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Venezuela ante 2017: crisis sin salida a la vista

Venezuela ante 2017: crisis sin salida a la vista

Las formas en que se expresa la creciente y cada vez más profunda crisis política, económica y social de Venezuela son bien conocidas. Desde 2013, el país tiene la inflación más alta del mundo, que este año se ubica por primera vez en el rango de lo que se define como hiperinflación. Una continua recesión en su tercer año consecutivo y un bajo nivel de reservas de divisas tienen como consecuencia no solo escasez de alimentos y de productos de uso diario, sino también una emergencia severa en el sector de la salud.Adicionalmente, tras la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, una profunda polarización entre los dos mayores bloques políticos, la fuerza de gobierno –el Partido Socialista Unido de Venezuela (psuv)– y la alianza opositora –la Mesa de la Unidad Democrática (mud)–, fue la base para un bloqueo de los poderes políticos entre el gobierno y el Parlamento, que se manifestó durante muchos meses en la lucha por un referéndum para revocar el mandato del presidente Nicolás Maduro, previsto por la Constitución bolivariana de 1999. Después de la decisión del Consejo Nacional Electoral (cne) de suspenderlo, el conflicto llegó a su nivel más álgido. Así, sin solución a la vista, todos los indicadores señalan que 2017 será otro año más de crisis para Venezuela.

Esperanzas engañosas tras las elecciones parlamentarias de 2015

Remontémonos a un año atrás. El 6 de diciembre de 2015, la mud logró una victoria más contundente de lo que se esperaba en las elecciones parlamentarias. Con 112 de 165 mandatos legislativos, la alianza opositora obtuvo una mayoría de dos tercios en la Asamblea Nacional y propinó al chavismo su derrota electoral más grave hasta ese momento. Junto con la del referéndum constitucional de 2007, ha sido la única derrota desde la elección de Hugo Chávez en 1998. Por consiguiente, fue muy grande el júbilo de los opositores, que comenzaron a abrigar la esperanza de que finalmente se iniciara el cambio político anunciado en la campaña electoral.

La noche de las elecciones, Maduro admitió la derrota de su partido y declaró que reconocería el resultado. Para esta etapa designó como vicepresidente al gobernador de Anzoátegui, Aristóbulo Istúriz. Considerado una persona moderada y abierta al diálogo, Istúriz proviene de la socialdemocracia tradicional del partido Acción Democrática (ad) y con su designación se consolidó la impresión de que el gobierno buscaría un intercambio serio con la nueva mayoría parlamentaria. Incluso surgieron especulaciones sobre conversaciones a puertas cerradas entre el gobierno y los líderes de la mud y se llegó a suponer que Maduro había designado a Istúriz como negociador de las condiciones para una transición.

La bancada de la mud estaba constituida, en su mayoría, por cuatro grandes partidos: Primero Justicia (pj) con 33 legisladores, Acción Democrática (ad) con 26, Un Nuevo Tiempo (unt) con 20 y Voluntad Popular (vp) con 15. La oposición suponía que, en virtud de la nueva mayoría parlamentaria, podría actuar como factor de poder sobre el gobierno chavista. Henry Ramos Allup, secretario general de ad y con fama de experimentado negociador, fue elegido presidente del Parlamento. Había señales de diálogo. El momento y las condiciones habrían sido buenos para ello.

Pero el deshielo duró poco. Rápidamente quedó en claro que, si bien Maduro había reconocido la derrota, no estaba dispuesto a acceder a compromisos necesarios en virtud de la reconfiguración de las mayorías en el Parlamento. El Tribunal Supremo de Justicia (tsj) declaró reiteradamente inválida la acción legislativa del Parlamento1, mientras que sí validó las leyes de emergencia económica presentadas por el presidente pero rechazadas por la Asamblea Nacional. El bloqueo de los poderes políticos era perfecto.

Las trampas de un referéndum revocatorio

Para una parte de la población venezolana, la esperanza de una solución para el empantanamiento político (y, con ello, para la situación económica y social) estaba puesta en un referéndum que permitiría revocar el mandato del presidente. En el artículo 72 de la Constitución bolivariana de 1999 se establece que todos los cargos y las magistraturas de elección popular (incluido el presidente) son revocables una vez transcurrida la mitad del periodo para el cual fueron elegidos. El referéndum revocatorio es, pues, una criatura del chavismo. A diferencia, por ejemplo, del proceso de impeachment en Brasil, aquí no se trata de un instrumento jurídico, sino de un instrumento político con carácter democrático. El chavismo le dio a la población la posibilidad de revocar antes de tiempo el mandato de sus representantes. En 2004 se aplicó la figura del referéndum revocatorio contra su propio progenitor, Chávez, quien sin embargo salió victorioso de la consulta popular con 59% de los votos.

Para comenzar el proceso del referéndum revocatorio, debe firmar a favor de él un porcentaje de los inscriptos en el Registro Electoral (aproximadamente 196.000 personas) y luego el 20% (aproximadamente 3,9 millones). Las firmas deben ser entregadas al cne, encargado de verificar su validez y, en caso de que estén dentro de las normas, de confirmar la consulta para los siguientes 90 días. Para revocar el mandato de Maduro, debería participar en el referéndum 25% de las personas con derecho a voto y votar por su revocatoria una cantidad de electores superior a la de quienes lo eligieron en 2013 (aproximadamente 7,5 millones).

El problema es que, según el artículo 233 de la Constitución, pueden surgir dos consecuencias distintas de una posible revocación del mandato del presidente, según el momento en que el presidente deja el cargo. Si a Maduro se lo destituyera en 2016, se procedería a una nueva elección presidencial en el transcurso de un mes. Si, por el contrario, se le revocara el mandato en los dos últimos años de su gestión, es decir a partir de 2017, el actual vicepresidente ocuparía el cargo hasta el final del periodo electoral. Por este motivo, el gobierno y la oposición tenían, obviamente, intereses diametralmente opuestos en cuanto a la fecha de un posible referéndum. Mientras que la mud quería elecciones en 2016, el gobierno buscó demorar el referéndum por lo menos hasta 2017, con el fin de evitar nuevos comicios y de que, en caso de revocatoria, el poder quedara en manos del vicepresidente (que en Venezuela no es elegido sino designado). Las diferentes consecuencias de un referéndum revocatorio deben verse como un serio error de elaboración del artículo 233, que genera necesariamente conflictos políticos.

Las incoherencias de la mud

A diferencia de Chávez en 2004, Maduro no parece tener posibilidades de salir airoso de un referéndum, sobre todo debido a la extrema crisis económica. Las encuestas hablan de 60% a 80% en favor de la revocación de su mandato. Es por ello que, después de la victoria de la mud en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, se esperaba que la oposición encauzara lo más rápido posible el revocatorio. Pero en su discurso de asunción como presidente del Parlamento, Ramos Allup anunció que la mud presentaría en el transcurso de seis meses procesos e instrumentos para reemplazar al gobierno. Aparentemente, la mud tenía una idea errónea de la evolución de los acontecimientos políticos y esperaba que el gobierno reconociera y dejara trabajar a la mayoría parlamentaria sin mayores concesiones. Resulta asombroso, sobre todo, que no haya habido ningún intento de la dirigencia de la mud de negociar condiciones con el oficialismo inmediatamente después de las elecciones parlamentarias, para aprobar juntos leyes que alivien la crisis social de la población.

El comportamiento de la mud después de las elecciones parlamentarias fue, en este sentido, extremadamente incoherente. No se buscó la vía más rápida para una futura toma del poder iniciando el revocatorio en enero de 2016 ni se buscaron contactos con el gobierno para negociar cómo se realizaría el trabajo parlamentario, con el fin de consensuar una solución a la crisis que vive el país. Es posible que la mud haya creído que había recibido un mandato de gobierno, tal como escribe Jesús Seguías, analista político de DatinCorp: la mud le dio una lectura incorrecta a los resultados del 6d, porque creen que el país votó por la mud cuando en realidad está votando para enviarle un mensaje al presidente Maduro para que este genere un cambio radical en sus políticas económicas (...). De inmediato algunos actores fundamentales de la oposición consideraron que era el momento de la dulce venganza y de pasar a confrontar directamente al gobierno.2

Después de que Ramos Allup admitiese en febrero que no se podía esperar seis meses, la alianza opositora presentó en marzo un plan de acción con tres vías para reemplazar al gobierno: a) amplia movilización popular nacional pacífica para lograr la renuncia de Maduro, b) enmienda constitucional y c) referéndum revocatorio. La propuesta de tres vías diferentes dio la impresión de falta de unidad y escasa firmeza en la mud. La primera iniciativa habla también de ingenuidad política.

Como no fue factible ni la renuncia ni la enmienda, durante el mes de abril la mud recogió las primeras firmas para iniciar el revocatorio y a comienzos de mayo entregó al cne un total de 1,8 millones. Este se tomó su tiempo para la confirmación, con lo que rápidamente quedó en claro que el cne podría aprovechar el tardío accionar de la mud para demorar el proceso. Recién a principios de agosto confirmó la validez de las firmas. Además, estableció los últimos días de octubre como fecha para la recolección de los 3,9 millones de firmas para llamar al referéndum revocatorio, con lo cual este podía celebrarse no antes de fines de enero y, más probablemente, en febrero o marzo de 2017, ya que le sigue un plazo de hasta 90 días. De esa manera, se perdía toda posibilidad de nuevas elecciones presidenciales después de un referéndum revocatorio exitoso.

El choque del 20 de octubre

En la mud no hubo consenso sobre si tiene sentido un referéndum revocatorio sin nuevas elecciones posteriores. Algunos sectores consideraron que hacerlo en 2017 carecería completamente de sentido y se preguntaron: ¿por qué tendríamos que ayudar al chavismo a deshacerse de su principal problema, Nicolás Maduro, sin recibir nada a cambio? Al mismo tiempo, casi no hubo forma de presionar al cne para que fijara una fecha antes del 10 de enero de 2017.

Finalmente, todas las discusiones y consideraciones sobre la fecha del revocatorio se cancelaron el 20 de octubre, cuando el cne suspendió el proceso de recolección de firmas hasta nueva instrucción judicial. La decisión del cne, que se ha basado en medidas cautelares dictadas por tribunales de los cinco estados de Apure, Aragua, Bolívar, Carabobo y Monagas, es compleja en dos sentidos. Por un lado, esos tribunales de un nivel judicial inferior carecen de competencia en materia electoral. Y por el otro, el cne ya había confirmado la validez de las firmas para introducir el proceso del referéndum.

Ante este nuevo escenario, considerado por la oposición una ruptura del orden constitucional, la mud lanzó la convocatoria a una serie de movilizaciones en el marco de la campaña denominada «Toma de Venezuela». La decisión del cne profundizó una dinámica de confrontación entre el psuv y la mud que fortalece el endurecimiento de las posturas de ambas fuerzas. Además, alimentó el temor de que ocurra una explosión social. Henrique Capriles, ex-candidato presidencial y líder del partido opositor pj, de centroderecha, ya había advertido periódicamente sobre una explosión social debida a un aplazamiento del referéndum hasta 2017. La suspensión del referéndum está estimulando a los sectores radicales de la oposición que en 2014 convocaron a las protestas de «La Salida» y que desde hace un tiempo hablan de una dictadura que no permitiría llegar al poder por vías democráticas. Debido a la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias, estos sectores de la mud, cercanos al partido de Leopoldo López, vp, y a María Corina Machado, se vieron debilitados y su tesis pareció haber sido refutada. La decisión del 20 de octubre fortaleció de nuevo su postura confrontativa y reveló claramente las diferencias dentro de la mud, como demostró el rechazo de vp al diálogo posteriormente iniciado, al contrario de los demás partidos (pj, ad, unt).

Se habían previsto obstáculos para la recolección de las firmas, pero una intervención tan evidente en el proceso era difícil de imaginar, sobre todo porque de esta manera el gobierno se dañó a sí mismo. La decisión del cne atrajo la atención internacional al país de una manera que no parece muy provechosa para el gobierno.

El dilema del chavismo

Dado que la decisión provino de cinco tribunales de estados, surgieron especulaciones de que la decisión podría estar vinculada a luchas internas dentro del oficialismo. ¿Será que los gobernadores influyentes de los respectivos estados (casi todos militares) forzaron la decisión? Dos días antes el cne había anunciado la fecha de las elecciones regionales para mediados de 2017. De acuerdo con la Constitución, estas elecciones –que tuvieron lugar por última vez en diciembre de 2012– se deben realizar cada cuatro años. El cne simplemente las postergó por medio año. El chavismo teme seguramente la pérdida de los gobiernos en todos o casi todos los estados. Por lo tanto, para los gobernadores no es poca cosa lo que está en juego. Una continuación del proceso del revocatorio, incluyendo una campaña electoral, podría haber causado consecuencias negativas. ¿Pero más que su suspensión?

Mientras que la mud considera que el desplazamiento del gobierno es una condición necesaria para solucionar la crisis, muchos partidarios del oficialismo en la base del chavismo ven que el problema está especialmente en Maduro. Desde 2014 existe un abismo entre la base y la dirigencia chavistas, de lo cual surge la denominación «chavista no madurista» y que ha producido un desprendimiento del psuv, un nuevo partido llamado Marea Socialista.

El dilema del chavismo consiste en resolver el problema de sustituir a Maduro y modificar su política sin poner en peligro su supervivencia política. Si no logra el alejamiento de Maduro, se estará jugando su existencia futura. Pero el chavismo todavía tiene la posibilidad de salvarse a sí mismo, tal como explica el historiador Tomás Straka: «Si el chavismo sigue en el poder y encabeza la transición, como lo hizo el franquismo en España, esta fuerza política podría salvarse incluso para la historia. Pero si el chavismo sigue en el poder y se empeña en no cambiar nada sino en mantener el estatus actual, más temprano que tarde sería arrastrado»3.

¿Pero cómo podría comenzar esta transición? ¿Quién tiene suficiente influencia como para hacer que Maduro le haga lugar a un sucesor? ¿Qué papel juega el Ejército, que tiene tradicionalmente en Venezuela gran influencia en la política y últimamente controla la distribución de alimentos y cada vez más sectores de la economía? En julio Maduro otorgó, además, amplios poderes especiales al ministro de Defensa, Vladimir Padrino López.

La clase política chavista sigue apoyando –al menos si se ve desde afuera– a Maduro. Figuras como el ex-ministro del Interior Miguel Rodríguez Torres, querido por las bases chavistas, con una alta reputación como militar y a favor de una etapa de adecuación económica, se mantienen ocultas. Si bien Rodríguez Torres hace una abierta crítica de contenido y compara la actual situación con la crisis de comienzos de la década de 1990, en la que Chávez y sus compañeros del Ejército se decidieron a dar el golpe militar en 1992, no reclama para sí un lugar de mando ni se planta explícitamente contra Maduro. Como también en las filas del gobierno hay diferentes grupos de intereses, es presumiblemente difícil generar una constelación en la que pueda lograrse un consenso sobre la pregunta de cuándo, cómo y por quién podría ser sustituido Maduro.

La mediación internacional

Pero ¿qué sucederá si no se produce ningún cambio en el statu quo? Las variables decisivas están en el endeudamiento del Estado y en las protestas sociales. Con poco menos de 12.000 millones de dólares, las reservas internacionales están en un nivel históricamente bajo. Es por eso que el pago de la deuda para evitar la bancarrota en 2017 es cada vez más difícil. El gobierno quiere evitar por todos los medios un default, por lo cual prefiere recortar las importaciones de alimentos antes que no pagar deudas. Esto impacta a su vez en la segunda variable: las protestas sociales. Aun si el precio del petróleo subiera levemente, no sería suficiente siquiera un precio de 70 dólares por barril para pagar las deudas y las importaciones de alimentos. La consecuencia sería un aumento de las protestas sociales. El Ejército se hallará entonces ante el interrogante de si debe actuar violentamente contra la propia población o desobedecer las órdenes. Lo primero fue descartado de forma categórica por Padrino López4.

Debido al endurecimiento de la situación política, se recurre cada vez más a la intermediación internacional. Guiado por el ex-presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, desde mayo de 2016 hay un esfuerzo por mediar en un diálogo entre el gobierno y la oposición que, no obstante ello, apenas avanza. Mientras que el gobierno piensa que puede ganar tiempo y, entre tanto, seguir como siempre hasta que el precio del petróleo vuelva a subir en el mercado internacional, la mud cree que, debido a la crisis extrema, tarde o temprano terminará haciéndose del gobierno. Como escribe el politólogo Michael Penfold: «El gobierno no quiere negociar, pero dialogar le permite ganar tiempo. Y la oposición quiere negociar sin dialogar para poder obtener las concesiones que reclama»5. Cada parte da la impresión de querer aniquilar a la otra y ambas carecen de disposición para encarar una transición real. Mientras los mediadores internacionales no puedan cambiar algo de esto, los intentos de diálogo, que se reforzaron con la ayuda del Vaticano y un enviado especial del papa Francisco, serán infructuosos. El 31 de octubre se abrió formalmente el diálogo.

La mud deberá ofrecer determinadas garantías al presidente Maduro si desea un traspaso de mando en paz. En lugar de ello, Ramos Allup amenaza con mandar a la cárcel a todos los jueces de la tsj si el chavismo deja de estar en el gobierno6. De ese modo se destruye la base para la búsqueda real de acuerdos y se perpetúa una actitud de bloqueo mutuo en la que ninguna parte está dispuesta a hacer concesiones y tampoco entiende que se deben ofrecer a la contraparte estímulos para cooperar. Jesús Seguías ha ilustrado esto con la frase de que a Venezuela le «faltan políticos con criterio de nación»7.

El desprecio de la mud por el chavismo descontento

Más allá de todas las justificadas críticas que puedan hacerse a los gobiernos de Maduro y Chávez, los representantes de la mud deberían reconocer la importancia histórica del chavismo para el país. Cuando el secretario general de la mud, Chuo Toro Alba, declara que la meta de la oposición no es extinguir al chavismo8, esto parece ser absolutamente inverosímil y es contradicho por líderes como Ramos Allup. Así ocurrió con una de las primeras medidas en su cargo como presidente del Parlamento, que fue hacer descolgar retratos de Chávez y Simón Bolívar y hacer comentarios despectivos al respecto. El mensaje que llegó al chavismo fue clarísimo: desean destruirnos. Con gestos, símbolos y retórica de este tipo, la mud y especialmente Ramos Allup han hecho su aporte para que el gobierno se cierre en lugar de abrirse.

Los representantes de la oposición hablan constantemente de transición, pero no han comprendido que el concepto implica concesiones a la otra parte y creen que la transición es solo un periodo hasta la toma de gobierno total e incondicional. Simultáneamente, a la alianza opositora le falta una idea clara de cómo sería el país bajo su dirección. Si bien la mud anuncia constantemente el cambio, carece de una narrativa que se diferencie de la vuelta al pasado de la Cuarta República (1958-1999) y que exprese claramente de qué forma cambiaría el país en un futuro. Los dirigentes de la mud deben responder en qué medida están distanciados de este pasado y por qué no representan solamente a las clases sociales más altas.

El argumento de los líderes de la mud suele ser que primero se debe restaurar la democracia, y luego, dentro de un marco democrático redefinido, se volverán a hacer claras las diferencias ideológicas entre los partidos. Este planteo sugiere que el chavismo se disolverá en el aire y pasa por alto que promueve la exclusión y se arroga el derecho a definir en soledad las reglas de juego de la competencia política. Así, la mud apuesta desde el comienzo a empujar al chavismo a un rincón radical y extremista. Esto no es justo con los sectores de la población que se sienten ligados al proceso iniciado por Chávez.

Muchos de los primeros partidarios del chavismo se apartan, decepcionados, del gobierno de Maduro, lo cual contribuye a la crítica general hacia la clase política y al rechazo de la elite política. El elevado porcentaje de «ni-ni» (ni gobierno ni oposición) subraya este fenómeno. La mud no ha convencido suficientemente a estos electores y la polarización entre el psuv y la mud hace difícil que terceras fuerzas, como el Movimiento al Socialismo (mas) o Marea Socialista, se posicionen como actores que tiendan puentes entre los dos bandos. La pérdida de confianza en la política de vastos sectores de la población es enorme. Al igual que antes, a la oposición le falta una oferta clara para los descontentos dentro del chavismo. La mud representa un corte claro y un rápido fin del proceso revolucionario iniciado por Chávez.

El legado de Chávez

A pesar de la severa crisis de Venezuela, la fe en Chávez y en la razón de su proyecto se mantiene viva en un núcleo duro de la población. Además, si bien la crisis política del país se expresa en la decadencia económica y social, la crisis del gobierno de Maduro tiene, en el fondo, menos que ver con la inflación y la escasez de alimentos que con la confianza que las bases han perdido en que los líderes políticos puedan solucionar estos problemas.

Chávez polarizó en gran medida a la sociedad venezolana. Influyó en la visión del mundo y las ideas de vida de sus partidarios de una manera que ellos desarrollaron como relación casi religiosa con él y, tras su muerte, lo veneran como una figura mesiánica. Esto ayuda también a la transfiguración de su política. Bajo el gobierno de Chávez la pobreza se redujo probadamente. Para muchas personas se hizo más fácil e incluso posible por primera vez el acceso a la atención médica, a prestaciones sociales y a instituciones educativas.

Pero esto no puede negar el hecho de que, desde un principio, su política carecía de sostenibilidad. A pesar del máximo boom petrolero de la historia venezolana, bajo el gobierno de Chávez tampoco hubo inversiones sostenibles en educación o en el mercado laboral. Los éxitos en política social se alimentaban desde un principio de subvenciones basadas en las rentas petroleras. Si bien Chávez se empeñó en reducir la dependencia venezolana del petróleo, en los 14 años de su mandato presidencial sucedió lo contrario: un fortalecimiento extremo de esa dependencia. El chavismo aumentó de forma intensa la dependencia de los ciudadanos respecto del Estado y la del Estado respecto del petróleo como materia prima. Su política social no era una ayuda para la autoayuda. Con controles de precios y de divisas, se cometieron, con el paso de los años, serios errores en la política económica y cambiaria, que ya desde 2010 (o sea, mucho antes de la caída mundial de los precios del petróleo de 2014) empeoraron la situación social de la población. Es por eso que ya antes de la muerte de Chávez era cada vez más difícil para su gobierno mantener las condiciones en las que se basaba este discurso. Sin embargo, Chávez inspiró confianza en muchas personas. Creó en algunos sectores de la población que durante toda su vida habían esperado ser escuchados la sensación de que él les daba voz. De ese modo llegó a personas que se sentían apartadas de la sociedad. En este sentido, Chávez le dio a una parte de la población la fe en un horizonte de vida mejor. Así, desde la perspectiva de sus partidarios, rompió la lógica dicotómica entre elites (arriba) y pueblo (abajo), al transmitir que con él el pueblo sería parte del gobierno. El legado de Chávez está, en este sentido, también en la politización tanto de una clase baja marginada como de una clase alta autosatisfecha. Ya no se puede dar marcha atrás con la inclusión de las clases sociales más pobres, cuya marginación había sido ocultada durante la Cuarta República y que Chávez llevó al espacio político. Y este mérito del chavismo debería ser reconocido por la oposición.

La reivindicación de la izquierda venezolana y la necesidad de alternativas a la economía rentista

El gobierno de Chávez consiguió ser identificado como fuerza de izquierda y anticapitalista. Contribuyó a ello no solo la reducción de la pobreza durante la última década, que está comprobada pero fue revertida en los últimos años. El chavismo apostó desde siempre y con mucho éxito a un discurso en el que se ubicaba a sí mismo dentro del espectro político como izquierda y a todos los demás partidos, como derecha. Más allá de Venezuela, este cuadro distorsionado se ha consolidado en muchos actores políticos. Al mismo tiempo, la oposición venezolana le ha hecho fácil al gobierno que la ubique como derecha. Cuando Lilian Tintori festeja con Mauricio Macri su victoria electoral en Argentina y vp busca lazos con los republicanos en Estados Unidos y el Partido Popular de España, su movimiento no puede esperar que se lo considere como fuerza de izquierda o centroizquierda, incluso cuando, para sorpresa general, fue aceptado en 2014 dentro de la Internacional Socialista (junto con los socios ad, mas y unt).

Precisamente aquellos partidos que se definen como de izquierda deben reclamar el desarrollo de un perfil progresista en sus contenidos, con el fin de contrarrestar la polarización y tender puentes para ganar también el favor de votantes chavistas. La mud obliga constantemente a los partidos que la componen a tener un discurso unificado, dominado por conservadores y liberales. Esto puede tener éxito en el corto plazo, pero pagando el precio no solo de una pérdida de valores y principios, sino también de no tener llegada al espectro de electores de izquierda del chavismo disidente o descontento. Por ese motivo, los partidos de izquierda de la mud harían bien en buscar puntos en común con el mas, Marea Socialista y actores dentro del psuv. Por lo demás, todos los partidos deberían, en pos de una mayor credibilidad, fortalecer los mecanismos de democracia interna. Quien dentro de un partido no ha sido elegido nunca democráticamente –tal es el caso de Ramos Allup como secretario general de ad– se caricaturiza a sí mismo, al no contar con legitimación dentro de su propia fuerza, cuando critica la falta de democracia en el país. En el chavismo se tiene que reconocer la necesidad de institucionalidad, rendición de cuentas, conocimiento técnico y crítico para garantizar el funcionamiento de la administración pública y la gobernabilidad del Estado.

Para desarrollar un perfil partidario de izquierda es fundamental poner en duda el modelo venezolano de desarrollo: la economía rentista. Tal como hace poco constataron muy acertadamente tanto el nuevo superior de los jesuitas, Arturo Sosa, como el sociólogo Edgardo Lander: ni el psuv ni la mud tienen un plan para Venezuela, porque han elaborado en el pasado sus programas sobre la base de un nuevo incremento de la producción nacional de petróleo a seis millones de barriles9. La elite política de Venezuela no ha entendido todavía que los tiempos del boom petrolero ya no volverán. Por cierto, en el corto plazo se seguirá necesitando petróleo, pero los ingresos deben ser invertidos en fuentes de energías alternativas para ir reduciendo paulatinamente la dependencia del petróleo. Reemplazar la renta petrolera por el Arco Minero no puede ser la solución.

La crisis política, económica y social de Venezuela solo puede resolverse si se la entiende en su dimensión estructural y de largo plazo. No es una crisis del chavismo, sino que el chavismo fue la expresión del –en su actual formato– fallido intento de solucionar la crisis. Raúl Gallegos escribe: «El chavismo, movimiento de izquierda creado por el ex-presidente Hugo Chávez, puede ser responsable del desastre actual. Pero el chavismo es solo un episodio de una larga historia de gobiernos irresponsables que han gastado más de la cuenta cuando los precios del petróleo eran elevados y no ahorraron nada para los tiempos difíciles»10.

El consumismo es un elemento fundamental del estilo de vida venezolano. Las abundantes rentas petroleras y las devaluaciones debidas a la inflación han hecho que se profundizara esta mentalidad durante muchas décadas. Durante el siglo xx, hubo una pregunta completamente carente de importancia para los políticos de Venezuela: ¿cómo financiamos esto? La renta petrolera se transformó en una maldición para el país. La crisis actual es una crisis de este modelo rentístico que se ha consolidado durante el último siglo en la mentalidad de la sociedad venezolana. De este modo, es una continuación de la crisis de fines de las décadas de 1980 y 1990. La segunda fase de la Cuarta República se parece más a la Quinta República que a su fase inicial. En la elite política del país, son muy pocos los que quieren darse cuenta de esto.

  • 1.

    Daniel García Marco: «¿Se ha vuelto irrelevante la Asamblea Nacional de Venezuela?» en bbc Mundo, 24/10/2016; Ángel Bermúdez: «Cómo el Tribunal Supremo de Venezuela le quita poder a la Asamblea Nacional controlada por la oposición» en bbc Mundo, 3/3/2016.

  • 2.

    Xavier Coscojuela: «Jesús Seguías: ‘Faltan políticos con criterio de nación’» en Tal Cual, 15/3/2016.

  • 3.

    Leyla Calderón: «Straka: Maduro y su desastre es el gran legado de Chávez» en El Estímulo, 12/8/2016.

  • 4.

    «Padrino López: Militares nunca más empuñarán armas contra el pueblo» en El Impulso, 27/2/2016.

  • 5.

    Michael Penfold: «La escalada» en Prodavinci, 27/10/2016.

  • 6.

    «Ramos Allup confiesa su ‘venganza’ contra magistrados al llegar al poder» en Últimas Noticias, 25/7/2016.

  • 7.

    X. Coscojuela: ob. cit.

  • 8.

    Daniel García Marco: «‘Nuestro propósito no es extinguir al chavismo’: Jesús Torrealba, portavoz de la oposición en Venezuela» en bbc Mundo, 11/10/2016.

  • 9.

    Hugo Prieto: «Edgardo Lander: ‘Sencillamente, la gente está harta’» en Prodavinci, 18/9/2016.

  • 10.

    R. Gallegos: «Venezuela’s Addiction: The Crisis of Chavismo Is a New Version of an Old Problem» en Foreign Affairs, 3/8/2016.