Tema central

La ubicación ideológica de presidentes y partidos de izquierda en América Latina

Partiendo de una base de datos que recoge el resultado de entrevistas a parlamentarios y líderes políticos de América Latina, el artículo sitúa a los presidentes de izquierda y sus partidos en una escala ideológica. Los datos demuestran que, en un grupo mayoritario de países, el presidente se sitúa más a la izquierda que el partido al cual pertenece, jugando un papel polarizador en la vida política. Se trata, justamente, de aquellos presidentes usualmente incluidos dentro de la categoría de «populistas». Esto permite confirmar, sobre la base de un ejercicio empírico, las hipótesis acerca de la existencia de dos izquierdas diferenciadas en América Latina.

La ubicación ideológica de presidentes y partidos de izquierda en América Latina

Introducción

El presente artículo pretende contribuir de una manera diferente al análisis de la izquierda en América Latina, a partir de la ubicación en la escala ideológica de actores relevantes como los legisladores nacionales y los líderes políticos significativos. Para ello se utiliza la base empírica elaborada por el Proyecto Elites Parlamentarias Latinoamericanas (PELA), que recoge los resultados de entrevistas realizadas a legisladores nacionales a los que se les pide que ubiquen a partidos y líderes en una escala ideológica izquierda-derecha. Las clasificaciones que surgen de estas ubicaciones permiten, en primer lugar, medir la presencia de la izquierda en el escenario político de América Latina; en segundo lugar, dibujar las diferencias existentes entre las distintas ofertas políticas nacionales; y, finalmente, presentar un escenario dual en función de la ubicación ideológica del presidente o líder respecto de su partido o coalición, si se encuentra más a la izquierda o no, algo novedoso en la abundante literatura sobre el tema. Este ejercicio resulta especialmente atractivo en una región en la que el presidencialismo es la nota dominante, pues permite formularnos la pregunta de si es el color del presidente –o el del gobierno en general o el de la mayoría parlamentaria que lo respalda– el que define la posición ideológica del país. Pero antes es necesario desarrollar algunas consideraciones preliminares en torno del concepto de izquierda hoy en América Latina.

Consideraciones preliminares

Los conceptos de izquierda y derecha se basan fundamentalmente en un componente simplificador del conflicto político. También juegan un papel orientador a la hora de tipificar las distintas orientaciones políticas por parte de electores y simpatizantes, e incluso contribuyen a desarrollar una tarea pedagógica y de construcción de identidades en torno de marcos de referencia e interpretativos explícitos. La literatura sobre este tema es tan prolífica que no vale la pena detenerse en ella, y lo mismo ocurre con aquellos trabajos que aluden al crepúsculo de dichos términos o que incluso sostienen la no validez de estos para América Latina.

Pero la evidencia empírica ha mostrado la plena vigencia de la escala: al preguntar a diferentes actores por su ubicación en el espectro ideológico, la de los líderes y la de los partidos políticos, porcentajes muy elevados, superiores a 90%, entienden esta evaluación y aceptan utilizarla. La subsiguiente elaboración de un promedio permite situar con mayor precisión al actor cuestionado. Se trata, pues, de una manera de medir percepciones sobre lo que la persona, que se convierte en analista, ve, interpreta, evalúa y decide. El tratamiento de estas observaciones en el nivel muestral brinda una valoración de conjunto sobre el objeto evaluado.

Los estudios llevados a cabo muestran tanto la vigencia de la escala izquierda-derecha como la correlación entre esta y otras escalas que miden distintos asuntos que definen la polarización en la vida política de los países latinoamericanos. Entre los variados ejes de conflicto o antagonismo político que pueden definir posiciones de izquierda o de derecha hay, al menos, diez que resultan especialmente significativos:

1. Libertad frente a igualdad, siendo la igualdad en mayor medida patrimonio de la izquierda y la libertad de la derecha.2. Autonomía individual frente a colectivismo, donde las posturas favorables a la autonomía individual estarían más identificadas con la derecha y lo colectivo con la izquierda, aunque esta poco a poco se ha ido apropiando de reclamos individualistas.3. Monocultura frente a multiculturalismo, siendo la defensa de la multiculturalidad sobre bases lingüísticas, étnicas y de género un valor en alza en la izquierda, frente a las visiones más homogeneizadoras de la derecha.4. Desarrollo insostenible frente a ecologismo. La apuesta por el desarrollo entendido como crecimiento a cualquier precio es una posición clásica de la derecha, mientras que la reivindicación del desarrollo sostenible y cuidadoso del medio ambiente es un nuevo valor de la izquierda.5. Clericalismo frente a laicismo. El rol privilegiado de la Iglesia como orientadora moral y educativa constituye un valor de la derecha, mientras que la izquierda reivindica la separación real y efectiva de la Iglesia y el Estado.6. Mercado frente a Estado, una diferenciación clásica que ubica a la derecha como defensora del libre comercio y a la izquierda a favor de un mayor intervencionismo estatal.7. Democracia representativa frente a democracia participativa, en donde la izquierda es más proclive a esta última, ya que considera que la sociedad debe representarse a sí misma, mientras que la derecha sostiene una posición de mayor frialdad institucional ante las instancias participativas.8. Partido político frente a movimiento social. La izquierda reivindica el papel de los movimientos sociales como ámbitos de expresión más auténtica y menos mediatizada, frente a la apuesta por la institucionalización organizada de la derecha a favor del partido.9. Librecambismo frente a nacionalismo económico. La derecha reivindica los tratados de libre comercio, fundamentalmente –aunque no solo– con Estados Unidos, mientras que la izquierda plantea el retorno a patrones nacionalistas o el desarrollo de nuevos esquemas regionales.10. Antiglobalización frente a internacionalización de la globalización. Paradójicamente, la internacionalización, antes una bandera de la izquierda, hoy es un estandarte de la derecha, al tiempo que la izquierda se identifica con los postulados contrarios a la globalización.

Estos ejes de conflicto definen la vida pública de buena parte de los países de América Latina y, al menos desde una perspectiva declarativa, están presentes en los posicionamientos de los legisladores. Sin embargo, no todos los actores entrevistados se ubican de la misma manera en todos los ejes, lo que permite establecer todo tipo de clasificaciones. En cualquier caso, diversos trabajos con fuerte soporte empírico han demostrado que, en los últimos cinco años, el principal eje que ayuda a definir con precisión lo que significa ser de izquierda es la dicotomía Estado-mercado, fruto del repudio a una larga década de «pensamiento único» bajo el paraguas del neoliberalismo. A este eje fundamental se suman otros, de carácter más político, como el papel de las Fuerzas Armadas, la democratización, la delincuencia y la corrupción, junto a algunos de tono cultural, como la posición con respecto al aborto y al divorcio.

¿Es el color del presidente el que define la posición ideológica del país?

Los países latinoamericanos adoptaron el modelo presidencialista. Por lo tanto, para evaluar el color de su política es necesario mirar con atención la composición de un poder que es por definición dual. En efecto, presidentes y congresos son elegidos por sufragio popular y gozan de igual legitimidad. Al mismo tiempo, los presidentes integran partidos políticos a los que en general les deben cierto tipo de correspondencia; del mismo modo, los partidos están presentes, con mayor o menor intensidad, en el Poder Legislativo. Por ello, afirmar que la izquierda está en el poder en determinado país implica tener en cuenta al menos cuatro variables: la relación del presidente con el Congreso; la relación del presidente con el partido (o coalición de partidos) que lo apoya; la relación del presidente con el sistema de partidos; y, finalmente, el carácter del liderazgo del presidente.

El primer punto –el pulso entre presidente y Congreso– no es siempre el mismo. De hecho, en América Latina conviven casos muy diferentes. Un estudio reciente ha puesto de relieve que los presidentes de Chile, Colombia, Ecuador y Panamá cuentan con mayores poderes legislativos, desde un estricto punto de vista formal-constitucional, que los de Costa Rica, Argentina, Paraguay, Guatemala, Honduras, Bolivia o México. Esto impide hablar de un único patrón regional y complica los análisis monocolores a la hora de definir la política de un determinado país. Podría decirse que, para definir el color político de un país, el control de la Presidencia es más importante en Chile, Colombia y Ecuador, pues allí los presidentes «mandan más» que en Costa Rica y Argentina.

Al mismo tiempo, los presidentes cuentan con diferentes tipos de mayoría en el Congreso y, como consecuencia, desarrollan con ellas distintos tipos de relación. Pueden tener cómodas mayorías absolutas que les permiten implementar políticas públicas sin trabas, pero a su vez esas mayorías pueden ser propias o el resultado de coaliciones, que pueden ser de carácter estable o coyuntural. Solo cuando la mayoría es absoluta y propia –o resultado de una coalición estable– la orientación ideológica del presidente define con nitidez el color de la política del país. En estos casos, si el presidente está, por ejemplo, identificado con la izquierda, seguramente puede hablarse de «la izquierda en el poder». Si, en cambio, el presidente no cuenta con una mayoría propia, o si la tiene pero como resultado de alianzas inestables, la definición se torna más imprecisa.

El segundo punto para evaluar el color político de un país –y determinar si es cierto que la izquierda está en el poder a partir de la orientación de su presidente– es el análisis del vínculo entre el presidente y los partidos o coaliciones que lo apoyan. Este vínculo depende de tres variables: la relación histórica entre el presidente y el partido, la forma en que se produjo su designación como candidato y el grado de disciplina interna del partido. Estas tres variables definen dos escenarios: presidentes con un liderazgo fuerte sobre el partido (o partidos) del que fueron candidatos; o presidentes con un liderazgo más débil. Solo en el primer caso es posible traducir el color político del presidente al ámbito nacional.

En tercer lugar, hay que considerar la relación entre el presidente y el sistema de partidos en función del mayor o menor grado de polarización de estey el mayor o menor número efectivo de partidos que lo componen, aunque en un escenario fragmentado la importancia del sistema de partidos depende básicamente de la condición mayoritaria o minoritaria del presidente, más allá de si su apoyo proviene de un partido o de una coalición.

El último factor que debe tenerse en cuenta para evaluar hasta qué punto el color del presidente define la política del país es el carácter de su liderazgo. Aunque se trata de un tema difícil de abordar, pueden identificarse algunos elementos, como su experiencia política, si ha desempeñado antes cargos de elección popular, si ha participado de alguna manera en la vida política y su formación.

En suma, solamente considerando las cuatro variables que se acaban de enunciar –y su frecuente yuxtaposición– es posible responder a la pregunta formulada en el encabezado de esta sección. Naturalmente, presidentes con poderes constitucionales amplios, una mayoría homogénea en el Congreso con un fuerte liderazgo sobre esta (sea resultado de un partido o una coalición) y en una situación de alta polarización colorean notablemente la vida política de su país. La incidencia del presidente es en cambio mucho menor si cuenta con escasos poderes constitucionales frente a un Congreso poderoso, si su mayoría legislativa es efímera o débil, si su liderazgo sobre el partido o la coalición que lo llevó al poder es frágil y si la polarización es baja o el número de partidos es alto. Las situaciones intermedias generan escenarios más difíciles de definir. Presidentes, líderes y partidos: diferentes intensidades de izquierda

El PELA analizó 18 países latinoamericanos cuyos líderes son elegidos mediante procesos electorales periódicos, competitivos y libres: en 14 de esos países existen líderes y partidos políticos significativos cuya ubicación ideológica es inferior a 5 en la escala ideológica, es decir, están ubicados del centro a la izquierda. En los cuatro restantes –Honduras, Panamá, Paraguay y República Dominicana–, la polarización ideológica es muy baja y/o la clase política se concentra en el espacio comprendido entre el 5 y el 10.

El elevado número de países –14 en total– con líderes ubicados en la izquierda que en agosto de 2008 son presidentes, o que recientemente estuvieron cerca de convertirse en tales, y con partidos políticos relevantes de izquierda, es una muestra de la creciente apertura del espectro político latinoamericano. También es una evidencia de los logros de la democracia en el último cuarto de siglo, ya que esta situación sería inimaginable en el pasado inmediato.

El cuadro 1 muestra los valores medios de 15 partidos políticos de estos 14 países (Chile aporta dos partidos) ubicados en la izquierda de la escala. De estos partidos, únicamente cuatro no lideraban o formaban parte del gobierno en agosto de 2008 y se encontraban en la oposición: se trata de Unión por el Perú (UPP), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) de México, el Polo Democrático de Colombia y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador. Dicho de otra manera, diez partidos, de nueve países, determinan de una manera u otra la política cotidiana de sus países. Esto significa que la coloración de izquierda, con los matices que imponen las diferencias que se señalan a continuación, se extiende por la mitad de los 18 países de América Latina aquí considerados.

Pero las diferencias entre estos partidos son notables. Para ordenar el análisis, se divide el espacio de la izquierda en tres grupos: los partidos de extrema izquierda se ubican entre 1 y 2,49 de la escala, los de izquierda entre 2,50 y 3,99 y los de centroizquierda entre 4 y 4,99. En el primer grupo se ubicarían el FMLN de El Salvador, el Polo Democrático de Colombia, el PRD de México y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua. En el segundo, el Partido Socialista (PS) de Chile, Unión Por el Perú (UPP), el Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia, el Frente Amplio (FA) de Uruguay, el Movimiento PAIS (MPAIS) de Ecuador, el Movimiento V República (MVR) de Venezuela y el Partido Por la Democracia (PPD) de Chile. En el tercer grupo se incluirían el Partido Acción Ciudadana (PAC) de Costa Rica, el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, el Partido Justicialista (PJ) de Argentina y la Unión Nacional de la Esperanza (UNE) de Guatemala. El cuadro 2 sintetiza la ubicación ideológica de los líderes de la izquierda latinoamericana revalidados en las diferentes carreras presidenciales en los 14 países. En agosto de 2008 –luego del triunfo de Lugo en Paraguay– solo hay tres países latinoamericanos en donde no existe un líder significativo de izquierda, ya sea que se encuentre en el poder o que haya obtenido un resultado importante en las elecciones presidenciales: se trata de Honduras, Panamá y República Dominicana.

Un reagrupamiento similar al llevado a cabo con los partidos políticos arroja los siguientes resultados: Medardo González, Daniel Ortega, Manuel A. López Obrador, Evo Morales y Carlos Gaviria se situarían en la extrema izquierda; Ollanta Humala, Hugo Chávez, Rafael Correa, Michelle Bachelet y Tabaré Vázquez se ubican en la izquierda; y Otton Solís, Arlindo Chinaglia, Cristina Fernández de Kirchner y Álvaro Colom se sitúan en la centroizquierda.

Una vez situados partidos y líderes en la escala, es posible elaborar un análisis de conjunto. Salvo en el caso de Ollanta Humala y la UPP, que en su momento fue una alianza puramente instrumental, en el resto la vinculación entre líderes y partidos es estrecha, en algunos casos resultado del hecho de que el líder es el fundador (o estuvo en el núcleo fundacional) del partido: esta es la situación de Otton Solis y el PAC, Rafael Correa y MPAIS, Daniel Ortega y el FSLN, Hugo Chávez y el MVR, Álvaro Colom y UNE, Carlos Gaviria y el Polo Democrático, Andrés M. López Obrador y el PRD, Evo Morales y el MAS y Medardo González y el FMLN. En otros casos, el líder tiene una larga historia de militancia en su fuerza política, como sucede con Cristina Fernández y el PJ, Tabaré Vázquez y el FA y Michelle Bachelet y el PS. En otras palabras, salvo en el caso de Humala, la relación entre el partido y el líder es tan intensa antes como después de las elecciones. Por otra parte, el grado de institucionalización de estos partidos, con la salvedad del MVR, MPAIS y UPP, es moderadamente alto.

La estrecha vinculación entre líderes y partidos permite analizar, finalmente, la relación entre ambos en la escala aquí planteada. En este sentido, se constata la existencia de dos patrones de relación. Por una parte, aquellos líderes que se encuentran ubicados más a la izquierda que sus partidos: es el caso de Arlindo Chinaglia con respecto al PT, Cristina Fernández con relación al PJ, Rafael Correa y el MPAIS, Evo Morales y el MAS, Manuel A. López Obrador y el PRD, Hugo Chávez y el MVR y Daniel Ortega y el FSLN. Solamente el Polo Democrático, el PS chileno y el FA de Uruguay se encuentran más a la izquierda que sus líderes, Gaviria, Bachelet y Vázquez, respectivamente. Medardo González y el FMLN, Otton Solís y el PAC y Ollanta Humala y la UPP se ubican en el mismo lugar que su partido (aunque ninguno de ellos ocupa la Presidencia de su país).

Si se limita el análisis a los líderes que, en agosto de 2008, ocupaban el Poder Ejecutivo, los dos bloques cobran un especial significado. En la mayoría de los países en los que los líderes de izquierda se encuentran en el poder –Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela–, los presidentes se ubican más a la izquierda que los partidos de los que proceden. En otros (Chile y Uruguay), se sitúan más al centro que sus partidos. Esto implica que, en el primer grupo, se registra una suerte de fenómeno de arrastre en el posicionamiento izquierdista por parte de los líderes que tienen, por consiguiente, un efecto polarizante. Por el contrario, en Chile y Uruguay el papel de la Presidencia es claramente moderador.

Al cruzar este dato con la diferenciación dentro del universo de la izquierda a que se aludía más arriba elaborada por diferentes autores, quienes diferencian entre una izquierda populista y otra socialdemócrata, la tendencia se confirma. En efecto, los presidentes ubicados más a la izquierda que sus partidos coinciden con la denominada «izquierda populista», mientras que aquellos situados más al centro que sus fuerzas políticas o coaliciones pertenecen a la izquierda socialdemócrata. El liderazgo más personalista de Chávez, Ortega, Morales, Correa y Fernández tiene, por lo tanto, un correlato, cuya evidencia es su capacidad de polarizar la vida política.

Conclusiones

Este artículo ha llevado a cabo una reflexión sobre el significado actual de lo que se esconde en la política latinoamericana detrás de la definición de izquierda. Se ha puesto de relieve, con sólidas evidencias empíricas, cuáles son los actores, líderes y partidos que se sitúan en el terreno de la izquierda y dónde se ubican en la escala de medición establecida. Los datos permiten confirmar la existencia, dentro de la izquierda, de un grupo populista y otro socialdemócrata, lo que revalida algunos de los trabajos más recientes.La naturaleza descriptiva e informativa del artículo no debe hacernos pasar por alto la necesidad de profundizar el análisis de otros aspectos relevantes para un mayor conocimiento de la izquierda. El carácter del liderazgo y la naturaleza de la heterogeneidad de la coalición que apoya al líder son temas sobre los que hay que volver con mayor precisión y bagaje empírico. Sin caer en aproximaciones estrictamente psicológicas, parece evidente que un mayor conocimiento del proceso formativo, de construcción de identidad política y del entorno intelectual del líder resulta imprescindible para conocer su capacidad de influencia en proyectos colectivos que de por sí suelen ser extremadamente variopintos. También debe profundizarse el análisis de las correlaciones que pudieran existir entre los valores medios de las ubicaciones de los objetos de estudio en los ejes temáticos explicitados en el primer epígrafe, pues podría echar luz sobre el peso de dichos temas en la configuración del «ser de izquierda».