Coyuntura

Venezuela post-referendo

El ajustado triunfo del «No» en el referéndum constitucional del 2 de diciembre de 2007 obligó a Hugo Chávez a ensayar algunos gestos de apertura y moderación. En su discurso ante la Asamblea Nacional, el presidente admitió graves déficits de gestión, sobre todo en áreas sensibles como la seguridad y el abastecimiento alimentario, y dispuso un cambio de gabinete que parece orientado a inyectarle eficiencia a su gobierno. Sin embargo, no ha abandonado su estilo confrontativo, tanto con la oposición interna como en materia de política internacional, y tampoco parece decidido a que el Partido Socialista Unido de Venezuela se convierta en una fuerza pluralista y democrática. En suma, algunos cambios y rectificaciones que no alteran en esencia su plan de avanzar hacia el «socialismo del siglo xxi».

Venezuela post-referendo

El 2 de diciembre de 2007, la propuesta de reforma constitucional presentada por el presidente Hugo Chávez (y ampliada por la Asamblea Nacional hasta incluir un total de 69 artículos) para llevar a la sociedad venezolana de manera acelerada hacia el «socialismo del siglo XXI» fue rechazada por los electores. Según el segundo boletín del Consejo Nacional Electoral, que abarcó 94% de las mesas, el voto por el «No» en el Bloque A, que reunía las propuestas formuladas por Chávez más algunas agregadas por la Asamblea Nacional, fue de 4.521.494 (50,65% del total), frente a 4.404.626 votos (49,34%) del «Sí». La diferencia fue de 1,31%. En el Bloque B, que incluía propuestas de reforma presentadas por la Asamblea Nacional, la diferencia fue ligeramente mayor. En perspectiva comparada, el voto en apoyo al bolivarianismo sufrió una merma de 14 puntos porcentuales, casi tres millones de votos, con respecto a los resultados electorales de la contienda presidencial de 2006. La oposición, por su parte, aumentó su votación en apenas 211.000 votos. Más que un triunfo de las fuerzas opositoras, fue una derrota de las fuerzas del bolivarianismo, que abrió un juego político que muestra incertidumbres y contradicciones.

La lectura de la derrota

Pasadas las primeras reacciones, que reflejaron desconcierto y emociones desbordadas en el seno del chavismo, la lectura que el presidente y sus aliados comenzaron a hacer se ha ido expresando en acciones. Estas apuntan de manera creciente a la idea de recuperar los apoyos perdidos a través de una estrategia que, aunque en lo esencial no altera el objetivo de avanzar hacia el modelo de socialismo propuesto el año pasado, en términos tácticos incluye algunas acciones y palabras de moderación y apertura.

El 31 de diciembre, Chávez otorgó indultos y firmó una amplia ley de amnistía por la cual fueron liberados de juicios la mayoría de quienes habían participado en las acciones insurreccionales de 2002 y 2003. También hizo cambios en su gabinete, que parecieron obedecer, más que a una modificación en la orientación de las políticas gubernamentales, a una búsqueda de mayor eficiencia en la gestión en las áreas de seguridad, abastecimiento alimentario, vivienda, comunicaciones y relaciones con las organizaciones populares, que fueron debilidades de la gestión que afectaron los resultados electorales.

El 6 de enero, Chávez presentó lo que llamó «política de las tres R»: revisión, rectificación y reimpulso. Conminó a sus bases a prepararse para los comicios de gobernadores y alcaldes a celebrarse en noviembre de este año e indicó que las candidaturas «deben venir como producto de las decisiones de las bases populares y no como producto de reuniones en conciliábulos, acuerdos de un partido con el otro, y al final el dedo de Chávez».

Ese mismo día, también anunció el relanzamiento del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a través de la preparación de su congreso fundacional. Planteó revivir el Polo Patriótico, la coalición formada en 1998 para su primera elección presidencial, en señal de que se resignaba a la permanencia de otros partidos en su plataforma política, a lo que se había opuesto agresivamente a lo largo de 2007, cuando presionó a las fuerzas aliadas para que se disolvieran so pena de excluirlas del gobierno. Explicó que se debía dar «una gran alianza, no solo de los revolucionarios», pues había «que atraer a sectores empresariales, la clase media, que son la esencia de este proyecto». Dijo que hay que dar la bienvenida a todos los sectores y hacerles la guerra al sectarismo y al extremismo, «porque la revolución tiene que abrirse».

El 11 de enero, el presidente presentó ante la Asamblea Nacional su informe de gestión de 2007. En su discurso exhibió las cifras más destacadas de lo que consideró sus logros en los nueve años que ha venido gobernando. Hacia el final, Chávez aludió a los tres roles que, según consideró, ha venido desempeñando desde su llegada al poder, y formuló una autoevaluación de cada uno de ellos. Estas reflexiones parecen revelar la lectura que ha hecho de su derrota y cómo piensa remontarla.

Su desempeño como jefe de Estado fue considerado positivo. Desde su perspectiva, esta dimensión comprende acciones para colocar a Venezuela en el escenario internacional. En ese sentido, enumeró iniciativas como la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), Petrocaribe y los esfuerzos realizados en pos de la integración latinoamericana y caribeña. De su rol como jefe de la revolución también se mostró satisfecho. Consideró que el socialismo está sembrado en Venezuela y que ya nada lo detendrá. Según dijo, la revolución se ha hecho en paz, respetando los derechos humanos, con respeto a la diversidad cultural, predilección por el diálogo, valoración de la democracia participativa. Pero donde encontró debilidades fue en su rol como jefe de gobierno.

Chávez habló con crudeza de lo que consideró los múltiples defectos de su gobierno. Mencionó la inseguridad, el desabastecimiento, la falta de planificación, la situación en las cárceles, la impunidad, la corrupción, la pesadez burocrática de la administración pública. Todo ello –reconoció– ha venido haciendo perder la confianza del pueblo en su gobierno. Pero Chávez no habló de la perversa polarización política que ha persistido a lo largo de todos estos años, con su carga de intolerancia hacia los adversarios y hacia la disidencia interna, de la cual su discurso confrontativo es un permanente estímulo.

Tampoco mencionó nada que pudiera indicar un reconocimiento a los sectores de la oposición que han venido aceptando las reglas del juego político y solicitando un diálogo con el gobierno. Esta oposición, que ha hecho esfuerzos de unificación y, al mismo tiempo, de separación de los actores antidemocráticos del pasado, incluye a sectores medios profesionales que podrían contribuir tanto con la elevación de la calidad política de la actual democracia como con la mejora de una gestión pública postrada e ineficiente. Pero el pluralismo no es un valor para el presidente y la polarización le ha dado dividendos. Todavía no parece estar preparado para abandonarla.