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Narco.estética y narco.cultura en Narco.lombia

Lo narco no es solo un tráfico o un negocio; es también una estética, que cruza y se imbrica con la cultura y la historia de Colombia y que hoy se manifiesta en la música, en la televisión, en el lenguaje y en la arquitectura. Hay una narcoestética ostentosa, exagerada, grandilocuente, de autos caros, siliconas y fincas, en la que las mujeres hermosas se mezclan con la virgen y con la madre. A lo mejor, argumenta el artículo, la narcoestética es el gusto colombiano y también el de las culturas populares del mundo. No es mal gusto, es otra estética, común entre las comunidades desposeídas que se asoman a la modernidad y solo han encontrado en el dinero la posibilidad de existir en el mundo.

Narco.estética y narco.cultura en Narco.lombia

Mucho se habla de lo narco como una ética pero su mejor autenticidad es estética. La verdad, los narcos molestan por sus gustos, pero su dinero nos hace bien. ¿Pero qué hacer cuando toda una sociedad se comporta de modo narco? Asumir que les tenemos envidia porque ellos y ellas sí tienen el dinero y el atrevimiento social para exponer su gusto ostentoso, exagerado y desproporcionado. Asumir que ellos y ellas sí fueron capaces de elevar su gusto a estatus social del éxito. Reconocer que pasaron de nosotros, los supuestamente ilustrados. Pasaron de nosotros y eso jode. De entrada lo digo, criticar la narcoestética es un acto de arrogancia burguesa. Por lo tanto, esta no es una crítica pero tampoco una celebración, es un dar cuenta.

Cocalombia

Charly García vino a Bogotá en 2005 y alborotó nuestro nacionalismo light cuando dijo: «Saludos, Cocalombia». Nuestro orgullo quedó maltrecho, las señoras bien de Colombia es pasión, la campaña para vender la marca país en el exterior, quedaron muy molestas. Ahora han puesto stickers en los baños de los restaurantes que dicen que «hablar mal de Colombia es muy feo y de mal gusto». ¡Pura moralina light! Lo de Charly fue una provocación y un reconocimiento: somos la nación de la coca y del gusto narco. Ni modo así venimos siendo.

Da pudor, mucha pena y hasta bronca reconocerlo. Y es que nosotros, los colombianos, andamos muy preocupaditos por la buena imagen. La verdad, somos un territorio marca narco no por la coca sino por cómo nos comportamos y lo habitamos, desde el presidente hasta quien escribe este texto. Lo narco es una estética, pero una forma de pensar, pero una ética del triunfo rápido, pero un gusto excesivo, pero una cultura de ostentación. Una cultura del todo vale para salir de pobre, una afirmación pública de que para qué se es rico si no es para lucirlo y exhibirlo. El método para adquirir esta cultura es solo uno: tener billete, armas, mujeres silicona, música estridente, vestuario llamativo, vivienda expresiva y visaje en autos y objetos. Ah… ¡y moral católica!

Narco.lombia

Por estos días (mayo, 2009) en Colombia cerca de 70% de los compatriotas están muy felices porque nos gobierna el presidente Álvaro Uribe. Y él, justamente, es el símbolo, el ícono, el relato de la Narco.lombia. Un gusto que privilegia como expresión del colombiano, en palabras del escritor Héctor Abad Faciolince, los carros, las fincas, el cemento, los caballos, los edificios estridentes, la música ruidosa, la moda exótica y la tecnología ostentosa. Si uno oye y ve al presidente Uribe en acción, uno encuentra que esos son los valores que pregona; ha llegado a decir que leer y ver cine es de burgueses bogotanos. Reconoce que no tiene tiempo de leer y que al cine fue por última vez a los siete años, a ver El llanero solitario. Desde entonces él cree que es el llanero solitario en las montañas de Colombia.

El periodista colombiano Juan Fernando Tabares publicó el libro Estoy cargado de tigre1, que reúne 400 frases polémicas del presidente Uribe en su vida política, la mayoría de ellas pronunciadas en tono enérgico, acalorado o explosivo. El libro trae frases como «No soy guayabita que le guste a todos», o la que pronunció ante un grupo de jóvenes evangélicos sobre el sexo: «Hay que guardar el gustico para después del matrimonio», o lo que dijo a uno de sus súbditos en palacio: «Estoy muy berraco con usted y si lo veo, le voy a dar en la cara marica». Por lo menos es auténtico y verdadero. No cita ni siquiera a García Márquez.

El escritor y periodista más escuchado en la actualidad, Gustavo Álvarez Gardeazábal, escribió en 1995 en la revista Número que «el narcotráfico era una revolución cultural» que requería «el Napoleón que la consolidara (…) quien pusiera orden (…) y legitimara el cambio de valores, ese cambio de la moral del pecado por la moral del dinero». Y llegó Uribe y lo hizo mejor, porque juntó la moral del pecado con la moral del dinero, ideología con-fusión. Él es la moral, él y sus valores son la verdad por encima de toda ley y Constitución. El dinero no le preocupa, para eso están sus hijos y sus colaboradores, los nuevos millonarios en Colombia.

Hace más bien «bastantico», usando los diminutivos que le encantan, cuando Uribe era joven de colegio, cuenta Héctor Abad Faciolince en su bellísimo testimonio El olvido que seremos –la obra literaria más vendida y aplaudida del siglo XXI colombiano, que va en la 20ª edición–, que el joven Uribe intentó seducir y enamorar a su hermana, y que ella lo rechazó. «Para Vicky», de un tal Álvaro Uribe, muy bajito, que se moría por ella, pero ella no por él, porque le parecía muy serio y, sobre todo, muy bravo. «Como usted no me hace caso», le dijo el hombre una vez, «la voy a cambiar». Y puso «Vicky» a su mejor yegua, porque a él le gustaban los caballos sobre todas las cosas, y entonces decía «ahora monto en Vicky todas las semanas»2. Esta breve historia demuestra que nuestra narco.cultura siempre ha estado con nosotros, sobre todo en la región antioqueña, y que es auténtica, como es auténtico el presidente.

Narco.cultura

El mismo escritor, ensayista y columnista de El Espectador, Héctor Abad Faciolince, se preguntaba en 1995 en la revista Número: «¿Asistimos en Colombia a una narcotización del gusto?». Y se contesta que no, que los mafiosos han puesto en acto el mal gusto de la burguesía colombiana. «Esta siempre ha querido lo mismo de los mafiosos (…) Quisiéramos que el mal gusto fuera monopolio cultural de los mafiosos. Qué va. Su mal gusto es un vicio nacional.» En 1995, con este texto de Abad Faciolince, nacieron en Colombia los estudios de la narco.cultura, sobre la base de una estética marcada por dos gustos: el nuevo rico norteamericano y el montañero rico colombiano o antioqueño.

Y es tan «auténticamente» colombiana porque manifiesta que los colombianos nos sentimos realizados el fin de semana en la finca, porque nuestro mayor placer está en dar órdenes y tener quien nos obedezca. Un valor más de la narco.cultura: el mayordomear, el dar órdenes. «Mientras los burgueses quieren ser poderosos haciéndose ricos, nosotros queremos ser poderosos dando órdenes», escribe Mauricio García, profesor de la Universidad Nacional y columnista de El Espectador3.

  • 1. Intermedio, Bogotá, 2007.
  • 2. Planeta, Bogotá, 2006, p. 149.
  • 3. «Gente para mandar» en El Espectador, 8/5/2009.