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¿Por qué no hay más fuego esta vez? Claroscuros del Estado de Bienestar estadounidense

Más allá de las protestas de los últimos meses, los mecanismos estatales estadounidenses –que combinan política social con diversos tipos de control policial– parecen estar dando resultado para evitar que la crisis se transforme en movimientos de masas de trabajadores y excluidos. Este artículo analiza en detalle cómo funciona esa compleja combinación que informa sobre el Estado de Bienestar construido en Estados Unidos desde el New Deal y que no ha puesto fin a las profundas desigualdades. Basta un dato: con la tasa de encarcelamientos más alta del mundo, 2,4 millones de estadounidenses –en su mayoría afroamericanos e hispanos– estaban en prisión a finales de 2008.

¿Por qué no hay más fuego esta vez? Claroscuros del Estado de Bienestar estadounidense

Los economistas nos dicen que en junio de 2009 Estados Unidos resurgió finalmente de su peor caída desde la Gran Depresión, aunque la evidencia en ese sentido parece escasa. Un año más tarde, el desempleo alcanzaba todavía el 9,5%, y el 16,5% según la medición de mayor alcance brindada por el Departamento de Trabajo. El desempleo de largo plazo se encontraba en un récord histórico y la pobreza estaba aumentando de nuevo luego de algún descenso durante el boom de los años 90: solo entre 2004 y 2007, más de 30% de los estadounidenses fueron pobres al menos en algún momento. Como las mediciones oficiales subestiman la pobreza y estas cifras no incluyen la Gran Recesión que comenzó en diciembre de 2007, la situación seguramente fue peor.

Para 2008, 40% de los 40 millones de estadounidenses pobres eran muy pobres y sobrevivían con ingresos que estaban por debajo de la mitad del monto que marca la línea de pobreza, que entonces era de US$ 17.600 anuales para una familia de tres integrantes. De acuerdo con un nuevo Índice de Seguridad Económica, uno de cada cinco estadounidenses vio caer sus ingresos en 25% o más durante 20091. Las declaraciones personales de quiebra alcanzaron el máximo desde que se aprobó la Ley de Prevención del Abuso de Quiebra (Bankruptcy Abuse Prevention Act) en 2005, y las ejecuciones crecieron 35% entre mediados de 2009 y mediados de 2010, momento en el cual 30% de los propietarios de viviendas debían por sus casas más dinero del que estas valían, es decir que también ellos estaban esencialmente en bancarrota2. El número de personas sin vivienda alcanzó niveles récord, y entre ellas, las familias con hijos eran el sector que crecía más rápido: su cifra aumentó 30% entre 2007 y 2009. Mientras tanto, surgían asentamientos de carpas («tent cities») y otros campamentos improvisados, como ecos de las «Hoovervilles» de los años 20 y 30, y 37 millones de estadounidenses dependían de comedores populares o bancos de alimentos, versiones modernas de las colas de pobres en espera del pan gratis. Como siempre, las condiciones eran peores para los afroamericanos: para ellos, esta recesión se transformó en depresión3. Simon Schama, en ominosa referencia a la Revolución Francesa, se preguntaba en las páginas del Financial Times si el mundo se encontraba en un «momento de chispa» a partir del cual la crisis económica mundial podría estallar en una «furia social» capaz de derribar la gobernabilidad de la República4. Pero a pesar de la agitación de Schama, y no obstante algún arrebato violento ocasional, un crecimiento de las organizaciones de extrema derecha y el despliegue teatral del caucus del Tea Party, el público ha parecido curiosamente pasivo en comparación con épocas pasadas de malestar.

Es un lugar común señalar que la de EEUU es la historia laboral más sangrienta que haya tenido una sociedad occidental. En las dos primeras décadas del siglo XX, nuestra tasa de huelgas era hasta cinco veces más alta que las de otros países industrializados, y los seis años posteriores al incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist de 1911 se cuentan entre los más violentos de esa larga y oscura época5. Los años previos y los que siguieron al incendio albergaron un despliegue caleidoscópico de activismo: farmers que hacían campaña a favor de la reglamentación de los ferrocarriles; pobladores urbanos que luchaban por agua limpia y leche en buen estado, o por parques y lugares de esparcimiento o iluminación para las calles; mujeres –negras y blancas, del Norte y del Sur– que participaban en movimientos de reforma política, social y cultural, desde aquellos en reclamo del sufragio –o contrarios a él– hasta cruzadas contra el alcohol, ligas de consumidoras, reformadoras que organizaban casas de acogida para inmigrantes, activistas gremiales y nativistas antiinmigración. Las empresas se organizaron para obtener más poder e influencia sobre el gobierno y sobre los trabajadores, mientras que los trabajadores hacían campaña para lograr jornadas más cortas, salarios más altos y condiciones de trabajo más seguras. Esos años frenéticos presenciaron grandes avances. Solo entre 1917 y 1920 los estados promulgaron 400 nuevas leyes de protección social: hubo medidas sobre pensiones para madres, compensación para trabajadores y seguros de desempleo, códigos de vivienda y de salud y seguridad en el lugar de trabajo, esfuerzos en favor de la protección infantil, proyectos de obras públicas y leyes referidas al salario y a las horas de trabajo. En vísperas de la Depresión, uno de cada diez estadounidenses recibía ayuda pública o privada6. Y muchas de estas innovaciones tuvieron su origen en las acciones de hombres y mujeres pobres y de la clase trabajadora, insatisfechos con su situación y movidos por la desesperación y la indignación.

¿Por qué hoy no sucede lo mismo? Si hemos experimentado la peor crisis económica desde la Depresión, ¿por qué no hemos visto una agitación similar? Con 250.000 veteranos durmiendo en las calles durante el curso de un año, un porcentaje de familias de militares que dependen de vales de alimentos que duplica el de los civiles, y tasas de suicidio crecientes entre el personal militar, ¿dónde estuvo el Bonus Army moderno, marchando sobre Washington como en 1932 y reclamando lo que se les debe? Mientras la cifra oficial de desempleo se acercaba a 20% entre los varones negros (y superaba el 40% entre los de 16 a 19 años), ¿por qué no hubo ciudades en llamas? Los progresistas lucharon por la justicia social; ¿por qué nosotros no7?

Podríamos comenzar a responder recordando que los progresistas no eran totalmente progresistas. Muchos hilos del tapiz progresista fueron esfuerzos de autopreservación de los poderosos, intentos de desacelerar el cambio y mantener todo lo que fuera posible del antiguo orden social, político y económico en un mundo en proceso de industrialización y urbanización. Shelton Stromquist atribuye al movimiento el mérito de haber legitimado la idea de que la lucha de clases no es una batalla que se debe pelear y ganar, sino una que se debe resolver mediante negociación, acuerdo e intervención estatal limitada y benigna. Muchas innovaciones progresistas no significaron una expansión de derechos, sino una contracción. Por ejemplo, las reformas electorales: las nuevas reglas de inscripción de votantes, la introducción del voto secreto y las elecciones no partidistas y por distrito único –todas ellas promulgadas en nombre del Buen Gobierno– en última instancia expulsaron a los inmigrantes recientes de la política municipal. La consolidación del poder corporativo a fines del siglo XIX es un sello distintivo del progresismo temprano, en la misma medida que los esfuerzos por minimizar los efectos disruptivos de esa consolidación; y los intentos de regular los negocios a menudo desplazaron la supervisión desde las legislaturas hacia los funcionarios públicos, alejando el poder del control democrático y llevándolo en dirección a las trastiendas, donde las empresas podían «capturar» más fácilmente los organismos designados para controlarlas.

  • 1. Los datos de la Oficina de Estadísticas del Trabajo (Bureau of Labor Statistics) están disponibles en www.bls.gov/cps. Los datos de pobreza de la Oficina del Censo de Estados Unidos están disponibles en www.census.gov/hhes/www/poverty/poverty.html, y el Índice de Seguridad Económica puede consultarse en www.economicsecurityindex.org. V. tb. Sara Murray: «Chronic Joblessness Bites Deep» en Wall Street Journal, 2/6/2010.
  • 2. V. www.federalreserve.gov/releases/housedebt; «Consumer Bankruptcy Filings Up 14 Percent Through First Half of 2010», 2/7/2010, disponible en <www.abiworld.org/am /Template.cfm?Section=Home&template =/cm/ContentDisplay.cfm&contentid =61270>; Alex Veiga: «Foreclosure Rates Surge», Associated Press, 15/4/2010; y www.calculatedriskblog.com/2010/07/negative-equity-breakdown.html.
  • 3. V. Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de eeuu: «The 2009 Annual Homeless Assessment Report to Congress», junio de 2010; Jesse McKinley: «Cities Deal with Surge in Shantytowns» en New York Times, 25/3/2009; James Mabli, Rhoda Cohen, Frank Potter y Zhanyun Zhao: «Hunger in America 2010: National Report Prepared for Feeding America», Mathematica Policy Research, Princeton, nj, enero de 2010; y Orlando Patterson: «For African-Americans, a Virtual Depression–Why?» en The Nation, 19/7/2010.
  • 4. S. Schama: «The World Teeters on the Brink of a New Age of Rage» en Financial Times, 22/5/2010, disponible en www.ft.com/cms/s/0/45796f88-653a-11df-b648-00144feab49a.html.
  • 5. Philip Taft y Philip Ross: «American Labor Violence: Its Causes, Character, and Outcome» en Hugh Davis Graham y Ted Robert Gurr (eds.): The History of Violence in America: A Report Submitted to the National Commission on the Causes and Prevention of Violence, Frederick A. Praeger, Nueva York, 1969; v. tb. Robert Justin Goldstein: «Political Repression of the American Labor Movement During Its Formative Years-A Comparative Perspective» en Labor History vol. 51 No 2, 5/2010.
  • 6. Michael Katz: In the Shadow of the Poorhouse: A Social History of Welfare in America, Basic Books, Nueva York, 1996; James T. Patterson: America’s Struggle Against Poverty, 1900-1994, Harvard University Press, Cambridge, ma, 1994.
  • 7. V. www.nationalhomeless.org/factsheets/veterans.pdf; Bryan Mitchell: «More Troops Relying on Food Stamps» en Military.com, 22/7/2009, www.military.com/news/article/more-troops-are-relying-on-food-stamps.html; Jamie Tarabay: «Suicide Rivals the Battlefield in Toll on us Military» en npr.org, www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=127860466, 17/6/2010; Sylvia Allegretto, Ary Amerikaner y Steven Pitts: Black Employment and Unemployment in June 2010, uc -Berkeley Labor Center, Berkeley, ca, 2/7/2010.