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Movilizaciones estudiantiles en Venezuela. Del carisma de Chávez al conflicto en redes

La ola de protestas estudiantiles iniciada en Venezuela en febrero de 2014 ofrece continuidades y rupturas frente a la tradición movimientista del país. La principal novedad ha sido la emergencia de un conflicto altamente descentralizado y en red, como consecuencia de la ausencia del liderazgo carismático de Hugo Chávez, la crisis de representación en el sector opositor y el uso intensivo de redes sociales ante el avance de la hegemonía comunicacional bolivariana. El contexto de las protestas ha sido la crisis económica y la conmoción ocasionada por el asesinato de una actriz de telenovelas, que detonó el malestar por la situación de inseguridad experimentada en el país.

Movilizaciones estudiantiles en Venezuela. Del carisma de Chávez al conflicto en redes

Desde el 4 de febrero pasado, una ola de protestas sacude Venezuela. Según estimaciones de las ONG Provea y Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), por lo menos 800.000 personas se han movilizado en 16 estados del país entre febrero y marzo, mediante estrategias múltiples que van desde marchas, concentraciones, vigilias, cadenas humanas, rezos colectivos, «pancartazos», músicos en la calle, asambleas e intervenciones de arte callejero hasta la modalidad de cierre de calles denominada «guarimba», potencialmente violenta e insurreccional1. El secretario general de Amnistía Internacional (AI), Salil Shetty, afirmó que «la gente se echó a la calle para protestar contra los altos niveles de inseguridad y criminalidad y la falta de productos y bienes esenciales»2. Al momento de escribir este artículo, la fiscal general Luisa Ortega Díaz declaró que hechos relacionados con las manifestaciones ocasionaron 39 fallecidos y 608 lesionados. La propia AI estimaba en su reporte que más de 500 personas resultaron heridas y más de 2.000 fueron detenidas3. Por su parte, el gobierno de Nicolás Maduro denunciaba ser víctima de un golpe de Estado, que intentaría repetir los hechos de abril de 2002 –cuando por algunas horas fue derogada la Constitución y se autoproclamó como presidente un empresario de nombre Pedro Carmona Estanga–, y calificaba las manifestaciones como «derechistas-fascistas» y «manipuladas por los partidos políticos opositores».

La actual situación venezolana se resiste a los análisis simplistas y maniqueos. La profundidad de la crisis económica acumulada –el país cerró 2013 con una inflación de 56,2%, según los datos oficiales del Banco Central de Venezuela– ha catalizado la propia crisis política que, en gran medida, es consecuencia de la desaparición física de Hugo Chávez, fallecido en marzo de 2013, en torno de cuya figura orbitaron tanto su proyecto como los esfuerzos de sus detractores. El paso de una gobernabilidad con el «Comandante-presidente» vivo a una gobernabilidad con «El Supremo» mitificado pero ausente signa la transición del chavismo al poschavismo. La historiadora Margarita López Maya lo resume así: «Cuando muere un líder carismático de esa magnitud, lo que queda atrás es un cuadro administrativo mediocre y desorientado. Tenemos una elite que estaba allí no por sus habilidades políticas o gerenciales, sino porque eran leales al caudillo. Y cuando muere buscan afanosamente cómo mantener ese control sobre el poder y cómo legitimar un nuevo gobierno»4.

El actor más relevante en el reciente ciclo de manifestaciones es el movimiento estudiantil crítico del gobierno del presidente Maduro. Diferentes mediciones realizadas durante el mes de marzo lo ubican como el sector con mayor popularidad del conjunto de gremios locales. La encuestadora Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) –cuyos estudios anteriores han sido citados y legitimados por el gobierno bolivariano– estimó que la frase que mejor describía la intención de las protestas era «Protesta pacífica liderada por estudiantes reclamando la inseguridad y la crisis económica que vive el país», con 50,4% de las respuestas, muy por encima de «Parte de un plan orquestado entre la oposición y fuerzas extranjeras para darle un golpe de Estado al presidente» (12,8%) y «Protestas que solo buscan sacar a Nicolás Maduro de la Presidencia sin atender otra solicitud de la sociedad» (7,3%). En el mismo estudio, el «movimiento estudiantil» fue la institución con el desempeño mejor evaluado. Sumando los porcentajes de las respuestas, «Muy buena» y «Buena» aparecen con 51,5%, por encima de Medios de Comunicación (35,9%) y Fuerza Armada Nacional Bolivariana (31,5%)5.

En este texto perfilaremos estadísticamente a la juventud venezolana y aportaremos algunos elementos que describen el movimiento estudiantil previo y posterior a 1999, fecha de la llegada del bolivarianismo al poder. Finalmente, caracterizaremos el conflicto protagonizado por los estudiantes críticos del gobierno de Maduro según la teoría de redes, mediante una conversación con Iria Puyosa, profesora de la Maestría en Comunicación Política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)-Ecuador y de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), cuya línea de investigación actual es comunicación política y sociedad en red.

La juventud venezolana: algunos datos

Según los resultados del XIV Censo Nacional de Población y Vivienda realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la población del país para 2011 estaba constituida por 28.946.101 personas, con un componente eminentemente joven, con mayor cantidad de población entre los 10 y los 24 años y una media de edad, para el total de la población, de 27 años6. Por su parte, la Segunda Encuesta Nacional de Juventudes, realizada por el Ministerio del Poder Popular para la Juventud en 2013, estableció que existían 4.094.199 jóvenes entre los 15 y 25 años, de los cuales 79% se encontraba estudiando. De ese universo, 67% cursaba estudios en instituciones públicas. En el estudio, 77% de los consultados aseguró su intención de quedarse en Venezuela después de obtener un título universitario y 15% aseguró que dejó de estudiar por falta de recursos económicos, mientras que 14% lo hizo por embarazo. Sobre la ocupación laboral, 30% se encontraba trabajando y otro 30% estudiaba sin trabajar, mientras que 9% estudiaba y trabajaba de manera simultánea. Además, 64% expresó su deseo de tener un trabajo diferente del que desempeñaba en ese momento. La edad promedio del nacimiento del primer hijo se ubicó en 19,9 años. A la pregunta acerca de los principales problemas del país, 23% respondió «inseguridad», 20%, «inflación, costo de la vida» y 16%, «desabastecimiento y escasez de productos». La institución mejor valorada en la encuesta fueron las universidades (18%), mientras que los partidos políticos fueron seleccionados por el 6%7.

Estos resultados pueden ser contrastados con el diagnóstico realizado por el Proyecto Juventud de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Sobre la escolaridad, 65% asistía a planteles públicos, mientras que 35% lo hacía a privados. En el rango de 20 a 24 años, 30,4% de los varones abandonó los estudios debido a la necesidad de trabajar, mientras que la deserción entre las mujeres fue de 16,5%. 35% trabajaba, 31% solo estudiaba, 11% trabajaba y estudiaba y 23% no estudiaba ni trabajaba. Respecto a la situación del país con relación a dos o tres años atrás, 51% la percibía «peor que antes» y 27%, «igual». Coincidiendo con la encuesta anterior acerca de los principales problemas del país, 59% respondió «escasez de alimentos»; 53%, «inseguridad»; 44%, «pobreza» y 42%, «inflación». Sobre los principales problemas que los afectan en lo personal, 46% refirió «inseguridad pública»; 36%, «problemas económicos» y 33%, «falta de oportunidades laborales». Sobre sus opiniones políticas, 69% prefería la democracia a cualquier otro sistema de gobierno. Sin embargo, 40% afirmaba estar no muy satisfecho con el funcionamiento de la democracia y 25%, nada satisfecho. Sobre su posicionamiento político, 33% se declaró partidario del chavismo, 27%, en posiciones opositoras y 27%, en ninguna de las anteriores8.