Tema central

¿Qué hacer con los sectores medios? Coaliciones sociales, bienestar y socialdemocracia en la periferia capitalista

En América Latina se combinan los problemas de la pobreza y la desigualdad, e incluso aquellos países con regímenes de bienestar más desarrollados suelen estar caracterizados por fisuras en la red de protección. El artículo parte de la exitosa estrategia adoptada por los países socialdemócratas escandinavos, con regímenes de protección social públicos y universales utilizados por la inmensa mayoría de la población, incluso por los sectores medios y medios altos, y analiza sus implicancias para América Latina. La conclusión es que solo mediante una coalición redistributiva amplia, que incluya a los sectores más pobres pero también a los medios, será posible mejorar la fragmentación social existente en la región.

¿Qué hacer con los sectores medios? Coaliciones sociales, bienestar y socialdemocracia en la periferia capitalista

Introducción

Gobernar con el objetivo de reducir la desigualdad en una sociedad capitalista no es una tarea sencilla. En los últimos diez años, la izquierda latinoamericana pudo comprobarlo en muchos países. Por otra parte, al problema de la desigualdad se le agrega otro, relacionado pero diferente: el de la pobreza y emergencia social. Como se trata de cuestiones distintas, una estrategia exitosa para resolver el problema de la emergencia social puede resultar por completo impotente frente a la desigualdad. Asimismo, países con niveles de desigualdad relativamente moderados pueden mostrar magros resultados en la resolución de situaciones acuciantes de pobreza y exclusión social. Claro está que estas combinaciones no son las más comunes y que por fortuna existen en otras latitudes algunos ejemplos, como el de las socialdemocracias escandinavas, que han mostrado excelentes resultados en ambos campos: han conseguido construir las sociedades más equitativas y con buenos niveles de vida asegurados a toda la población.

América Latina parece estar muy lejos de este desempeño en materia social. Los programas sociales muchas veces ni siquiera llegan a atender la emergencia más extrema. Como demuestra Fernando Filgueira, incluso aquellos países con regímenes de bienestar más desarrollados suelen estar caracterizados por fisuras en la red de protección social1. Para colmo, estas fisuras suelen estar ubicadas en la atención a los sectores sociales más vulnerables: aquellos más castigados por el mercado son también los más olvidados por las políticas sociales.

Como ya señalé, el problema de la desigualdad y el de la emergencia social son claramente diferentes. Tiendo a considerar el segundo mucho más urgente y el primero más difícil de resolver. Asimismo, entiendo que cualquier fuerza política que se considere de izquierda debe plantearse ambas cuestiones. La preocupación por ambos problemas en conjunto es la principal diferencia entre izquierda y derecha: ambas corrientes pueden coincidir, y lo hacen con frecuencia, respecto a la necesidad de resolver la emergencia social, pero la derecha no admitirá nunca la desigualdad como un problema.

Son muy pocas las sociedades capitalistas que han conseguido controlar la desigualdad. La clave de su éxito es analizada por Walter Korpi y Joakim Palme, y consiste en desarrollar regímenes de protección social públicos y universales, que son efectivamente utilizados por la inmensa mayoría de la población, incluso por los sectores medios y medios altos. Bajo estos regímenes son muy pocos los que acuden al sector privado en busca de educación, seguro social y de salud2.

Si se articula una amplia coalición social que permanece resguardada bajo el mismo paraguas de las políticas públicas, el Estado puede al menos regular la desigualdad. Construir un Estado de Bienestar con estas características le exigió a la socialdemocracia el desarrollo de algunas políticas que son particularmente favorables a los sectores medios. La socialdemocracia implementó entonces servicios de calidad y compensaciones especiales para las clases medias, de modo de atraerlas y mantenerlas dentro de la red pública de protección y evitar su salida al sector privado.

Algunos autores, como Evelyne Huber et al., afirman que esta estrategia socialdemócrata, puesta al descubierto por Korpi y Palme3, no es válida para América Latina. Advierten que, dada la estructura de clases y los regímenes de bienestar existentes en la región, no es posible desarrollar una política redistributiva de tipo socialdemócrata. La alianza entre sectores pobres y medios sería innecesaria, y hasta inconveniente4.

El razonamiento de Huber et al. es más o menos el siguiente: América Latina es una región de profundas desigualdades, con importantes sectores de la población sumergidos en la pobreza y la marginalidad. La estructura de protección social parece haberse construido de espaldas a estas mayorías, ya que en el mejor de los casos solo beneficia a porciones reducidas de trabajadores formales y sectores medios. Los gobiernos de izquierda deberían concentrar sus políticas redistributivas en beneficiar a los sectores informales y muy pobres, siempre desplazados y perjudicados. Así, se argumenta, se conseguiría redistribuir el ingreso y construir una amplia base de apoyo sociopolítico que respalde estas reformas sociales. La clave está en soltar amarras con muchos vicios e inequidades propios de la matriz de protección histórica del continente. Para estos autores, «la política de una redistribución efectiva y sustentable» pasa por desarrollar programas universales orientados a atender los riesgos básicos de los sectores bajos y medios bajos más vulnerables. Lamentablemente, estos autores no se pronuncian respecto a qué consideran una «redistribución efectiva». Como ya he dicho, lo que puede ser efectivo para reducir la pobreza puede ser inefectivo para reducir la desigualdad.

Este artículo se divide en cuatro secciones. Primero expondré la lógica de la solución socialdemócrata al problema de la desigualdad según el análisis ya señalado de Korpi y Palme. En segundo lugar, analizaré si el dilema redistributivo socialdemócrata también se verifica en los esquemas de bienestar de América Latina. En tercer lugar, repasaré cuatro razones por las cuales es peligroso que las políticas de bienestar de la izquierda ignoren a las clases medias. Finalmente, describiré brevemente cómo el dilema redistributivo socialdemócrata afecta a la izquierda en algunos países latinoamericanos.

Los sectores medios y la democracia capitalista: la paradoja redistributiva socialdemócrata

La izquierda ha debatido largamente, desde el siglo XIX, la posibilidad de articular amplias coaliciones sociales con el objetivo de reducir las desigualdades en una sociedad capitalista. Creo incluso que este ha sido uno de los temas que más profundos debates ha generado, y que la resolución más feliz ha sido la imaginada y realizada por el modelo socialdemócrata escandinavo.

Como señalan Korpi y Palme, los debates en torno de los regímenes de bienestar y la desigualdad se han focalizado en dos asuntos controversiales: a) las políticas ¿deben focalizarse en los más pobres o deben ser universales?; b) los beneficios ¿deben ser iguales para todos los ciudadanos o relacionados con sus ingresos?5

  • 1. «Tipos de welfare y reformas sociales en América Latina. Eficiencia, residualismo y ciudadanía estratificada», trabajo presentado en el xxi Congreso de la Latin American Studies Association, Chicago, 1998; y Cohesión, riesgo y arquitectura de la protección social en América Latina, Serie Políticas Sociales No 135, Cepal, Santiago de Chile, 2007, disponible en www.eclac.org/publicaciones/xml/1/29621/sps135_lcl2752.pdf.
  • 2. «The Paradox of Redistribution and Strategies of Equality: Welfare State Institutions, Inequality, and Poverty in the Western Countries» en American Sociological Review vol. 63, 10/1998.
  • 3. Ob. cit.
  • 4. E. Huber, Jennifer Pribble y John Stephens: «The Politics of Effective and Sustainable Redistribution» en Antonio Estache y Danny Leipziger (eds.): Fiscal Incidence and the Middle Class: Implications for Policy, Banco Mundial, Washington, dc, en prensa.
  • 5. Ob. cit.