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Un contrapunto con los Balcanes

A pesar de sus problemas y limitaciones, los procesos de integración de América Latina implementados bajo el concepto de «nuevo regionalismo» le han permitido a la región fortalecer la cooperación interna y ganar protagonismo en las negociaciones internacionales. Los especialistas de los Balcanes han prestado especial atención a la experiencia latinoamericana, ya que desde el fin de la Guerra Fría ambas regiones atravesaron casi al mismo tiempo procesos de transición a la democracia, con resultados totalmente diferentes: disgregación y conflicto bélico en los Balcanes; integración y paz en América Latina. Frente a ese panorama, los latinoamericanos deberían dejar de lado las visiones eurocéntricas y valorar la importancia de la renovada imagen que proyecta su región.

Un contrapunto con los Balcanes

A modo de introducción

La era de posmodernidad que comenzó con la caída del Muro de Berlín en 1989 inauguró un periodo de marcada inestabilidad mundial, con conflictos bélicos de características y alcances variables. Los profundos y dramáticos cambios que se viven en la actualidad están afectando de manera imprevista el sistema internacional y plantean importantes dilemas respecto de las relaciones internacionales en general. Esto se verifica también en los países balcánicos, donde muchos políticos y especialistas intentan percibir y definir el lugar de la región en el mundo actual y su papel en un nuevo sistema marcado por la hegemonía de Estados Unidos, además de reflexionar sobre los efectos que las transformaciones globales generan en los vínculos externos de los países balcánicos.

Nos encontramos en una nueva etapa en la historia del sistema internacional, que implica nuevos desafíos para construir estabilidad, generar institucionalidad y desarrollar bienes públicos internacionales que aseguren la paz y la armonía. Pese a las visiones optimistas, el mundo actual todavía está lejos de «una larga era de paz estable y duradera, una sociedad basada en la consulta, la cooperación y la acción colectiva, especialmente a través de las organizaciones internacionales y regionales».

La situación actual es resultado de la reformulación del sistema internacional generada a partir de la guerra de Iraq, una realidad peligrosa que fue iniciada con la crisis de Kosovo y luego con la invasión a Afganistán. Desde un punto de vista amplio, el nuevo orden descansa sobre una serie de principios entre los cuales sobresale la reducción de la soberanía nacional de los Estados; es decir, la creciente relativización del concepto tradicional de soberanía e integridad territorial. Paralelamente, puede afirmarse que, a inicios del siglo XXI, la hegemonía de EEUU se ha tornado casi incuestionable, ya que constituye un poder sin precedentes que ha debilitado el papel de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea, Rusia, China y organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM).

Así, visto desde los Balcanes, el escenario mundial seguirá siendo incierto, en el marco de una globalización dirigida, militarizada, con represión de la disidencia, creación de Estados débiles y, sobre todo, creciente desigualdad. En otras palabras, una globalización neoliberal impuesta y sin control. La globalización debe ser entendida antes que nada como un fenómeno económico multifactorial y como una propuesta ideológica en la que se entremezclan y yuxtaponen diversos tipos de condicionamientos. Dicho de otra forma, la globalización aparece como un conjunto de acontecimientos difíciles de analizar debido a la ausencia de conceptos que den cuenta de su verdadera naturaleza.

La globalización genera serias dudas acerca del futuro de la preservación del concepto civilizatorio europeo basado en la armonización de intereses –es decir, el consenso– y la convivencia dentro de espacios multiétnicos, pluriconfesionales y multiculturales. Solo desde esta perspectiva puede analizarse el dilema vital del mundo actual: ¿interdependencia anárquica y conflictiva o interdependencia organizada y cooperativa? Un contrapunto entre América Latina y los Balcanes, regiones que atravesaron casi al mismo tiempo, a partir del fin del mundo bipolar, procesos de transición a la democracia con resultados totalmente diferentes, permite echar alguna luz sobre este tema.

La inserción internacional de América Latina vista desde los Balcanes

Desde la caída del Muro de Berlín, el colapso del mundo bipolar significó para América Latina el inicio de una etapa favorable para el desarrollo del regionalismo, entendido como una estrategia para lograr una inserción más adecuada en la globalización, en el marco del proceso de restauración democrática y reestructuración económica. El nuevo regionalismo latinoamericano se caracteriza, a principios del siglo XXI, por su diversidad. Existen, en efecto, diferentes procesos de cooperación e integración, compromisos que contemplan la liberalización comercial así como nuevos proyectos de integración económica, política y social. Esto revela, en un segundo nivel de análisis, que el nuevo regionalismo latinoamericano es un fenómeno multidimensional y, por lo tanto, pragmático y flexible. Esto hace posible, por ejemplo, que un mismo país participe de diversos procesos regionales, en América Latina e incluso con países o grupos de países fuera de la región. Desde los Balcanes, se comenzó a prestar atención a América Latina a partir de la idea de que la región ha demostrado la capacidad de visualizar los caminos más adecuados para ganar una mayor presencia en el mundo. Consecuentemente, América Latina ha sido objeto de análisis por varios autores y especialistas balcánicos. En estos esfuerzos de análisis comparativo, se destaca el interés por la reinserción económica internacional de América Latina o de algunos de los países que la integran. La conclusión es que, aunque con matices, los países latinoamericanos están realizando grandes esfuerzos por explotar nichos exportadores y atraer nuevos flujos de inversiones extranjeras, una tendencia que incluso podría llevar a la emergencia de nuevas competencias, de carácter económico y financiero, entre diferentes países de la región. En general, entonces, la política de reinserción económica de América Latina es vista como una estrategia bastante exitosa, sobre todo en relación con objetivos como la lucha contra el proteccionismo, la negociación de acuerdos de libre comercio y el inicio y la aplicación de nuevos programas de liberalización dentro de los esquemas de integración vigentes.

Naturalmente, los contrastes con los Balcanes son importantes. En primer lugar, a diferencia de lo que ocurre en esta zona de Europa, en América Latina existe un legado histórico positivo en relación con la integración regional, sobre todo desde la última década del siglo XX. Al considerar el saldo negativo de las interacciones que, durante el mismo periodo, se realizaron en los Balcanes, se comprende mejor el interés balcánico por estudiar y analizar los distintos aspectos del nuevo rol de América Latina como un partícipe activo en la globalización. Desde los Balcanes, se valora especialmente el hecho de que los procesos de integración hayan abierto el espacio para la aparición de los nuevos actores de cooperación, estatales y no estatales, como las fundaciones privadas, las universidades, las agencias e institutos especializados, los bancos y las empresas nacionales y transnacionales. También se analizan con especial interés las innovaciones en los acuerdos regionales, principalmente la construcción de un regionalismo económico y político reformado pragmáticamente, que contrasta notablemente con la realidad balcánica, caracterizada por la casi completa ausencia de compromisos regionales y una pérdida total de la identidad regional en el contexto europeo más amplio. Como ilustración, señalamos que incluso el término «los Balcanes» ha sido reducido y hoy se utiliza solo en referencia a «los Balcanes Occidentales» (el territorio de la ex-federación yugoslava más Albania pero sin Eslovenia, que ya pertenece a la UE). Lo que antiguamente se conocía como «los Balcanes» hoy se denomina «Sudeste de Europa», concepto impuesto por la UE.