Tema central

Megaminería transnacional e invención del mundo cantera

La corporación transnacional de la megaminería instituyó su discurso global con vistas a la Cumbre de Johannesburgo, en 2002, casi una década después de la expansión de las inversiones extranjeras directas, los procesos de liberalización interna y las renuncias jurídicas de países de la región en beneficio del sector. Por el poder de sus actores y el carácter multiescalar de su dominio, ha conformado desde entonces un orden del discurso, el del «desarrollo sustentable» y la «minería responsable». Este artículo analiza la «fundación» de este dispositivo de invención extractiva y retóricas estratégicas que tanto entidades de financiamiento como actores regionales y de gobierno esgrimen para justificar la sobreexplotación de la naturaleza, al tiempo que se refuerza la subordinación de los gobiernos al poder del capital.

Megaminería transnacional e invención del mundo cantera

El tipo de naturaleza que estemos en condiciones de producir en los próximos años tendrá potentes efectos sobre formas sociales emergentes e incluso nuevas. Cómo produzcamos la naturaleza aquí y ahora constituye un fundamento crucial de cualquier utopismo dialéctico. Y cómo elaboremos el problema discursivamente también resulta crucial, ya que es un elemento constituyente del momento imaginativo mediante el cual se pueden elaborar visiones alternativas. David Harvey, Espacios de esperanza1Tanto la explotación como la acumulación del capital son simplemente imposibles sin la transformación de la multiplicidad lingüística en modelo mayoritario (monolingüismo), sin la imposición de un régimen monolingüe, sin la constitución de un poder semiótico del capital.Maurizio Lazzarato, Políticas del acontecimiento2

Sobre el discurso global

La indagación sobre la construcción hegemónica de consenso extractivista –del que participan corporaciones y Estados– y las disputas valorativas que animan los asimétricos conflictos que crispan la región latinoamericana ante el avance de la megaminería nos condujeron a las actas fundacionales de un discurso global3. Relatorías, informes, diversos códigos, manuales de «buenas prácticas», revistas internacionales sobre la minería a gran escala, entre otros, componen la poderosa discursividad del sector, para imponer la agenda transnacional del «desarrollo gracias a la minería responsable». Entre fines de los años 90 y comienzos del milenio, con ellos se inauguraba una colonización discursiva, con eficacia pragmática y simbólica, es decir, jurídico-normativa, epistémica y cultural.

Esta discursividad ha sido producida, gestionada e instituida por agencias que denominamos sedes –lugar autorizado, en latín, las cuales remiten a instituciones globales que representan a la corporación minero-metalífera y definen las políticas de acción para expandir sus intereses a escala planetaria. Las redes con las que constituyen un entramado para la dominación y el control de imaginarios, narrativas, retóricas y semánticas del «desarrollo», así como regímenes de visibilidad y percepciones relativas al actor, la industria y la actividad extractivos corresponden, más estrictamente, a los procesos multiactoriales y multiescalares que caracterizan, en el escenario contemporáneo, la producción, circulación y campo de efectos a los que están llamadas las representaciones hegemónicas4. Se destaca en estos procesos el rol de los think tanks neoliberales y sus redes global-locales («glocales»).

Estas producciones corporativas circulan desde 2002, hace poco más de una década, desde talleres propiciados por las empresas auríferas más grandes del mundo, luego nucleadas con otras extractivas, para abarcar bajo su poder también matrices energéticas y el mercado de piedras preciosas, en el Consejo Internacional de Minería y Metales (IMMC, por sus siglas en inglés).

Aquí abordamos, como fragmento de la genealogía discursiva dominante, la «fundación» de esa invención semiótica con vistas a la Cumbre de Johannesburgo en 2002, pues desde entonces la IMMC se legitimó como interlocutor válido a escala global y procuró revertir su ominosa reputación con eficacia, para ingresar y direccionar la «cuestión minera» en las agendas de distintas entidades de financiamiento y atravesar con su fuerza las de los gobiernos. Este es el acto instituyente del «mito del origen» que no cesa.

Conviene, de modo somero, caracterizar este discurso por sus rasgos y funcionamiento, pues es la matriz común del discurso institucional de todas las empresas y porque provee las retóricas que «hablan» desde los gobiernos hasta las instituciones de mediación simbólica –prensa, fundaciones del sector, publicaciones de y para el sector–; restringe así el campo de lo enunciable y lo «argumentable» para la toma de decisiones sobre la megaminería.

Maquinaria instituyente, dislocación de las democracias

El discurso corporativo se legitima con el significante «minería responsable» de eficacia glocal, que participa del carácter del discurso-fórmula del «desarrollo sustentable». Corresponde por ello a las «nuevas palabras del poder» –aquellas mediante las cuales el poder financiero, político y mediático interviene en el espacio público a distintas escalas, se legitima e impone su ideología–. Como afirma Pierre Durand, se hacen olvidar como formas ideológicamente marcadas5. Por la asimetría fundacional de su lugar de enunciación global, la dispersión de su circulación, los contextos pragmáticos y los niveles de usos –políticos, económicos, gubernamentales, publicitarios, etc.–, el discurso corporativo ha constituido un verdadero «orden del discurso». Y presenta una dominante estructura concesiva: frases como «disponer de los recursos, sin olvidar el compromiso con las generaciones futuras»; «explotar el subsuelo, sin afectar la sustentabilidad del medio ambiente», etc., integran el repertorio de las expresiones más trilladas que atraviesan todos los discursos del poder. Esta estructura es un operador de neutralización de la conflictividad, de enmascaramiento de las luchas de intereses y de elipsis estratégicas respecto de las asimétricas disputas valorativas y conflictos, que se busca imponer como «consenso». Asimismo, en el discurso proextractivo domina el lenguaje técnico, que propicia el desplazamiento del discurso político al experto y se ejerce bajo la modalidad de un discurso de autoridad que, procurando el efecto evidencia, ejerce una violencia apaciguada, y es por ello un formante de los dispositivos de gobernanza (governance) y control social.

Esta somera caracterización del discurso hegemónico remite entre sus condiciones de posibilidad a la desoberanización y la gubernamentalización de los dispositivos institucionales y normativos, y es elocuente respecto a un significativo corrimiento de las instancias de legitimación de la toma de decisiones, que en conjunto contribuyen a reducir las respuestas y las resistencias en virtud de un supuesto «desplazamiento del control» que los destinatarios de las políticas públicas serían capaces de ejercer6. Por otro lado, este discurso forma parte de una maqueta de democracia de eficacia –capaz de empalmar los «intereses» y de «resolver los problemas»– y de una democracia de la eficiencia. En síntesis, procura la inmunización del conflicto mediante la apertura de canales de «negociación», supuestos esquemas de cooperación y de negociación compartida, en esquemas híbridos de «decisión colaborativa». El discurso técnico atraviesa estratégicamente las relaciones entre capitalismo y democracia, por un lado, y entre ecología y extractivismo, por otra.

  • 1. Mirta Alejandra Antonelli: licenciada en Letras Modernas, magíster en Sociosemiótica y doctora en Letras. Es docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (unc) y directora de un proyecto sobre los dispositivos hegemónicos de la megaminería (Secyt, unc).Palabras claves: corporaciones transnacionales, discurso técnico, megaminería, narrativas gubernamentales de legitimación, operadores regionales.. Akal, Madrid, 2007.
  • 2. Colección Nociones Comunes, Tinta Limón, Buenos Aires, 2006.
  • 3. M. Antonelli: «(Geo)Graphien transnationalen Bergbaus. Alte Strategien der Dominanz» en Lateinamerikas koloniales Gedächtnis. Vom Ende der Ressourcen, so wie wir sie kennen, Rainer Hampp, Múnich, en prensa; M. Antonelli: «Minería transnacional y dispositivos de intervención en la cultura. La gestión del paradigma hegemónico de la ‘minería responsable y sustentable’» en Maristella Svampa y M. Antonelli (eds.): Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales, Biblos, Buenos Aires, 2009, pp. 51-102.
  • 4. De manera sistemática desde 2008, se llevan adelante en redes regionales prominería programas con participación de sociólogos y antropólogos, además de comunicadores, inversores y representantes de entidades del sector, para la obtención de datos del informante nativo a partir de la pregunta «¿Cómo ven los actores la minería?». Las respuestas se buscan tanto en grupos rurales y pueblos indígenas como en vecinos de ciudades y localidades próximas a las explotaciones.
  • 5. P. Durand (dir.): Les nouveaux mots du pouvoir. Abécédaire critique, Aden, Bruselas, 2007; Alice Krieg-Planque: «La formule ‘développement durable’: un opérateur de neutralisation de la conflictualité» en Langage et Société No 134, 2010/4, pp. 5-29.
  • 6. Sandro Chignola: «A la sombra del Estado. Governance. Gubernamentalidad. Gobierno» en César Altamira (comp.): Política y subjetividad en tiempos de governance, Waldhuter, Buenos Aires, 2013, pp. 401-431.