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Televisa: viejas prácticas, nuevo entorno

La importancia cultural y política que ha alcanzado Televisa se debe al dominio que ha ejercido en las frecuencias de televisión abierta en México. Pero a medida que los mexicanos acceden a otras formas de consumo audiovisual, entre ellas la televisión de paga e internet, la influencia de ese consorcio decrece. Por añadidura, la reforma constitucional para medios y telecomunicaciones promulgada en 2013 (y aún pendiente de reglamentación) establece un contexto de competencia y diversidad que modifica drásticamente el entorno en el que Televisa se habituó a crecer con éxito.

Televisa: viejas prácticas, nuevo entorno

La fuerza de Televisa descansa en el acaparamiento que ha tenido, durante más de medio siglo, de la televisión mexicana. En el sistema político mexicano, este consorcio se ha beneficiado de un trato discrecional y, con frecuencia, reverencial. A la enorme capacidad comunicativa que indudablemente ha tenido, se añaden el beneplácito e incluso el temor que le han dispensado a esa empresa dirigentes políticos de todas las filiaciones ideológicas en México.

Televisa sacó provecho durante largo tiempo de un eficaz círculo vicioso que articuló su poder de propagación con las necesidades comunicativas del Estado. El gobierno le permitió ejercer, y luego compartir, el monopolio de la televisión mexicana. Y cuando requería espacios en televisión, ese gobierno, junto con los partidos políticos, aceptaba exigencias de la empresa que se traducían en concesiones de más canales, autorizaciones para nuevos negocios, incluso reformas legales a la medida de los requerimientos del consorcio.

Esa inercia política, que incrementó las capacidades comunicativas de Televisa en la medida en que la televisión se hizo más necesaria para ejercer el poder, está modificándose de manera drástica. La ausencia de regulación eficaz para los medios de comunicación en México terminará a partir de la reforma constitucional promulgada en 2013, que establece normas para evitar, o al menos atenuar, el poder de los monopolios, tanto en radiodifusión como en telefonía. La hegemonía de Televisa en el campo de la televisión encontrará nuevos contrapesos.

Todo eso ocurre como resultado del cambio en tres escenarios. En México se ha modificado el contexto político que desde la década de 1950, cuando se expidieron las primeras concesiones, permitió que la televisión fuera privilegio de unas cuantas empresas, especialmente las que darían origen a Televisa. Después de la elección presidencial de 2012, cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) recuperó la Presidencia pero no alcanzó mayoría legislativa suficiente para tomar decisiones importantes sin aliarse con otras fuerzas políticas, los partidos de alcance nacional conformaron un programa de cambios. El Pacto por México, integrado por el PRI, el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), junto con el nuevo gobierno, diseñó una detallada reforma constitucional para los medios de comunicación, que fue promulgada el 11 de junio de 2013. Esa reforma propicia el surgimiento de nuevas televisoras, establece un organismo regulador con capacidades para disponer cambios en los mercados de radiodifusión y telecomunicaciones y compromete al Estado a impulsar redes nacionales de banda ancha, entre otras medidas.

Durante la campaña electoral de 2012, la exigencia para que hubiera cambios en los medios de comunicación se incrustó, como nunca antes, en la agenda de los asuntos públicos. El movimiento estudiantil #YoSoy132 tuvo como principal bandera la democratización de los medios de comunicación. Aunque esa era una exigencia un tanto difusa, por primera vez el cuestionamiento a los medios, y muy especialmente a Televisa, pasó de los seminarios académicos o los cónclaves partidarios a las movilizaciones de gran concurrencia en las calles. Al mismo tiempo, el estancamiento en el mercado de las telecomunicaciones se convirtió en detonador de nuevos requerimientos. La competencia ha sido imposible, o muy difícil, tanto en telefonía como en radiodifusión, debido a la ausencia de reglas para atenuar la influencia de los monopolios. Telmex y Telcel, ambas propiedad del empresario Carlos Slim, han acaparado la telefonía alámbrica y celular con 80% y 70% del mercado mexicano, respectivamente. En el campo de la televisión, Televisa ha contado con 57% de las frecuencias de carácter comercial y con tres de las cinco cadenas de alcance nacional, además de 70% de la audiencia en todo el país.

Los requerimientos provenientes del Estado, la sociedad y el mercado se conjugaron para propiciar la reforma constitucional que establece un contexto sustancialmente distinto para los medios mexicanos. La profundidad que alcancen esos cambios depende de la nueva Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión que el Congreso debiera aprobar en 2014 (tendría que haberlo hecho en diciembre de 2013, de acuerdo con una de las disposiciones de la reforma constitucional, pero la agenda legislativa estuvo tan nutrida y sobresaltada con asuntos como las reformas fiscal y energética, que los senadores y diputados no llegaron a ocuparse del tema). Mientras tanto, para aquilatar las implicaciones que ese nuevo contexto tendrá para Televisa, es pertinente reseñar su estructura de negocios.

Hegemonía ahora disputada en televisión abierta

Televisa es la corporación mediática más importante del mundo hispano. Sus ventas anuales, que en 2012 fueron de 5.400 millones de dólares, duplican las del Grupo Clarín de Argentina (2.491 millones de dólares en ese mismo año). El grupo español Prisa tuvo también en 2012 ventas por 3.424 millones. En América Latina, la corporación brasileña O Globo, con ventas de 6.504 millones, superó en ese año las ventas del consorcio mexicano1. Sin embargo, la diversidad de empresas que maneja en el campo del entretenimiento, sus índices de audiencia y, en otro plano, la capacidad de influencia política que ha tenido permiten sostener que el predominio de Televisa en México es mayor que el de cualquiera de esos consorcios en sus respectivos países.

En México, Televisa manejaba, en 2010, 321 canales de televisión abierta, sumando 261 de carácter analógico y 60 para retransmitir programas en formato digital. Ese año los canales comerciales eran 566. De ellos, Televisa tenía concesionado 57% y Televisión Azteca, 37%2.

La audiencia de Televisa es difícil de estimar porque en México no hay mediciones que sean a la vez públicas, constantes y de alcance nacional. Con los datos disponibles, se puede asegurar que, en el transcurso del nuevo siglo, la audiencia del consorcio ha caído de manera muy considerable. Aunque seis de cada 10 mexicanos que miran televisión siguen los programas de Televisa, las series de mayor audiencia son seguidas por menos personas. En 1999, todos los programas de más rating en la televisión mexicana eran transmitidos por Televisa y llegaban a reunir la tercera parte de los televisores encendidos a la hora en que se transmitían. El programa cómico Derbez en cuando alcanzó en julio de 1999 34,7 puntos de rating, que según nuestras estimaciones significaban una audiencia de 32,2 millones de mexicanos. Otro programa cómico, Cero en conducta, llegó ese mes a 29,5 puntos (27 millones de personas). Un partido de fútbol entre México y Perú tuvo 26 puntos de audiencia (24 millones de televidentes). Todos fueron programas transmitidos por el Canal 2, que encabeza la red nacional más extensa que tiene Televisa.

  • 1. Francisco Vidal Bonifaz: «Ventas de empresas latinoamericanas de medios, 2012» en La rueda de la fortuna, 3/12/2013, http://ruedadelafortuna.com.mx/2013/12/03/ventas-de-empresas-latinoamericanas-de-medios-2012/.
  • 2. R. Trejo Delarbre: «Televisión: de mala calidad y en muy pocas manos» en Jorge Bravo et al. (coords.): Panorama de la comunicación en México 2011. Desafíos para la calidad y la diversidad, Asociación Mexicana de Derecho a la Información / Cámara de Diputados, México, df, 2011, p. 90.