Tema central

Más allá de El Barrio. La diáspora puertorriqueña hacia Florida

Durante los 90, el estado de Florida reemplazó a Nueva Jersey como la segunda concentración de inmigrantes puertorriqueños en Estados Unidos. La diáspora boricua en la Florida, donde los cubanos han predominado por décadas, permite repensar las identidades culturales en el contexto de relaciones interétnicas cada vez más complejas y ofrece una oportunidad única para examinar hasta qué punto está surgiendo una afiliación común entre los inmigrantes de América Latina. Este ensayo explora sus patrones de asentamiento, características socioeconómicas, Identidades raciales, incorporación política y prácticas culturales.La dispersión de la población boricua tiene consecuencias de largo alcance para las identidades de los inmigrantes, así como para su progreso socioeconómico.

Más allá de El Barrio. La diáspora puertorriqueña hacia Florida

Introducción

Después de la Segunda Guerra Mundial, el éxodo masivo de puertorriqueños se dirigió principalmente hacia la ciudad de Nueva York y otras áreas metropolitanas del nordeste y el Medio Oeste de Estados Unidos. Para el año 2004, la Oficina del Censo estimó que casi la misma cantidad de puertorriqueños residía en el territorio continental estadounidense (3.874.322 personas) que en la isla (3.894.855). Sin embargo, desde la década de 1960, los migrantes puertorriqueños se han dispersado ampliamente. Durante los años 90, el estado de Florida reemplazó a Nueva Jersey como la segunda concentración de boricuas en EEUU: la población de este origen se duplicó a casi medio millón de personas. La población puertorriqueña de la Florida ha crecido espectacularmente: pasó de poco más del 2% de todos los boricuas de EEUU en 1960 a más del 14% en 2000. Según estimaciones del censo, el número de residentes puertorriqueños de la Florida aumentó de 482.027 en 2000 a 656.299 en 2004 (US Census Bureau 2005). Los puertorriqueños representan actualmente el segundo grupo más numeroso de hispanos en la Florida, después de los cubanos, y el más numeroso de la Florida central, particularmente en el área metropolitana de Orlando. En el año 2004, uno de cada cinco hispanos en la Florida era de origen boricua.

Varios factores explican la dispersión de los migrantes puertorriqueños, y en especial su desplazamiento desde Nueva York hacia la Florida. Para empezar, la reestructuración económica de la ciudad de Nueva York: el declive de sectores de la manufactura liviana, como la del vestido, socavó el bienestar material de los trabajadores boricuas, que en los 60 se concentraban en esas industrias. En segundo lugar, nuevas oportunidades de empleo atrajeron a los puertorriqueños hacia otros lugares en el nordeste, el sur y el oeste. En tercer término, el menor costo de vida y la ausencia de impuestos estatales sobre los ingresos impulsaron a muchos a mudarse a la Florida. En cuarto lugar, numerosos residentes de la isla se desplazaron al exterior buscando una mejor «calidad de vida». Finalmente, la rápida expansión de la población hispana ha convertido a la Florida en un lugar ideal para los puertorriqueños, que la consideran más cercana geográfica, cultural y lingüísticamente a la isla que Nueva York y otros estados del norte (Aranda).

La «puertorriqueñización» de la Florida forma parte de la diversificación de la población hispana en EEUU, así como del surgimiento de nuevas categorías étnicas entre los inmigrantes y sus descendientes, más allá de «nuyorican», tales como «florirrican», «orlando-rican» y hasta «diaspo-rican» (esta última en referencia a todos los puertorriqueños de la diáspora). Tales etiquetas híbridas confirman la pertinencia de los contextos locales en la formación y la transformación de las identidades de los inmigrantes y en sus crecientes distinciones con los residentes de la isla. Al mismo tiempo, las diferencias entre los nacidos en la isla y aquellos nacidos en el continente plantean cuestiones con una alta carga emocional: por ejemplo, quién tiene derecho a reclamarse parte de la nación puertorriqueña y cómo validar ese reclamo cultural y políticamente. La diáspora boricua en la Florida, donde los cubanos han predominado entre los hispanos por décadas, es terreno fértil para repensar las identidades culturales en el contexto de relaciones interétnicas cada vez más complejas. Ofrece, sobre todo, una oportunidad única para examinar hasta qué punto está surgiendo y arraigándose una afiliación compartida entre los inmigrantes de América Latina.

Estados, ciudades y condados antes dominados por un solo grupo de origen hispano –puertorriqueños en Nueva York, cubanos en Miami o mexicanos en Los Ángeles– han recibido recientemente un mayor influjo de personas de otros países latinoamericanos: dominicanos en Nueva York, nicaragüenses en Miami y salvadoreños en Los Ángeles. Así pues, cada uno de estos lugares ha experimentado una mayor variedad cultural. La pregunta política crucial es si los nuevos inmigrantes forjarán alianzas más amplias con otros latinos, partiendo de sus afinidades geográficas, históricas, lingüísticas y culturales; si afirmarán sus orígenes nacionales distintivos y lazos transnacionales con sus países de origen; o si combinarán ambas estrategias. Varios estudiosos han comenzado a examinar esta cuestión en barrios urbanos pobres como El Barrio (también conocido como «Harlem hispano») en Manhattan; la sección de Corona en Queens; el Near Northwest Side y Pilsen en Chicago; y la Pequeña Habana en Miami (v., entre otros, Dávila; De Genova/Ramos-Zayas; Pérez; Ricourt/Danta; Stepick et al.). En estos vecindarios étnicos, la inmigración combinada de diversos países latinoamericanos está contribuyendo a reconfigurar las comunidades nacionales y transnacionales. Sin embargo, aún está por verse si los inmigrantes abrazarán una identificación supranacional, tal como «hispano» o «latino».Este ensayo explora la diáspora puertorriqueña contemporánea hacia la Florida, especialmente hacia las áreas metropolitanas de Orlando, Tampa y Miami. Mi tesis es que la dispersión de la población boricua más allá de sus centros tradicionales tiene consecuencias de largo alcance para las identidades de los inmigrantes, así como para su progreso socioeconómico. Como demostraré más adelante, las comunidades puertorriqueñas de Orlando, Tampa y Miami difieren sustancialmente de sus contrapartes de Nueva York, Chicago y Filadelfia, no solo en sus orígenes socioeconómicos y patrones de asentamiento, sino también en sus modos de incorporación económica, política y cultural. En gran medida, la experiencia boricua actual en la Florida es inédita, sobre todo en comparación con las oleadas previas de migrantes de la isla hacia el continente.

Patrones de asentamiento

La distribución geográfica de los puertorriqueños en EEUU durante las últimas cuatro décadas ha sufrido cambios importantes. Aunque los inmigrantes todavía se concentran en el estado de Nueva York, su proporción disminuyó de casi tres cuartas partes del total en 1960 a menos de una tercera parte en el año 2000. De manera correspondiente, la proporción de puertorriqueños ha aumentado en otros estados, especialmente en la Florida, Pensilvania, Massachusetts, Connecticut y Texas. Las estadísticas censales confirman que gran parte de la diáspora boricua se ha desplazado de su núcleo original en Nueva York.