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La gestión del Frente Amplio en Montevideo como ensayo general para el gobierno nacional

La gestión de Tabaré Vázquez como intendente de Montevideo le permitió a la izquierda uruguaya dejar su sello: el impulso a la descentralización, un énfasis inédito en las políticas sociales y una activa estrategia internacional demostraron que era capaz de gobernar igual o mejor que los partidos tradicionales. Sus sucesores profundizaron y agregaron nuevos matices a la administración municipal, que se convirtió en un trampolín para el triunfo del Frente Amplio en las elecciones nacionales de 2004. El artículo identifica y explica por qué la gestión municipal sirvió como ensayo general para el gobierno nacional.

La gestión del Frente Amplio en Montevideo como ensayo general para el gobierno nacional

Introducción

Durante 1971, dos años antes del quiebre de la democracia por el golpe de Estado y luego de muchos años de división, los principales partidos de la izquierda uruguaya (el Partido Comunista, el Partido Socialista y el Partido Demócrata Cristiano), junto con sectores escindidos de los dos partidos tradicionales, el Nacional y el Colorado, así como con personalidades de izquierda independiente y simpatizantes de la guerrilla urbana pertenecientes al Movimiento 26 de Marzo, conformaron el Frente Amplio (FA).

En noviembre de 1989, a pesar de haber sufrido el desgajamiento de dos grupos que habían sido protagonistas en su fundación, el FA ganó la elección municipal de Montevideo y Tabaré Vázquez asumió como intendente. Esta victoria marcó un hito en la vida política del país, entre otras razones porque Montevideo es la ciudad uruguaya más importante en términos demográficos (allí reside casi la mitad de la población), políticos (es la capital del país, la sede del Poder Ejecutivo y del Parlamento), económicos (concentra la mayor parte de las actividades comerciales, financieras e industriales) y culturales.

El triunfo en las elecciones municipales tuvo, entonces, un valor simbólico singular, y es por ello que algunos investigadores usaron el concepto de «cohabitación» para referirse a la curiosa circunstancia que se dio entre 1990 y 2004, cuando los intendentes frenteamplistas de Montevideo convivieron con presidentes pertenecientes a alguno de los otros dos grandes partidos (Moreira/Veneziano). La elección presidencial de 2004 puso fin a esta situación: el FA retuvo el gobierno municipal y obtuvo, por primera vez en la historia, el gobierno nacional y una mayoría absoluta en el Parlamento.

El propósito de este artículo es examinar la relación entre los dos procesos políticos a los que se acaba de hacer referencia: el ciclo de gobiernos del FA en la capital y su salto al gobierno nacional. Para ello, en la primera sección se presentan los rasgos más sobresalientes de las gestiones frenteamplistas en el municipio y las principales diferencias con las de los demás partidos. En la segunda sección se intenta responder a la siguiente pregunta: ¿de qué modo contribuyó el gobierno municipal del FA al triunfo en las elecciones presidenciales y, después, a la gestión nacional? Finalmente, en la conclusión, se presentan algunos de los más obvios puntos de contacto entre las dos gestiones de Vázquez, como intendente de Montevideo, entre 1990 y 1994, y como presidente de Uruguay, a partir de marzo de 2005.

El sello de la izquierda

A partir de 1990, cuando Vázquez fue elegido intendente de Montevideo, la izquierda debió ocuparse de atender las tareas clásicas de los gobiernos municipales: mantenimiento y extensión del alumbrado público, regulación del tránsito y del transporte colectivo, desarrollo del saneamiento, tratamiento de residuos, cuidado de parques y plazas. También se ocupó de modernizar y calificar al aparato burocrático. A todas estas tareas dedicó esfuerzos importantes.

Sin embargo, fue más allá. No se limitó a tratar de hacer una buena administración. Desde el primer día, el FA gobernó Montevideo pensando en transformar su gestión en un trampolín hacia el gobierno nacional. Por eso incorporó nuevas tareas, entre las que se destacan tres: la creación de mecanismos de descentralización, el fortalecimiento de las políticas sociales y el desarrollo de las relaciones internacionales.

Desde luego, la diferencia con los gobiernos anteriores y con las gestiones municipales de los partidos tradicionales es menos visible en las tareas clásicas que en las nuevas. Sin embargo, como veremos a continuación, en general la gestión de la izquierda en Montevideo estuvo presidida por una concepción ideológica anclada en sus valores centrales –igualdad y libertad– y enunciada claramente en su programa de campaña: «El objetivo central de la gestión del Frente Amplio es el de promover una profunda democratización de la vida social, política y económica del Departamento de Montevideo» (Frente Amplio, p. 3).

Esto implicaba, en primer lugar, contribuir al proceso general de consolidación y profundización de la democracia. Para el FA, este era el objetivo principal del movimiento popular desde el final de la dictadura, en marzo de 1985. En segundo lugar, democratizar la vida política en Montevideo implicaba crear mecanismos que hicieran posible una participación activa de los vecinos en la gestión de los asuntos locales. En otras palabras, pasar del «vecino como contribuyente» al «vecino como ciudadano». Esta concepción es el fundamento del proceso de descentralización iniciado por Vázquez desde el comienzo de su gestión y continuado luego por sus sucesores, Mariano Arana (1995-1999 y 2000-2004) y Ricardo Ehrlich (desde 2005 hasta hoy). Finalmente, profundizar la vida democrática implicaba «restituirle a la democracia su contenido sustancial, dirigido a que todos los integrantes de la sociedad convivan en forma digna y decorosa, creando condiciones para que puedan acceder al goce efectivo de los derechos fundamentales» (Frente Amplio, p. 6). Este énfasis en la igualdad, típico rasgo identitario de los partidos de izquierda (Bobbio), constituyó la base doctrinaria para el impulso de medidas muy diferentes: desde el desarrollo del saneamiento hasta las políticas sociales, pasando por la revitalización de los espacios públicos como parques y plazas.

Las tareas clásicas

Tradicionalmente, los gobiernos municipales se han ocupado de una larga serie de tareas, entre ellas la provisión de servicios públicos como el alumbrado, el cuidado del pavimento y de los espacios públicos, la recolección de residuos, el transporte colectivo, el saneamiento, etc.

A la hora de manejar estos temas, los intendentes frenteamplistas han fijado diferentes prioridades. Vázquez le otorgó mucha importancia al transporte colectivo: redujo el precio del boleto mediante un subsidio a las empresas y renovó la flota. Durante la primera intendencia de Arana, en cambio, el énfasis estuvo puesto en el ordenamiento territorial: en setiembre de 1998 se aprobó el Plan de Ordenamiento Territorial, elaborado con el apoyo de la Facultad de Arquitectura. Como parte de esta iniciativa, se trabajó en la remodelación de los espacios públicos y en la revitalización del casco antiguo de la ciudad. Durante la tercera administración frenteamplista, a cargo de Arana, hubo poco espacio para sutilezas, pues coincidió con una severísima crisis económica y social: el PIB se desplomó, la pobreza superó el 30% y la desocupación trepó casi hasta 20%. La caída de la recaudación de la administración municipal empantanó el plan de obras previsto. Pero de todos modos Arana logró dejar su huella en la ciudad e implementó un nuevo sistema de recolección de residuos mediante contenedores. Por su parte, el actual intendente, Ricardo Ehrlich, ha puesto el énfasis en el transporte colectivo y ha anunciado la creación de un Sistema de Transporte Metropolitano.