Ensayo

Leer a Balibar Viejos y nuevos debates sobre la emancipación

Hace medio siglo, Étienne Balibar publicaba "Para leer El capital", escrito junto con Louis Althusser, un libro que dejaría huella. Desde entonces, su trayectoria está marcada por el diálogo crítico con el marxismo en un camino por los «diferentes Marx» en el que el intelectual francés terminaría por pensar en un comunismo sinónimo de una democratización radical de la sociedad. Desde ese lugar proclama la ciudadanía europea en términos de espacio utópico posnacional y defiende los derechos de los migrantes, ese nuevo proletariado de los márgenes. Lo que nunca se perdió fue la meta de la emancipación humana.

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Nota: este artículo se basa en la laudatio del autor con motivo de la entrega del doctorado honoris causa a Balibar en la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), el 21 de abril de 2015.

Pertenezco a una generación que leyó y discutió con avidez aquel libro disruptivo que se llamó Para leer El capital, que siguió con pasión los debates sobre la «crisis del marxismo» y sus derivas, y que creyó y que cree que problemas tales como los movimientos migratorios, las fronteras y los nacionalismos europeos guardan estrecha relación con los procesos que vivimos en nuestro continente; que cree que cuestiones aparentemente más lejanas, como la ciudadanía europea pensada en términos de espacio utópico posnacional, también nos interpelan a los latinoamericanos, pues como diría Marx: De te fabula narratur [la fábula habla sobre ti].

En estas líneas repasaremos –con las limitaciones del espacio disponible– medio siglo de producción filosófico-política, si consideramos que en estos momentos se están cumpliendo nada menos que 50 años desde la publicación del primer ensayo teórico de Étienne Balibar, aparecido en el año 1965, dentro del volumen Para leer El capital. Se trata de un itinerario filosófico-político que se forjó en la epistemología y derivó a la antropología filosófica, que se incubó durante dos décadas en el seno del comunismo francés (dentro de él pero, como veremos enseguida, también en disputa con él) y que en las últimas dos décadas se nutrió de un diálogo intenso con el pensamiento radical italiano (postoperaísta), sobre todo con una figura de una generación siguiente a la suya como Sandro Mezzadra (Bolonia, 1963), aunque también con figuras fundacionales del operaísmo como Toni Negri. Se trata de un itinerario que, en una etapa intermedia, conoció otro diálogo fecundo con una figura que tampoco provenía de la tradición althusseriana: el marxista estadounidense Immanuel Wallerstein (Nueva York, 1930), creador de la teoría del «sistema-mundo». ¿Cómo dar cuenta, pues, en pocas páginas, del despliegue, la riqueza, los matices, la deriva de un pensamiento que partió del proletariado como no sujeto (o como sujeto-portador, soporte de funciones) de la revolución y desembocó en el devenir sujeto del ciudadano (y el devenir ciudadano del sujeto); que partió del comunismo francés y llegó al movimiento global; que defendió con ahínco la dictadura del proletariado y hoy defiende con pasión la crítica más radical de la violencia; que partió de la interpelación de los individuos en tanto sujetos para llegar a la interpelación de los sujetos en tanto que individuos; que se propuso objetivar el materialismo histórico evacuando la noción de sujeto y que hoy postula la subjetivación como antónimo de sujeción y sinónimo de emancipación? Presentaré de modo necesariamente sumario las obras sucesivas de Balibar reponiendo en cada caso el contexto teórico-político para concluir sugiriendo, más allá de las transformaciones sufridas por un pensamiento a lo largo de medio siglo, algunas líneas de continuidad.

Hasta donde conozco, esta historia comienza en enero del año 1963, cuando Balibar (Avallon, 1942) no había aún cumplido los 21 años. Se ha-bía graduado en 1960 en la École Normale Superiéure, donde fue alumno de Althusser, y un año después, en 1961, rechazando la guerra de Argelia, había ingresado en el Partido Comunista Francés (pcf). Althusser era entonces el encargado de la agrégation de los estudiantes de filosofía de la École, y su trabajo, según el testimonio del propio Balibar, consistía en conversar con los alumnos, corregir los textos presentados por los normaliens y, entre 1961 y 1965, dictar seminarios abiertos a un público más amplio. «La serie comenzó en 1961-1962 con ‘El joven Marx’, y continuó en 1962-1963 con ‘Los orígenes del estructuralismo’, en 1963-1964 con ‘Lacan y el psicoanálisis’ y culminó en 1964-1965 con ‘Para leer El capital’, base de la obra colectiva del mismo título».

Según el propio Althusser: «No fui yo pues quien tomó la iniciativa de hablar de Marx en la École, sino que me vi empujado por la invitación de algunos normaliens». Esos normaliens eran «Pierre Macherey, Étienne Balibar y François Regnault, quienes, en enero de 1963, vinieron a mi despacho para que los ayudara a leer las obras de juventud de Marx (…) Aquella primera colaboración hizo nacer el Seminario de 1964-1965 [sobre El capital]. En junio de 1964 organizamos el Seminario. Balibar, Macherey, Regnault, Duroux, Miller, Rancière, etc., estaban allí».

En 1965 coincidieron el fin del Seminario y la publicación por la casa editorial Maspero de París de dos obras, aparecidas con escasos meses de diferencia: Pour Marx de Althusser (traducida como La revolución teórica de Marx) y Lire Le capital, cuya autoría compartió Althusser con sus jóvenes discípulos: Balibar, Jacques Rancière, Pierre Macherey y Roger Establet (las ediciones mexicanas y argentinas, traducidas con el título de Para leer El capital, solo reproducían los textos de Althusser y Balibar). Como sabemos, ambas obras adquirieron resonancia mundial, y muy especialmente en América Latina, donde fueron rápidamente traducidas por Siglo xxi y a pesar de su complejidad se vendieron por decenas de miles de ejemplares. Además, otra alumna de Althusser, la chilena Marta Harnecker, publicó en México en 1968 Los conceptos elementales del materialismo histórico, una versión popular de las tesis de Althusser y Balibar, del que se vendieron millones de libros. Según recordaba Althusser,

No era muy bueno, pero sin embargo constituyó –a falta de algo mejor– la única base teórica y política de formación para centenares de millares, si no para decenas de millones de militantes de la América Latina, porque era la única obra de su especie en el continente. Ahora bien, seguía al pie de la letra, aunque las comprendiese mal a menudo, las ideas que Balibar y yo habíamos propuesto en Para leer El capital.

Quizás la cifra que brinda Althusser sea exagerada, pero hay que considerar además que la chilena Gabriela Uribe adaptó a su vez el libro de Harnecker para componer 12 pequeños volúmenes que la editorial Quimantú editó en grandes cantidades y vendió a precios populares durante el gobierno socialista de Salvador Allende; y que esos mismos folletos fueron reeditados también por decenas de miles en la Argentina radicalizada de los años 1972, 1973 y 1974. ¡Althusser y Balibar para millones! Si se me permite un toque de humor, diría que es posible afirmar que en América Latina hay no solo una izquierda bolivariana, sino incluso una izquierda balibariana.