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La crisis del fútbol ecuatoriano. Entre el endeudamiento, la fragilidad institucional y la violencia

El fútbol ecuatoriano ha logrado avances significativos que se reflejaron en su desempeño internacional, en paralelo a importantes aumentos en sus presupuestos. Sin embargo, y a pesar de esta combinación de éxitos futbolísticos y boom económico, en 2013 se empiezan a manifestar cuatro elementos que configuran una crisis estructural: el populismo financiero que hace insostenible su economía; la falta de normas y transparencia en sus marcos institucionales; el aumento de la violencia –que ahuyenta a los hinchas–; y, finalmente, lo que comienza a percibirse como el debilitamiento de los buenos resultados de los últimos años. Frente a ello, parece más deseable una gestión democrática que la transformación de los clubes en sociedades anónimas.

La crisis del fútbol ecuatoriano. Entre el endeudamiento, la fragilidad institucional y la violencia

¡Nunca la hinchada festejó el superbalance anual!

Washington Cataldi1

Vengo a vender un negocio llamado fútbol.

João Havelange2

En este inicio de siglo, el fútbol ecuatoriano ha logrado éxitos deportivos internacionales nunca antes vistos, tanto con sus selecciones como con sus clubes. Allí están las clasificaciones históricas a los mundiales de Corea-Japón y Alemania y la reciente al de Brasil, así como los triunfos internacionales de la Liga Deportiva Universitaria, entre los que se destaca el vicecampeonato mundial de clubes.

Correlativamente, también se observa un importante aumento del presupuesto de los clubes y de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), que ha conducido a un crecimiento importante de la economía de este deporte: mientras la economía nacional creció –en términos nominales– a una tasa promedio anual de 8%, la del fútbol lo hizo en alrededor de 12%; esto es, 1,5 veces más que el promedio del país.

Pero a pesar de los éxitos futbolísticos y del boom económico del fútbol ecuatoriano, en el año 2013 se empiezan a manifestar cuatro elementos que configuran una crisis estructural.

La situación económica: populismo financiero futbolístico

En 2013, el presupuesto de los 12 equipos de la Primera «A» supera los 60 millones de dólares. Las deudas acumuladas llegan a los 49 millones o, lo que es lo mismo, representan 82% de los ingresos. Si bien este monto de deuda es muy alto con respecto a los flujos anuales, lo que más llama la atención es su composición: préstamos de bancos para pagar deudas; montos impagos a futbolistas, cuerpos técnicos y personal administrativo; crecientes compromisos económicos con la FEF; facturas adeudadas a proveedores; juicios laborales perdidos o en proceso; no cancelación de los tributos propios como tampoco de los impuestos que cobran los clubes como agentes de retención del Estado (más de cinco millones de dólares)3 y no cancelación de las transferencias de los deportistas (la mayoría de las cuales son a corto y mediano plazo) a los clubes que los venden. A ello se suman altos niveles de corrupción4.La inadecuación de ingresos y egresos proviene de dos situaciones: por un lado, de lo que puede denominarse «populismo financiero futbolístico», que se asienta en un directivo que es más hincha que dirigente. El objetivo es obtener campeonatos, por encima de los equilibrios presupuestarios y de la ausencia de transparencia en el manejo institucional, todo esto sostenido por una gestión más personalizada que institucional, herencia del modelo anterior: el mecenazgo5. Por otro lado, la inadecuación proviene de la conversión de una institución sin fines de lucro (club) en un pretexto para que fideicomisos, grupos empresariales y agentes deportivos obtengan cuantiosos recursos económicos. En otras palabras, la crisis nace de dirigencias irresponsables, de modelos de gestión extemporáneos y de la hipermercantilización del fútbol.

Esta situación no es exclusiva del fútbol ecuatoriano y ni siquiera del latinoamericano. Varios autores dan cuenta de las inmensas deudas de los clubes en las grandes ligas europeas6, en Brasil, Argentina, Perú, Colombia o Chile; cada cual con montos altos para su entorno y con variadas formas de solución temporal. En casos extremos, como el peruano, se llegó a privatizar los cinco principales equipos con intervención y recursos públicos mediante un proceso –solicitado por el Sistema Nacional de Administración Tributaria en 2012– que consistió en la designación de empresas como administradores provisionales, lo que implicó la suspensión de las directivas en funciones. Los administradores designados tienen como misión sanear las finanzas de los equipos, que podrán convertirse en sociedades anónimas7. En Argentina, un club fue intervenido y el gobierno se hizo de la transmisión televisada de los partidos, con lo que duplicó el valor pagado por ese concepto a los clubes, pero ni siquiera con esa medida se logró evitar la continuidad de la crisis8; adicionalmente, la crisis europea repercutió en la importación de jugadores latinoamericanos. En Brasil, como indica Helena Reis, la deuda de los 23 clubes ascendía en 2012 a 2.000 millones de dólares9, pese a que el gobierno creó en 2007 un mecanismo para reducir la carga de las deudas de estas instituciones con el fisco; aun así, la situación tiende a agravarse.

En varios países, empresarios considerados exitosos en otras actividades, que por lo general actúan en mercados oligopólicos –Mauricio Macri es un ejemplo en Argentina–, han tomado a cargo los clubes con la promesa de «modernizarlos», pero en la mayoría de los casos esos experimentos han sido fallidos. Por perseguir el éxito –no siempre logrado–, estos dirigentes han dejado a los equipos en una situación patrimonial raquítica, cosa que en otras actividades les habría costado el cargo y eventualmente el patrimonio personal.

Tal vez el populismo financiero en el fútbol sudamericano sea un reflejo de lo que ocurre en el ámbito mundial en otra escala10. Los clubes de los países de esta parte del mundo hacen esfuerzos para conservar a algunos jugadores de alta calidad y, para ello, deben competir en alguna medida con los importadores netos: Europa, Estados Unidos, países árabes y Asia. En ese sentido, se podría sostener que la globalización o mundialización del fútbol, siguiendo la Teoría de la Dependencia, es inequitativa, porque los recursos económicos, las técnicas de mercadeo más desarrolladas, el dominio de los medios de comunicación, etc., están controlados por las empresas y los clubes del Norte industrializado. Eso convierte al subcontinente en exportador del recurso principal del balompié11 y en importador de las transmisiones y objetos deportivos, lo que conduce a una transferencia permanente de recursos hacia el Norte desarrollado12.

Si regresamos al tema de la debilidad económica de los clubes de fútbol, en buena parte de los países sudamericanos vemos que la solución ha pasado por la intervención de los gobiernos. Ello choca contra la lógica impuesta por la FIFA de ser el regulador mundial del deporte; es decir, no existe un planteamiento unívoco pues los gobiernos están impedidos de intervenir en las federaciones de fútbol, pero sí se los llama a actuar cuando hay crisis. En tal sentido, cabe preguntarse cuál debe ser el papel de las boyantes federaciones nacionales y regionales, así como de la multimillonaria FIFA, en la economía de los clubes de fútbol. Estas entidades asociativas se benefician de los torneos internacionales (derechos de televisación13, auspicios) y no tienen ninguna responsabilidad respecto de los egresos principales de los clubes: el pago a los jugadores según los contratos.

¿Es correcto que estas entidades hagan mutis por el foro? ¿Que entreguen migajas a los clubes que son la base de su accionar? ¿Será el fair play financiero propuesto por Europa la solución a los problemas del fútbol actual?

El marco institucional: sin normas, sin transparencia

En lo administrativo, se observa un modelo de gestión anacrónico y caduco, que se expresa, por ejemplo, en que solo excepcionalmente algún club del país tiene un plan estratégico de mediano plazo, un plan orgánico funcional, un presupuesto aprobado por sus socios y un balance de situación entre activos, pasivos y patrimonio. Si esto ocurre a escala de los clubes, la FEF no es la excepción: en ella también puede constatarse la falta de transparencia en la toma de decisiones, el manejo clientelar, patrimonialista y caudillista que caracteriza la administración actual y el modelo de gestión carente de una regulación autónoma y apropiada a la realidad del fútbol nacional.

Uno de los principales cambios en la gestión de los clubes en los últimos años es el tránsito de la profesionalización de los futbolistas inscritos en un club (pase) hacia la liberalización de la mano de obra –pie de obra–, que conduce al establecimiento de contratos y, además, a una hipermercantilización del fútbol. El valor de los contratos y, especialmente, el castigo por su rescisión se convierten en piezas claves de la movilidad de los jugadores.

Según cifras del fútbol de Ecuador, los clubes no logran cubrir sus gastos corrientes (sueldos, intereses por deuda, gastos administrativos, etc.) con los ingresos corrientes (por derechos de televisión, taquilla, venta de la marca o merchandising, etc.). Por la necesidad de financiar ese déficit, permanente en algunos casos, se establecen relaciones con financistas –hinchas, no hinchas, prestamistas informales, bancos, etc.–, pero dependiendo de cómo se establezca esa relación los clubes obtendrán resultados positivos o negativos. En ese sentido, se han identificado dos modelos característicos o extremos de cómo se llevan adelante las actividades de financiamiento en el fútbol ecuatoriano; tal vez esa lógica también se aplique a otros países de la subregión. En el primero, el club forma parte de la compraventa de jugadores y es partícipe si no de la totalidad, de gran parte de los contratos; es decir, es el gran beneficiado por las actividades de financiamiento. En el segundo, el club tiene una reducida participación en los contratos o estos han sido cedidos completamente a financistas (hinchas o no hinchas), a cambio del financiamiento del déficit corriente14. Cuando los contratos con los jugadores, uno de los principales activos con que cuenta un club15, no son de propiedad del equipo, entonces el patrimonio es mínimo o negativo (pasivos mayores que los activos). En este caso estarían inmersos varios clubes ecuatorianos, por lo que se duda sobre su viabilidad y se percibe un gran peligro para su sostenibilidad.

Son estos actores paralelos los que descapitalizan a los clubes y suplantan a la membresía en la toma de decisiones. ¿Dónde están, por ejemplo, los recursos generados por la comercialización de Antonio Valencia, Fidel Martínez, «Chucho» Benítez, Jefferson Montero, Pedro Quiñonez o Narciso Mina? Un caso ilustrativo fue el último partido entre los equipos de Ecuador y Argentina, jugado en Quito: de los 11 jugadores titulares de la selección nacional ecuatoriana, siete se iniciaron en el club El Nacional. De aquí surgen dos preguntas: ¿dónde está el dinero de estas transferencias? Y ¿por qué vendieron a una generación completa de jugadores?16

De esta forma se ingresa en una dinámica institucional perversa: mientras los clubes son vitrinas de valorización del futbolista y depositarios de las exigencias legales de los contratos, son actores internos y externos los que se benefician de los derechos deportivos de los futbolistas sin tener responsabilidad directa, más allá del riesgo de la inversión, en un mercado altamente volátil. Mientras los clubes pierden patrimonio, los grupos empresariales obtienen utilidades y las dirigencias actúan como mediadores entre ellos para obtener resultados deportivos positivos a corto plazo. En otras palabras, la crisis se incuba en una aguda debilidad institucional.

Pero, otra vez, esta no es una característica exclusiva del fútbol ecuatoriano. Análisis sobre el fútbol en Argentina, Brasil y Perú17 hacen referencia a actos conocidos de corrupción en la administración de los clubes, es decir que prevalece el segundo de los modelos de financiamiento anteriormente descrito. Algo que se añade a lo dicho hasta aquí es la injerencia de las barras bravas como otro elemento de deterioro de la calidad de las instituciones. Esos grupos de hinchas reciben recursos de los clubes y tienen incidencia sobre la alineación de los equipos, por lo que influyen sobre la valoración de los jugadores y, también, son protagonistas de otra de las formas en que se expresa la crisis del fútbol: la violencia.

En este marco, cabe señalar que Colombia y Chile están en otra situación. Colombia, porque debió sobreponerse a las secuelas de la incursión del narcotráfico en el deporte y ahora ha vuelto en algunos casos al antiguo mecenazgo (la familia Ardila Lulle es propietaria de Atlético Nacional y la familia Char es dueña de Junior de Barranquilla)18 y en otros, a establecer sociedades anónimas. En Chile también operó la transformación a sociedades anónimas.

Si bien estos dos ejemplos muestran casos que dan salida al populismo financiero, pues en una sociedad por acciones es connatural la transparencia de la gestión económica y financiera con los socios, no necesariamente es un modelo de gestión que evite el sobreendeudamiento de los clubes. Ello nos lleva nuevamente a las grandes ligas de Europa, pues como señala el informe elaborado por José Gay de Liébana19, 90% del activo total de los clubes de las principales ligas de Europa está comprometido en deudas. A ello se debe agregar que la venta de acciones en las bolsas de valores es un mecanismo muy riesgoso, pues el valor de las acciones depende frecuentemente de los resultados en el corto plazo, por lo que se convierte en un mecanismo que es procíclico a los resultados (mientras mejores son estos resultados, mayor es el valor del club, y viceversa).

Al no existir «un» modelo exitoso, corresponde a cada club elegir el propio. Su fortaleza dependerá, entre otros elementos, de la capacidad de gestión, la que a su vez está condicionada por la calificación de los administradores. Es el momento adecuado para que personas especializadas y conocedoras de un deporte complejo se incorporen a las plantas administrativas de los clubes.

La violencia

La violencia ligada al fútbol ha llegado a Ecuador. Según un boletín del Ministerio del Interior, «entre 2007 y 2013 se registran cinco personas fallecidas: dos en el interior de los estadios y tres en las afueras; 74 detenidos, 46 personas heridas y 20 personas identificadas como peligrosas que no pueden ingresar a los estadios»20. Es decir, no son hechos aislados ni tampoco los violentos son personas infiltradas. Existen barras organizadas y hay personas violentas y ligadas a la delincuencia que están alrededor del fútbol para defender sus territorios, obtener ingresos económicos o amplificar la demanda de drogas, entre otros aspectos21. No hay que olvidarse de que el fútbol es un deporte de confrontación y de contacto, en el que el límite entre la jugada violenta y la pacífica es muy tenue22. De esta esencia surgen algunos tipos de violencias vinculadas al fútbol: la primera, como «violencia en la cancha» –caracterizada por ser centrífuga23–, es la protagonizada principalmente por los futbolistas; pero ha sido controlada mediante las 17 reglas, los árbitros y el fair play, aunque siempre persistan casos aislados.

La segunda es la «violencia en las gradas», protagonizada principalmente por los hinchas que reivindican la violencia simbólica con cánticos, banderas y tambores24. Pero cuando se organizan para defender los universos simbólicos del club o para obtener beneficios (dinero, entradas, servicios), o cuando el apoyo al equipo se convierte en una forma de vida, todo cambia: la violencia se hace presente. El procesamiento de esta conflictividad se logra con la separación de las hinchadas en el espacio del estadio y en el tiempo de entrada y salida de los seguidores.

Con el control de la violencia en las gradas, se produce un desborde de esa misma violencia hacia la ciudad, por el peso que adquiere la camiseta, tanto en términos simbólicos (la piel) como comerciales (vitrina ambulante); así como por la significación que cobran estas «tribus» vinculadas al fútbol. Allí la violencia simbólica se transforma en física y el actor social pasa de hincha a barra brava: los comportamientos son organizados, la ritualidad en su acción es afirmativa, las creencias de pertenencia (símbolos, tradiciones) se amplifican. Con ello, el hincha y el barra brava se consideran parte de una supuesta elite poderosa, que busca construir una hegemonía frente a los otros y consolidar una autonomía frente al propio club, para obtener una fuente de ingresos económicos. En este caminar –gracias a la televisión y a las nuevas tecnologías de la comunicación–, el hincha se convierte, por un lado, en un actor directo del fútbol (por eso recibe auspicios económicos de todo tipo), y por otro, en una teleaudiencia de consumo masivo.

Adicionalmente, existe la penetración de la violencia y la delincuencia de la sociedad en el fútbol bajo una lógica centrípeta; allí está la exacerbación del racismo, nacionalismo, machismo, regionalismo, chauvinismo, entre otros; pero también la presencia del narcotráfico, el coyoterismo, el cambio de edades y nacionalidades de futbolistas, las pandillas y la falsificación de nombres.

Este proceso es similar o, incluso, más agudo en otros países: en Argentina solo en este año han sido asesinados seis hinchas; en Brasil, en los últimos diez años han tenido un promedio de 4,2 muertos por año25. Hoy las hinchadas son más poderosas económicamente y más influyentes políticamente, tanto que, por ejemplo, la impunidad en el fútbol es más alta que en la sociedad, y los ingresos y prebendas que estos grupos obtienen se han incrementado con el paso del tiempo.

Sin embargo, las políticas que plantean en Ecuador el gobierno y la FEF no se ajustan a esta realidad sino a una condición reactiva que se rige más por el marketing que por la búsqueda de soluciones a ese problema: en 2007, cuando muere el niño Carlos Cedeño en el estadio de Barcelona, se prohíbe la entrada de bengalas; cuando el muchacho George Michael Murillo es asesinado en el Puente de la Unidad Nacional, el ministro del Deporte, el ministro del Interior y el presidente de la FEF plantean «tarjeta roja a la violencia» con algunas medidas inconexas; cuando un policía es arrojado a la fosa del estadio Atahualpa, el gobierno nacional plantea la salida de la policía de los estadios y, finalmente, cuando hinchas del Barcelona pretenden ingresar por la fuerza al estadio Rumiñahui, la policía y la FEF promueven la prohibición del ingreso de banderas y de bombos a los estadios…

Ya es hora de que se tenga, como en Inglaterra, una estrategia general de prevención de la violencia en los estadios y no un conjunto de medidas aisladas e inconexas que se difunden cada vez que se produce un hecho de fanatismo.

Los resultados deportivos

Parece que la crisis –finalmente– le llegó al fútbol en este año 2013. La selección nacional hizo «líquidos» sus ahorros de la primera etapa de las eliminatorias al Mundial de Fútbol de Brasil 2014. Si bien clasificó para jugar la Copa en cuarto lugar, no se puede dejar de señalar que lo hizo sobre la base de dos situaciones: los puntos logrados en la primera etapa de las eliminatorias y los partidos que jugó de local, en los que terminó invicta.

En términos de los clubes, lo primero que se debe afirmar es que no les ha ido nada bien en la Copa Sudamericana: el Emelec se elimina con un balance negativo de siete goles en contra y dos a favor. El Barcelona y el Deportivo Quito se quedan en las primeras fases y es la Liga de Loja la que más perdura, a pesar de estar peleando el descenso en el torneo nacional.

Respecto del torneo nacional, el signo principal ha estado marcado por la irregularidad y por la ausencia de los equipos más ganadores y populares de las primeras planas. Barcelona (campeón reinante), Nacional y Liga Deportiva Universitaria de Quito se encuentran de la mitad de la tabla para abajo. El Deportivo Quito baja en la tabla de posiciones, no se presenta a un partido y juega sin público. El Emelec es el único que se salva, pero solo puertas adentro.

Para superar los problemas que perturban el accionar del fútbol, no parece que exista una sola opción en términos de administración de los clubes. La transformación de los equipos en sociedades anónimas puede contribuir al manejo más transparente de las gestiones, pero ello no implica que de manera automática se resuelvan los problemas del populismo financiero, como lo demuestran varias experiencias en el continente y fuera de él. Además, ese posible cambio tiene como sino que termina con uno de los rasgos más importantes del deporte, esto es, ser un espacio de encuentro de la sociedad civil en el marco de una organización democrática. Conservar esa característica y modernizar la gestión podría ser el derrotero que confiera una particularidad específica al fútbol de Ecuador y los países latinoamericanos, a diferencia de algunos europeos que se han convertido en espacio de influencia de grandes firmas o grandes inversionistas que utilizan este deporte como una forma de validación social para su accionar individual. Eventualmente, una gestión democrática puede llevar a un concepto menos «securitista» con respecto a las barras bravas, pues se podría desarrollar, en contraposición, el control social de los violentos, quienes actualmente son uno de los principales problemas, pues la violencia es uno de los elementos que explican el alejamiento de los aficionados de los estadios. Ese alejamiento influye negativamente en la economía de los equipos. Entonces, para finalizar, habría que buscar un tipo de gestión democrática que además de superar el populismo en la administración consiga atraer a más hinchas, para multiplicar el número de adeptos y crear así organizaciones más sólidas.

Otro aspecto, que ha sido poco tratado aquí y que merece más análisis, es el papel de los representantes o agentes de los jugadores. Parecería que a ellos les interesan, con honrosas excepciones, las ganancias a corto plazo, y para que estas se produzcan no se considera el futuro futbolístico del jugador, sino solamente el aspecto económico. Para poner un parangón, estos agentes actúan igual que los inversores de Wall Street o de los bancos quebrados en EEUU y Europa, pues no les atañe el contexto en el que se encuentra el jugador en términos futbolísticos y la proyección que pueda tener, si la formalización de un nuevo contrato es lo suficientemente buena como para recuperar la remuneración por el trabajo de asesoramiento lo antes posible; en otras palabras, sus ingresos dependen de la mercantilización del deporte.

  • 1. Fernando Carrión: académico del Departamento de Estudios Políticos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)-Ecuador y editorialista del diario Hoy.Pablo Samaniego: académico del Departamento de Desarrollo de Flacso-Ecuador.Palabras claves: fútbol, populismo financiero, privatización, clubes, violencia, Ecuador.. Declaraciones en la campaña electoral para llegar a ser presidente del club uruguayo Peñarol.
  • 2. Discurso de posesión como presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (fifa) en el año 1974.
  • 3. Existen casos de jugadores que tienen más de un contrato y con diversas personerías jurídicas, algunos de los cuales se firman en el territorio nacional y otros en paraísos fiscales.
  • 4. El directorio del Barcelona sc, equipo de Guayaquil, realizó este año una auditoría de los periodos anteriores y por ello se ha podido tener certeza de actos de corrupción. El informe da cuenta de una diversidad de formas a través de las cuales distintos estamentos administrativos del club lucraban con operaciones anormales. Uno de los increíbles casos es el de un jugador con contrato con Barcelona que fue a jugar a préstamo por una temporada a otro equipo y a su regreso volvieron a pagar por él como si fuera un jugador nuevo. Barcelona sc: «Informe de comisión», 15/4/2013.
  • 5. F. Carrión M.: «La crisis del fútbol ecuatoriano: el populismo financiero» en Polémika No 10, 11/2013.
  • 6. José Gay de Liébana: «5o informe anual sobre la situación económica del fútbol español y europeo», presentación en PowerPoint, 2012.
  • 7. «La ley, efectivamente, es bastante compulsatoria, porque si bien no anula otras formas de organización, como las asociaciones civiles, sí da una serie de beneficios a quienes se conviertan en Sociedades Anónimas, con lo que está marcando la ruta a seguir». Aldo Panfichi: «La crisis del fútbol es terminal», entrevista en Diario La Primera, 9/11/2009, disponible en www.diariolaprimeraperu.com/online/entrevista/la-crisis-del-futbol-es-terminal_50110.html.
  • 8. Pablo Alabarces y Juan Branz: «La crisis eterna: los clubes argentinos y la deuda como política» en Polemika No 10, 11/2013.
  • 9. H. Reis: «La crisis del fútbol brasilero» en Polemika No 10, 11/2013. En el ejercicio 2010-2011, las ligas inglesa, alemana, española, francesa e italiana acumularon una deuda de 12.794 millones de euros (J. Gay de Liébana: ob. cit.). Comparativamente, la liga de Alemania y Francia registran un valor adeudado menor al que se presenta en Brasil.
  • 10. Luis Roggiero establece que el éxito deportivo en Ecuador está asociado al gasto en salarios en los equipos. Esta también podría ser una razón para la inflación en el fútbol. L.C. Roggiero Luzuriaga: El negocio no es redondo: los determinantes del desempeño deportivo y financiero de los equipos de fútbol profesional del Ecuador, Flacso-Ecuador, Quito, 2012.
  • 11. Se debe añadir que los países importadores compran jugadores cada vez más jóvenes con el propósito de pagar precios más bajos. Desde la perspectiva latinoamericana, es como exportar una piedra en bruto o con poco procesamiento para que sea tallada en el extranjero. Por ello se podría asimilar el proceso a la exportación de materias primas. Perú tiene 32 futbolistas que juegan fuera del país, Ecuador, 42, Chile, 64, Colombia, 212, Uruguay supera los 310 y Argentina y Brasil están sobre los 1.100 futbolistas. Sin embargo, en el balance comercial de estos países, solo Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay tienen más deportistas exportados que importados. Colombia, por ejemplo, exporta tantos futbolistas como los que en Ecuador juegan en la primera categoría «A».
  • 12. Tanto en la empresa económica como en el campo de deportes, el hombre es intercambiable. Gerhard Vinnai: El fútbol como ideología, Siglo xxi, México, df, 2003.
  • 13. La violencia es un negocio de la televisión para alejar de la cancha a la gente, y en el fútbol se acabó el hincha.
  • 14. P. Samaniego: «Microeconomía del fútbol ecuatoriano; algunos supuestos sobre su funcionamiento» en Polemika No 10, 11/2013.
  • 15. El activo fijo es otro componente importante para los clubes que cuentan, entre otras instalaciones, con estadios de fútbol. Ese tipo de activos, sin embargo, con dificultad sirve para ser aceptado como garantía de una deuda porque no es fácil su liquidación.
  • 16. Hay clubes, especialmente en las categorías inferiores, cuyo objetivo es formar jugadores y venderlos. Eventualmente también los equipos de la serie mayor optan por una estrategia de negocio parecida, pero con el riesgo de debilitarse para la competencia. Parecería que, en ocasiones, se hacen ventas masivas de jugadores para beneficio de los directivos que toman tales decisiones y no para apuntalar patrimonialmente a los clubes.
  • 17. P. Alabarces y J. Branz: ob. cit.; H. Reis: ob. cit.; y A. Panfichi: «El colapso del fútbol peruano, los clubes y su privatización» en Polemika No 10, 11/2013.
  • 18. David Quitián: «La economía del fútbol colombiano: de la ilegalidad y el crimen al glamour globalizado» en Polemika No 10, 11/2013.
  • 19. Ob. cit.
  • 20. Ministerio del Interior, boletín de prensa, 4 de octubre de 2013.
  • 21. F. Carrión: «Fútbol y violencia: las razones de una sinrazón» en Espacio Abierto No 15, 2011, pp. 105-116, disponible en http://works.bepress.com/fernando_carrion/502.
  • 22. Por eso el árbitro es tan necesario, no solo para impartir justicia, sino también para ser el constructor de incertidumbres antes del partido, y luego, un chivo expiatorio de las derrotas.
  • 23. Centrífuga en el sentido de que la cancha y el equipo de fútbol proyectan los universos simbólicos hacia la sociedad.
  • 24. Que tiende a ser regulada y extirpada en la región, con lo cual los símbolos identitarios se licúan y la fiesta del fútbol como ritual del consenso se viene abajo, lo que produce más problemas que soluciones.
  • 25. «Cuando comenzamos a realizar el estudio, hace diez años, Brasil estaba en el tercer lugar en comparación con los otros países en número de muertes. Los dos países con más muertes entonces eran Italia y Argentina. Diez años después, Brasil conquistó el primer lugar». «Brasil es el país con mayor número de muertes por fútbol en los últimos diez años», Agencia efe, 19/7/2009.