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La política exterior desde Moscú. Estrategias globales en tiempos de turbulencia

¿Cuáles son la matriz doctrinaria y la práctica de la política exterior de Rusia, en medio de las profundas turbulencias que afectan el clima mundial en los últimos años? Luego de la implosión de la Unión Soviética y del declive de su influencia internacional, se ha ido consolidando una estrategia para reposicionar a Rusia en la geopolítica global. Hoy ese camino ha ingresado en una zona de turbulencias con la crisis de Ucrania y un nuevo enfrentamiento entre Washington y Moscú que llevó a Vladímir Putin a buscar nuevos aliados, desde China hasta América Latina.

La política exterior desde Moscú. Estrategias globales en tiempos de turbulencia

No resulta fácil presentar una caracterización precisa de la política exterior de Rusia, de su posicionamiento en el escenario mundial, en un contexto tan turbulento como el de hoy en día. Vivimos una creciente desestabilización del orden internacional, acompañada por la pérdida de la capacidad de acción de los mecanismos de regulación global y regional. Los herederos del poder hegemónico tradicional, a su vez, utilizan esas turbulencias para imponer sus reglas de juego, por encima de las competencias legítimas de reconocidos organismos internacionales, en primer orden los de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Actualmente, en el caso ruso, todo esto tiene una repercusión más intensa aún, debido a la aspiración de quienes pretenden aprovechar la crisis ucraniana para conseguir, por fin, resultados definitivos en la contención y marginación de Rusia.

Para la superpotencia norteamericana, el principal objetivo de esa política desde hace tiempo era Ucrania. Los teóricos y prácticos de la estrategia externa de Estados Unidos llevan muchos años convencidos de que, con Ucrania, Rusia tiene posibilidades de mantener su papel de actor mundial. Sin Ucrania (y, más aún, con una Ucrania opuesta a Moscú), Rusia pierde tal posibilidad y queda reducida al rol de potencia regional secundaria, incapaz de presentar algún contrapeso serio a la hegemonía de EEUU. Fue el famoso Zbigniew Brzezinski quien planteó abiertamente esta tesis, que posteriormente cobró cuerpo en la práctica oculta de la diplomacia de Washington1.

A inicios de 2014, la secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland reconoció públicamente que Washington había gastado ya 5.000 millones de dólares en financiar los programas de difusión de valores y capacitación política en Ucrania. George Friedman, influyente analista próximo a los servicios de inteligencia estadounidenses, confirmó la existencia de ese enfoque: en rigor, Ucrania debe ser la primera prioridad de la estrategia norteamericana en su política de contención de Rusia. Pero el objetivo es más amplio. Ganarse a Ucrania significa, además, evitar el acercamiento entre la Unión Europea (Alemania, en primer término) y Rusia, y de ese modo obstaculizar su fortalecimiento mutuo, evitando una mayor autonomía de la UE frente al propio EEUU2.

Por supuesto, era impensable para Washington la confrontación bélica directa con Rusia, que sigue siendo la única potencia en estado de paridad militar estratégica (en el campo nuclear y misilístico). Pero EEUU posee otros dos factores de superioridad. Por una parte, su poderío económico-financiero todavía excepcional (y que obliga a contener las esperanzas de un rápido avance hacia el ordenamiento policéntrico), que le brinda la posibilidad de utilizar el arma de las sanciones económicas. Por otra parte, su evidente superioridad en los medios de información masiva, reforzada por el uso de avanzadas tecnologías de inteligencia electrónica (recordemos el caso Snowden) que le permiten organizar ataques informáticos. Todo esto está ahora puesto al servicio del gran juego contra Rusia.

Lineamientos doctrinarios

El contenido de la política externa de la Federación de Rusia lo determina actualmente el «Concepto de Política Exterior», documento programático firmado por el presidente el 12 de febrero de 20133.

La plataforma de los principios básicos incluye el imperativo de la formación de un sistema estable y equilibrado de relaciones internacionales, apoyado en el derecho internacional y en las normas de respeto mutuo, igualdad y no injerencia en los asuntos internos. Tal sistema debe proporcionar igual seguridad a cada miembro de la comunidad internacional en los planos político, militar, económico, informativo, humanitario, etc. El centro de regulación de las relaciones internacionales en el siglo XXI debe permanecer en el marco de la ONU, confirmando así su universalidad y legitimidad. Por lo demás, esto no significa que la estructura de la organización deba ser intocable. Requiere, por el contrario, cierta modernización sobre la base del consenso más amplio posible. El recurso al instrumento de las sanciones únicamente es permisible bajo la aprobación del Consejo de Seguridad.

Allí se valoran los nuevos formatos de consultas y cooperación internacional como los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica), el G-8 (antes de que Rusia fuera excluida), el G-20, la Organización de Colaboración de Shanghái o el mecanismo tripartito de consultas entre Rusia, la India y China.

Como se expone en el Concepto, los países vecinos de Rusia que conforman el así llamado «exterior cercano» entran en el círculo de primera prioridad. Se plantea el imperativo de impulsar una amplia y multifacética colaboración basándose en la experiencia adquirida en el marco de la Comunidad de Estados Independientes (CEI)4. En el ámbito económico, se busca avanzar en la promoción del proyecto de la Unión Económica Euroasiática a partir de la alianza aduanera trilateral (Federación de Rusia-Belarús-Kazajistán). Al abordar en el Concepto el tema de la colaboración humanitaria, se destaca el deber histórico de apoyar a la diáspora de rusos o rusohablantes.

EEUU es considerado como un socio importante, especialmente en la solución de problemas vinculados a la seguridad internacional en sus puntos más vulnerables, teniendo en cuenta los retos tradicionales y no tradicionales. Por supuesto, se expresa además el interés en desarrollar la colaboración más amplia en las esferas económica, tecnológica y cultural. Pero de antemano se subrayan como inadmisibles las sanciones unilaterales y arbitrarias que practica la diplomacia norteamericana.

Los países de la UE aparecen naturalmente como socios predominantes (especialmente Alemania), teniendo en cuenta su gran peso en las relaciones exteriores del Estado ruso. Como plantea el Concepto, Rusia está dispuesta a mantener con la UE una relación estratégica a largo plazo, eliminando las barreras de toda índole para crear un espacio libre desde el Atlántico hasta el Pacífico.

  • 1. Z. Brzezinski: El gran tablero mundial: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos [1997], Paidós, Barcelona-Buenos Aires-México, df, 1998.
  • 2. V. G. Friedman: La próxima década, Destino, Barcelona, 2011.
  • 3. V. «Concepto de política exterior de la Federación de Rusia», 12/2/2013, disponible en http://www.mid.ru/ns-osndoc.nsf/0e9272befa34209743256c630042d1aa/00cc9154529e1c7fc32575bc002c6bb5.
  • 4. Producto del «divorcio civilizado» de los integrantes de la Unión Soviética, la cei está compuesta por 10 de las 15 ex-repúblicas soviéticas como instancia de coordinación y censura [N. del E.].