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Subsidiando posposiones fatales

Luego de años de crisis tras el derrumbe de la Unión Soviética, Cuba atraviesa hoy un periodo de cierta bonanza, alentado por la política de subsidios petroleros de Venezuela y las iniciativas venezolanas como el ALBA, que contribuyen a romper su aislamiento internacional. Como resultado, se han implementado algunas políticas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los sectores más desfavorecidos y se produjo un cambio en la elite tecnocrática que había conducido la apertura económica de los 90. Sin embargo, más allá de los beneficios inmediatos, los subsidios implican dejar de lado actividades económicas dinámicas, contribuyen a frenar la renovación política y terminan por posponer reformas cruciales para el futuro de la isla.

Subsidiando posposiones fatales

Aunque como parte de nuestra cultura de pequeña isla los cubanos siempre hemos cultivado –sin sonrojos– una ambición «histórico-universal», aquella consigna me llamó poderosamente la atención. Estaba dibujada en la vidriera de una oficina de turismo, justo frente al histórico hotel Habana Libre. Daba la bienvenida, con todo el optimismo del mundo, a un «milenio de victorias».

Dado que el gobierno cubano estableció casi por decreto que por razones severamente cronológicas el nuevo milenio no llegaría hasta 2001, y que por lo tanto no podría ser celebrado hasta entonces, es presumible que el cartel haya sido escrito a fines de 2000. Si fue así, el milenarismo del autor pudo haber estado alimentado por hechos como el regreso a la patria del niño Elián González tras una agotadora campaña de movilización nacional, la firma del primer Programa Integral de Colaboración con Venezuela, el anuncio de un inminente convenio militar con China y el resurgimiento de Fidel Castro al frente de una llamada «batalla de ideas» destinada supuestamente a construir «verdaderamente» el socialismo, tras un largo e inexplicable preámbulo de cuatro décadas durante las cuales la retórica oficial afirmaba que era eso lo que se estaba haciendo, aunque ahora se afirme que no fue exactamente así.

Reconozcamos que no le faltaban razones al entusiasta autor para sentirse cortejado por el futuro. Estaba ante un escenario mucho más confiable y previsible que el de la última década, cuando los itinerarios económicos eran muy confusos, el discurso oficial hablaba torpemente de los «burgueses solidarios» y el propio presidente parecía apagado por el peso de los años y las circunstancias. Sin embargo, es dudoso que las razones fueran suficientes (tampoco lo son hoy) para extender la victoria a un plazo tan largo como lo es un milenio, es decir diez siglos.

Algunas razones para una visión menos optimista se explican en este artículo, que analiza los cambios que el nuevo escenario económico internacional ha provocado en la conducción de la economía cubana, en los balances de fuerza entre las diferentes fracciones de la clase política, en la institucionalidad y en la construcción del consenso. Y, también, la manera en que este escenario de recursos relativamente abundantes incide en el desenvolvimiento de los nudos contradictorios de la economía, la sociedad y la política. Una hipótesis central es que la captación de un mayor excedente económico ha significado un alivio para la siempre tensa economía insular, con implicaciones positivas para los sectores sociales más deprimidos de la sociedad cubana. Pero, al mismo tiempo, ello ha implicado la postergación de estos problemas al costo de un enrarecimiento de la situación que, finalmente, hará mucho más cara cualquier posible solución.

Cuando el mundo se vuelve más seguro

El dato más significativo de la actualidad cubana es la aparición de un aliado incondicional que no solo tiene la intención de apoyar la «revolución continental» y ayudar a la hambrienta economía insular, sino que también tiene los recursos para hacerlo debido a su condición de país petrolero, en un momento de alza espectacular de los precios de los combustibles. En segundo lugar, también es relevante la irrupción de otros actores económicos y políticos que comienzan a moverse en torno de la isla y sus recursos, actuales y potenciales.

Aunque se trata de variables independientes de la voluntad de los dirigentes cubanos, no son necesariamente regalos celestiales inesperados. Por un lado, no pueden ignorarse los esfuerzos cubanos por construir un marco más auspicioso de relaciones con la nueva izquierda latinoamericana y con otras potencias emergentes, especialmente con China. Tampoco puede ignorarse –y ello es quizás lo más significativo– que, al comenzar el nuevo siglo, Cuba había logrado alejar el peligro del colapso económico y político, al que apostaron alegremente los grupos derechistas estadounidenses y los de la comunidad cubana exiliada. Para ese entonces, el país contaba con un nivel apreciable de inserción en la economía mundial, principalmente a través del turismo, con relevantes desarrollos en tecnologías de punta y con una economía que crecía de manera discreta pero sostenida, estimulada por fuentes diversas de financiamiento, incluida la inversión extranjera. Con sus 1,2 millones de técnicos medios y sus 700.000 graduados universitarios, el país estaba en condiciones de ofrecer algo a cambio del reacomodo en proceso.

El primer dato que expresa este reacomodo favorable fue el anuncio de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), mencionada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en 2001, y proclamada oficialmente en diciembre de 2004. Sus doce artículos programáticos son totalmente congruentes con la vieja aspiración de los dirigentes cubanos de crear un frente latinoamericanista contra la hegemonía de Estados Unidos y los avances del ALCA, y hacerlo con recursos suficientes. Es lo que Pedro Monreal (2006) ha llamado la «matriz bolivariana».

Desde la firma del primer Convenio Integral de Cooperación Cubano-Venezolano en octubre de 2000, Cuba comenzó a recibir cantidades apreciables de petróleo que, para 2004, ya ascendían a 53.000 barriles diarios, un tercio del consumo nacional. Al año siguiente, la cifra se ubicó entre 80.000 y 90.000 barriles, el equivalente a la mitad del consumo. Como la producción nacional continuó creciendo, Cuba se encontró en la privilegiada posición (como en los lejanos tiempos soviéticos) de no solo ser inmune a las tendencias alcistas de los precios del petróleo, sino de beneficiarse de ellas. Y, al mismo tiempo, obtuvo otros beneficios adicionales, como créditos blandos para importaciones e inversiones, fomento a las empresas mixtas y protección para algunos de sus productos en el mercado venezolano, en virtud de los Tratados de Comercio de los Pueblos. A cambio, Cuba provee a Venezuela, en el marco de cerca de 200 proyectos de cooperación, de su recurso más abundante: personal técnico, básicamente en las áreas de salud, educación y deportes. Solo en el primer campo, se reportaba la presencia en Venezuela de 26.000 profesionales de la salud, es decir, más de la mitad de los médicos que trabajaban en el subsistema de salud primaria en la isla.