Opinión

La «Coalición Colombia»: ¿una opción viable para las elecciones de 2018?

Una alianza de partidos y referentes progresistas anima al electorado colombiano. Sin embargo, la Coalición Colombia no solo manifiesta acuerdos programáticos. También tiene divergencias. Entre ellas, se destaca la posible ampliación de la alianza a Humberto de la Calle y el Partido Liberal.

La «Coalición Colombia»: ¿una opción viable para las elecciones de 2018?

A raíz de un intercambio tenso de mensajes en redes sociales entre sus principales dirigentes, la Coalición Colombia empezó a tambalear en el preciso momento en que comenzaba a demostrar sus posibilidades de cara a las elecciones de 2018. Esta amplia alianza de movimientos y personalidades independientes y de izquierda, acababa de lograr su primer éxito electoral el 26 de noviembre al ganar la alcaldía de Yopal frente al Centro Democrático, del siempre popular expresidente Álvaro Uribe. Ninguno de los componentes de la coalición tenía fuerza electoral previa en esta capital departamental azotada por la corrupción.

Este resultado fue un espaldarazo para los simpatizantes de la coalición, que empezaron a ver que el discurso contra la corrupción y el clientelismo de la clase política tradicional, la principal bandera de la agrupación, podía tener éxito hasta en uno de los supuestos baluartes de estas prácticas. Lamentablemente, una semana después, estas esperanzas fueron duchadas cuando Claudia López, una de las tres cabezas nacionales del grupo, anunció por twitter que lamentaba que su colega Sergio Fajardo hubiese decidido presentar su candidatura presidencial por fuera de la coalición. El interesado desmintió manifestando su desconcierto, mientras la tercera cabeza de la alianza, Jorge Enrique Robledo, llamaba a la calma e insistía en que un acuerdo era posible todavía. Finalmente, los tres convinieron en seguir con las discusiones para construir la Coalición Colombia tanto para presentar listas comunes en las elecciones legislativas de marzo de 2018 como para encontrar un mecanismo para designar un candidato común para la presidencial de mayo, sin disipar del todo el malestar.

Los primeros acercamientos entre los miembros de la coalición empezaron hace poco más de un año, al calor de la campaña para el plebiscito sobre los acuerdos de paz firmados entre el gobierno y la guerrilla de las FARC. Mientras el país se polarizaba sobre el tema y que los partidarios de los acuerdos sentían la resistencia que éstos generaban, tanto por la impopularidad de las FARC como del propio gobierno de Juan Manuel Santos y los partidos que lo apoyaban, algunos dirigentes políticos empezaron a sentir la necesidad de buscar una vía mediana para defender la paz y la implementación de los acuerdos sin aparecer como solidarios del gobierno.

El resultado del plebiscito les dio la razón, ya que como sabemos, el NO ganó sorpresivamente con estrecho margen. El gobierno sufrió también los efectos de los escándalos vinculados a las coimas de la firma Odebrecht reveladas en diciembre de 2016. Si las revelaciones generaron dudas tanto sobre el financiamiento de la campaña de reelección de Santos en 2104 como sobre la de su adversario uribista Oscar Iván Zuluaga, su principal efecto práctico fue el debilitamiento de la coalición de gobierno con la judicialización de varios de sus alfiles. En este contexto, el ex vicepresidente y principal candidato a la sucesión de Santos, Germán Vargas Lleras empezó a distanciarse del gobierno y a manifestar críticas cada vez más duras contra los acuerdos de paz.

El panorama de debilitamiento del gobierno y de una posible victoria de un candidato crítico de los acuerdos de paz en las elecciones de 2018 (sea Vargas Lleras, sea el candidato del expresidente Uribe), abrió un espacio para un sector que defendiera la implementación de los acuerdos sobre la base de una postura «Ni-Ni», ni santista, ni uribista. Convergieron ahí tres sectores.

El Polo Democrático Alternativo, principal partido de izquierda desde los años 2000, se había debilitado a través de varias divisiones y una gestión controvertida en la alcaldía de Bogotá. Su principal dirigente, Jorge Enrique Robledo fue proclamado temprano candidato presidencial del partido para 2018, pero a pesar de su popularidad en parte de la opinión de izquierda, tenía pocas posibilidades en esta contienda.

La Alianza Verde, vestigio del movimiento de opinión de la llamada «ola verde» desencadenado por la candidatura de Antanas Mockus en la elección presidencial de 2010, trataba de mantener desde entonces el posicionamiento independiente y crítico de las prácticas políticas tradicionales que lo caracterizó. Después de las elecciones de 2014, la senadora Claudia López empezó a aparecer como la figura más destacada de los verdes por su estilo crítico y de confrontación, en particular frente a la corrupción.

Finalmente, Sergio Fajardo, antiguo gobernador del departamento de Antioquia y alcalde de su capital, Medellín, buscaba encarnar también una visión independiente y alejada de la política tradicional con su trayectoria como universitario y el estilo gerencial que impulsó en sus gobiernos locales. En 2010, ya había tratado de lanzar su candidatura presidencial antes de sumarse a la ola verde como candidato a la vicepresidencia de Mockus. La perspectiva de una nueva tentativa suya en 2018 tiene la simpatía de sectores urbanos y modernizantes, quizás algo más inclinados a la derecha que la Alianza Verde, particularmente hacia el mundo empresarial.

Fajardo, López y Robledo empezaron a aparecer juntos en fotos y reuniones, hasta que se oficializaran las negociaciones de una alianza entre los tres sectores bajo el nombre de Coalición Colombia en septiembre de 2017.

La perspectiva parece revivir los anhelos de renovación que se habían manifestado en la época de la ola verde, salvo que en una versión mayor, que iría de la izquierda a la centro-derecha. Este amplio espectro y la popularidad de las tres cabezas de la coalición le valen un pronóstico optimista para 2014. Sin embargo, estas fuerzas son también una fragilidad. Una coalición tan amplia supone grandes divergencias programáticas en temas económicos y sociales. El discurso anti-corrupción y contra la clase política tradicional, por más eficaz que fuera dado el contexto de impopularidad de la misma, probablemente no bastará para borrar estas diferencias.

Pero es sobre el tema estratégico que la coalición conoció sus primeros tropiezos. Una de las cuestiones que generan tensiones es la posible ampliación de la alianza a Humberto de la Calle y el Partido Liberal. Aunque como formación de la política «tradicional», el Partido Liberal difícilmente combina con el discurso de la coalición, su candidato presidencial electo por consulta popular tiene un perfil más afín. De la Calle ha sido el negociador del acuerdo de paz, y su principal defensor. Sin embargo, el hecho de que su victoria haya sido ajustada en la primaria, que por lo demás, suscitó poca participación a pesar de su carácter abierto, genera complicaciones. Buena parte de los cuadros liberales no ven con buenos ojos un acercamiento con la coalición y prefieren mirar por el lado de Vargas Lleras, como la mayor parte de los dirigentes políticos nacionales. Por su parte, los lideres de la coalición temen ser marginados por la maquinaria del Partido Liberal en las regiones. De modo que el acercamiento entre el liberalismo y la coalición parece postergarse para después de la primera vuelta, con el riesgo de que De la Calle y el candidato de la coalición se perjudiquen mutuamente.

Otra controversia es la posible creación de listas comunes de candidatos de la coalición para las legislativas de marzo. En este escenario, existe una asimetría entre el Polo Democrático y la Alianza Verde por un lado, que ya tienen una presencia en el Congreso (aunque limitada), y el movimiento de Sergio Fajardo que no la tiene. Fajardo y sus partidarios apoyan la idea de una lista bloqueada que alternaría candidatos de los tres componentes, lo que aseguraría escaños en el congreso para los suyos. Los verdes y el Polo prefieren una lista de coalición no bloqueada, como lo permite el sistema electoral, en la cual cada candidato competiría individualmente para ocupar los escaños obtenidos para la lista en conjunto.

La controversia mayor tiene que ver con el mecanismo para designar el candidato presidencial. Desde las primeras conversaciones que se dieron para la constitución de la coalición, se habló de una posible consulta abierta entre Fajardo, López y Robledo que se convocaría junto con las legislativas de marzo. Sin embargo, Fajardo, quien según las encuestas, es el más opcionado de los tres, considera que es mejor designar un candidato antes.

Finalmente, los tres optaron por anunciar la candidatura presidencial de Fajardo, y listas separadas del Polo y de la Alianza Verde integrando fajardistas para las legislativas (encabezadas por Robledo y López respectivamente). El acuerdo salva la coalición, y le otorga a Fajardo una buena posición en la contienda que empieza, no obstante, el episodio recordó también la fragilidad de esta alianza.

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