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Tres actos del feminismo. Nancy Fraser y los debates feministas de los últimos 40 años

En Fortunes of Feminism: From State-Managed Capitalism to Neoliberal Crisis, Nancy Fraser reúne artículos y debates respecto del feminismo y de la sociedad capitalista. Bajo los rótulos de «feminismo insurgente», «feminismo domado» y «feminismo resurgente», la teórica estadounidense retoma una serie de discusiones respecto de la justicia –incluyendo la cuestión de la paridad de género–, el Estado y la globalización y polemiza con algunas versiones del feminismo, especialmente en su faceta culturalista. El libro es, en ese sentido, un llamado a recuperar las aristas más filosas y cuestionadoras del feminismo en este siglo.

Tres actos del feminismo. Nancy Fraser y los debates feministas de los últimos 40 años

El nuevo libro de la filósofa y socióloga estadounidense Nancy Fraser, Fortunes of Feminism: From State-Managed Capitalism to Neoliberal Crisis [Fortunas del feminismo: del capitalismo dirigido por el Estado a la crisis neoliberal]1, recorre las distintas etapas del feminismo de los últimos 40 años y reúne sus debates conceptuales en tres partes, presentadas en el prólogo como un «drama en tres actos». En esos tres actos –el feminismo insurgente, el feminismo domado y el feminismo resurgente, con un signo de interrogación colocado en este último acto que desafía al movimiento feminista a retomar en un futuro cercano su rol cuestionador del sistema–, Fraser compila ensayos escritos durante más de 25 años, que son presentados al mismo tiempo como «retrospectiva y prospectiva» y que ofrecen al lector o la lectora una muy interesante interpretación de la historia del pensamiento feminista moderno.

Primer acto: el movimiento feminista de la segunda ola

El feminismo de la segunda ola surge a partir de la nueva izquierda antiimperialista, junto con los movimientos radicales que se confrontan con las injusticias del sistema y desarrollan una crítica estructural de la sociedad, cuestionando particularmente el androcentrismo de las sociedades capitalistas dirigidas por el Estado en la época de posguerra.

A finales de los años 60, en la etapa de prosperidad que siguió a la Segunda Guerra Mundial, en las naciones desarrolladas de Europa y América del Norte se pusieron en pie Estados de Bienestar basados en el imaginario de la socialdemocracia, que colocaron en el primer plano de su gestión política la redistribución y la solidaridad entre las clases. El feminismo, a partir de la consigna «lo personal es político», develó algunos aspectos ocultos en estas sociedades, comprometidas en el impulso de un mayor bienestar entre los ciudadanos a través de la institucionalización de compromisos de clase en diversas dimensiones: el histórico compromiso entre las clases «descansaba en una serie de exclusiones de género, étnicas y raciales, sin mencionar la explotación neocolonial externa», que no se visibilizaron y permanecieron latentes en el imaginario socialdemócrata de justicia.

El feminismo de esta etapa confrontó las exclusiones de género por parte del sistema capitalista dominante. Tanto la teoría como las activistas feministas cuestionaron el paternalismo del Estado de Bienestar socialdemócrata y a la familia burguesa, y denunciaron el androcentrismo que subyacía a este capitalismo. Al politizar «lo personal», el feminismo «expande las fronteras de la discusión más allá de la distribución socioeconómica» e introduce temas como el trabajo doméstico, la sexualidad y la reproducción2. Sin embargo, Fraser reconoce la ambivalencia feminista frente al Estado de Bienestar en esta etapa. Las feministas de la segunda ola, partiendo de una crítica radical e inmanente, no ambicionaban en realidad su desmantelamiento, sino que aspiraban a transformarlo en una fuerza capaz de ayudar a superar la dominación masculina.

En los años 80, el advenimiento del neoliberalismo puso en jaque el modelo de sociedad de bienestar basado en la redistribución igualitaria. Con una socialdemocracia cuestionada y a la defensiva, los movimientos feministas, que habían tomado al Estado de Bienestar como una plataforma para ampliar su lucha de la clase al género, optaron por nuevos rumbos en sus reclamos políticos que tomaron una dirección más acorde con «el Zeitgeist de la etapa postsocialista»3.

En síntesis, los artículos que Fraser incluye en la primera parte adhieren a la crítica del Estado de Bienestar desde la perspectiva feminista dominante en esa etapa. En el espíritu optimista y expansionista de la época, los movimientos feministas asumieron la tarea de «transformar el mundo, desarmando las estructuras machistas dominantes y revirtiendo las jerarquías de género» imperantes en la sociedad4.

Los ensayos presentados validan los esfuerzos de la segunda ola del feminismo por «expandir la agenda política más allá de los confines de la socialdemocracia, cuestionando el paternalismo estatal y corriendo el foco de la crítica desde la distribución de clases hacia las injusticias de género, entendidas estas en toda su amplitud»5. Los artículos reflejan los esfuerzos y éxitos de los nuevos movimientos sociales de la época para develar otros ejes de dominación que se manifiestan, más allá de las clases sociales, en la subjetividad y la sexualidad, en el ámbito doméstico, en el acceso a los servicios sociales, en los ámbitos académicos y en las prácticas sociales cotidianas. En «What Is Critical about Critical Theory?» [¿Qué es lo crítico de la teoría crítica?] (1985), Fraser desarrolla «una crítica de la crítica» que Jürgen Habermas, desde la izquierda, hace de la socialdemocracia. Destacando la importancia de sus distinciones analíticas de lo público y lo privado, la reproducción material y simbólica, la integración sistémica y social, la autora echa de menos, sin embargo, «un análisis del sustrato de género de estas distinciones que finalmente conducen a naturalizar los rasgos androcéntricos del orden social»6.En «Struggle over Needs» [La lucha por las necesidades] (1989), la autora estadounidense cuestiona la forma en que se interpreta lo que los ciudadanos y las ciudadanas demandan socialmente y critica la concepción socialdemócrata sobre las necesidades básicas, que desde un paradigma distributivo son concebidas como necesidades objetivas en el marco de los patrones dominantes. Desde una perspectiva feminista, es necesario desarrollar un nuevo paradigma que apunte a una mejor «interpretación de las necesidades», que en la sociedad se construyen «en un proceso comunicativo de manera discursiva», y que las coloque en el contexto de las luchas feministas «acerca de los límites de lo político, lo económico y lo doméstico» en la vida de las personas7.

Segundo acto: de la redistribución al reconocimiento

En la segunda parte, Fraser incluye sus artículos más interesantes referidos al cambio que se desarrolla en la teoría y las prácticas feministas, desde las posiciones del feminismo de la segunda ola hacia las políticas de identidad de género. Aquí se confronta con las concepciones teóricas del feminismo que, focalizando en la justicia de reconocimiento, parecieran haber hecho «desaparecer de la escena la economía política»8. Los ensayos presentados documentan de manera general el retroceso de la visión emancipadora en el panorama dominante en la teoría feminista y apuntan asimismo a mostrar «la centralidad creciente en el círculo del activismo feminista» de los reclamos por el reconocimiento y la identidad9.

  • 1. María Rigat-Pflaum: politóloga por la Universidad Nacional de Rosario (unr), con estudios de posgrado en Alemania y en Argentina, especializada en políticas públicas y género. Actualmente es directora de proyectos de la Fundación Friedrich Ebert (fes) en Argentina.Palabras claves: capitalismo, feminismo, justicia, neoliberalismo, Nancy Fraser.. Verso, Londres, 2013.
  • 2. Ibíd., p. 3.
  • 3. Ibíd., p. 4.
  • 4. Ibíd., p. 9.
  • 5. Ibíd., p. 9.
  • 6. Ibíd., p. 6; 51.
  • 7. Ibíd., p. 7; 80.
  • 8. Ibíd., p. 9.
  • 9. Ibíd., p. 9.