Coyuntura

Venezuela ante la baja de los precios del petróleo

Entre 1998 y 2008, el precio del petróleo pasó de 9 a 130 dólares el barril. Hoy, tras el estallido de la crisis mundial, se sitúa en alrededor de 50 dólares. En Venezuela, un país rentista y altamente dependiente de la exportación de su principal recurso natural, esta fluctuación genera efectos tanto políticos como económicos. El artículo sostiene que el gobierno de Hugo Chávez ha alineado a pdvsa con su estrategia de construcción del «socialismo del siglo XXI», lo que redundó en una pérdida de productividad que se refleja en la declinación de la producción de petróleo. En un contexto de precios en descenso, los aportes de la empresa a las políticas sociales han comenzado a reducirse, y podrían reducirse aún más en el futuro, lo que amenazaría la base de sustentación política del gobierno.

Venezuela ante la baja de los precios del petróleo

El petróleo ha marcado la vida de los venezolanos desde 1917 y es imposible analizar el contexto económico y político del país sin considerar su precio. Entre 1998 y 2008, el precio del petróleo pasó de 9,38 a 129,54 dólares el barril, y el gobierno percibió más de 800.000 millones de dólares en ingresos petroleros y no petroleros, a pesar de lo cual no ha logrado resolver los principales problemas que afectan a Venezuela. Desde 2009, el precio del petróleo ha caído a menos de 50 dólares, lo que impactará en la economía. Y en la política.

El petróleo en el contexto económico y político de Venezuela

En 1914 Venezuela era un país rural, pobrísimo, que transitaba por un periodo de relativa paz después de casi 100 años de conflictos, que habían comenzado en 1810 con la Guerra de Independencia y habían continuado con numerosas y agotadoras guerras civiles. Ese año se descubrió la gran cuenca petrolífera de Maracaibo. Hasta entonces, la economía venezolana era agrícola y pecuaria, muy atrasada tecnológicamente, basada en la producción de café, cacao, cuero y otros rubros menores, que le aportaban ingresos anuales muy limitados, recursos escasos comparados con los de economías como las de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México y Perú: la producción venezolana equivalía a apenas 41% de las de los países vecinos. La Guerra de Independencia contra el Imperio español se había prolongado por más de diez años, entre 1811 y 1824, mucho más tiempo que las guerras libradas por otros países; a ella le siguieron problemas internos durante casi todo el resto del siglo XIX, promovidos por héroes, pseudohéroes y personajes de la Guerra de Independencia, conflictos que alcanzaron su clímax en la llamada Guerra Federal (1859-1863), que dejó a Venezuela en la más absoluta miseria. En ese contexto comenzó la Era del Petróleo. En tanto extracción primaria de un recurso natural, el petróleo constituye un medio de producción no producido; es decir, que no se fabrica o manufactura a voluntad, sino que se obtiene de la explotación de la naturaleza, lo que implica que el beneficio que genera no procede del trabajo ni del intelecto de la sociedad. Esta condición alteraría desde entonces la economía de Venezuela.

El rasgo más sobresaliente del cambio económico producido por el inicio de la fase petrolera es que Venezuela dejó de ser un país rural para convertirse en una nación urbana, al tiempo que comenzaba a depender de un solo sector económico y –más complicado aún– de los ingresos de un único producto, en forma de renta y no de creación de riqueza. Han pasado 95 años desde entonces y, como escribió el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri, «somos cada día una nación fingida. Nada de lo que tenemos tiene existencia y asiento real». Más recientemente, el economista venezolano Gustavo Rojas subrayó: «Venezuela sin petróleo es Haití».

Desde el punto de vista político, el petróleo ha marcado el desempeño del país y ha sido en buena medida responsable de la construcción de la institucionalidad y del progreso, ambos alcanzados en el siglo XX, hasta la instauración del régimen bolivariano del presidente Hugo Chávez en 1999. El petróleo convirtió al gobierno y a los ciudadanos en rentistas y definió un país que comenzó a vivir de un Estado distribuidor de renta, marcando un contraste con lo que ocurre en la mayoría de las sociedades, en las que el Estado vive de sus ciudadanos a través del pago de los impuestos.

El rentismo, que durante muchos años permitió distribuir riqueza y modernizar el país, tenía que llegar a su fin con el crecimiento de la población. Los astronómicos ingresos fiscales petroleros, del orden de los 37.440 millones de dólares en 2008, solo alcanzan, con una población de 27 millones de habitantes, para repartir menos de cuatro dólares diarios a cada venezolano. Este cálculo, hecho con los precios promedio de 86,81 dólares de 2008, se achica con los valores de hoy: la repartición de la renta se reduce aún más con el petróleo a 38,66 dólares el barril. Aquí reside la clave de la política y la economía venezolanas en la actualidad.

El sector petrolero a partir de Chávez

Desde sus comienzos en 1854, cuando se otorgó el primer derecho a explotar asfalto en el territorio nacional, y luego desde 1865, cuando se otorgó la primera concesión petrolera para explotar y comercializar el hidrocarburo, la industria petrolera funcionó bajo el régimen de concesiones.

Esto fue así hasta 1976. Con la estatización decidida en enero de ese año, dejaron de existir las 25 compañías petroleras, nacionales e internacionales, que operaban en el país. La ley que estatizó la industria petrolera creó la estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) como holding, y esta, a su vez, creó empresas filiales operadoras verticalmente integradas. Al comienzo eran 14, pero fueron integrándose para finalmente terminar en tres en diciembre de 1997. En ese tiempo, PDVSA creó un sinnúmero de empresas fuera de Venezuela para manejar los negocios de refinación y comercio. Se trataba de una corporación globalizada y poco influenciada por el quehacer político nacional: el gobierno de turno se limitaba a nombrar a la directiva del holding, sin interferir en los nombramientos en las filiales, y a dirigirlo con «lineamientos de política energética» preparados anualmente por el Ministerio de Energía para que fueran cumplidos por la empresa estatal y sus filiales. Desde su fundación hasta 1999, PDVSA tuvo solo siete presidentes, y llegó a ser calificada como «un Estado dentro del Estado». En los diez años de gobierno de Chávez, en cambio, la empresa ha tenido seis presidentes, que deben obedecer las políticas de «socialismo del siglo XXI» del presidente. El hecho de que Chávez haya logrado apoderarse del control de PDVSA tiene una explicación. En el final del gobierno de Rafael Caldera, antes del triunfo de Chávez, PDVSA decidió, por motivos de optimización de costos y operaciones, en un contexto en el que los precios del petróleo rayaban los ocho dólares el barril, reorganizarse en tres empresas filiales, operacionalmente independientes de la estatal. La idea era crear tres organizaciones por áreas de negocios: exploración y producción, manufactura y mercadeo, y servicios. El cambio propuesto en la estructura de PDVSA les daría fortaleza a la empresa estatal y a sus directivos, que mostraban aspiraciones políticas. Sin embargo, para hacerlo era necesario cambiar sus estatutos, para lo cual se necesitaba la aprobación del Congreso Nacional. En las elecciones de 1998, se hablaba de la posibilidad de un outsider proveniente del sector petrolero como contendor de Chávez, al que apoyarían los partidos políticos tradicionales (socialcristianos y socialdemócratas). Esto no se materializó. Chávez ganó las elecciones y los cambios propuestos en PVDSA no se realizaron. La división en tres empresas no se concretó y el holding se vio obligado a convertirse en empresa operadora. Esto le permitió a Chávez, luego de su triunfo, penetrar en la empresa petrolera en todos sus niveles y en todas sus filiales. Gracias a la debilitada estructura de PDVSA, el presidente pudo realizar cambios drásticos en el orden organizacional y en la misión empresarial. Esto implicó echar por tierra la estructura meritocrática que existía desde su creación, lo que hizo que cientos de gerentes y directivos se retiraran y jubilaran prematuramente. Posteriormente, tras los sucesos políticos de finales de 2002 y comienzos de 2003, se retiraron más de 20.000 empleados.

En ese periodo se registraron cambios en el precio promedio de la cesta venezolana de petróleo, que a valores nominales pasó de 16,04 dólares el barril en 1999 a 86,81 dólares el barril en 2008, con un máximo de 129,54 dólares el barril en julio de ese año. Pero a partir de 2009, luego del estallido de la crisis mundial, el precio del crudo venezolano comenzó un duro descenso, hasta promediar 36,16 dólares el barril en enero de este año y 36,01 dólares en febrero. En marzo ha repuntado a 47,95 dólares, cifra todavía inferior al precio estimado para el presupuesto nacional (60 dólares).

La economía entre 1999 y 2008

En 1999, el petróleo contribuyó al PIB en 28,5%, porcentaje que descendió a 17,5% en 2007. Esto incluye ingresos petroleros por ventas de 96.242 millones de dólares, regalías, impuestos sobre la renta y otros impuestos por 27.935 millones de dólares, y aportes sociales por 13.897 millones de dólares.

En este periodo, el tipo de cambio pasó de 607 bolívares por dólar en 1999 a 2.150 en 2007, valor que se ha mantenido hasta la fecha. La deuda pública interna pasó de 3,1% del PIB en 1999 a 10,7% en 2007. Hasta 2008, el presupuesto nacional se preparó con un precio promedio de la cesta petrolera estimado en 35 dólares el barril.

Todo era bonanza para el régimen de Chávez: el precio del petróleo sobrepasaba con creces la cifra prevista, lo que le permitía al gobierno disfrutar directamente del excedente, que se transfería a las misiones sociales y a los bancos populares financiados directamente por PDVSA, así como a fondos especiales, como el Fondo para el Desarrollo Económico y Social del País (Fondespa) y el Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden). Todos estos presupuestos eran manejados directamente por el gobierno sin contraloría alguna por parte de la Asamblea Nacional.

El presupuesto de 2009 se calculó a un precio de 60 dólares por barril, con una producción estimada de 3,66 millones de barriles diarios (Mdb). Tras el inicio de la crisis y la baja de los precios, el presupuesto ha tenido que revisarse hasta fijar un precio de 40 dólares por barril y una producción de 3,1 Mdb. En este periodo, el gobierno creó 17 bancos y entidades financieras. La inflación se mantuvo entre 12,3% y 31,2%. La población pasó de 22,7 a 27,4 millones de habitantes.

El petróleo en la economía y la política actuales

En 2007, el petróleo contribuyó con 18,75% del PIB. Del total de las exportaciones de Venezuela en 2008, apenas 7% (6.996 millones de dólares) no estuvieron relacionadas con los hidrocarburos. Por otra parte, las importaciones no petroleras en 2008 totalizaron 42.840 millones de dólares, que representan más de 46% de los ingresos petroleros. De estas importaciones, 24% proviene de Estados Unidos y 13%, de Colombia.

El economista Domingo Maza Zavala, ex-director del Banco Central de Venezuela, plantea dudas sobre las cifras de exportaciones petroleras del país, que el gobierno sitúa en 2,465 Mdb diarios en 2008, con unos ingresos de 82.800 millones de dólares, a un precio de 92 dólares el barril. Esta duda es ratificada por Ramón Espinasa, experto venezolano en temas de petróleo, consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Comisión Andina de Fomento (CAF), quien informa que las exportaciones de petróleo y productos derivados de Venezuela han caído de 2,95 Mbd en 1997 a 1,71 Mbd en 2008.

La verdad es que la participación del petróleo en el ingreso fiscal en 2008 totalizó 37.440 millones de dólares, es decir 52% de los ingresos fiscales, pero a la vez la deuda pública –interna y externa– se situó en 2008 en cerca de 50.000 millones de dólares (25% del PIB). Esta deuda se incrementa cada vez más para cumplir los compromisos políticos en Venezuela y el exterior asumidos por el gobierno, que los define como políticas de solidaridad y ayuda a los excluidos.

Y llegamos a 2009...

Los grandes problemas del país siguen pendientes. Si no se resolvieron con altísimos precios del petróleo, que difícilmente vuelvan a verse en los cuatro años que le restan al gobierno, entonces parece poco probable que se resuelvan ahora. La situación política continuará deteriorándose, lo que obligará al gobierno a tomar medidas impopulares, algunas de las cuales ya se están viendo, como el hostigamiento y la detención de líderes opositores, la violación de la Constitución y el debilitamiento del Estado descentralizado para quitar poder a los gobernadores y alcaldes recientemente elegidos.

Como ya se mencionó, la crisis mundial, que mantendrá bajos los precios del petróleo, forzó al gobierno a revisar el presupuesto hacia cifras más conservadoras. La crisis encuentra a PDVSA, alcancía y ancla de todas las necesidades económicas y políticas del gobierno, en una situación gerencial y operacional crítica. En términos de producción, no logra evitar la progresiva declinación de los yacimientos petrolíferos, una de las más pronunciadas del mundo. Ello se debe a la falta de personal especializado, que después de los sucesos de 2002-2003 no fue reemplazado. También se explica por el hecho de que no se están haciendo las inversiones necesarias para mantener el potencial de producción, en franca declinación desde 2001, cuando el país alcanzó el límite de producción de 3,342 Mbd. El récord de producción de Venezuela fue en 1970, cuando promedió la irrepetible cifra de 3,708 Mbd. Este número difícilmente vuelva a alcanzarse. A partir de 2003, la situación se agravó por la decisión del gobierno de cambiar los estatutos y la misión de PDVSA, que oficialmente dejó de ser una empresa petrolera para convertirse en una organización con énfasis en lo social y político. Además, en 2004 PDVSA se retiró de la Comisión de Valores y Cambio de EEUU (US Securities & Exchange Commission, SEC) al no poder cumplir con los plazos de entrega de los informes financieros y operacionales ni responder a las auditorías que exige ese ente regulador norteamericano. La declinación de la producción de petróleo debe ser enfrentada principalmente con la nueva perforación y terminación exitosa de pozos, y con la reparación de los que dejan de producir, además del reemplazo de la infraestructura obsoleta. Si no se avanza en estas tareas, la caída de la producción es inexorable. Pero el descenso en las inversiones se refleja en el hecho de que no se están perforando los pozos nuevos necesarios para mantener y elevar la producción. El número de pozos inactivos aumenta, como lo muestra el Informe del Ministerio de Energía y Petróleo (Menpet). En la actualidad hay más de 18.000 pozos cerrados, lo que equivale a 53% de los pozos que son capaces de producir. La actividad exploratoria para reemplazar las reservas de los petróleos más comerciales está en su mínimo nivel. Más de 600 prospectos exploratorios no pueden ser explotados debido a la falta de recursos y a la decisión de no ofrecer esas áreas al sector privado.

Finalmente, los recursos de 147 billones de pies cúbicos de gas natural (147 TCF), mayormente situados costa afuera, tampoco se desarrollan, por la mismas razones que no se desarrolla la actividad exploratoria petrolera. De hecho, Venezuela ha llegado a la deplorable situación de tener que importar gas natural por tuberías desde Colombia para paliar el déficit en que se encuentra la ciudad de Maracaibo, centro de la otrora principal provincia productora de hidrocarburos del país. El ministro de Energía y presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, ha reconocido que el déficit de gas es superior a 1.500 millones de pies cúbicos diarios, lo que ha ocasionado que los sectores eléctrico e industrial tengan que consumir más derivados líquidos del petróleo, en desmedro de su exportación. Todo esto se debe principalmente a la decisión del gobierno de utilizar el petróleo como eje de la estrategia geopolítica y favorecer a empresas estatales y gobiernos que en su mayoría no tienen ni el know-how ni el músculo financiero necesarios para llevar adelante las actividades petroleras que se requieren. En el orden interno, ha promovido la creación de «empresas de producción social» y «empresas comunales» que carecen de los conocimientos técnicos y gerenciales necesarios para acometer los proyectos.

En materia laboral, PDVSA no ha cumplido con los sindicatos para la renovación de los contratos colectivos para el periodo 2009-2011, lo que ha producido paros y algunas revueltas que han involucrado a más de 3.000 trabajadores. La renovación de esas convenciones laborales implica un gasto de 4.200 millones de dólares, cifra que a la estatal no le será fácil cancelar ya que –ante una disminución en los ingresos por exportaciones de petróleo y derivados que podría llegar a los 50.000 millones de dólares– ha anunciado recortes de entre 40% y 50% en su presupuesto con respecto al año pasado. El presidente de PDVSA viajó a China, donde solicitó créditos por 4.000 millones de dólares, que no obtuvo. Recientemente, un banco japonés, el JBIC, le concedió a PDVSA un préstamo por 1.500 millones de dólares, específicamente para proyectos de expansión de las refinerías. En 2007 la empresa había abierto una línea de crédito con Japón por 3.500 millones de dólares para ser cancelada con entregas de petróleo a futuro. Algo similar había sucedido antes con China. La baja de los precios agudiza la necesidad de recursos. Ya en el Informe Financiero y Operacional correspondiente a 2007 se mostraba la crisis por la que estaba pasando PDVSA.

Paralelamente, el gobierno tomó la perjudicial decisión de aumentar las exportaciones a países a los que se les entrega el petróleo y derivados con descuentos, bajos intereses o bajo la figura del trueque de servicios: seis países pertenecientes a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) le adeudan a PDVSA 6.130 millones de dólares –Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras, República Dominicana y Haití– y otros 15 países de la región, agrupados en organismos como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) o la iniciativa de integración energética Petroamérica, le adeudan a Venezuela 4.500 millones de dólares por ventas a crédito a 25 años de plazo y con intereses irrisorios, entre 1% y 2% anual.

Pero lo más crítico es que los pasivos de la estatal alcanzan los 69.000 millones de dólares, que incluyen deudas a largo plazo por 14.800 millones de dólares, otros pasivos no corrientes por 12.400 millones de dólares, cuentas por pagar a proveedores por 7.900 millones de dólares, otros pasivos corrientes por 27.700 millones de dólares, e impuestos a pagar por 6.200 millones de dólares.

Todo esto ha hecho que PDVSA disminuya en 19% los aportes como dividendos al gobierno, que pasaron de 2.470 millones de dólares en 2007 a 2.000 millones de dólares en 2008. El impuesto sobre la renta también declinó en los últimos dos años, caída que afortunadamente fue compensada con el aumento de las regalías petroleras debido al incremento de los precios del petróleo: de 21.918 millones de dólares en 2007 a 27.700 millones de dólares en 2008. Con la caída de los precios del petróleo, la situación será más difícil. Se estima que los ingresos fiscales para 2009 registrarán una disminución nominal de 53,9% con respecto a 2008. Es decir, una contribución de PDVSA al fisco no mayor de 17.600 millones de dólares.

Epílogo

La institución financiera estadounidense Barclays Capital ha publicado un informe sobre la economía latinoamericana para 2009 y 2010. Al referirse a Venezuela, señala que la actividad petrolera disminuirá en 2009 7,5% con respecto a 2008 por la caída de los precios y los recortes ordenados por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), lo cual tendrá un impacto directo en el PIB, que disminuirá 4,1% en 2009 y 3,1% en 2010. Asimismo, el PIB no petrolero disminuirá 3,6%. El informe estima una inflación de 31,6% en 2009 y 31,4% para 2010. Por otra parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) anunció a comienzos de abril que la economía venezolana solo crecerá 1% en 2009. La firma Ecoanalítica estima que con un precio de 40 dólares el barril el aporte fiscal de PDVSA será de 18.000 millones de dólares, cuando a 60 dólares el barril serían 36.200 millones, una baja significativa.

Algunos economistas venezolanos consideran que el gobierno de Chávez podrá sortear las vicisitudes económicas durante 2009 haciendo uso de las reservas disponibles en diferentes entes nacionales, que se estima suman 40.000 millones de dólares, y emitiendo deuda pública que adquirirá la banca local. A esta estrategia se añaden algunas tímidas medidas adoptadas, como la suba del IVA de 9% a 12% y la reducción de los gastos suntuarios de las oficinas públicas. La duda es cómo hará el gobierno para mantener el ritmo de importaciones de alimentos, bienes de capital e insumos para la industria nacional, que en 2008 alcanzaron la astronómica cifra de 50.000 millones de dólares (contra 16.000 millones en 2006). Cabe preguntarse también como hará el gobierno para sostener la ayuda social, que le ha rendido relativo éxito político, y los subsidios a la gasolina, el gas natural y la electricidad. El fantasma de una nueva devaluación de la moneda está rondando, aunque los funcionarios económicos lo nieguen.

Desde 2001 hasta 2007, PDVSA realizó aportes por 13.840 millones de dólares a 14 misiones, inclusive la que se basa en médicos cubanos (Barrio Adentro) en sus tres versiones, y la educativa (Misión Robinson) en dos versiones. A fines de 2007, cuatro de las misiones habían desaparecido y otras cinco habían visto disminuidos sus presupuestos. Otro desembolso importante que ha realizado PDVSA es el Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden), creado para ejecutar obras de infraestructura como hospitales, la ampliación del Metro de Caracas, la construcción de otros metros y plantas de generación eléctrica, por 15.145 millones de dólares en apenas tres años. A esto hay que agregar aportes de PDVSA a una serie de fideicomisos sociales que suman 9.109 millones de dólares en cinco años. Estos aportes suman, en total, 38.090 millones de dólares.

Estos recursos han dejado de invertirse en la mejora de la producción de petróleo y la búsqueda de mayor eficiencia en las cuatro refinerías del país. La crítica más importante a estas erogaciones es que no están sometidas a contraloría ni auditoría alguna por parte del Estado. Se trata de actividades que deberían ser realizadas por los ministerios e institutos autónomos relacionados con cada sector en cuestión –educación, salud, vivienda, infraestructura– pero que son implementadas por organismos especiales. El argumento del gobierno es que la burocracia heredada de las gestiones anteriores –curioso argumento después de diez años en el poder– no permite que los proyectos sociales avancen al ritmo necesario. Pero gran parte de ese dinero ha sido utilizado para fines estrictamente electorales y para alimentar la corrupción. El problema es que aparentemente nadie le ha dicho a Chávez que desde 2007 PDVSA ha venido reduciendo en forma drástica los aportes a las actividades sociales, que son el soporte político de su gobierno.

Bibliografía

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