Coyuntura

Peculiaridades de un multilateralismo austral. Argentina en el Consejo de Seguridad 2013-2014

Los gobiernos kirchneristas han dotado a la política exterior argentina de tres características propias que podrían influir en su desempeño como miembro no permanente del Consejo de Seguridad: la búsqueda de nuevos mercados y alianzas no tradicionales, un posicionamiento prioritario de América Latina en la agenda política y la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas. Además, Argentina se posiciona claramente a favor de una reforma sustantiva del Consejo de Seguridad que elimine el derecho a veto. Es decir, una reforma que no solo modifique la cantidad de miembros permanentes y no permanentes, sino que también cambie de forma cualitativa el mecanismo de toma de decisiones.

Peculiaridades de un multilateralismo austral. Argentina en el Consejo de Seguridad 2013-2014

Argentina es el segundo país del mundo que más veces ha ocupado un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad. En las ocho oportunidades anteriores que formó parte del máximo órgano ejecutivo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el país acompañó con su votación afirmativa resoluciones de relevancia para la organización, que reflejan una suerte de «fórmula» equilibrada entre el reconocimiento del principio de no injerencia en los asuntos internos de un Estado –traducido esto en una concepción más bien «tradicional» de la soberanía y la seguridad– y la reivindicación del rol y la responsabilidad de la comunidad internacional en el mantenimiento de la paz, el desarrollo y el respeto a los derechos humanos más allá de las fronteras nacionales. En efecto, si se analiza de forma solo cuantitativa la participación de Argentina, se advierte que una vez alcanzada la instancia de votación, el país acompaña positivamente las decisiones de la organización. A saber, de las 595 resoluciones votadas en los ocho periodos en que participó Argentina, 588 recibieron votos a favor y ninguna en contra. A lo largo de seis décadas de participación en el máximo órgano deliberativo de la ONU, Argentina ha cooperado positivamente en la toma de decisiones colectivas no solo desde la acción concreta de emitir su voto a favor, sino también contribuyendo de forma activa y constructiva al debate.

Agenda y prioridades de Argentina para 2013-2014

Ejes de las gestiones Kirchner-Fernández de Kirchner (2003-2013). El actual gobierno se autodefine como continuador de un proyecto «nacional y popular», iniciado el 25 de mayo de 2003 con la asunción del presidente Néstor Kirchner (2003-2007). Signada por el imperativo de tener que lidiar con las consecuencias de la debacle económico-financiera que llevó al país a una crisis social y de gobernabilidad coronada con la declaración de default a finales del año 2001, la primera gestión de Kirchner tuvo en materia de política exterior al menos tres elementos distintivos, cuya continuidad se advierte en los dos mandatos siguientes, a cargo de su esposa Cristina Fernández (2007-2011 y 2011 a la actualidad). Estos son: a) fuerte cuestionamiento y demanda de reforma de los organismos multilaterales de crédito; b) alejamiento de las fuentes tradicionales de financiamiento y búsqueda constante de nuevos mercados comerciales; c) giro hacia América Latina, en línea con los nuevos liderazgos surgidos en el Cono Sur, que priorizan las realidades locales y cuestionan discursivamente a Estados Unidos (esto se refleja, por ejemplo, en la alianza político-económica con la Venezuela del presidente Hugo Chávez).

En consecuencia, cabe afirmar que la política exterior argentina de los últimos diez años se encuentra marcada por una fuerte vocación de autonomía económica y política y por la reivindicación de la condición austral y sudamericana del país. Austral en el sentido geoestratégico –lo que explica la renovación del reclamo por las Islas Malvinas, que se analizará a continuación– y sudamericana en el sentido de posicionamiento político-ideológico en línea con la corriente de centroizquierda y nacionalista de los liderazgos de la región, como lo evidencia la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en 2008 –cuyo primer secretario general fue, justamente, el ex-presidente Kirchner– y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en 2011. Ambos organismos se caracterizan por reivindicar la identidad regional, tal y como expresa la Declaración de Caracas.

Agenda internacional actual: desafíos macroeconómicos e impacto político. En 2012 y los primeros meses de 2013, Argentina elevó su perfil en tres aspectos claves de su agenda internacional: la negociación de su deuda externa con los denominados «fondos buitres»; la ruptura del statu quo con Irán con relación al atentado terrorista sufrido en el país en 1994 –cuya autoría se adjudica al movimiento Hezbollah, con financiamiento de esa nación islámica–; y una renovación de la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas. Todo esto se enmarca en un contexto local de fuerte polarización política, elecciones legislativas a fines de 2013 e interrogantes sobre la continuidad del modelo político vigente.

- Deuda externa: holdouts y perspectivas macroeconómicas. La paulatina y extraordinaria recuperación económica que experimentó Argentina entre 2004 y 2010, con tasas de crecimiento que alcanzaron hasta 9,2% anual, se desarrolló en paralelo a una inédita renegociación de la deuda con tenedores de bonos privados. Esto dio como resultado que cerca de 93% de esos tenedores aceptaran una quita de 65% del monto original adeudado. Sin embargo, Argentina aún mantiene un frente de confrontación con fondos privados que han demostrado capacidad de acción en ámbitos públicos; esto limita la capacidad del país no solo de disponer de sus bienes soberanos, sino principalmente de poder acceder a créditos para la financiación de la debilitada economía del país.

Con una proyección de crecimiento de alrededor de 3,1% (0,5% por debajo de la proyección del Fondo Monetario Internacional –FMI– para América Latina), un índice de inflación que lleva 90 meses en dos dígitos, cuestionables medidas de control de precios y un manejo poco claro de las estadísticas oficiales –que le han costado al país una reciente moción de censura por parte del FMI–, las proyecciones macroeconómicas son desalentadoras para 2013. En ese sentido, resulta crucial la apertura de nuevos mercados, una dimensión de la política exterior que ha comenzado a adquirir mayor relevancia en los últimos meses, con misiones a países africanos y asiáticos, históricamente lejos del mapa de socios comerciales del país.

Si bien existen estudios que prueban que aquellos Estados que ocupan un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad tienen más y mejores oportunidades de obtener financiamiento internacional, lo cierto es que tales trabajos se centran en el rol de las instituciones multilaterales de crédito, un ámbito de endeudamiento que Argentina ha marginado sistemáticamente desde el año 2003 (al inicio, por incapacidad financiera, y a partir de 2005 por el pago de la deuda al FMI). Un aspecto en el que esta prioridad de la agenda argentina podría verse reflejada en el lineamiento del país en el Consejo de Seguridad es la capacidad de influencia que su voto pueda tener en el comportamiento de países en los cuales se elevan los reclamos de la deuda, especialmente EEUU.