Tema central

Una relación pendular

Desde la recuperación de la democracia en 1982, Bolivia ha atravesado diferentes etapas en la relación entre mercado y Estado: una primera fase de desorden, una segunda fase neoliberal, durante la cual se privatizaron las empresas públicas de naturaleza estratégica, y la etapa actual, caracterizada por un intento de recuperar la primacía del Estado sobre la economía. El artículo argumenta que las nuevas orientaciones del gobierno de Evo Morales enfrentan importantes desafíos: aumentar la dimensión del excedente en términos sostenibles, capacitar a la elite que ha asumido el control de los principales resortes del Estado, recuperar las inversiones en el sector de hidrocarburos tras la nacionalización y desplegar medidas adecuadas para enfrentar la crisis económica.

Una relación pendular

En la actual coyuntura de crisis global, resulta oportuno reflexionar sobre las relaciones entre el Estado y el mercado. Sin embargo, no se pueden considerar tales relaciones desde una perspectiva simplemente teórica, ya que obedecen a una construcción histórica y dependen de la ubicación de cada país en el sistema internacional. Por lo tanto, es preciso tomar en cuenta la asimetría de los Estados en el mundo. La reflexión sobre las funciones y competencias económicas del Estado debe considerar además la configuración estructural específica de la economía mundial, así como la división internacional del trabajo y los circuitos correspondientes de generación y apropiación del excedente.

La autonomía de cada Estado para intervenir en el proceso económico no es igual, así como son diferentes las responsabilidades de unos y otros, puesto que solo algunos Estados ejercen competencias monetarias, financieras, tecnológicas e incluso de legitimación ideológica del sistema económico internacional en conjunto. Uno de los datos más notables de la actual coyuntura consiste precisamente en la ampliación de la cantidad de países encargados de asumir la responsabilidad compartida de restablecer la gobernanza económica global.

Los Estados centrales cumplen con funciones diferentes de las de los Estados periféricos. Dichas funciones dependen de las características del sistema y se modifican según los cambios hegemónicos en el centro, lo que a su vez da lugar a nuevas configuraciones de las economías periféricas y semiperiféricas. Las economías primario-exportadoras son altamente sensibles a las características del sistema impuestas por la idiosincrasia de los países centrales y pueden sufrir severos daños por el traslado estructural del centro cíclico.

Actualmente se trata de constituir una nueva gobernanza económica internacional, que deberá distribuir las responsabilidades y los costos del restablecimiento del sistema financiero, atender el calentamiento global y administrar la nueva geopolítica de la energía. Por sus alcances y consecuencias, pareciera que estamos ante una crisis que alude a las principales contradicciones del régimen internacional de acumulación de capital. Todo indica que se extenderá hasta que se consoliden nuevos patrones de producción y comercio internacional y, a tales efectos, será menester el paso de la hegemonía de Estados Unidos a un esquema más equilibrado de poder y funciones internacionales, lo cual exigirá a su vez nuevos paradigmas teóricos.

Pero los reacomodos en el sistema financiero internacional no serán suficientes para solucionar el aumento generalizado del desempleo que trae consigo la crisis, que depende a su vez de varios factores, tales como la tecnología, la relocalización de la producción y las migraciones. Por eso se atisban ya esfuerzos para restituir la primacía de la producción y el empleo frente a la economía especulativa y sus excesos. Esta es la cuestión que está en el centro del debate actual, en tanto ha sido el predominio de la economía financiera el que ha generado los principales descalabros de la economía real.

Las relaciones entre el poder político y el poder económico no han sido las mismas a lo largo de las diferentes etapas de desarrollo del capitalismo; su dinámica ha dado lugar a configuraciones peculiares y formas institucionales específicas. El problema actual se explica por el agotamiento de la capacidad hegemónica de EEUU y la imposibilidad de su sustitución por parte de otra economía individual, como ocurrió en el pasado1.

Las funciones económicas de cada Estado dependen de su ubicación estructural en la economía en proceso de globalización. Los países económicamente más poderosos necesitan un tipo de articulación estatal diferente de la de los países dependientes para regular, dirigir y orientar los circuitos del excedente.

Fue el economista Raúl Prebisch uno de los primeros en señalar que el mercado carece de horizonte estratégico y es insensible en materia de equidad2. El mercado no es capaz de corregir por sí solo las asimetrías distributivas que ocasiona, ni tampoco puede considerar los daños ambientales que producen la utilización insostenible de los recursos naturales y la generación de todo tipo de desechos ambientalmente nocivos.

El objetivo estatal de la cohesión social ha sido instrumentado históricamente mediante diversas políticas económicas y sociales, la mayor parte de las cuales fueron incluidas bajo el concepto amplio de Estado de Bienestar. En Europa, el Estado de Bienestar fue el resultado del pacto social que se adoptó en respuesta a las condiciones internacionales y políticas imperantes después de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con Amartya Sen, «la naturaleza del Estado de Bienestar consiste en ofrecer algún tipo de protección a las personas que sin la ayuda del Estado puede que no sean capaces de tener una vida mínimamente aceptable según los criterios de la sociedad moderna (…) La idea fundamental versa en torno a la interdependencia entre los seres humanos»3.

En su momento, el desmantelamiento del Estado de Bienestar y el reemplazo del paradigma keynesiano por el enfoque neoliberal no fueron el resultado de una victoria teórica. Fueron las condiciones históricas de mediados de los años 70 las que demandaron el retorno de un enfoque más conveniente para los intereses de la transnacionalización emergente. En efecto, el nivel de transnacionalización adquirido por las empresas y los bancos había convertido en sabiduría convencional la idea de que el Estado nacional era demasiado pequeño para atender las cuestiones globales, y demasiado grande para atender las cuestiones locales.

La última consideración, antes de pasar al análisis de Bolivia, es la distinción entre las diferentes nacionalizaciones de empresas o bancos que actualmente se están implementando en varios países. Estas medidas difieren según los contextos institucionales y adquieren objetivos distintos según se apliquen en países centrales o periféricos. En los países desarrollados, la nacionalización constituye una medida de excepción con miras a reparar las unidades económicas quebrantadas; en el caso de las economías periféricas, la nacionalización tiende a ser un mecanismo para recuperar soberanía, reconstruir el sector estatal o captar una porción mayor del excedente.

  • 1. Giovanni Arrighi: «La globalización, la soberanía estatal y la interminable acumulación del capital» en Iniciativa Socialista No 48, 3/1998.
  • 2. Además de otros textos anteriores del autor, v. «Hacia una teoría de la transformación» en Revista de la Cepal No 98, 12/2008.
  • 3. «El futuro del Estado de Bienestar» en La Factoría No 8, 2/1999.