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Legados, política y consenso desarrollista

¿Cuáles son las condiciones para la adopción de estrategias de desarrollo en América Latina en tiempos posneoliberales? Luego de una breve discusión sobre desarrollo y crecimiento económico, el artículo examina el rol de las instituciones y las elites políticas en la capacidad de generar proyectos nacionales sustentables, y analiza el rol de los actores empresariales y sociales. No existe la posibilidad de un retorno del Estado omnipresente del pasado, pero tampoco es posible seguir negando el rol del sector público como ocurrió durante los 90. En definitiva, una propuesta de desarrollo nacional requiere el concurso de todos los sectores relevantes como requisito ineludible para revertir la desigualdad y la marginalidad de América Latina.

Legados, política y consenso desarrollista

Introducción

En los últimos años se observa en América Latina el surgimiento de gobiernos caracterizados por su rechazo a las políticas neoliberales y la defensa de una mayor intervención del Estado en la órbita económica. Este giro ideológico ha revitalizado la discusión sobre la nueva agenda pública y ha puesto el desarrollo nuevamente en el centro del debate, abriendo a su vez un espacio novedoso para la política. En este artículo se analiza la importancia de las instituciones y la política para la elaboración de una nueva agenda de desarrollo y para la generación de un ámbito propicio para la puesta en marcha de los vectores de tal agenda. Consideramos el desarrollo como un proceso endógeno, de carácter social, económico y político, que se da dentro de los Estados nacionales en permanente puja de poder con otros Estados, regiones y organismos multilaterales, lo que genera una tensión permanente y de difícil resolución. Por otro lado, antes que disminuir la importancia de la política, el desarrollo la potencia, teniendo en cuenta que los ejes constituyentes de cualquier proyecto que se torne hegemónico deben trasladarse al ámbito nacional en forma de leyes, reglamentaciones y formatos de políticas públicas. En ese sentido, las elites no pierden su importancia estratégica y la política conserva poder decisorio1.

Estado y vectores de desarrollo

En América Latina, los estudios sobre desarrollo y subdesarrollo se multiplicaron estimulados, desde la creación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), por el pensamiento estructuralista, para luego afrontar un ocaso tras la crisis de los modelos de sustitución de importaciones. El giro en la orientación ideológica de la gran mayoría de los gobiernos de la región, en parte como respuesta a la crisis económica y de legitimidad que provocó el proyecto neoliberal, revitalizó la discusión sobre conceptos claves en el campo de los estudios sobre desarrollo, como el papel del Estado y de los actores económicos, políticos y sociales en los proyectos socioeconómicos, la relación entre política y economía y el rol de las instituciones, entre otros.

El cambio de época y la conquista del poder por parte de partidos y coaliciones que centran su gobierno en la revitalización del aparato estatal han dado lugar al surgimiento de un nuevo modelo de desarrollo que, aun cuando recupera elementos del discurso estructuralista de posguerra de la Cepal2, es claramente diferente: combina el valor de la intervención estatal con un respeto por la estabilidad monetaria, en gran parte producto del temor al retorno a la espiral inflacionariaque sufrió la región durante la década de 1980. En abierta oposición a la idea neoclásica que niega el espacio del Estado nacional apelando a supuestos actores racionales que procuran maximizar individualmente beneficios, el discurso neodesarrollista revitaliza el aparato estatal como agente principal del desarrollo.

Este discurso se nutre tanto del debate académico como de las experiencias históricas. En cuanto a la fractura epistémica que se produce, se asienta en una oposición entre los defensores de la visión neoclásica y un nuevo discurso aún en formación. Los primeros plantean una naturalización de la perspectiva ortodoxa de maximizar beneficios por la vía del mercado, insistiendo en la tesis de que los pobres resultados en materia de crecimiento se deberían a que las reformas no avanzaron lo suficiente. El discurso opuesto enfrenta críticas tanto desde los sectores neoclásicos, autistas ante los pobres resultados de las experiencias neoliberales, como desde la izquierda radical, escéptica en relación con la posibilidad de recuperar las capacidades estatales como factor de desarrollo.

Se observa, de este modo, una aparente contradicción entre una perspectiva favorable al mercado, comúnmente asociada a la eficiencia económica y apoyada en un discurso que defiende la rigidez de la estabilidad monetaria, y una tradición desarrollista, vinculada a la necesidad de recuperar la capacidad y autonomía del Estado. Pero en este punto subsiste también una diferencia central respecto del desarrollismo clásico: el rol que debería ocupar el aparato estatal en la nueva perspectiva de desarrollo es mucho más acotado que el papel que le reservaba la visión desarrollista clásica, ya que, con escasas excepciones, el Estado renunciaría a ocupar un lugar en la esfera de la producción.

Varios son los aspectos claves de la nueva agenda. La diversificación de la matriz productiva y el acceso a nuevos mercados de exportación son algunos de esos ejes. Aun cuando el comercio «fronteras adentro» constituye 80% de las transacciones mundiales, se reconoce que el comercio externo es un vector necesario del desarrollo. Asimismo, es prioritaria la inversión en ciencia y tecnología y en sistemas de innovación, área en la que se tiende a combinar sistemas de financiamiento público y privados. Si bien ciertos países (notablemente Brasil y en menor medida México y Chile) han logrado avances en ciencia y técnica, la distancia de la región con los países centrales continúa siendo abismal. Las políticas de capacitación y entrenamiento laboral y, fundamentalmente, las medidas de protección e inclusión social son quizá el diferencial de izquierda de esta nueva etapa desarrollista en formación. La necesidad de integrar por medio del empleo y las políticas sociales a los más de 182 millones de pobres de la región es una deuda a reparar que forma parte de la agenda desarrollista.

Continuidad de la trayectoria, legados y posibilidades de desarrollo

El reconocimiento de los vectores de una agenda de desarrollo es apenas un primer paso. Ingresar en una trayectoria de desarrollo implica explorar una variedad de opciones que no necesariamente llevan a una ruptura radical con los caminos transitados anteriormente, teniendo en cuenta que, en todos los casos, los legados condicionan la elección de alternativas3.

En la perspectiva institucionalista, el éxito en la adopción de un nuevo marco institucional depende del contexto y de las trayectorias históricas que habrían configurado el Estado nacional y las instituciones en cada país4. La generación de ciclos virtuosos de desarrollo estaría vinculada, entre otros factores, a un proceso de depuración institucional que operaría por medio de la instauración de instituciones capaces de reducir los costos de transacción y aumentar la eficiencia. En el caso de América Latina, significa considerar el escenario post-reformas de mercado.

  • 1. Eli Diniz: «Depois do Neoliberalismo, Rediscutindo a Articulação Estado e Desenvolvimento no Novo Milenio» en Ponto de Vista No 2, 9/2008, disponible en http://neic.iuperj.br/pontodevista/.
  • 2. R. Boschi y F. Gaitán: «Gobiernos progresistas, agenda neodesarrollista y capacidades estatales: La experiencia reciente en Argentina, Brasil y Chile» en Maria Regina Soares de Lima: Desempenho de Governos Progressistas no Cone Sul, iuperj, Río de Janeiro, 2008.
  • 3. Ver Robert Boyer: «How and Why Capitalisms Differ» en Economy and Society vol. 34 No 4, 2005, pp. 509-557 y Bruno Amable: The Diversity of Modern Capitalism, Oxford University Press, Oxford, 2003.
  • 4. Douglass North: Institutions, Institutional Change and Economic Performance, Cambridge University Press, Cambridge, 1990 y «Economic Performance Through Time» en Mary C. Brinton y Víctor Nee: The New Institutionalism in Sociology, Stanford University Press, Stanford, 1998.