Entrevista

«Quienes quieren limitar el derecho de huelga niegan la democracia»

Sharan Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional (CSI) considera que los trabajadores no pueden ser quienes paguen el costo de la crisis internacional y pide la recuperación de una agenda progresista.

«Quienes quieren limitar el derecho de huelga niegan la democracia»

Entrevista realizada por Mariano Schuster


En la actualidad, los derechos de los trabajadores están retrocediendo debido a la crisis económica relacionada con políticas ortodoxas que están siendo implementadas en distintos países del mundo industrializado. ¿Pueden los sindicatos revertir la situación para retornar a las políticas bienestaristas que caracterizaron a Europa?

Creo que, si analizamos la crisis que hemos vivido y que aún estamos viviendo, veremos que la misma fue una crisis provocada por la avaricia del sector financiero. Hoy vivimos un proceso de retroceso en derechos vinculado, fundamentalmente, a la aplicación ortodoxa de las políticas de austeridad. Los trabajadores están perdiendo derechos de manera permanente y, en muchos casos, carecen de un salario mínimo que les permita vivir con dignidad. Para recuperar un modelo sustentable e inclusivo los sindicatos y la sociedad civil deben incidir fuertemente en las decisiones. Tienen el deber de plantear una alternativa. No debemos olvidar que los trabajadores del mundo son los hacedores y responsables de los beneficios y la productividad del sistema capitalista y, por tanto, están llamados a modificar la situación actual. Si continuamos con el modelo dominante de comercio, en el que las cadenas de abastecimiento se basan en la avaricia corporativa reproduciendo bajos salarios y trabajo inseguro, todo el sistema se hará insostenible. Esto no es aceptable para nosotros, para los trabajadores y los sindicatos. Y nosotros somos un actor central de las sociedades y, como tal, podemos generar alternativas.

¿Pero cómo pueden luchar los sindicatos si no cuentan con las fuerzas de la izquierda que sostuvieron los Estados de Bienestar durante? ¿Quién los representará políticamente?

Primero debemos recordar que los sindicatos fueron la base social fundamental para la construcción de los partidos socialistas y socialdemócratas. Es decir que fue la propia fuerza de los trabajadores la que desarrolló el Estado de Bienestar. Ese modelo permitió avances importantes y otorgó dignidad a muchos sectores postergados. En el marco internacional, los sindicatos hicieron una convocatoria muy amplia para defender un conjunto de valores que iban de la paz y la democracia hasta los derechos humanos. Queríamos el cuidado social para nuestras hermanas y hermanos, para nuestras familias y para nosotros mismos. Y, por supuesto, queríamos un salario mínimo con el cual las personas pudieran vivir dignamente. Defendíamos y defendemos el derecho al reclamo colectivo con el amparo de la ley para perseguir a las personas que explotaran a los trabajadores, abusando de sus derechos fundamentales y su seguridad.

Yo estoy convencida de que los partidos políticos que representan a los trabajadores deben ganarse su legitimidad y, para ello, en muchos casos, deben reconstruirla. Si no lo hacen, nacerán nuevos partidos. Creo que debemos reivindicar la Europa social. Esa Europa tiene una visión de paz, de democracia, de libertad. Es inclusive la visión que comparten las corporaciones que tienen responsabilidad social empresaria, respetando los derechos fundamentales y trabajando bajo la rigurosidad de la ley. Eso es lo que está en peligro. Y si no hay sociedades que respeten la ley y los derechos de los trabajadores y en las que los estándares medioambientales importen, entonces, el capitalismo se comerá a sí mismo y se volverá insostenible.

Usted ha mostrado una constante preocupación por América Latina. ¿Cómo analiza la crisis del ciclo progresista y el advenimiento de gobiernos de derecha desde la perspectiva de los derechos de los trabajadores?

Nosotros hemos estado en permanente contacto con los trabajadores de América Latina. Y, dejeme decirle, que estoy convencida de que estos trabajadores no quieren que las conquistas sociales de los últimos años les sean arrebatadas. No quieren gobiernos que reduzcan sus salarios y hagan sus vidas todavía más difíciles. No quieren ver a sus padres o a sus hijos sin cuidado social, sin educación, sin salud. No quieren ver destruidas sus necesidades, mediante las cuales pueden lograr una vida estable y segura.

Por eso, creo que se debe analizar profundamente el contexto latinoamericano actual. Sin duda ha habido errores, pero también avances muy profundos en los marcos laborales y sociales. Ahora la avaricia de la elite de las corporaciones y aquellos que han vivido de la corrupción, está en crecimiento. No obstante esto, aparentan estar ganando hoy, pero no ganarán mañana.

Recientemente, hemos visto como algunos empresarios han intentado instalar limitaciones al derecho de huelga. ¿Qué han hecho los trabajadores al respecto al interior de la Organización Internacional del Trabajo?

En principio, debemos decir que han sido los empresarios y los empleadores europeos quienes se han manifestado a favor de establecer limitaciones al derecho de huelga. Y, como sabemos, el derecho de huelga es un principio fundamental para la libertad de asociación. Si uno no tiene la posibilidad de retirarse de su trabajo, si uno sufre algún tipo de abuso, si uno trabaja bajo el exclusivo deseo del empleador, francamente, uno esta esclavizado. Eso no es ni libertad ni democracia. Por cierto que a nadie le gustan las huelgas. Ni siquiera a los trabajadores porque pierden dinero y saben que es una incomodidad para sus familias y su comunidad. Pero, al final, ese es el gran valor y el poder de la organización colectiva. El de poder manifestar la oposición a condiciones indignas de trabajo o a procesos de explotación laboral. Lo que han intentado algunos empresarios en el seno de la OIT es desconocer características de este derecho a nivel internacional. Pero los sindicatos presionamos a la Unión Europea para que tomase una posición en virtud del Convenio sobre la Libertad Sindical y la Protección del Derecho de Sindicación de la OIT que data de 1948. Allí se reconoce que el derecho de huelga y de manifestación es inalienable. Ahora, cuando ya hay gobiernos que lo admiten y que sostienen que bajo ningún punto de vista puede limitarse este derecho, vemos que los empleadores han perdido la batalla cultural. Si los empleadores fueran sensibles, tendrían que entender que estos derechos y libertades no repercuten solo sobre sus negocios y sobre los trabajadores, sino que se trata del alma de las libertades democráticas.