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Reflexiones críticas desde Asia del Este

Durante los 60 y 70, América Latina era considerada en Asia como una región de la cual se podía aprender. En los últimos años, sin embargo, los países de Asia del Este han logrado aventajar a los latinoamericanos en casi todas las áreas. Las razones hay que buscarlas en el modelo de desarrollo impulsado en Asia, que cambió a tiempo del crecimiento centrado en el mercado interno al crecimiento orientado a las exportaciones, pero también en la inversión en recursos humanos y en la estrategia de integración, que priorizó la integracional funcional sobre la retórica. El reciente incremento del precio de las materias primas y los altos índices de crecimiento registrados en América Latina han creado una nueva oportunidad para la región, que tal vez sea la última en mucho tiempo.

Reflexiones críticas desde Asia del Este

Durante los 60 y 70, América Latina todavía era considerada en Asia como una región de la cual se podía aprender. Sus abundantes recursos naturales, su tradición occidental e incluso sus relaciones con Estados Unidos eran envidiadas por las nuevas repúblicas asiáticas, que acababan de salir del régimen colonial y que aún hoy padecen una crisis interna respecto de su identidad. Para Asia, que necesitaba con urgencia establecer vínculos con los países políticamente más influyentes y con las economías más grandes del mundo, el hemisferio occidental estaba lleno de promesas y posibilidades.

Sin embargo, a comienzos del siglo XXI el eje de los asuntos mundiales se está desplazando hacia Asia, cuyos logros gozan de reconocimiento global, como parte de una transición de la era del Atlántico a la era del Pacífico y, últimamente, a la era asiática. Los factores claves para explicar este cambio son el fin de la Guerra Fría, en el campo político, y el proceso de globalización, en el económico. En este nuevo contexto, los capitales internacionales llegaron a los mercados asiáticos como inversiones productivas y también como inversiones de cartera, lo cual generó consecuencias económicas importantes: el descenso de los precios de muchos productos debido a la competencia de Asia afectó los negocios en otras partes del mundo subdesarrollado y contribuyó fatalmente al aumento de los desequilibrios globales. Luego, la creciente demanda asiática de recursos naturales produjo la suba de algunos precios, lo que afectó positivamente a los países ricos en materia de recursos naturales y negativamente a los que carecen de ellos. En los últimos años, la economía mundial parece acercarse al riesgo de estanflación (recesión con inflación) debido a los ajustes macroeconómicos de China, la actual suba de los precios de los commodities y la depreciación del dólar. Pero esto no debería preocuparnos. Si China pierde su lugar como la gran fábrica del mundo, siempre habrá otras Chinas provenientes de Asia, como la India, Vietnam o Indonesia.

Y América Latina, ¿cuál es su lugar en este siglo globalizado? ¿Qué camino debería seguir? Estas preguntas se relacionan con otras, muy frecuentes en los ámbitos académicos y también entre el común de la gente: ¿dónde se encontraba América Latina en la segunda mitad del siglo XX? ¿Por qué Asia logró superarla en términos de desarrollo económico y social, pese a la abundancia de recursos que existe en América Latina, su situación de paz e incluso su proximidad geográfica al mayor mercado del mundo?

En un intento por proponer una estrategia para América Latina, este artículo examinará, en primer lugar, los diferentes caminos seguidos por cada región durante el siglo XX. Más tarde se analizará la estrategia promovida por Asia en la actual etapa de globalización. A continuación, se formulará una crítica al modelo de desarrollo latinoamericano desde una perspectiva comparativa, junto con algunas sugerencias acerca de la estrategia que podría seguir la región. Aunque en muchos casos es injusto hacer generalizaciones, la idea es concentrarse en las tendencias generales y asumir que las sugerencias que se incluyen aquí constituyen una perspectiva crítica formulada desde Asia del Este.

El camino asiático

Asia del Este es la región del mundo que más se ha beneficiado del crecimiento del comercio y la extensión de la globalización. Esto tiene varias explicaciones. En primer lugar, el desarrollo asiático fue de naturaleza cooperativa. Japón recuperó las bases (fundamentals) de su economía al poco tiempo de concluida la Segunda Guerra Mundial, principalmente gracias a la asistencia estratégica de EEUU durante la Guerra de Corea (1950-1953). Más tarde, en los 60, los cuatro tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong) adoptaron una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones, similar a la seguida por América Latina, con la diferencia de que en los 70 se combinó con una estrategia de industrialización orientada hacia las exportaciones, con lo cual los países asiáticos lograron cierta autonomía respecto de los grupos de presión internos. El éxito de Japón y los cuatro tigres se vinculó luego, por medio del flujo de capitales, a las nuevas regiones asiáticas emergentes: el sudeste de Asia y China. Así, el concepto de Asia del Este, que incluye el noroeste y el sudeste asiáticos, es resultado de una noción de integración regional surgida a comienzos del siglo XXI. En otras palabras, la integración regional llegó después del desarrollo de cada país y de la división regional del trabajo verificada en la práctica, no antes. En segundo lugar, el modelo de Asia del Este parte en buena medida del reconocimiento de la existencia de una crisis, en combinación con un fuerte sentimiento nacional y un firme liderazgo político. Las rivalidades históricas, la Guerra Fría y las tensiones regionales motivaron a los países asiáticos a competir y superarse entre sí. En general, el Estado estaba en manos de funcionarios profesionales reclutados mediante métodos competitivos, que lograron que la administración pública funcionara con eficacia y cierta autonomía. Aunque el modelo asiático promovió el desarrollo desde el Estado, a diferencia del modelo latinoamericano impulsó la expansión del sector privado como un segundo pilar para lograr el crecimiento.

En tercer lugar, el sector privado se atrevió a correr riesgos para desarrollar la industria nacional. Pese a estar protegido por el Estado, nunca contó con un apoyo garantizado. Las empresas tuvieron que competir con otras, nacionales aunque no internacionales, desde una etapa muy temprana, y ninguna logró monopolizar el mercado, pues el Estado nunca lo permitió. Y en una segunda etapa, cuando el Estado promovió la industrialización orientada a las exportaciones y brindó asistencia técnica a las empresas al tiempo que liberalizaba el mercado, el sector privado respondió con acciones agresivas de promoción de las exportaciones y riesgosas inversiones en el extranjero, condiciones necesarias para sobrevivir en un contexto de liberalización.