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México: el crepúsculo del PRD

Las referencias a la crisis del Partido de la Revolución Democrática (PRD) son un lugar común entre la opinión pública y, al mismo tiempo, conforman un rompecabezas para el análisis político. En los últimos años, este partido-movimiento que surgió de las entrañas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y en 2006 quedó a las puertas de colocar en la Presidencia a Andrés Manuel López Obrador sufrió profundas mutaciones. Las multitudinarias protestas antifraude contribuyeron a ampliar su base popular, pero hoy el prd se enfrenta a un «empate catastrófico» entre la Nueva Izquierda y el obradorismo, y este último tiende a proyectarse cada vez más hacia fuera del partido.

México: el crepúsculo del PRD

Bajo el rubro del sentido común, la crisis del Partido de la Revolución Democrática (PRD) se manifiesta desde hace años como sentencia, acompañada de sentimientos de regocijo, indiferencia, resentimiento, rabia o lamentación. Ampliamente aceptada, esta idea general aparece y reaparece con fuerza cada vez que, dentro de este partido, emergen contrastes y divisiones entre grupos y facciones, cuando algún resultado electoral cuantifica un retroceso, una inconsistencia política resalta una pérdida de identidad opositora o un escándalo revela lagunas éticas y vicios morales propios. Al margen de la circunstancialidad singular y particular, esta sentencia adquiere un carácter general y permanente por extensión de la multicitada crisis de los partidos políticos o de la política en general, otra convención discursiva asentada mediáticamente en la opinión pública, detrás de la cual proliferan sesudas interpretaciones politológicas y sociológicas, así como críticas «movimientistas» y «sociedadcivilistas», izquierdistas o ultraliberales. Por otra parte, en un sentido particular, la crisis del PRD se traduce y se confunde con la pretendida crisis de la izquierda, atribuyéndose al PRD la representación de este sector político o simplemente operándose una generalización y una simplificación por lo menos cuestionable.

Si la idea de crisis remite a una patología y proyecta la idea de enfermedad y la posibilidad de la muerte, la muchas veces anunciada y siempre postergada muerte del PRD como institución política obliga a preguntarse si la enfermedad no se convirtió en un estado crónico y, por ende, en una forma de vida, un proceso en el cual lo patológico se traslapa con lo fisiológico, o si realmente es el anuncio de la muerte o un sinónimo de agonía. La primera hipótesis parece pertinente para entender la trayectoria del PRD desde su fundación en 1989 hasta 2006. La coyuntura actual, entre 2006 y 2011, plantea otro desafío interpretativo que puede ser atendido acudiendo a la idea de crisis como acontecimiento histórico, es decir, del fin de un ciclo de vida ligado al papel histórico del PRD, a las razones de su nacimiento y de su arraigo. En este sentido, en los últimos años, el PRD como proyecto histórico, como movimiento político, parece haber muerto, más allá de que sobreviva un instituto político con este nombre.

Dimensiones de la crisis

A la par de los altibajos electorales, las divisiones internas, los desaciertos de sus gobiernos locales y las contradicciones de su conducta política, la manifestación más sobresaliente y contundente de la crisis del PRD radica en la percepción negativa socialmente generalizada que se fue plasmando en los imaginarios y las representaciones sociales. En la construcción de una imagen perversa del PRD, junto con las experiencias y percepciones directas de los ciudadanos, no podemos dejar de señalar el papel que cumplieron los medios de comunicación de masas –en su gran mayoría adversos a esta institución partidaria–, en tanto fomentaron y garantizaron la formación, la difusión y la generalización de esta apreciación a lo largo de los años. Al mismo tiempo, al margen del agigantamiento mediático, es revelador y sintomático que la idea de crisis del o en el PRD sea reconocida por sus mismos integrantes y simpatizantes, a tal punto que el último congreso partidario –en diciembre de 2009– fue considerado de «refundación», lo cual expresa un nítido rechazo hacia el estado presente del partido, un deseo de volver a empezar que alude a un pasado virtuoso y se proyecta hacia un futuro purificador. Esto confirma que el «reflejo» externo, aun en su distorsión mediática, corresponde a un fenómeno interno: un conjunto de tensiones y contradicciones que se sintetizan en la forma y el diagnóstico de la crisis.

Rebasando el plano de las representaciones sociales y abrevando en los escasos estudios especializados sobre el PRD, el análisis sociopolítico de su crisis resulta, por distintas razones, escurridizo y resbaloso1. Por el hecho de ser un proceso en curso y por la ambigüedad conceptual propia de la noción, la crisis acaba siendo un fenómeno difícil de caracterizar y periodizar en el contexto de la historia de este partido.

Una posible aproximación puede arrancar justamente de la problemática apertura semántica del concepto de crisis y del consenso sobre la necesidad de una refundación como extremo recurso de salvación. En este sentido, descifrar las tensiones que recorren el PRD implica interrogarse sobre su naturaleza en relación con las distintas acepciones de la noción de crisis entendida como alteración de un equilibrio, una tensión transformadora, potencialmente destructora y, en última instancia, el aviso de una posible muerte. Por otra parte, la refundación alude a un renacimiento, un retorno a la inocencia perdida, un deseo que expresa tanto la vuelta al pasado como un proyecto de futuro, ambos afincados en un malestar en relación con el presente. Si asumimos que la crisis es un fenómeno que emerge, que no es constitutivo de la normalidad, su carácter extraordinario nos obliga a contrastar un momento de equilibrio con la perturbación del orden, la salud con la enfermedad2. Ubicar el nacimiento de la crisis como patología puede permitir distinguir el momento en que adquirió carácter fisiológico y se volvió ordinaria y por lo tanto consustancial a la existencia misma del partido.

Los rasgos originarios

Los orígenes nos proporcionarán un punto de partida desde el cual evaluar la profundidad de una transformación que acabó siendo definida como involución y crisis. Una crisis, como toda transformación, puede medirse en términos comparativos, en relación con una situación inicial, con un estado originario.

El PRD nació de una crisis política, de la crisis de otro partido que era el alter ego del Estado. En otros términos, una crisis estatal, una grieta del pacto de dominación, parió al PRD. Como es sabido, entre 1986 y 1988 el desprendimiento de la Corriente Democrática del Partido Revolucionario Institucional (PRI), encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, suscitó la simpatía de importantes sectores populares y de organizaciones de la llamada «izquierda social» y confluyó con la izquierda comunista agrupada en el Partido Mexicano Socialista (PMS), una parte del trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y otras formaciones políticas menores sin registro electoral. De esta convergencia sociopolítica surgió la campaña electoral opositora más importante, hasta ese entonces, de la historia del país, centrada en la demanda democrática pero condimentada con reivindicaciones nacional-populares en pleno ascenso del neoliberalismo, todavía encubierto bajo el tecnicismo de «ajuste estructural». El recurso extremo al fraude electoral dejó en evidencia que la magnitud de este fenómeno de disidencia política y oposición social desbordó el aparato de control político priísta. La movilización popular y ciudadana fue el factor disruptivo que hizo «caer el sistema» y forzó las rutinas de reproducción institucional. Frente a la disyuntiva entre el enfrentamiento y el reflujo, desde las cabezas dirigentes surgió la idea de la institucionalización del movimiento: la fundación del PRD como instrumento político de disputa hegemónica3.

  • 1. Estudios que, por cierto, no llegan a analizar lo ocurrido a partir de 2006. Ver Adriana Borjas Benavente: Partido de la Revolución Democrática. Estructura, organización interna y desempeño público: 1989-2003, Gernika, México, df, 2003, 2 vols.; Víctor Hugo Martínez González: Fisiones y fusiones, divorcios y reconciliaciones: la dirigencia del Partido de la Revolución Democrática (1989-2004), Plaza y Valdés, México, df, 2005; Francisco Reveles Vázquez: Partido de la Revolución Democrática: los problemas de la institucionalización, Gernika, México, df, 2004; Enrique Semo: La búsqueda. 1. La izquierda mexicana en los albores del siglo xxi y 2. La izquierda y el fin del régimen de partido de Estado, Océano, México, df, 2003-2004; Igor Vivero Ávila: Desafiando al sistema. La izquierda política en México. Evolución organizativa, ideológica y electoral del Partido de la Revolución Democrática (1989-2005), Porrúa, México, df, 2006.
  • 2. Sin asumir como inevitable, inexorable y lineal el pasaje entre Estado naciente e institucionalización, no podemos desconocer que la tensión que recorre el ciclo de vida de un movimiento o un partido político se disloca sobre una línea que puede visualizarse a partir de la contraposición entre los rasgos originarios y su transformación en el tiempo, en el asentamiento y la consolidación organizacional.
  • 3. Ver M. Modonesi: La crisis histórica de la izquierda socialista mexicana, Juan Pablos / ucm, México, df, 2003.