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​«Ni populistas, ni conservadores» Dilemas y desafíos del socialismo democrático argentino

El recorrido histórico del Partido Socialista en Argentina muestra algunos elementos comunes a las experiencias –y tensiones– que transitó la socialdemocracia en América Latina: cómo posicionarse frente a las experiencias populistas sin dejarse absorber por un republicanismo democrático genérico, que desdibuja todo perfil socialista. Eso lleva a repensar a quiénes les hablan los socialistas y a (re)construir conexiones con el mundo popular y de los movimientos sociales, así como con otras corrientes de la izquierda actual.

​«Ni populistas, ni conservadores» / Dilemas y desafíos del socialismo democrático argentino

Hace pocas semanas hubo elecciones presidenciales en Argentina. En ellas, una coalición liderada por Propuesta Republicana (pro), un partido de centroderecha de formación relativamente reciente, se impuso por estrecho margen al Frente para la Victoria (fpv, kirchnerista), la fuerza que dominó la política nacional por más de una década. Entre los derrotados en los comicios se hallaba un Partido Socialista (ps) que, tal como sucediera en el pasado, no logró incidir en un escenario polarizado en torno de la oposición populismo-antipopulismo. En este artículo, intentaremos pensar los desafíos que hoy afronta el ps argentino a la luz de su trayectoria histórica. Luego de señalar una tensión que cruzó las filas socialistas desde sus primeros años –si identificarse como partido obrero o partido de ciudadanos–, abordaremos la posición adoptada por el socialismo frente a las distintas experiencias populistas, señalando cómo en el enfrentamiento con ellas, sobre todo con el peronismo, el ps acentuó la dimensión cívica y universalista de su prédica. A continuación, daremos cuenta de las profundas transformaciones que el espacio de la izquierda argentina experimentó tanto a fines de la década de 1950 como durante los años 80, transformaciones que produjeron un proceso de división y reunificación del espacio socialista, para luego analizar el modo en que un «renacido» ps se colocó frente a los gobiernos kirchneristas. El artículo se cierra planteando las alternativas que, imaginamos, los nuevos tiempos políticos abren para el crecimiento de una fuerza socialista.

De partido obrero a partido de ciudadanos

El ps argentino nació a fines del siglo xix como resultado de un proceso de articulación de un conjunto de centros socialistas y sociedades gremiales que reunían a trabajadores inmigrantes. Hasta entrado el siglo xx, y a pesar de que progresivamente el control del partido pasó a manos de un núcleo de intelectuales encabezado por Juan B. Justo, mantuvo su identificación como representante de los intereses obreros y el rechazo a los discursos que diluían la identificación de clase en un genérico interés nacional. Ya el «Manifiesto electoral» con el que el ps concurrió por primera vez a los comicios en 1896 declaraba: «Fundamentalmente distinto de los otros partidos, el Partido Socialista Obrero no dice luchar por puro patriotismo, sino por sus intereses legítimos; no pretende representar los intereses de todo el mundo, sino los del pueblo trabajador, contra la clase capitalista opresora y parásita»1.

La cita merece dos comentarios. El primero es que en el vocabulario socialista la apelación amplia al «pueblo» aparecía limitada por los calificativos «obrero» y «trabajador», lo que dificultaba la inclusión de sectores no estrictamente identificados con la clase obrera. El segundo es que, a partir de 1900 y especialmente después de la sanción de la Ley Sáenz Peña –la cual, al establecer el voto secreto y obligatorio, amplió el universo de representación política, lo que derivó en el triunfo electoral de la Unión Cívica Radical (ucr) y también en el crecimiento del ps–, los socialistas combinaron su inicial interpelación clasista con apelaciones universalistas a «los ciudadanos» o a «los consumidores». Con el paso del tiempo, la prédica socialista fue pasando de la interpelación obrerista, no siempre despojada de un corporativismo estrecho, a un discurso universalista que apelaba a la «ciudadanía» en su conjunto. Sin embargo, como lamentaba José Aricó en vena gramsciana2, su discurso no avanzaría en la construcción de una interpelación nacional-popular que superara el particularismo proletario para ligar al inicial destinatario obrero con otros sectores que se oponían al bloque dominante encabezado por los grupos terratenientes.

El ps y los movimientos populistas

La combinación entre el discurso clasista y el cívico, planteado en clave civilizatoria, tendría una clara expresión en la consigna con que el ps buscó posicionarse ante la primera experiencia populista de la historia argentina: «Ni barbarie yrigoyenista, ni reacción conservadora». Si el discurso civilizatorio distanciaba a los socialistas de un movimiento que consideraban atávico y personalista como el que seguía al líder radical Hipólito Yrigoyen, la clave social hacía imposible que coincidieran con fuerzas como el Partido Conservador que, denunciando esa «barbarie yrigoyenista», organizarían el primer golpe de Estado de la historia argentina. Los socialistas permanecieron «solos contra todos» –tal como rezaba otra de sus consignas– en una casi imposible tercera posición, rechazando las conspiraciones golpistas y a la vez pidiendo la renuncia de Yrigoyen.

La posición del ps ante el segundo movimiento populista, el peronismo, fue diferente. Aunque recibió con expectativa la revolución de junio de 1943, un nuevo golpe de Estado que venía a terminar con los fraudulentos regímenes conservadores, el socialismo pronto se colocó en la oposición a un gobierno revolucionario del que denunciaba la política represiva y la presencia de sectores nacionalistas a los que identificaba con el fascismo y el nazismo. Tal caracterización inicial estuvo lejos de ser abandonada cuando la figura de Juan D. Perón, de creciente relevancia dentro del gobierno militar, impulsó una política que contemplaba muchas de las reivindicaciones sociales que el ps había sostenido por décadas. Por el contrario, el socialismo vio en el «obrerismo» de Perón un elemento que lo emparentaba con el fascismo. Fue así como, bajo la dirección intelectual de Américo Ghioldi, el ps diluyó aún más la perspectiva social en un discurso cívico modulado en clave liberal, y denunció la política social emprendida por el gobierno militar, y luego por el régimen peronista que lo sucedió, como un intento de sobornar a los sectores populares para que se sometieran a un gobierno totalitario3. Hacia fines de los años 40, el uso del concepto «totalitarismo», que incluía nazismo y fascismo pero también comunismo, permitía acentuar la crítica a un gobierno que, tal y como se señalaba respecto del estalinismo imperante en la Unión Soviética, se presentaba como representante de los trabajadores pero reforzaba su sumisión. Esta mirada hizo que el ps leyera toda política de conciliación con el peronismo como defección, y aun traición. Una evaluación más matizada de los significados del peronismo solo iba a comenzar a producirse después de la caída de Perón en 1955.

  • 1.

    En La Vanguardia, 29/2/1896.

  • 2.

    J. Aricó: La hipótesis de Justo. Escritos sobre el socialismo en América Latina, Sudamericana, Buenos Aires, 1999, p. 229.

  • 3.

    Sobre la interpretación socialista del peronismo, v. Carlos Herrera: «¿La hipótesis de Ghioldi? El socialismo y la caracterización del peronismo (1943-1956)» en Hernán Camarero y C. Herrera (comp.): El Partido Socialista en Argentina: sociedad, política e ideas a través de un siglo, Prometeo, Buenos Aires, 2005; R. Martínez Mazzola: «Nacionalismo, peronismo, comunismo. Los usos del totalitarismo en el discurso del Partido Socialista argentino (1946-1953)» en Prismas. Revista de Historia Intelectual No 15, 2011, pp. 105-125.