Tema central

Régimen político y estado de la democracia en Nicaragua. Procesos en desarrollo y conflictos recientes

La evolución de los regímenes políticos y el desarrollo de procesos democratizadores constituyen temas relevantes para las ciencias sociales latinoamericanas. En el caso de Nicaragua, ambos fenómenos se encuentran ligados, desde las primeras décadas del siglo XX, a la dependencia de potencias foráneas como Estados Unidos, la consolidación de una economía agroexportadora y la precaria construcción de un aparato político-administrativo. Este texto indaga sobre los nexos entre las dinámicas del régimen político y el estado de la democracia en la Nicaragua contemporánea, atendiendo especialmente a lo acaecido bajo el último gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (2006-2011) y a continuidad tras la reelección de Daniel Ortega para el periodo 2012-2017.

Régimen político y estado de la democracia en Nicaragua. Procesos en desarrollo y conflictos recientes

Para abordar de forma conjunta regímenes y procesos de cambio político, es preciso comprender el desarrollo paulatino de la capacidad estatal, en tanto elemento clave que favorece o restringe la democratización, toda vez que «determina el cuadro territorial, administrativo, humano e incluso mental de las posteriores secuencias de formación de los grupos dirigentes, así como el aumento o la limitación de la participación popular»1. Dentro de este marco analítico, la noción de régimen político resulta decisiva, pues alude al conjunto de instituciones y procesos –formales e informales– que median entre el Estado y la ciudadanía. Estos, a su vez, determinan el acceso a los cargos públicos y señalan los actores, recursos y estrategias admitidos o excluidos en dicho acceso2, en el marco de valores, prácticas y reglas específicos. De esta forma, la democracia –en tanto conjunción de un ideal normativo, un proceso sociohistórico y un régimen político que garantizan y hacen efectivos los derechos, la participación y la representación de la ciudadanía en un contexto dado3– debe comprenderse no como un diseño estático, sino como un proceso de largo aliento, plural y abierto a las contingencias4.

Procurando aprehender cómo las trayectorias particulares de los regímenes (en este caso, el nicaragüense) se conectan con los avances y retrocesos democráticos, es preciso desterrar la idea de secuencias estandarizadas para visualizar combinaciones de mecanismos específicos de democratización o desdemocratización5. Estos fenómenos son, por esencia, impactados por las convulsiones políticas internas, por las dinámicas foráneas y por la interrelación (mediada por asimetrías de poder y recursos) de actores específicos. Y el caso nicaragüense no constituye, en este sentido, una excepción.

Los procesos de democratización/desdemocratización en Nicaragua

Si queremos comprender, dentro de las trayectorias particulares de los regímenes, cuáles son los elementos que afectan las posibilidades de democratización y desdemocratización, existe un enfoque virtuoso –en su integración de matrices sociológicas y politológicas– que constituye el legado póstumo del notable investigador estadounidense Charles Tilly (1929-2008). En su libro Democracia, este autor nos invita a observar los cambios en tres dimensiones de análisis (integración de redes de confianza, niveles de desigualdad existentes e incidencia de centros de poder autónomos) que se articulan dentro del modelo analítico6, tomando siempre en cuenta las interacciones que se producen entre estos cambios. De tal forma, los avances y retrocesos democráticos no se producen, según Tilly, en secuencias estándar, sino en combinaciones de mecanismos específicos dentro de dimensiones que facilitan o dificultan el sometimiento estatal a la política pública y la influencia popular sobre esta. Estos mecanismos agrupan la aparición de redes de confianza emergentes y amplias –que relacionan segmentos de elites y excluidos– o el reforzamiento de redes pertenecientes a los grupos social y políticamente dominantes respecto a sectores populares o excluidos del poder; el fortalecimiento o la eliminación de centros de poder autónomos (burocracia estatal y líderes regionales); la ampliación o disolución de redes clientelares –a través de la política social– que inciden en el aumento o la disminución de las desigualdades; la expansión o disminución de actividades que requieren el concurso ciudadano (elecciones para la aprobación o legitimación de las autoridades); la expansión o represión de ciclos de movilización que mejoren derechos ciudadanos; el protagonismo o la contención de fuerzas militares.

El trasfondo de la incidencia de estos mecanismos en Nicaragua es el de un «Estado débil», que padece numerosos obstáculos para avanzar en la democratización, en tanto se fracasa en sujetar centros de poder autónomos (en este caso, insertos en la propia estructura estatal y la camarilla dirigente), en integrar en la política pública redes de confianza (de la propia oligarquía, así como de sectores medios y populares) y en reducir las desigualdades7 de todo signo –socioeconómicas, étnicas, políticas, etc.– presentes en el país. Aunque el proceso revolucionario iniciado en 1979 expandió como nunca antes la capacidad estatal, inició pasos democratizadores (convocatorias a elecciones y ampliación de la participación popular) y redujo las formas más agudas de desigualdad –sobre todo en el área de las políticas sociales–, (por presión externa, precariedad material y errores de sus dirigentes) profundizar de forma sostenida el proceso democratizador, por lo cual su saldo más visible y positivo ha sido el respeto a los resultados electorales adversos y la alternancia política a partir de las elecciones de 1990.

En Nicaragua, las redes de confianza existentes han sufrido el impacto de procesos desdemocratizadores. Por un lado, se ha reforzado en los últimos años el papel de movimientos religiosos y organizaciones productivas/territoriales (cooperativas) vinculadas a las iniciativas del gobierno, mientras que la situación de confrontación ha obligado a las organizaciones de la sociedad civil autónoma a defenderse del acoso gubernamental, al tiempo que se han reducido los recursos que reciben de una cooperación internacional menguante y en retirada. La Iglesia católica y las asociaciones empresariales mantienen (y en algunos casos amplían) su presencia e incidencia social, mientras que una buena parte del movimiento popular entregó su autonomía trabajosamente ganada –y la autogestión que a esta se liga– al ser subsumida en las redes clientelares del neosandinismo en el poder, que se amplían de forma selectiva para incluir a aquellos actores considerados relevantes de sectores populares y medios que estén dispuestos a sacrificar su agenda por recursos y protección oficial. Como se aprecia, la extendida pobreza, el reducido tamaño del territorio nacional y la relativa simplicidad de la estructura social nicaragüense –con una clase media poco desarrollada– facilitan que el oficialismo amplíe su labor de cooptación y control de redes tradicionales y bloquee la emergencia de otras alternativas que disputen (en el nivel simbólico o efectivo) su poder e influencia sociales, así como el lugar que ocupan los grupos dominantes dentro de la sociedad y la política locales.

  • 1. Armando Chaguaceda: politólogo e historiador. Es investigador en la Universidad Veracruzana, miembro del Observatorio Social y Coordinador del Grupo de Trabajo «Anticapitalismos y sociabilidades emergentes» del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso). Correo electrónico: <xarchano@gmail.com>.Palabras claves: democratización, sandinismo, Charles Tilly, Daniel Ortega, Nicaragua.. Bertrand Badie y Guy Hermet: Política comparada, fce, México, df, 1993, p. 92.
  • 2. Guillermo O’Donnell: Democracia, agencia y Estado. Teoría con intención comparativa, Prometeo, Buenos Aires, 2010.
  • 3. A. Chaguaceda: «El ágora infinita y las sombras de Macondo. Explorando la democracia en clave latinoamericana» en Metapolítica vol. 16 No 77, 4-6/2012.
  • 4. Laurence Whitehead: Democratización. Teoría y experiencia, fce, México, df, 2011.
  • 5. Charles Tilly: Democracia, Akal, Madrid, 2010.
  • 6. Ibíd.
  • 7. C. Tilly: ob. cit., p. 206.