La violencia en América Latina (105 / Enero - Febrero 1990)
Revista
Nueva Sociedad NUSO 105 Enero - Febrero 1990

La violencia en América Latina

En este número autores de la región, Europa y Estados Unidos analizan diferentes manifestaciones de la violencia en América Latina. Desde el acoso a las etnias indígenas hasta los grafitti en las calles de Buenos Aires, desde el diseño de ciertas políticas neoliberales hasta los movimientos guerrilleros de los 60.

Análisis

Descentralización en Bolivia. Esperanzas y frustraciones

La descentralización como reivindicación de las regiones, desnuda el déficit de legitimidad que arrastra el Estado boliviano frente a una sociedad que no se siente expresada en la actual institucionalidad jurídico-política, tanto como la obsolescencia del aparato del Estado y la precariedad del sistema de mediación política, ahora monopolizado por los partidos. Los movimientos regionales han introducido una peculiar visión, desde la cual la democracia no es tal si no comporta la autodeterminación de las colectividades territoriales que están impugnando el orden estatal, obligando a repensarlo en su forma y sus relaciones con la sociedad. El autor examina el dilema que parece sacudir a Bolivia: constreñirse a una reforma tenue y formal (que es lo que admitiría el proyecto neoliberal) o desplegar una descentralización que apunte a la transformación del patrón de desarrollo. Así, la descentralización ha abierto un campo de conflicto, controversia y concertación, que es la Reforma del Estado. Lo que queda por verse es el sentido que tomará esta reforma.

Dilemas de la consolidación democrática en Brasil

El proceso de transición democrática en Brasil, errático y de larguísima duración, contribuyó a ampliar las incertidumbres propias de esta situación, común a varios países latinoamericanos. La tendencia de las fuerzas políticas parece ser la de «adaptarse» a la herencia de la cultura política tradicional del país, incluso a aquella dejada por el periodo autoritario. Paralelamente, otro fenómeno característico de la transición en Brasil es el descrédito en que han caído, en vastos sectores populares, la actividad política, los partidos y sus dirigentes, y las instituciones representativas, especialmente el Legislativo. La crisis abierta por el agotamiento de los regímenes autoritarios, en definitiva, aún no se resuelve por completo en Brasil, cuando las recientes elecciones presidenciales «directas» abren una gran oportunidad para la consolidación democrática.

Estado y demandas sociales. Reflexiones sobre un desencuentro

Dentro de una aparente perpetua transformación del Estado en América Latina, existen condiciones de gran estabilidad que permiten justamente entender esa continua transformación. Entre tales condiciones se cuenta tanto el carácter dependiente de los países de la región, como el conflicto social que los caracteriza. Al parecer, las últimas transformaciones están dando cuenta de un cambio en ambas condiciones que inciden en una presión sobre el mecanismo de intermediación institucional entre el Estado y la sociedad. Esto se manifiesta en una progresiva separación del Estado respecto de las demandas sociales, sin que ello signifique una mayor «neutralidad estatal». Por el momento, el conflicto pareciera centrarse en la definición del espacio político institucional, en la perspectiva de que ahí se redefine la relación del Estado con la sociedad y sus diversos sectores.

La reforma de la justicia. Un largo camino a recorrer

La Reforma del Estado en los países de América Latina, no será completa sin la Reforma de la Administración de Justicia, tan reclamada y tan negada a lo ancho y alto de la región. El retorno a la democracia en nuestros países nos enfrenta a la necesidad impostergable de encontrar fórmulas pacíficas de convivencia y de armonización de intereses contrapuestos. La marginalidad de las mayorías da cuenta de la magnitud del problema, pero también aporta una herramienta de cambio. El reclamo por la igualdad puede movilizar un apoyo generalizado. Nuestros sistemas judiciales responden a un esquema de Estado no democrático, que afecta no sólo a los Derechos Humanos, sino al crecimiento total de nuestras sociedades. Se ilustra la argumentación con dos casos ejemplares: la lucha por la verdad de las víctimas del terrorismo de Estado y el juicio a los comandantes en jefe de las fuerzas armadas argentinas.

La utopía del No-Trabajo

Desde hace milenios, los hombres han tenido que trabajar para asegurar la reproducción del género humano y de las sociedades en que han vivido. Ahora, por primera vez, existe la posibilidad de que el trabajo no constituya una necesidad social sino, tal vez, un impulso individual de creación, o de asumir desafíos intelectuales, o de participación. Se trata de la sociedad del No-Trabajo, una sociedad radicalmente diferente de todas las conocidas, en la cual los seres humanos podrán dedicarse libremente a desarrollar todas sus potencialidades físicas y espirituales, y sus capacidades de disfrute individual y colectivo, en el corto lapso de la vida humana.

Coyuntura

Haití. Lo permanente de lo provisional

A cuatro años de la caída de la dinastía Duvalier (7 de febrero 1986), Haití tiene todavía un gobierno militar provisional. La transición a la democracia ha sido mucho más lenta, accidentada y espinosa de lo que se creía en el momento del derrocamiento de la dictadura. En realidad, se puede decir que los militares han mantenido el poder durante un período que ya podría haberse constituido en el primero de un gobierno democráticamente electo.

Uruguay. Colores de un cambio electoral

El 85% de los ciudadanos uruguayos habilitados para sufragar hizo añicos el 26 de noviembre de 1989 la centenaria hegemonía del sistema político tradicional, implantando por vez primera en la historia uruguaya un sistema multipartidista real, instalando también por primera vez un intendente (alcalde) marxista en la capital del país, al mismo tiempo que con los votos del interior la joven derecha blanca desalojaba de la primera magistratura a la añeja derecha colorada.

Libros

La NPE boliviana bajo lupa de papel

Al parecer, nunca antes en Bolivia se escribieron tantos libros sobre un tema, simultáneamente. Pero algo ocurrió con la Nueva Política Económica (NPE), identificada en un principio con el Decreto Supremo 21.060 de Estabilización, y más adelante, con el DS 21.660, de Reactivación, al convertirse en tema de reflexión continua para más de un cientista social, economista o político. Es más, fuera de Bolivia existe una gran demanda por saber qué es la NPE, o en qué consiste la estrategia que logró, en principio, aturdir a la hiperinflación boliviana y, luego, derrotarla.

La rebelión permanente: las revoluciones sociales en América Latina

Fernando Mires Siglo XXI Editores, México, 1988, 449 pp. Faltaba en la bibliografía historiográfica reciente un estudio original de historia comparativa de las revoluciones sociales en América Latina, que pudiera alejarse de los métodos tradicionales de interpretación de la historia latinoamericana, que la mayoría de las veces la dividen en períodos como Conquista, Colonia y República, que agrupan fenómenos radicalmente distintos, así como otra lectura vincula los procesos socio-históricos a partir de sus relaciones con el mercado mundial: período hispanolusitano, imperialismo inglés y, finalmente, predominio del imperialismo norteamericano.

Posiciones

Internacional Socialista. Seguridad para el medio ambiente y supervivencia (II)

La nueva misión para el movimiento obrero y los socialistas es impulsar una política ambiental radical, que garantice la seguridad de las personas y de los Estados - manifiesta el «documento verde» de la Internacional Socialista. La disparidad económica entre países industrializados y países en desarrollo constituye también un problema ambiental. Frente a este peligro, los socialistas levantan los valores de la solidaridad y la democracia. Es necesario configurar una nueva era de crecimiento económico diferente, que de prioridad a la calidad del desarrollo y cree la oportunidad para que la gente influya en el entorno de su vida cotidiana, en el gobierno, la economía y la cultura. Todos los pueblos, de todos los países, deben contar con la salvaguardia de la Tierra.

Tema central

Bolivia: el rediseño violento de la sociedad global

Un cuatrienio - 1985-1989 - ha resultado aparentemente suficiente para remodelar la realidad boliviana, cuya contemporaneidad había sido configurada por la revolución capitalista modernizadora de 1952. Sin embargo, como todo proceso de reorientación de moldes sociales, económicos, políticos y culturales, éste también ha supuesto la utilización de recursos violentos o, más bien, de la violencia como recurso de convencimiento, implantación y defensa (o agresión). Se explica aquí las razones del cambio intrasistémico iniciado en 1985, las formas de su manifestación violenta y «naturalizada» y sus repercusiones en los sectores oposicionistas. El «nuevo modelo económico» instaurado por el ex-presidente Víctor Paz Entenssoro es, según este examen, el eje de la violencia pasada (y venidera) que, hasta ahora, ha constatado su aprovechabilidad para la refundación del capitalismo en Bolivia, de acuerdo con las líneas maestras de la lógica neoconservadora.

Guatemala el recurso del miedo

Este ensayo pretende hacer un aporte interpretativo con respecto al terrorismo de Estado en Guatemala. Plantea la necesidad de hacer un deslinde entre el terror como fenómeno estructural, de aquel que aparece como hecho coyunturalmente masivo. Esta distinción no se ha hecho en otras interpretaciones del mismo fenómeno, por lo que no resultaron lo suficientemente fructíferas. La raíz última del terrorismo de Estado en Guatemala se encuentra en la cristalización de una cultura política del terror que, siendo resultado del peculiar proceso histórico vivido por el país, se ve reproducida ampliadamente por el modelo de acumulación capitalista impuesto en Guatemala desde 1954. El proceso estatal de modernización que se observa desde 1982 ha pretendido alejarse de la unilateralización del terror como método de gestión estatal, pero sin resolver la cuestión social no habrá solución definitiva.

La cultura de la violencia en Chile

Lo que podría llamarse una «cultura de la violencia» en Chile es una organización social y una forma de vida en las cuales la violencia es un recurso permanente, enraizado en las relaciones sociales y en las interacciones cotidianas. Primeramente se ofrecen algunos antecedentes históricos sobre la violencia social y política desde la Conquista hasta el golpe de 1973; luego se caracterizan los rasgos principales de la represión política y del sistema represivo chileno. Finalmente, se muestran las principales expresiones que asume la violencia social y cotidiana, y se enuncia una hipótesis interpretativa sobre el incremento de estas formas de violencia durante el período autoritario.

Las guerras de desarrollo en América Latina

Las relaciones entre el desarrollo nacional y la paz internacional se han convertido, durante las últimas cuatro décadas, en una de las temáticas más importantes, complejas y delicadas entre los problemas mundiales de paz y seguridad. En un contexto de tensión y pobreza, la militarización y la irrupción de la violencia organizada - desde las carreras armamentistas regionales hasta las guerras civiles y la represión militar - constituyen la tendencia más alarmante en el mundo en vías de desarrollo. Hoy en día es evidente, como tal vez nunca antes lo fue, que las demandas de desarrollo social y crecimiento económico acelerados han creado, bajo ciertas circunstancias, tensiones y conflictos violentos al nivel local, nacional e internacional, a todo lo largo y ancho del Tercer Mundo. En vastas regiones, esta tendencia belicista ha puesto en peligro los objetivos mismos del progreso social y del desarrollo económico, en otras ha detenido totalmente o revertido el proceso de crecimiento. En las áreas más afectadas, la destrucción cotidiana causada por la guerra es una realidad inmediata y apabullante.

Los iluminados y sus sombras. Crítica de la guerrilla latinoamericana. 1960-1975

Los valores de orientación y las pautas de comportamiento cotidiano que predominaron en el movimiento guerrillero latinoamericano durante la etapa 1960-1975 (es decir: desde la revolución cubana hasta el fracaso relativo de las guerrillas rurales clásicas), eran adaptaciones de los padrones normativos propios de la herencia ibero-católica (autoritarismo, caudillismo, dogmatismo, tendencia a las jerarquías de mando y subordinación, machismo, etc.), padrones que fueron paradójicamente revitalizados por una recepción tecnicista del marxismo y, sobre todo, de la teoría leninista acerca de la organización del partido revolucionario. El resultado es un tipo de estructura social calcado en viejos moldes militares jerárquicos y autoritarios, que comparte la idea moderna de la factibilidad de las revoluciones y postula una revolución socialista basada, sintomáticamente, en la dilatación de funciones estatales, en el carácter altamente centralizado del nuevo régimen y en la preservación de una élite del poder privilegiada y no sometida al control democrático del pueblo.

Un caso intrincado de violencia: Colombia

El caso de la violencia en Colombia no es único, pero muestra tal persistencia e intensidad que merece la atención más que otros. Existe una multiplicidad de formas de violencia en Colombia, que se recubren y se retroalimentan mutuamente, siendo muy diversos los actores de ellas. Entre los principales están los varios grupos guerrilleros, que datan de la década de los 60, los recientes grupos exterminadores (mal llamados de «autodefensa» o «paramilitares») y los grandes carteles del narcotráfico, cuyo poder económico se enlaza con los anteriores y son hoy los mayores generadores de violencia en Colombia. En la etapa anterior, el movimiento guerrillero basculó entre un paradigma de guerrilla «militar» y uno de guerrilla «societal». La nueva generación guerrillera está operando (con la excepción del recalcitrante ELN, dedicado al terrorismo contra centros de economía nacional) una «subversión de la subversión», repudiando tres errores anteriores: el «foquismo armado», el «terrorismo» y la «guerra popular prolongada». Encabezado por el M-19, el movimiento guerrillero parece converger actualmente hacia un proceso esperanzador de tregua armada, nuevo diálogo e incorporación a la vida democrática, que responde a la apertura prudente del sistema político colombiano, tal como la está expresando la administración Barco en sus dos últimos años y su convocatoria a un plebiscito nacional, que agilice las grandes reformas económicas, sociales y políticas que necesita el país.

Venid a ver la sangre por las calles

Esta es una propuesta de interpretación de ciertos grafitti, comúnmente considerados «violentos», «agresivos», o «desagradables», tanto por lo que expresan como por la manera en que lo hacen. Se parte de ver a las relaciones simbólicas como relaciones de poder, y de enfocar sus expresiones en articulación con su contexto cultural e histórico. En este caso, los entrecruzamientos de la oleada punk con la situación particular argentina al resurgir de un período de terrorismo de Estado, y de verse acosada por sucesivos pasos hacia la impunidad de los crímenes cometidos durante la dictadura militar (1976-1983). Los grafitti analizados permiten entrever una «vía liberadora», que trueque la confusión simbólica y la indiscriminación social entre represores y reprimidos, en descubrimiento e identificación de los conflictos que aquejan a esta sociedad.

Violencia antiindígena en la Venezuela contemporánea

La violencia contra las poblaciones aborígenes, sus culturas y sus lenguas, tal como se presenta en la Venezuela actual, manifiesta rasgos específicos, a pesar de las frecuentes coincidencias con la situación indígena en otras naciones latinoamericanas. Además, este tipo de violencia se inscribe de algún modo en el conjunto de la sociedad venezolana, en la cual los pueblos nativos no constituyen un cuerpo extraño. Aún prevalecen las fuerzas partidarias de continuar con el etno-genocidio iniciado en la Conquista. Pero en las últimas décadas, el movimiento indígena organizado, el trabajo sistemático de sus aliados y la apertura política nacional e internacional, permiten progresar hacia metas pluriculturales y de autonomías regionales.