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La fuga de cerebros y la nueva división internacional del trabajo

Cada vez es más clara la relación entre el movimiento de fuga de cerebros y la consolidación de una nueva división internacional del trabajo, lejos de la que expresaba un desarrollo de las fuerzas productivas localizado fundamentalmente en los sectores agropecuarios, de minería, industria y construcción civil. En este sentido, la nueva sociedad posindustrial incorpora otros incentivos a los ya conocidos, como las asimetrías internacionales y las dificultades de las naciones menos desarrolladas para retener a sus propios talentos. En el marco del actual avance del trabajo inmaterial, como efecto de la inédita expansión del sector de servicios, emerge una nueva distribución de las ocupaciones a escala global.

La fuga de cerebros y la nueva división internacional del trabajo

El flujo migratorio internacional de mano de obra calificada cobró mayor importancia a finales del siglo XX. En su gran mayoría, los escritos especializados en el tema identifican la fuga de cerebros con la limitación de oportunidades para aprovechar profesionales con mayor calificación en países no desarrollados; también mencionan la menor existencia de condiciones laborales en países capitalistas más avanzados, así como las nuevas oportunidades en las economías emergentes. La información cuantitativa, aunque no siempre sólida debido a la ausencia de una estandarización metodológica, apunta hacia el estímulo de la movilidad en la mano de obra internacional.A partir de esta perspectiva, el objetivo de este artículo es efectuar una contribución sobre los factores determinantes de la fuga mundial de cerebros. El punto de partida se encuentra en la naturaleza de la dinámica del sistema capitalista, cuyas crisis periódicas revelan una profunda reestructuración de su modo de funcionamiento e innegables impactos en el mundo laboral. En síntesis, son momentos históricos en los cuales antiguas formas de valoración del capital dejan ver un cierto agotamiento. Sin embargo, las nuevas formas aún no presentan una completa madurez, como se puede observar desde la crisis global de capitales iniciada en 2008. Cada vez es más clara la relación entre el movimiento de fuga de cerebros y la consolidación de una nueva división internacional del trabajo, lejos de la que expresaba un desarrollo de las fuerzas productivas localizado fundamentalmente en los sectores agropecuario, de minería, industria y construcción civil.

En el marco del actual avance del trabajo inmaterial, resultante de la fuerte e inédita expansión del sector de servicios, emerge una nueva distribución de las ocupaciones a escala global. Debe destacarse que durante la Gran Depresión capitalista de 1873-1896, un conjunto de elementos estructuraron de manera rápida la transición dentro de los límites del trabajo material: de un antiguo agrarismo se pasó a una inédita sociedad urbano-industrial. En ese sentido, el esfuerzo de industrialización nacional realizado por algunos países (Alemania, Estados Unidos, Francia, Japón, Rusia e Italia) permitió debilitar el exclusivismo de Inglaterra que, desde la primera Revolución Industrial (durante la segunda mitad del siglo XVIII), se había transformado en la única productora de manufacturas del mundo. Casi medio siglo después, y a partir de la Gran Depresión iniciada en 1929, se consagró el liderazgo mundial de EEUU, no solo en virtud de su respuesta reformista a la crisis, sino gracias a la preeminencia que alcanzó durante la Segunda Guerra Mundial. En el contexto de la segunda posguerra intermediada por la Guerra Fría, otros países consiguieron avanzar, tardíamente, hacia una internacionalización del proceso de industrialización, lo que favoreció la consolidación de la división internacional del trabajo material entre países primario-exportadores y economías de base industrial. De manera general y como resultado de lo anterior, el desplazamiento geográfico de masas humanas se produjo desde áreas de trabajo rural hacia regiones de trabajo manufacturado, dentro de los Estados o entre ellos.

Como consecuencia de la actual crisis global, se observa la fuerza del movimiento mundial de reestructuración capitalista y sus innovadores reflejos en el desplazamiento geográfico de la fuerza laboral, una de cuyas expresiones es el fenómeno de la fuga de cerebros. A partir de una breve presentación sobre la crisis mundial y el fortalecimiento de una nueva fase de acumulación capitalista, se intenta describir, si bien rápidamente, los principales elementos que organizan hoy la división internacional del trabajo inmaterial y sus efectos sobre el desplazamiento territorial del trabajo humano en el mundo, tomando como base la fuga de cerebros.

La crisis y la nueva fase de acumulación capitalista

La crisis mundial de esta primera década del siglo XXI podría ser reconocida en un futuro próximo como el momento en que se sentaron las bases de una nueva fase de desarrollo capitalista. En efecto, la actual crisis se presenta como la primera en manifestarse en el contexto del capital globalizado, toda vez que las anteriores depresiones económicas (1873 y 1929) ocurrieron en un mundo donde todavía existían numerosas colonias o caracterizado por la presencia de experiencias nacionales con economías planificadas de manera centralizada.

La nueva fase de desarrollo del capital tiende a depender directamente del reimpulso del capitalismo reorganizado luego de casi tres décadas de hegemonía neoliberal. Los cuatro pilares del pensamiento único (equilibrio de poder en EEUU, un sistema financiero internacional intermediado por el dólar y asentado en los derivados, Estado mínimo y mercados desregulados) están cada vez más desacreditados. La reorganización capitalista mundial luego de la crisis necesita respaldarse en una nueva estructura de funcionamiento. La expansión del capital se sostiene hoy sobre un trípode, conformado por la alteración de la división del mundo en función del policentrismo, la asociación directa del ultramonopolio de la competencia privada con Estados supranacionales, y la revolución de la base técnico-científica de la producción y el consumo ambientalmente sustentables. Todos estos fenómenos afectan de manera decisiva tanto el nivel global de ocupación de mano de obra calificada como su distribución entre los países.

La nueva distribución del mundo. Frente a las señales de fracaso del equilibrio en un mundo dominado por la hegemonía estadounidense, y luego de la caída del Muro de Berlín, es cada vez más evidente el desplazamiento relativo del centro dinámico. A diferencia de la anterior experiencia de transición de la hegemonía de Inglaterra hacia EEUU, consagrada gradualmente a partir de la crisis de 1929, esta vez la hegemonía puede recaer en un mundo poscrisis con características policentristas y con cambios inequívocos en la división internacional del trabajo.Las polémicas y crecientes señales de decadencia emitidas por EEUU parecen ser más relativas que absolutas, a juzgar por la desproporción económica, tecnológica y militar que ese país aún conserva en relación con el resto del mundo. Sin embargo, se puede observar que en el contexto de emergencia de la crisis en el centro del capitalismo mundial, ganaron mayores dimensiones los espacios supranacionales orientados a construir una nueva polaridad en el sur de América Latina –más allá de EEUU, la Unión Europea y Asia–. Esto se ha asociado en gran medida al flujo migratorio de mano de obra calificada.