Opinión

¿Reinvención o descenso? El Partido Socialdemócrata Alemán, el capitalismo y las elecciones de 2017

Los socialdemócratas fueron derrotados en las últimas elecciones alemanas. Las causas de su crisis son múltiples y profundas. Sin embargo, todavía tienen margen para hacer una verdadera política socialdemócrata: la que privilegia la política por sobre las fuerzas del mercado.

¿Reinvención o descenso?  / El Partido Socialdemócrata Alemán, el capitalismo y las elecciones de 2017

Las elecciones del 24 de septiembre de 2017 cambiaron radicalmente el sistema político alemán. El juego político de las dos últimas décadas se desintegra y las nuevas reglas de juego recién se están formando.

La Democracia Cristiana (CDU) obtuvo, conjuntamente con la Unión Cristiana Social de Baviera (CSU), 32,9% de los votos, su peor resultado desde 1949. El Partido Socialdemócrata (SPD) obtuvo 20,5%, su peor resultado desde la fundación de la República Federal de Alemania. Los dos partidos grandes de centroderecha y centroizquierda, que durante los últimos cuatro años formaron una gran coalición, solamente convencieron a un poco más de la mitad del electorado, una situación desconocida históricamente. En el nuevo Parlamento se encuentran en total siete partidos divididos en seis grupos parlamentarios: además del CDU/CSU y del SPD, el partido Alternativa para Alemania (AfD, 12,6%), el Partido Liberal (FDP, 10,7%), el Partido de Izquierda (9,2%) y el Partido Verde (8,9%). ¿Cómo pueden interpretarse estos resultados?

En primer lugar, la elección fue un voto contra la canciller y avizora el comienzo del fin de la era Merkel. Su estrategia electoral defensiva, conocida como «desmovilización asimétrica», no funcionó. La idea fundamental consistía en no tematizar problemas centrales, adoptar soluciones del SPD en aquellos temas que fueran necesarios, y dar así la impresión de que no existían muchas diferencias entre los partidos grandes. De ese modo –pensaban los estrategas de Merkel– lograrían desmovilizar a los votantes de izquierda más que a sus propios votantes. En 2009 y 2013 esta estrategia tuvo éxito. Pero en 2017 no resultó. Las razones son claras: esta estrategia estaba asociada a un acuerdo entre Merkel y su propio partido que consistía, básicamente, en que el CDU/CSU aceptaba un proceso de modernización si Merkel garantizaba mantener el poder. Pero este acuerdo se desintegra a raíz de los últimos resultados electorales. El ala derecha del CDU/CSU, que siempre tuvo reservas contra el proceso de modernización, exige un retorno a sus principios, especialmente porque el próximo año hay elecciones en el estado de Baviera. Al mismo tiempo, la canciller no puede cambiar su curso fácilmente sin perder credibilidad. Merkel perdió, con este resultado, su aura de invulnerabilidad.

En segundo término, las elecciones llevaron a un desplazamiento hacia la derecha. Especialmente porque permitieron que un partido de extrema derecha, AfD, llegara al Parlamento con representantes que son abiertamente nacionalistas. Al mismo tiempo, este partido tiene potencial de llegar a ser una fuerza real. En los Länder (estados federados) de Alemania del Este, AfD consiguió el segundo lugar. En uno de ellos, Sajonia, obtuvo incluso la mayoría de los votos. Una interpretación del éxito de AfD es que constituye una reacción a la política de Merkel. Y por una parte es cierto: ya el nombre se formó como una respuesta a su constante declaración de que su política «no tiene alternativa». Consecuentemente, 61% de la gente votó a AfD porque está desilusionada de los otros partidos. Pero esto es solo parte de la explicación. AfD no solamente ganó votantes del CDU/CSU, sino que también logró convencer a electores que en 2013 no votaron, que votaron al SPD o a Die Linke (Partido de la Izquierda). Al mismo tiempo, el éxito de AfD coincide con el ascenso de partidos de derecha en otros países europeos y en Estados Unidos. Estos ascensos se pueden entender como una respuesta a las fuerzas de una globalización neoliberal que Karl Polanyi llamó «movimiento contrario»1.

En tercer lugar, esta elección demostró que el SPD se enfrenta a desafíos fundamentales que, si no son abordados, pueden ser letales. En el debate mediático se escuchan muchas voces que buscan en la campaña de Martin Schulz las razones del mal resultado del SPD. Algunos afirman que Schulz no estuvo suficientemente presente durante la campaña electoral en Renania del Norte-Westfalia y que, debido a la pérdida de ese importante estado, su campaña ya no se recuperó. Otros opinan que Schulz no puso suficiente énfasis en su tema predilecto, el futuro de Europa. Y, finalmente, están quienes consideran que el SPD nuca tuvo una oportunidad real de alcanzar el poder.

Estas explicaciones ayudan a entender el desarrollo de la campaña electoral. Pero no explican por qué el SPD obtuvo solamente entre 20% y 26% de los votos por tercera vez consecutiva. En las elecciones de 2002, el SPD obtuvo 38,5%; en 2005, 34,2%. Después, ya no superó el 25,7%. La pregunta principal es: ¿por qué el SPD perdió prácticamente la mitad de sus votos en 15 años y cuáles son las opciones para su futuro?

Después de estas elecciones y con un resultado históricamente bajo, para el SPD hay dos caminos posibles. El primero sería seguir como en los últimos años. Es decir, hacer buen trabajo en el gobierno, ser la «conciencia social», pero arriesgándose a no volver a ser una alternativa fundamental de izquierda. Así, el SPD probablemente perdería todavía más votos y podría sufrir el mismo destino que el Partido Socialista francés. El destino de la insignificancia.

El segundo camino posible sería una refundación del SPD como un partido de izquierda de masas contra la corriente neoliberal imperante. Para comenzar, se necesita un análisis del desarrollo económico y social de las últimas dos décadas, tratando de entender cómo la política del SPD llevó a la situación actual del partido. En 2009, justo después del clímax de la crisis financiera, el SPD perdió 11,2 puntos en las elecciones y cayó a 23 % de los votos. Este resultado y el hecho de que desde ese momento el SPD nunca más se recuperara están íntimamente ligados a la relación del SPD con el capitalismo.

La crisis financiera marca el punto culminante de la ruptura del compromiso entre las fuerzas del trabajo y del capital, compromiso que fuera forjado después de la Segunda Guerra Mundial con la ayuda de los partidos socialdemócratas. Con el auge del neoliberalismo a partir de los años 70, los mercados financieros se liberaron y globalizaron, los sindicados se debilitaron y el Estado social cambió radicalmente2. En el marco de este desarrollo, muchos partidos socialdemócratas abandonaron su posición ideológica y adoptaron parte de los dictados de la nueva economía imperante. También en Alemania, entre los años 1998 y 2005, el SPD liberalizó los mercados financieros, privatizó una parte del sistema de jubilaciones y pensiones, modificó el sistema impositivo y cambió reglas claves del mercado laboral. El SPD y otros partidos socialdemócratas no fueron los únicos que implementaron estas reformas, ni mucho menos los que les dieron el impulso inicial. El CDU/CSU, el FDP y una gran parte de la opinión publica exigían todavía muchas más reformas. Y también es cierto que en ese tiempo el SPD, junto con el Partido Verde, logró una importante apertura de la sociedad. Pero los efectos de la política económica y social adoptada contribuyeron a que los estratos sociales más débiles, que tradicionalmente estaban inclinados hacia la izquierda y hacia el SPD, votaran en gran parte a AfD en la elección de 20173.

Un concepto de la historiadora Sheri Berman ayuda a entender más sistemáticamente estos movimientos4. Ella propone que la idea original de la socialdemocracia es combinar la primacía de la política sobre el mercado con la organización democrática del Estado. Lo que sucedió en las últimas dos décadas es que muchos partidos socialdemócratas no defendieron el criterio de la primacía de la política, sino que aceptaron la primacía de un mercado global sobre ella. Y es por eso que algunos partidos de la derecha pudieron conquistar el lugar que ahora ocupan. Ellos proponen usar la primacía de la política para proteger a su nación a expensas de otras naciones, con respuestas que son fundamentalmente diferentes de aquellas de la socialdemocracia: nacionalismo contra solidaridad internacional, autoritarismo contra democracia, intolerancia contra tolerancia.

Los partidos socialdemócratas tienen que reconquistar la posición de primacía de la política sin aceptar o adoptar las políticas de los partidos de derecha. Porque difícilmente puedan expulsar a los lobos aullando como ellos. Esta reconquista implica proponer una nueva forma de organizar la globalización y de no recortar el marco de acción político, económico y social para los países que están involucrados en ella5. Y también implica redemocratizar la democracia, reduciendo radicalmente el poder que en este momento tienen los inversores institucionales sobre los países democráticos. Estos cambios necesitarán tiempo. Y los partidos de derecha, incluyendo a AfD en Alemania, no van a desaparecer de un día para otro. Pero la tarea del SPD, de los partidos socialdemócratas y de la izquierda en general, es volver a ocupar la posición que garantiza la primacía de la política sobre el mercado, combinándola con un Estado democrático, una sociedad abierta y el respeto de las minorías.



  • 1.

    Karl Polanyi: The Great Transformation. The Political and Economic Origins of Our Time, Beacon Press, 2001.

  • 2.

    Wolfgang Streeck: Gekaufte Zeit. Die Vertagte Krise Des Demokratischen Kapitalismus, Suhrkamp, 2013.

  • 3.

    Robert Vehrkamp y Klaudia. Wegschaider: «Populäre Wahlen. Mobilisierung und Gegenmobilisierung der sozialen Milieus bei der Bundestagswahl 2017», Bertelsman Stiftung, 2017.

  • 4.

    Sheri Berman: The Primacy of Politics. Social Democracy and the Making of Europe’s Twentieth Century, Cambridge University Press, 2006.

  • 5.

    Dani Rodrik: The Globalization Paradox. Democracy and the Future of the World Economy, Norton, 2012.

Pie de página