El desarrollo rural en América Latina y el Caribe Logros, retos y perspectivas

En la última década se redujeron el hambre y la pobreza en América Latina, que afectan particularmente a las zonas rurales. A pesar de estas mejoras, la situación de los campesinos de la región sigue planteando desafíos para el desarrollo rural. Las mujeres y los trabajadores siguen expuestos a dificultades como migraciones, desigualdades y violaciones de derechos. A la hora de enfrentar estos retos, se hace más evidente la necesidad de la integración regional para fomentar un crecimiento igualitario.

Perspectiva | El desarrollo rural en América Latina y el Caribe | Logros, retos y perspectivas | Enero 2016

Este documento está basado en los resultados de la conferencia «Desarrollo rural en América Latina y el Caribe: logros, retos y perspectivas», llevado a cabo los días 3 y 4 de septiembre de 2015 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. La actividad fue organizada por la Fundación Friedrich Ebert en el marco de su proyecto Un mundo sin hambre, ejecutado por Nueva Sociedad. Los aportes provienen de las exposiciones realizadas, así como de los comentarios de los participantes.

En América Latina y el Caribe, el nivel de urbanización ha alcanzado los valores más altos a escala global y el proceso de metropolización va en aumento, organizando así los territorios alrededor de ciudades que concentran recursos y poderes. Si bien el crecimiento de la población urbana se ha desacelerado en la región, el Programa de Asentamientos Humanos de las Naciones Unidas (ONU Hábitat) pronostica un grado de urbanización de 89% para el año 2050 (ONU Hábitat 2012). Este descontrolado crecimiento de las ciudades es uno de los mayores problemas sociales de la región, ya que a los espacios urbanos les resulta difícil absorber las demandas de vivienda, empleo y acceso a servicios básicos como educación, salud o movilidad.

Al mismo tiempo, el rostro de la pobreza y el hambre en la región es fundamentalmente rural. La pobreza alcanza a 182 millones de personas, de las cuales 71 millones son indigentes; la mitad de todos los indigentes viven en las zonas rurales, aunque solo 22% de la población total es rural (Cepal 2008). A su vez, en las últimas décadas, la reducción de la indigencia rural habría sido de 15%, mientras que la indigencia urbana habría disminuido 27%. Para los jóvenes, la vida en el campo no ofrece suficientes posibilidades y la migración a zonas urbanas suele aparecer como la alternativa evidente. El éxodo rural se presenta entonces como un gran desafío, y no solamente en relación con el problema no resuelto de las deficiencias en el control y la gobernabilidad de los centros urbanos.

Como lo subraya el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), estos flujos representan una gran preocupación para el futuro del campo. El desarrollo de los espacios rurales determina, además, la forma en que se podrá alimentar a la población mundial (Cepal, FAO e IICA 2015). Informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) (FAO 2015) y el Banco Mundial (2015) muestran que el aumento en la producción de alimentos y otros productos agrícolas no será suficiente si se sigue administrando el campo como hasta ahora. Ni la agricultura basada en pequeñas explotaciones ni la producción agrícola industrial a gran escala parecen tener el enfoque necesario para enfrentar solos los desafíos ecológicos, económicos y sociales del futuro.

Sin embargo, los espacios rurales pueden ofrecer perspectivas de vida sustentable. Para concretarlas, es necesario consolidar una base sólida para el desarrollo económico y la protección de los recursos naturales, reforzar las inversiones en educación, salud, suministro de energía e infraestructura de transporte y comunicaciones, así como también mejorar el marco político y legal.

Para ser exitoso, el desarrollo sustentable de las zonas rurales no debe tener en cuenta solo un factor, sino que debe integrar todos los elementos relevantes. Esto incluye las necesidades sociales de la población de la región, tales como educación, salud y cultura; motivación y formación de la población rural, factores económicos locales como el potencial y la infraestructura para la producción y el transporte, el acceso a los mercados y la protección de la naturaleza, el medio ambiente y el clima. Frente a estos desafíos, comunes a todos los países de la región, existen respuestas nacionales, con políticas que tienen su éxito (Cepal, FAO e IICA 2015), pero no existe una articulación regional, entre los países o entre las subregiones. Si bien las realidades del ámbito rural son diversas a lo largo de los territorios que forman América Latina y el Caribe, la amplitud de los retos que la agricultura y el mundo rural tendrán que enfrentar parece necesitar una respuesta conjunta.

Con el fin de evaluar la capacidad de reinventarse del desarrollo rural en América Latina y el Caribe, se plantean, en primer lugar, los retos actuales que enfrentan la agricultura y las poblaciones rurales en términos sociales, políticos y económicos. En segundo lugar, se pone el foco en dos elementos claves para entender las dinámicas propias de la vida en el campo: el empleo y la igualdad de género, con sus perspectivas futuras. Finalmente, se intenta delinear los principales retos para establecer esfuerzos regionales, analizando específicamente las dificultades para el establecimiento de una agenda común.

La vida en el campo: realidades, retos y potencialidades

El ámbito rural concentra la atención de políticas públicas específicas, así como de los organismos internacionales y académicos. No obstante, el proceso de urbanización no parece disminuir en la región, y el campo sigue concentrando indicadores elevados de pobreza y desigualdad, así como de difícil acceso a servicios públicos (salud y educación, entre otros). Para entender los límites de las políticas de desarrollo rural, se sugiere en un primer tiempo tener en mente la dificultad y las implicaciones de la conceptualización del campo como sujeto de políticas públicas.

Una visión ampliada de lo rural

Porque un término suele usarse para definir el otro, es necesario partir de una distinción precisa entre lo «rural» y lo «agrícola». El proceso de urbanización que ha tenido lugar durante los últimos años se concentró, en gran medida, en territorios que operan como una interfaz rural-urbana, es decir, ciudades pequeñas y medianas y las áreas rurales que las rodean. En la región, más de la mitad de la población vive en estos espacios (RIMISP 2015).

Los mismos no responden al imaginario de la ruralidad «profunda» en la que, en el caso de América Latina, habita solo 2% de la población. En este contexto, la dicotomía rural-urbano pierde validez y emerge una visibilización nueva de espacios que requieren de conceptos y herramientas propias.