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Transformaciones globales y cambios en las relaciones de poder. Impactos en América Latina y el Caribe

La gobernanza global no logra los resultados esperados y la inestabilidad y las crisis son recurrentes. Las relaciones de poder en el sistema internacional están cambiando de manera acelerada. La falta de previsibilidad debilita la cooperación y dificulta la concertación sobre los bienes públicos globales. Las amenazas y los riesgos también se han transnacionalizado, y por eso se requieren nuevos mapas conceptuales que permitan comprender las transformaciones y el tránsito hacia un mundo postoccidental y posthegemónico. Al mismo tiempo, el nuevo contexto global presenta diversos desafíos para una América Latina más integrada –y con avances económico-sociales–, pero en la que pervive una variedad de problemas y tareas pendientes.

Transformaciones globales y cambios en las relaciones de poder. Impactos en América Latina y el Caribe

Las relaciones de poder en el sistema internacional están cambiando de manera acelerada. No obstante, los esquemas de gobernanza global no logran los resultados esperados y esto fomenta la recurrencia de las crisis y las situaciones de inestabilidad. Por otra parte, la falta de previsibilidad debilita las relaciones armoniosas y de cooperación entre los principales actores internacionales –Estados, organismos intergubernamentales, empresas, ONG– y dificulta la concertación sobre los bienes públicos globales. Estos cambios en las relaciones de poder evidencian profundas desconfianzas. La alta interdependencia global y regional complejiza todavía más el escenario actual, cuya característica predominante es la incertidumbre.

La interdependencia es la norma de la globalización. Las amenazas y los riesgos también se han transnacionalizado. Por este motivo, se requieren nuevos mapas conceptuales que permitan comprender los diferentes tránsitos hacia la nueva era de un mundo postoccidental. Las visiones, perspectivas y valores emergentes se articulan entre sí de manera diferente a las formas democráticas de Occidente. El sistema global se mueve hacia un esquema posthegemónico. Las estructuras de poder bipolar y unipolar llegaron a su fin. En su lugar se desarrolla un sistema multipolar en el que aún no han decantado las relaciones de poder entre los nuevos y los viejos actores. La difusión del poder es una pauta recurrente. En consecuencia, existe una débil estructura institucional planetaria y regional.

La actual crisis financiera-económica mundial generó cambios adicionales en el sistema global que todavía están en desarrollo. Los nacionalismos, los secesionismos y la polarización cobran cada vez más importancia. Originada en 2008 en el Norte desarrollado del mundo, la crisis es hoy sistémica, con fuertes consecuencias políticas, sociales y militares, y también en el ámbito multilateral. Es una crisis del Occidente desarrollado que afecta de manera profunda a Estados Unidos y la Unión Europea. Si durante más de seis décadas la concordancia fue una de las principales características de las relaciones transatlánticas, hoy las visiones y las políticas de estos dos actores para enfrentar la crisis son cada vez más divergentes. Al mismo tiempo, las instituciones multilaterales se encuentran en el marasmo; sin consensos sobre los desafíos globales urgentes como la cuestión nuclear, el medio ambiente, la crisis financiera, la emergencia alimentaria y los desastres humanitarios.

Los riesgos globales son cada vez más significativos1. Una de las lecciones que se pueden extraer de esta etapa de transformaciones es que ningún Estado, ni siquiera la superpotencia global, puede dirigir ni hegemonizar el sistema internacional, menos aún gobernar la globalización. Las respuestas a los desafíos y la emergencia de temas transnacionales requieren respuestas multilaterales, acciones coordinadas y asociadas y de un fuerte impulso hacia la cooperación y la concertación. Solo sobre esta base se podrán construir los consensos para lograr una gobernanza global y reducir los riesgos planetarios y sus expresiones regionales.

Muchos de estos fenómenos son «intermésticos», es decir, globales y domésticos a la vez. En el ámbito doméstico se observan procesos igualmente críticos. Los fenómenos transnacionales generan incertidumbre y vulnerabilidades. Las respuestas tradicionales se transforman en problemas adicionales más que en soluciones. El capitalismo es global, pero las elecciones y la oferta política en las democracias no lo son; estas siguen siendo nacionales y con fuerte raigambre local, todo lo cual crea una gran disonancia y un aumento de la desconfianza en los líderes políticos y en las instituciones, que son vistas como incapaces de resolver «nacionalmente» los desafíos de la transnacionalización.

En América Latina y el Caribe no ha surgido ninguna propuesta viable para abordar estas transformaciones del sistema internacional ni existe una lectura compartida de los cambios necesarios para democratizar las estructuras globales de poder. La potencia emergente, Brasil, no está en condiciones por sí sola de ser parte del grupo de países que establecen las reglas de juego globales. El peso cuantitativo relativo que América Latina tenía cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha disminuido drásticamente: en 1945, los 22 países de la región representaban poco más de 40% de los 51 miembros. En la actualidad, los 35 miembros latinoamericanos no llegan a 20% de los 193 países que son parte de la organización. Sin concertación regional efectiva ni una visión compartida sobre la promoción de bienes públicos globales, la incidencia mundial de América Latina y el Caribe no será efectiva.

El primer paso para modificar esta situación es buscar formas institucionales que permitan dar cuenta de las nuevas realidades de poder. En el ámbito regional, las propuestas de coordinación se han sucedido unas tras otras pero la mayoría solo tiene alcance subregional. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) es el esfuerzo más importante de concertación política del conjunto de la región. Por otro lado, la propuesta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), presentada en 2012, con el título Cambio estructural para la igualdad. Una visión integrada del desarrollo, constituye el principal eje de reflexiones, recomendaciones y propuestas políticas en el ámbito de la economía política con un fuerte énfasis social. El concepto de igualdad ordena la visión prospectiva y las acciones estratégicas que deben ser ejecutadas para alcanzar las metas amplias del desarrollo2.

Proyección de tendencias

Algunas de las tendencias que se enumeran a continuación se proyectarán en el contexto de la globalización y la interdependencia en y desde América Latina y el Caribe.

La globalización será la tendencia principal del sistema internacional. Si bien en las fases anteriores fue significativo su carácter estadounidense, la globalización tendrá en el futuro un carácter más plural en casi todos los ámbitos, excepto el militar. En América Latina y el Caribe, sin embargo, se mantendrá la fuerte impronta estadounidense.

  • 1. Ulrich Beck: La sociedad del riesgo mundial. En busca de la seguridad perdida, Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 334.
  • 2. Cepal: Cambio estructural para la igualdad. Una visión integrada del desarrollo, trigésimo cuarto periodo de sesiones de la Cepal, San Salvador, agosto de 2012.