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La diplomacia médica cubana recibe una pequeña ayuda de sus amigos

La diplomacia médica es uno de los ejes de la política exterior de Cuba. En 2008, más de 30.000 médicos y otros profesionales de la salud cubanos colaboraban en 70 países de todo el mundo. La estrategia, sustentada en los éxitos del sistema de salud construido luego del triunfo de la revolución, le ha permitido a Cuba ganar prestigio internacional y capital político, reflejado por ejemplo en las votaciones contra el bloqueo en la Asamblea General de las Naciones Unidas. En los últimos años, la llegada de Hugo Chávez al poder le permitió a la isla firmar un acuerdo de intercambio de médicos por petróleo que convirtió la exportación de servicios de salud en la actividad económica más promisoria de Cuba.

La diplomacia médica cubana recibe una pequeña ayuda de sus amigos

Introducción

La mayoría de los latinoamericanos conoce la buena reputación del sistema de salud de Cuba y sabe que además brinda asistencia médica a otros países, entre los que probablemente se incluya el propio. Lo que muchos no saben es que, desde el inicio de la Revolución Cubana hace casi 50 años, el gobierno de ese país adoptó una política de diplomacia médica. El uso de esta diplomacia, ya sea por razones humanitarias o para ganar el corazón y la mente de los beneficiarios, se fue extendiendo con el transcurso de los años. Además de prestar ayuda en casos de catástrofes y emergencias, Cuba comenzó a brindar servicios de atención directa de salud en muchos lugares del mundo. Esta política tuvo profundas repercusiones tanto para Cuba como para los países beneficiados.

La caída del bloque soviético y de los acuerdos comerciales preferenciales que la isla mantenía con Europa del Este forzó una reducción transitoria de los programas de asistencia médica internacional, pero no su desaparición. Más tarde, la llegada al poder de Hugo Chávez –y el aumento astronómico de los ingresos provenientes del petróleo percibidos por su gobierno– le permitió a Venezuela brindar a Cuba el respaldo financiero y moral necesario para dar un importante impulso a la diplomacia médica. En un contrato comercial de médicos por petróleo, Venezuela no solo se convirtió en el principal beneficiario directo de los servicios de salud provistos por Cuba, sino que también respaldó la extensión de tales servicios a otros países. Este artículo analiza la naturaleza, los costos, los beneficios y los riesgos de la diplomacia médica cubana en general y la conexión entre Cuba y Venezuela en particular. Además, plantea algunos interrogantes para promover la investigación y el análisis sobre el tema.

Antecedentes de la diplomacia médica cubana

Para comprender el alcance de la relación actual entre Cuba y Venezuela, es necesario analizar en primer lugar las razones implícitas que impulsaron a la isla a implementar su política de diplomacia médica. También es importante entender cómo logró Cuba convertirse en un actor creíble en el ámbito de la salud internacional.

Desde el inicio del gobierno revolucionario, los líderes cubanos abrazaron la causa de la atención médica universal y gratuita como un derecho humano fundamental y establecieron en la nueva Constitución la responsabilidad del Estado de garantizar ese derecho. Es más: los líderes cubanos sostenían que la salud de la población era una metáfora de la salud del cuerpo político. Esto llevó a la creación de un sistema nacional de salud que, con el correr del tiempo y tras mucho ensayo y error, se transformó en un modelo alabado por especialistas y organismos internacionales; entre otros, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Este sistema produjo avances en indicadores claves de salud en Cuba, como el índice de mortalidad infantil y la expectativa de vida al nacer, que hoy son equivalentes a los de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, esta concepción tuvo desde el comienzo una dimensión internacional. El gobierno cubano consideró que la cooperación Sur-Sur era uno de sus deberes, una forma de pagar la deuda a la humanidad por el respaldo a la Revolución. En esta perspectiva, la ayuda médica a otros países en desarrollo se convirtió en un elemento clave de la política internacional de Cuba, a pesar de que casi la mitad de los médicos de la isla huyeron luego de 1959 y pese a las dificultades internas que la ayuda mencionada podía causar.

La fuga de cerebros producida en el campo de la medicina a partir de 1959, lejos de debilitar esta iniciativa, contribuyó a la decisión del gobierno de reorganizar y reformar el área de la salud. Esto hizo posible más tarde el despliegue de la diplomacia médica en gran escala, sustentada en la credibilidad lograda por Cuba, que se refleja en el éxito alcanzado en el acceso gratuito y universal a todos los servicios, la capacitación de los recursos humanos necesarios para cubrir la nueva red de prestación de servicios de salud y, lo más relevante, la reducción de los índices de mortalidad y morbilidad, objetivo fundamental de cualquier sistema de salud. A mediados de los 80, Cuba producía una cantidad de médicos superior a la que necesitaba para su propio sistema –un médico por cada 158 habitantes en 2006, cifra sin precedentes en ningún lugar del mundo–, muchos de los cuales se destinaban a los programas internacionales. Tal vez como un presagio de los tiempos por venir, ya en las décadas de 1970 y 1980 Cuba había implementado un programa de ayuda, en particular médica, que medido en términos per cápita era mucho más amplio que el de cualquiera de sus socios comerciales más desarrollados: la ex-Unión Soviética, los países de Europa del Este y China. Esto no tardó en generar un importante capital simbólico –traducido en prestigio, influencia y buena predisposición– para Cuba, que a su vez permitió obtener respaldo político en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). También fue clave para conseguir beneficios materiales en países como Angola e Iraq, que podían pagar los honorarios de los servicios profesionales prestados (si bien los precios eran considerablemente inferiores al valor de mercado).

Con una pequeña ayuda del amigo venezolano

No es ningún secreto que Hugo Chávez considera a Fidel Castro como su mentor revolucionario y que está dispuesto a ayudarlo con entusiasmo. Sin embargo, lo que pocos saben es que en 1959 Fidel había buscado petróleo y apoyo financiero de otro presidente venezolano, Rómulo Betancourt. No lo obtuvo, y tendrían que pasar 40 años y muchas dificultades económicas para que Cuba por fin consiguiera de Venezuela tratamiento preferencial en materia de comercio, crédito, ayuda e inversiones. La alianza entre ambos países se inscribe en el marco de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), cuyo objetivo es integrar América Latina sobre la base de la justicia social bajo el liderazgo de Venezuela. Pero lo central a los fines de este artículo es que la ayuda de Venezuela en el marco del ALBA ha generado el respaldo financiero necesario para permitir la expansión de la diplomacia médica cubana mucho más allá de lo imaginable, pese a que Fidel venía trabajando obsesivamente desde hacía décadas para transformar a Cuba en una potencia médica internacional.