Opinión

Paraísos fiscales: ¿enemigos o aliados del «capitalismo serio»?

Las actuales regulaciones para los paraísos fiscales no solo contienen evidentes fallas, sino que son diseñadas e impuestas por los mismos países desarrollados que los sostienen.

Paraísos fiscales: ¿enemigos o aliados del «capitalismo serio»?

Mientras la mayoría de las personas no pueden escapar de los impuestos, la austeridad, la mala gestión gubernamental, las crisis económicas o una devaluación, un grupo de individuos ricos, empresas multinacionales y hasta ciertos criminales, logran sortear las vicisitudes de la política y la economía con mucha más soltura y libertad. Para ello cuentan con un complejo sistema que incluye a facilitadores (abogados, contadores, escribanos y planificadores fiscales y sucesorios), al sistema financiero (bancos, aseguradoras, entidades de inversión), al sistema legal local (fallas o lagunas legales en los derechos tributario y societario) y, especialmente, a un complejo entramado internacional de paraísos fiscales.

En el imaginario popular, potenciado por la mala traducción del término inglés tax haven (refugio fiscal), se asocia el término «paraíso fiscal» con una isla paradisíaca en el Caribe, por ejemplo las Islas Caimán. Pocos reconocen, sin embargo, que muchos de los países más ricos e importantes son los principales paraísos fiscales. Las Islas Caimán, por ejemplo, no constituyen un país soberano, sino un «territorio de ultramar» (dependiente) del Reino Unido. La ingenua visión relativa a los paraísos fiscales no es casual: está potenciada por los mismos organismos internacionales y listas nacionales de «jurisdicciones no cooperantes», que suelen apuntar únicamente a pequeñas islas paradisíacas, omitiendo señalar como integrantes del mismo «sistema» a los países poderosos.

En contra de esta visión parcial, el Índice de Secreto Financiero (Financial Secrecy Index) publicado por la organización Tax Justice Network, demuestra objetivamente cómo y por qué los principales responsables globales de los flujos financieros ilícitos generados por la corrupción, el narcotráfico, la evasión o la elusión fiscal incluyen, además, a muchos de los países desarrollados como Estados Unidos, Suiza, el Reino Unido, Luxemburgo o Singapur, entre otros.

Individuos y empresas involucrados en actividades ilegales recurren a los paraísos fiscales no necesariamente por su tasa de impuesto baja o nula, sino por la opacidad que éstos ofrecen. Al fin y al cabo, la corrupción o el narcotráfico no siempre buscan evitar el pago de impuestos, sino que muchas veces se esfuerzan por ocultar el origen de su dinero ilícito o reingresarlo al mercado formal, en el marco de operaciones de lavado de dinero.

Los paraísos fiscales suelen ofrecer secreto en dos niveles, uno directo y otro indirecto. El primero se basa en el secreto respecto de la tenencia o propiedad de activos. El ejemplo más conocido es el secreto bancario. El nivel indirecto de secreto consiste en ofrecer a individuos esconder su identidad detrás de entidades legales. El objetivo de proceder de esta manera es que, en caso de que las autoridades descubran que una entidad (por ejemplo, una sociedad anónima) estuvo involucrada en una actividad ilegal, el individuo responsable logrará mantenerse a salvo dado que nunca será identificado. Ejemplos de formas de alcanzar esta opacidad indirecta, consisten en esconderse detrás de un testaferro (llamado técnicamente nominee shareholder o accionista nominal). En muchos países, especialmente dependientes del Reino Unido, es completamente legal y común utilizar a accionistas nominales para no registrar al verdadero dueño de la entidad. Otros mecanismos consisten en crear tipos de entidades que no requieren inscribirse para existir como tales, o que aun si deben registrarse (como sucede en general con las sociedades comerciales y otras personas jurídicas), que no sea necesario registrar a todos los tipos de socios o miembros (por ejemplo, a veces se requiere registrar a los socios con responsabilidad ilimitada, pero no a aquellos con responsabilidad limitada). Alternativamente, puede requerirse registrar a los primeros fundadores de las personas jurídicas, no así a los nuevos dueños que adquirieron sus derechos a partir de una ulterior transferencia de acciones. Muchos paraísos fiscales se caracterizan también por ofrecer títulos al portador, donde el dueño es una persona que no se identifica, pero posee el título o la acción en sus manos.

La oferta de opacidad puede relacionarse con actividades ostensiblemente ilegales: ocultar ingresos provenientes de la corrupción o el narcotráfico, financiamiento del terrorismo, lavado de dinero o evasión fiscal. Esta última consiste en no pagar los impuestos debidos (por ejemplo por no declarar los bienes que se poseen o la ganancia generada en el extranjero, aun si ésta es de origen lícito). Sin embargo, los paraísos fiscales suelen ofrecer otro servicio, especialmente para las empresas multinacionales, que consiste en la elusión fiscal. Dicha actividad no implica evitar el pago de impuestos mediante el ocultamiento, sino mediante el aprovechamiento de la normativa tributaria internacional (tratados para evitar la doble imposición, reglas de residencia fiscal, etc.), así como sirviéndose de las lagunas legales que dejan normas redactadas de buena fe o, en algunas oportunidades en forma deliberada, con el objetivo de reducir o eliminar la necesidad de pagar impuestos. Las empresas multinacionales logran alcanzar este resultado, en general sin violar ninguna norma en forma ostensible (siempre que la norma sea analizada individualmente y en forma literal, sin atender a su espíritu u objetivo). Otras veces, aunque la conducta resulta claramente ilegítima resulta muy difícil obtener la evidencia para probar que los precios o las transacciones intra-grupo económico no se ajustan a las que se realizarían entre partes independientes. Sin embargo, analizando la normativa globalmente, es decir en su conjunto o indagando en el espíritu o finalidad de las normas, resulta obvio que no fueron diseñadas para ser aplicadas de esa forma. En otras palabras, más allá de las dificultades técnicas que pueda entrañar entablar acciones legales contra estas empresas multinacionales, resulta indudable que las leyes en las que fundan su proceder, no estaban pensadas para que las empresas más poderosas del mundo no paguen impuestos por las actividades que realizan o las ganancias que obtienen.