada con el candomblé, la vinculación entre el personaje Oráculo y la mãe de santo es intuitiva. En la película, Neo encuentra a su oráculo en la cocina, horneando galletas, y le hace una consulta. A partir de la sabiduría de las iyabás, podemos hacer una serie de asociaciones tanto con el filme como con los estudios de la machosfera, porque el candomblé, además de una religión, es también una cosmogonía, una forma de ver la vida.
Por ejemplo, «Conócete a ti mismo». La frase que Chauí traslada al debate filosófico resuena de manera peculiar en los itans (pasajes de vida) de Oxum, divinidad soberana en ríos y cascadas. Esa orixá, negra como la noche, carga siempre un espejo, conocido como abebê. A lo largo de los años, intelectuales blancos y europeos que se dedicaron a estudiar a Oxum vincularon constantemente el espejo con la vanidad, reduciendo a su portadora y a sus hijas a una preocupación por la belleza, por el maquillaje, casi como sinónimo de futilidad11.
Esa, sin embargo, es la perspectiva de la Matrix. Es, por lo general, una visión turbia que apunta a ligar a Oxum con el mito griego de Narciso. Como afirma la feminista negra Carla Akotirene, «tratar a Oxum como una sirena de agua dulce, narcisista, una suerte de Venus, por ende europea, forma parte de las cosmovisiones etnocentristas que no reflejan la centralidad del pensamiento cosmosentido de los cinco caracoles abiertos, los orikis y la espiritualidad del pueblo yoruba»12. La pensadora rescata los festejos dedicados a Oxum en África, en un texto en diálogo con la feminista nigeriana Oyèronké Oyèwúmi.
A diferencia de Narciso, Oxum no está confinada al reflejo de su imagen. Ella cuida de sus hijos, pero antes limpia sus propias joyas. Es dueña de sí y se cuida en primer lugar. En su mano el espejo es, en sí, un objeto que usa para verse y arreglarse. Pero con él, además, Oxum engaña a quienes la persiguen, fingiendo que se está acicalando, cuando en realidad observa todo con un ojo en la nuca. Por eso, como nos enseña la sabiduría de los pueblos del terreiro, en las manos de Oxum el espejo es también un arma. Un arma que ella usa para cegar a los enemigos, apuntándolo al sol. Además de cegarlos, esta iyabá, que es una gran hechicera, puede provocar con el espejo intensas quemaduras. Es capaz, si así lo quiere, de desatar con él un gran incendio.
Desde la perspectiva de la resistencia –de Zion, podemos decir–, es muy interesante el abordaje que propone la feminista negra lesbiana Tatiana Nascimento en «Letramento e tradução no espelho de Oxum: teoria lésbica negra em auto/re/conhecimentos» [Literacidad y traducción en el espejo de Oxum: teoría lésbica negra sobre el auto/re/conocimiento]13:
Oxum, la orixá que reina en las aguas dulces corrientes (ríos, cascadas, fuentes...), lleva consigo un espejo, el abebê. Por eso es que muchas veces se la ha considerado un ser vanidoso. Separándome de esa lectura tradicional, en la que el espejo es asociado a la vanidad y la belleza física, propongo entenderlo como fuente de autoconocimiento y reconocimiento, en donde una se mira para comprenderse mejor.
Nascimento indaga el espejo de Oxum a partir de un itán que hace referencia a un vínculo lésbico entre esta orixá y la orixá Iansã, que reina sobre los vientos y las tempestades14. La posibilidad de que encendamos una vela en honor de una iyabá que se acuesta con otra es una de las tantas características de vanguardia en el candomblé brasileño, el cual, junto con el umbanda (religión afrobrasileña que articula el candomblé, el catolicismo y el espiritismo, formando una identidad propia), representa a 1% de la población del país según el último censo nacional, lo que significa que sus adeptos son más de dos millones de personas.
En Matrix, cuando Neo se encuentra con Oráculo hay un detalle que suele pasar desapercibido: sobre la puerta de la cocina, una placa de madera lleva la inscripción latina Temet Nosce. Y es la misma Oráculo la que traduce la inscripción para el visitante desorientado: «Conócete a ti mismo». La máxima del templo de Delfos, que atravesó a Sócrates y a la larga tradición filosófica occidental hasta llegar a Chauí, está literalmente colgada en la cocina de una mujer negra que hornea galletas. Neo busca una respuesta sobre su destino: quiere saber si él es o no es el Elegido. La mãe de santo, sin embargo, no va a darle de inmediato una verdad...
Lo que hace es devolverlo a sí mismo y provocarle la conciencia. Apunta hacia él, en nuestra asociación, el espejo de Oxum, que no es un instrumento de contemplación narcisista sino una tecnología para hallarse. Busca comprender sus contradicciones, sus límites, sus potencias y responsabilidades. Ella lo asiste en su camino de interpretación del mundo, pero es Neo quien debe recorrerlo. Conocerse es, en ese sentido, un acto de reconocimiento de sí.
Volvamos, entonces, a la machosfera. Ella también ofrece un espejo a los jóvenes que recluta: uno que les devuelve la imagen del agravio, de la víctima de un mundo supuestamente dominado por mujeres y feministas que incluso priva a muchos jóvenes de entablar relaciones con mujeres. Es el espejo de Narciso, que confina y ahoga. El abebê de Oxum opera al revés: invita a mirarse para conocerse, no para compadecerse; para asumir responsabilidades, no para fabricar enemigos. La disputa por la metáfora de la píldora roja es, en el fondo, una disputa entre estos dos espejos. Y quizás la mayor ironía sea que los autoproclamados «despiertos» de la machosfera citen una película dirigida por dos mujeres trans, cuya figura de mayor sabiduría es una mujer negra que recibe en su cocina, ese territorio que la casa-grande destinó a las mujeres negras y que ellas, como las iyalorixás en sus terreiros, transformaron en lugar de poder. Quien de verdad quiera salir de la Matrix tendrá que aprender, como Neo, a escuchar.
Desde esta perspectiva, el auténtico «despertar» no es la adhesión a una teoría conspiratoria misógina, sino un trabajo cotidiano de autocuidado y responsabilidad frente a lo colectivo: el mismo trabajo que las mães de santo llevan siglos enseñando en los terreiros. Al disputar el sentido de la metáfora, el feminismo negro brasileño devuelve al centro de la escena no a un héroe solitario, sino a una genealogía de mujeres que, como Oráculo, utilizan su saber para desorientar a los opresores y guiar a aquel que busca encontrarse.
Nota: traducción del portugués de Cristian De Nápoli.Palabras claves: feminismo negro, incel, machosfera, redpill.
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1.
Lilly Wachowski, codirectora de la trilogía, reveló en 2020 que Matrix trata sobre ser una persona trans. «Esa era la intención original, pero el mundo no estaba del todo listo», dijo Wachowski. Tanto ella como su hermana Lana hicieron pública su transición una vez estrenadas las tres obras del ciclo. «The Matrix es ‘una metáfora trans’: la revelación de Lilly Wachowski, codirectora de la popular trilogía» en BBC Mundo, 7/8/2020.
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2.
Nombres propios de la jerga de internet. «Incel»: contracción de involuntary celibate (célibe involuntario), designa a quienes se perciben excluidos de las relaciones sexoafectivas y responsabilizan de ello a las mujeres y al feminismo; «chad»: arquetipo del hombre atractivo y sexualmente exitoso que estos foros toman como parámetro de comparación; «stacy»: contraparte femenina del chad, es decir, la mujer deseable que, según esa visión, solo se interesa por los chads [N. del E.].
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3.
Debbie Ging: «Alphas, Betas, and Incels: Theorizing the Masculinities of the Manosphere» [2017] en Men and Masculinities vol. 22 No 4, 2019.
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4.
V. más en Stephanie Wescott, Steven Roberts y Xuenan Zhao: «The Problem of Anti-Feminist ‘Manfluencer’ Andrew Tate in Australian Schools: Women Teachers’ Experiences of Resurgent Male Supremacy» en Gender and Education vol. 36 No 2, 2023 y Michael Flood: Engaging Men and Boys in Violence Prevention, Palgrave MacMillan, Nueva York, 2019.
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5.
Lola Aronovich: «O dia em que o cara que quis me destruir foi condenado a 41 anos de prisão» en The Intercept Brasil, 21/12/2018, disponible en www.intercept.com.br/2018/12/21/prisao-do-misogino-marcelo-mello/.
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6.
Ver Marilena Chauí: Iniciação à filosofia, San Pablo, Ática, 2010.
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7.
Djamila Ribeiro: Guia pedagógico do curso pensamento redpill, San Pablo, edición de la autora, 2026.
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8.
Datos de Trans-Atlantic Slave Trade Database, https://legacy.slavevoyages.org/voyage/database.
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9.
A esta altura, quienes leen habrán notado el modo en que nos referimos a las autoridades del candomblé brasileño. En el caso de las mujeres, comenzamos por la palabra mãe (madre), luego el nombre de la iyalorixá y, por último, su orixá de cabeza. Para los hombres, se parte de la palabra pai: Pai Air de Oxoguiã, Pai Sidnei de Xangô y demás.
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10.
Posiciones en terreiros que varían según las funciones y el tiempo de iniciación en la práctica religiosa.
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11.
Para el antropólogo francés Pierre Verger, el arquetipo de Oxum es el de las mujeres graciosas y elegantes, enamoradas de las joyas, los perfumes y las ropas caras. Pierre Fatumbi Verger: Orixás: deuses Iorubas na África e no Novo Mundo, San Pablo, Corrupio / Círculo do Livro, 1981.
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12.
Carla Akotirene: «Osun é fundamento epistemológico: um diálogo com Oyèronké Oyèwúmi» en Revista CartaCapital, 21/10/2019.
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13.
Tesis de doctorado, Universidad Federal de Santa Catarina, Centro de Comunicación y Expresión, Programa de Posgrado en Estudios de la Traducción, Florianópolis, 2014.
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14.
Oxum sedujo a Iansã. Una vez, Oxum pasó por la casa de Iansã y la vio en la puerta. Le pareció linda, elegante, atractiva, y pensó: «Voy a acostarme con ella». Y siguió pasando varias veces frente a su puerta, con un cántaro de agua en la cabeza y cantando, bailando, provocando al caminar. Al principio Iansã no se dio cuenta, después acabó entregándose. Pero cuando Oxum se propuso conquistarla una vez más, Iansã decidió castigarla. Oxum tuvo que huir y esconderse en el río, donde vive hasta hoy. Rita Segato: Santos e daimones: o politeísmo afro-brasileiro e a tradição arquetipal, Brasilia, Editora da Universidade de Brasília, 1995, p. 403.

