Entrevista

Las claves del putinismo Entrevista a Andrey Schelchkov

El investigador y académico Andrey Schelchkov reflexiona sobre la victoria de Putin y explica que sucede en la Rusia actual. En esta entrevista, Schelchkov repasa los puntos centrales de la construcción del poder de Vladimir Putin y las razones que explican su hegemonía.

Las claves del putinismo / Entrevista a Andrey Schelchkov

Vladimir Putin acaba de ganar las elecciones en Rusia por un amplísimo margen sobre los demás contendientes. ¿Cuáles son las razones fundamentales que explican no solo el triunfo de Putin sino el establecimiento de una asociación entre Rusia y el «putinismo»? ¿Qué es lo que ha provocado este vuelco tan masivo hacia el actual mandatario?

Es cierto que esta votación le dio a Putin más votos que la vez pasada en términos absolutos. Tampoco es sorprendente que apareciese como la única solución para muchos. Un politólogo calificó al estado de ánimo de sus electores como «una exaltación de la desesperación». En el transcurso de sus 18 años de gobierno, el campo público de la política nacional estuvo completamente desolado. La política en Rusia se ha presentado, a través de la televisión y las grandes cadenas, como un arma efectiva de propaganda. La opinión pública se convirtió, tal como lo dijo hace años Felipe González, en la opinión publicada. Hoy en día no se permite que la oposición a Putin aparezca en el espacio público nacional –hecho que puede extenderse a sus más cercanos y fieles colaboradores como el ex presidente Dmitri Medvédev–. A no ser, por supuesto, personajes controvertidos y exóticos como Vladímir Zhirinovski o el eterno perdedor Grigori Yavlinski. Resulta notorio y evidente que, ante las preguntas en las calles, la mayor parte de los rusos asegura que ha votado por Putin porque no hay otro «decente y potable». Nadie, sin embargo, afirma que lo haya votado por tener un programa formidable o por considerar que, con él, llegará un futuro brillante. Putin, de hecho, no lo promete. Y tiene la habilidad de reconocer que «la situación está mal» pero «las cosas van bien».

El éxito real de Putin no puede ser explicado solo por la propaganda. El actual presidente de Rusia puede ser considerado como el «demagogo perfecto». Tiene la capacidad de expresar únicamente aquello que los otros quieren escuchar de él. Solo así logra convencer cuando dialoga con los hombres de negocios, con los liberales, con los comunistas o con los nacionalistas. Cada cual encuentra en Putin una porción del discurso que le resulta convincente y le genera nuevas esperanzas. Putin es una encarnación del resentimiento y del enojo, de los complejos y temores del pueblo ruso. Por eso su principal artilugio es presentarse como la persona capaz de evitar un futuro sombrío. Es decir, no se trata de aspirar a algo mejor sino de evitar algo peor.

Diversos analistas se refieren al putinismo como la expresión de un poder autoritario que combina hábilmente políticas para garantizar la «paz social» con antioccidentalismo de geometría variable. ¿Estas son algunas de las claves para comprender la construcción de poder de Putin?, ¿cuáles son las características principales del fenómeno Putin?

El putinismo es, sin lugar a dudas, autoritario. Pero este autoritarismo como sistema de gobierno es ineficiente, exageradamente burocrático y nada funcional. Como consecuencia de ello, la gente parece hastiada de cualquier tipo de política. Putin explota esta sensación, ofreciéndole a los rusos una fórmula que funcionó muy bien en los tiempos de la bonanza económica petrolera: «yo gobierno y les doy mejores condiciones económicas y ustedes van a vivir cada día mejor, pero ustedes olvídense de la política y hagan lo que quieran: escriban y hablen con plena libertad, pero no se meten en lo mío». La situación cambió mucho en términos económicos, pero Putin encontró otro clivaje: Rusia vs. occidente, en clave de un nacionalismo chauvinista compartido desde la izquierda y la derecha.

El problema para Putin es que, cada año se corta cada vez más la posibilidad de un tránsito político seguro y pacífico. Esa es la actual trampa del poder en Rusia. Nadie quiere una revolución violenta. Pero tampoco nadie cree ya en la posibilidad de un tránsito tranquilo. En términos estrictamente politológicos, es posible decir que el régimen de Putin se parece más al franquismo tardío o al régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) mexicano de los últimos decenios.

¿Existe verdaderamente alguna grieta en el «sistema Putin»?, ¿qué pasa con los partidos de oposición vinculados a ideas progresistas o liberales, han conseguido hacer alguna mella en la ciudadanía rusa?

Los politólogos y los políticos de oposición no se cansan de hablar de la necesidad de grietas en el bloque del poder para producir futuro cambio. Creo que este bloque ya está dividido. La lucha interna se refleja en una puja por manejar al propio Putin. Parece, de hecho, que Putin se pone cada vez más al servicio de su camarilla. Los grupos liberales –la izquierda no oficialista– y los progresistas en general están divididos en muchos partidos y grupos, pero hay dos divisiones: una es juvenil e intransigente alrededor de Alexei Navalny quien aparece como un verdadero David frente a Goliat-. Navalny aparece como un luchador intransigente, abnegado, democrático y liberal, aunque también nacionalista y autoritario, hecho que lo asemejaría a un «Putin joven». Esto espanta a demócratas y liberales convencionales. Y hay otro grupo constituido por numerosos colectivos y micropartidos, que sueñan con una transición pacífica o con una «Perestroika 2.0». Esto es absolutamente irreal ya que Putin no es un reformador sino un conservador. Hay que resaltar que Navalny ya conquistó las ciudades más grandes del país, y sobre todo la gente más activa y joven. Por eso es considerado como el mayor peligro para el régimen; a tal punto que Putin y la televisión oficial no pronuncian su nombre. Se lo llama «ese individuo».

Es posible inferir que Putin tiene una buena aceptación en parte de la población mayor. Hasta hace un tiempo, buena parte de los jóvenes le daba la espalda e incluso muchos se manifestaron en favor de Navalny. Sin embargo, en estas elecciones ha habido un importante apoyo de la juventud hacia Putin. ¿Qué es lo que pasó?, cuáles son las aspiraciones de la juventud rusa y cómo se vinculan esas aspiraciones con el putinismo?

No conozco ningún estudio serio del comportamiento de los jóvenes en estas elecciones. Y dudo mucho que los jóvenes fueran a votar. Es una peculiaridad local. Lo jóvenes no votan, tienen una baja participación electoral. De hecho, los votos masivos a favor de Putin no deben engañar. Hay asistencias electorales administradas y a veces pagadas. Lo cierto es que la juventud es una de las principales preocupaciones para el putinismo. Los jóvenes carecen, en buena medida, de esperanzas de futuro y de bienestar bajo el actual orden de cosas. Hay algo, sin embargo, que debe resaltarse. En estas elecciones muchos jóvenes fueron observadores y fiscales en las mesas para evitar el fraude. Los partidos oficiales no eran capaces de garantizar observadores en todas mesas ni en las capitales (Moscú y Petersburgo), mientras que Navalny y los jóvenes que él lidera pudieron hacerlo, aunque el propio Navalny no se presentaba a los comicios.

¿Qué papel juega la política exterior rusa en el asentamiento del poder de Putin?, cómo se vincula su antioccidentalismo, su apoyo a sectores de la extrema derecha europea y su imagen positiva fuera de Rusia entre un sector del mundo de la izquierda?

Considero que Putin no tienen ninguna línea ideológica en torno al exterior, sino un apoyo contundente a cualquier fuerza política que provoque divisiones en el bloque occidental. Así, aprovecha a aquellos a los que aquí, en Rusia, se califica de «idiotas útiles», como cierta gente de izquierda que aplaude al derechista Putin por su antiamericanismo, mientras él encarcela a anarquistas y progresistas.

Por otra parte hay que destacar lo siguiente: aunque la fiebre de Crimea ya ha pasado, la propaganda oficial del putinismo consiguió implantar el sentimiento de la «fortaleza asediada». De un territorio único en un mundo hostil. ¿A qué apuntaba esto? A decir que vivimos tiempos de guerra y que, en tiempos así, no se cambia al comandante en jefe. Realmente la gente piensa que Putin es el único capaz de defender el país y la soberanía de Rusia. No importa si, en realidad, la soberanía rusa no corre peligro: a cada instante la propaganda dice lo contrario. Por eso, cada conflicto con el exterior fortalece a Putin.


Andrey Schelchkov es investigador titular del Instituto de Historia Universal de la Academia de Ciencias de Rusia. Estudió en la Universidad de Moscú (Lomonosov) y se doctoró en 1989 en la Academia de Ciencias de la URSS. Es especialista en la historia de Bolivia y Chile y autor de varios libros. Es editor de la revista científica Almanaque histórico latinoamericano, publicada por la Academia de ciencias de Rusia. Entre sus publicaciones están El régimen del socialismo de Estado en Bolivia, 1936-1939 (Moscú, 2001), La historia política de Chile en el siglo XX (Moscú, 2008), La Revolución de la Igualdad en Santa Cruz (Santiago de Chile, 2011), La utopía social conservadora en Bolivia: El gobierno de Manuel Isidoro Belzu. 1848-1855 (La Paz, 2011) y La utopía social en América Latina en el siglo XIX (Moscú, 2016).

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