Opinión

Un hálito de realidad

Trump y Xi Jinping normalizan las relaciones entre Estados Unidos y China.

Un hálito de realidad

Es posible que el presidente chino Xi Jinping haya alcanzado el cenit de su influencia internacional el 17 de enero de 2017 al pronunciar su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos. En medio del caos general, de la atmósfera nacionalista y la retórica estridente que expuso el nuevo presidente estadounidense incluso antes de asumir su cargo el 20 de enero, el jefe de Estado chino fue considerando como la voz de la razón. Xi Jinping apareció en Davos como un fuerte defensor de la globalización. Criticó enfáticamente las ideas proteccionistas en política económica que han repetido una y otra vez Donald Trump y muchos de su entorno. «Nadie puede salir triunfante de una guerra comercial», aseguró con objetividad y seriedad Xi Jinping a los huéspedes de honor reunidos. Muchos observadores llegaron a la conclusión de que China estaría dispuesta a asumir el rol de líder global que quedaría vacante con la inminente asunción del nuevo y excéntrico presidente de Estados Unidos.

Por lo tanto, se esperaba que el primer encuentro de ambos jefes de Estado, que tuvo lugar del 6 al 7 de abril de 2017 en la mansión Mar-A-Lago de Trump en Florida, fuese un acontecimiento de vastas consecuencias. Finalmente se trató, usando las palabras de The Economist, del encuentro entre un político del «America First» y un estratega del «China First». Nadie dudaba de que Xi Jinping, el jefe de gobierno chino más poderoso en décadas, mantendría durante el encuentro un estilo digno, profesional e incluso un poco aburrido. Solo un puñado de osados observadores se animaron a hacer predicciones sobre el comportamiento del impulsivo e inexperto Trump. Por el contrario, la mayoría esperaba que el eficiente y preparado Xi Jinping se aprovechara sin piedad de la poca experiencia del presidente estadounidense.

Pero no sucedió tal cosa. Parece más bien que Trump dominó las conversaciones y logró poner a su interlocutor, Xi, a la defensiva durante la mayor parte del encuentro. Al mismo tiempo, Trump se mantuvo siempre amigable y respetuoso, sin permitirse deslices lastimosos. El presidente estadounidense consideró, en perspectiva, haber logrado un «enorme progreso» en la cooperación chino-estadounidense y calificó de «estupenda» su relación con Xi Jinping. En un tuit dijo haber creado una atmósfera de amistad y de mutua simpatía. Parece entonces que Trump, en los dos días que duró el encuentro, hubiese encontrado cuidadosamente el papel que recuerda el tradicional modo de actuar de Estados Unidos en el escenario global. Es así como parece haber hecho su entrada a la Casa Blanca un nuevo aunque todavía frágil sentido de realidad.

El ataque a la base de la Fuerza Aérea siria

El encuentro fue eclipsado por el totalmente inesperado ataque con misiles que hicieron militares estadounidenses contra una base de la Fuerza Aérea siria como represalia por el uso de armas químicas contra civiles sirios. Así fue como la atención mundial se concentró en el presidente Trump y su Estado Mayor. Durante la cena, poco antes de que los primeros misiles de crucero Tomahawk impactaran en las instalaciones sirias, Trump se explayó ante su huésped sobre el ataque planeado. Xi Jinping expresó tibiamente su comprensión por la medida, considerando el hecho de que las armas químicas de Bashar al-Assad habían matado a numerosos niños inocentes. En verdad, la delegación china estaba muy indignada por haber tenido que soportar el penoso papel de presenciar, como si fueran espectadores privilegiados, esta demostración del poderío estadounidense. China ha defendido siempre su política de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, también en el caso de una guerra civil. Además, China simpatiza con la postura favorable hacia Al-Assad que mantiene Rusia, porque teme que la caída del régimen sirio pueda agregar otro factor desestabilizante a la región entera.

El secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, declaró luego que el ataque con misiles a la base aérea siria era una acción aislada y que no habrá un involucramiento mayor de Estados Unidos en la guerra civil siria. Pero con este ataque militar Trump podría estar demostrando al mundo que el león es tan feroz como lo pintan y que no le temblará el pulso para llevar a la práctica lo que dice pomposa y coléricamente. Esto podría indicar que está plenamente dispuesto a tomar medidas claras también con Corea del Norte y evitar así que Kim Jong-un siga perfeccionando armas atómicas y misiles intercontinentales.

Trump y Xi estuvieron de acuerdo en que el programa nuclear de Corea del Norte había alcanzado un «estadio muy preocupante». Sin embargo, no pudieron acordar esfuerzos para una solución adecuada. Antes y durante las conversaciones, Trump repitió una y otra vez que es muy probable que Washington tenga que actuar en soledad si China no hace todo lo que está de su parte para que Corea del Norte cambie su forma de pensar (actuar en soledad probablemente incluya una acción militar contra Corea del Norte o, más probablemente, el rearme nuclear de Corea del Sur). Unos días después, Trump ordenó al portaviones USS Carl Vinson dirigirse hacia la península coreana.

Relaciones comerciales más estrechas

Durante el encuentro, Trump presionó intensamente a su huésped en relación con las relaciones económicas entre ambos países. Los jefes de Estado acordaron rápidamente un plan de 100 días con el objetivo de incrementar las exportaciones estadounidenses a China y, así, disminuir el déficit de la balanza comercial estadounidense en 347.000 millones de dólares. China incluso dijo tener gran interés en reducir su superávit comercial con Estados Unidos para poder dominar su propia inflación. Con el fin de evitar una guerra comercial, Xi Jinping ofreció levantar la barrera a las importaciones de carne bovina estadounidense que impuso China en 2003. Además, tiene en mente mejorar el acceso de las inversiones estadounidenses al mercado chino, especialmente en cuanto a títulos negociables y empresas de seguros.

Según lo informado por la agencia de noticias china Xinhua, Trump y Xi Jinping acordaron también impulsar las negociaciones sobre un acuerdo de inversiones bilateral (Bilateral Investment Treaty, BIT), comenzadas durante la presidencia de Barack Obama, y discutir sobre «tareas prácticas de cooperación en infraestructura, construcciones y energía». Xi Jinping instó a Estados Unidos a un trabajo conjunto con el gran proyecto chino «One Belt, One Road» (Cinturón y Ruta de la Seda) y Trump señaló su interés en el tema. También parece haber avances en relación con el pedido de Washington para que China reduzca los derechos de importación de 25% sobre los vehículos extranjeros. China, por su parte, desea que se reduzcan las restricciones que dificultan a las empresas chinas adquirir productos de alta tecnología y empresas estadounidenses, como en el caso de la firma Axitron, cuya adquisición por parte de una empresa china fue impedida por las autoridades estadounidenses en 2016.

La cumbre de Florida tuvo como resultado también otros dos tratados. Pero estos no incluían el cambio climático, los derechos humanos o la disputa por los derechos soberanos en el Mar de China Meridional. Trump aceptó la invitación de visitar próximamente China y los jefes de Estado acordaron crear un «amplio diálogo chino-estadounidense» que incluye cuatro áreas (diplomacia y seguridad, economía, prosecución penal y seguridad en redes). Este diálogo reemplaza al «Diálogo Estratégico y Económico» de Obama y es de nivel presidencial. El formato tiene una cierta similitud con las periódicas discusiones de alto nivel entre los gobiernos de Alemania y China que se llevan a cabo con gran éxito desde 2012.

El regreso a la realidad

Es improbable que el presidente estadounidense abandone alguna vez su estilo de gobierno nacionalista, impredecible y a veces completamente impulsivo. Pero la realidad va lentamente abriéndose paso dentro de la Casa Rosada. La visita de Xi Jinping fue un claro ejemplo. Esta visita en la que ambos mandatarios se vieron por primera vez transcurrió de forma profesional y sobria, sin grandes diferencias con los encuentros entre Obama y el presidente chino. El ataque misilístico de Trump a la base de la Fuerza Aérea siria deja en claro que Trump no impulsa ninguna política de aislamiento; que no permanece indiferente a las violaciones abominables de los derechos humanos, sino que reivindica los valores occidentales. A pesar de todos los comunicados en sentido contrario que hubo en el pasado, el ataque demuestra también la disposición de Trump a ejercer un rol de mando militar global, por lo menos de manera ocasional.

Además, Trump se ha dado cuenta de la importancia de esforzarse por tener relaciones constructivas con China. Al mismo tiempo, no teme enfrentarse con Rusia y su poderoso presidente, tal como hizo con su ataque a la base siria. Pareciera como si Trump empezara a reconocer lentamente que un presidente estadounidense no puede reducirse a un estrecho entendimiento de los intereses estadounidense, sino que la salvaguarda de los intereses norteamericanos requiere de una acción global.

Para eso resulta de gran ayuda un estilo de gobierno más profesional y organizado. También en este ámbito parece ingresar lentamente la realidad en la Casa Blanca. La reciente desvinculación del ideólogo derechista Stephen Bannon del Comité de Directores del Consejo Nacional de Seguridad y el ingreso del jefe del Estado Mayor militar y de los inspectores del servicio secreto más importantes en este Consejo van en la misma dirección. El despido de la viceconsejera en temas de seguridad, K.T. McFarland, una agitadora de derecha como Bannon, indica que el nuevo y sensato consejero nacional de Seguridad, General H.R. McMaster, goza de la confianza y del apoyo de Trump. Se ha propuesto profesionalizar la Casa Blanca de Trump.

Por lo tanto, pareciera que paulatinamente está regresando a la Casa Blanca un cierto sentido de realidad y predecibilidad, acompañado por un nuevo interés en abrirse al mundo exterior. Entre los aliados europeos de Estados Unidos puede escucharse un profundo suspiro de alivio. Esperemos no estar hablando antes de tiempo.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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