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Izquierdas y feminismos, hitos contemporáneos

En el marco de los actuales debates de las izquierdas, resulta productivo revisitar el cruce entre izquierda y feminismo en clave contemporánea. En un tema tan vasto, una forma de acceso es recorrer brevemente algunos hitos de los últimos años, mediante los cuales es posible repasar encuentros y desencuentros entre izquierdas y feminismos cada vez más plurales. De América Latina a Europa y Oriente Medio, la relación problemática, aunque también fructífera, revela sus propias tensiones y desafía los límites identitarios y políticos de quienes se aprestan al diálogo y a la tarea común, en pos de proyectos que enfrenten las desigualdades en sus múltiples dimensiones.

Izquierdas y feminismos, hitos contemporáneos

Todavía hoy parece imposible hablar de la relación entre la izquierda y el feminismo sin recaer en el imaginario romántico y en la figura del desencuentro. Esas metáforas se acuñaron con fuerza durante las décadas de 1970 y 1980, cuando fueron más intensos los debates en torno del matrimonio mal avenido o de los noviazgos infelices que la izquierda, sobre todo marxista, y el feminismo habrían mantenido a lo largo del siglo xx. Tales desencuentros vendrían de lejos, con escenas canónicas como las de Vladimir i. Lenin regañando a Clara Zetkin por los supuestos desvaríos del amor libre. O Alexandra Kollontay clamando por una nueva moral y una mujer nueva, ante la mirada desconfiada de sus camaradas bolcheviques. Todo eso, en el escenario paradójico de una revolución que adelantaba un siglo el reloj de los derechos de las mujeres, para retrasarlo, poco después, cuando al calor del estalinismo se desmantelaría la mayor parte de los avances de los años 1917-1930.

Si el desencuentro es una constante, no ocurre lo mismo con la identidad de quienes integran la supuesta pareja malavenida. Cada vez más, hablamos, en plural, de izquierdas y de feminismos. Izquierda socialdemócrata, marxista, anarquista, radical, populista, revolucionaria, popular o anticapitalista, por un lado. Posfeminismo, feminismo popular, lesbofeminismo, feminismo queer, transfeminismo, feminismo poscolonial, ecofeminismo, por otro. Y esto, sin que ninguna de las dos listas resulte exhaustiva porque estamos ante expresiones que se renombran mientras estamos escribiendo, al ritmo vertiginoso de las redes sociales y al más lento, aunque no menos activo, de las prácticas políticas concretas.

Por supuesto, en el vasto campo de lo político hay quienes siguen insistiendo en el momento del encuentro como, por ejemplo, los feminismos anarquistas y socialistas o las izquierdas antipatriarcales. Pero hay también en los feminismos quienes hace rato abandonaron, con decepción, el diálogo con una izquierda que se reproduciría misógina, sorda y patriarcal. Este artículo no terminaría nunca si revisáramos cada una de esas experiencias que se dan, además, en distintas partes del globo y con especificidades locales siempre difíciles de sopesar a distancia, dado que las voces no se reparten por igual en la apabullante polifonía de los medios de comunicación y las redes sociales.

Sin embargo, sí podemos dar cuenta de algunos hitos resonantes que, en los últimos años, han reactivado la evaluación del encuentro (y el desencuentro) entre esas izquierdas y esos feminismos cada vez más plurales. Un antecedente, sin dudas, es el desparpajo con que el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se calificó en varias oportunidades como un convencido feminista. El líder de la llamada Revolución Bolivariana apostaba a un socialismo del nuevo siglo, que, entre otras virtudes, fuera feminista sin dilación. En esa tónica, no dudó en repetir la consigna en el encuentro de presidentes del Foro Social Mundial (2009) y preguntar a un visiblemente incómodo Rafael Correa, ya presidente de Ecuador, si también era feminista. El evidente voluntarismo de Chávez, que identificaba sin desavenencias ni fisuras el feminismo y el socialismo, se encontró con el asentimiento forzado de un Correa que se mordía los labios y se abanicaba ante un público fervoroso1.

Unos años después, esa respuesta entre dientes de Correa se fue transformando en una postura altisonante. En 2013, ante el debate por las modificaciones a la regulación del aborto, en contra de las asambleístas de su partido –Alianza País–, Correa amenazó con dimitir si se iba más allá de la legalización en embarazos producidos por violaciones a mujeres con discapacidad mental. La ilusión que la «Revolución Ciudadana» había despertado en una parte del feminismo se terminó de resquebrajar cuando se pudo escuchar al presidente decir, en ocasión de un acto de gobierno a fines de ese mismo año, que en Ecuador se respetaba el «movimiento feminista por la igualdad de derechos», pero no el extremo «peligrosísimo» de una «ideología de género» que bregaría por una libertad absoluta de los géneros y no tendría ningún asidero «académico». Cinco minutos de video alcanzan para ver cumplido el temario del más clásico catecismo antifeminista y homofóbico, incluida la consabida advertencia de que esto «se enseña a niños y jóvenes» y destruye la «familia convencional»2. Previniendo la lluvia de críticas que lo tildarían, cuando menos, de cavernícola, el presidente parece allí responder al pícaro Chávez, ya fallecido: estas cuestiones no serían de izquierda ni de derecha, son «moralidades» que lejos están de los temas centrales de la economía y la política. Pese a este discurso, tanto en 2013 como en 2015, Correa mantuvo reuniones con organizaciones lgbt (lesbianas, gays, bisexuales y trans) en las que se establecieron algunos compromisos sobre temas de violencia, salud, educación y ciudadanía3.

Además de provocar un tembladeral entre los propios y el gozoso reconocimiento de los grupos católicos y ultracatólicos, estos dichos dividieron tanto a los sectores feministas y lgbt ya incluidos en la mentada revolución, como a aquellos que mantenían una distancia crítica. Pero, sobre todo, evidenciaron los límites de la construcción de una nueva ciudadanía en la que los reclamos feministas históricos, ahora rebautizados como un fundamentalismo inaceptable, se verían postergados y resignificados en los discursos y en las acciones de gobierno. Solo como un ejemplo: el trabajo de la Estrategia Nacional Intersectorial para la Planificación Familiar y la Prevención del Embarazo Adolescente (enipla) fue traspasado de los ministerios hacia el Poder Ejecutivo y quedó redefinido bajo el designio de la médica Mónica Hernández, reconocida por su cercanía a los sectores católicos más tradicionales4.

Más allá de las particularidades nacionales, este hito viene a dejar en claro que no está en discusión la participación legítima del feminismo en una revolución que se reconoce a la izquierda del orden mundial hegemónico. Sin embargo, lo que se juega a cada paso es la definición misma de ese feminismo. Incluso hay una puja permanente por los alcances de un término más propio de la segunda parte del siglo xx, como es el de género. Con frecuencia, tanto en la política como en los medios y en algunos ámbitos académicos, «feminismo» y «género» se utilizan como una suerte de sinónimo del término «mujer». Así enunciada, la «cuestión de la mujer» fue una preocupación que las izquierdas nacientes compartieron con su época y hasta la enaltecieron con las plumas de sus figuras pioneras, comenzando por Charles Fourier, quien sostenía que el grado de emancipación de una sociedad podía medirse por el grado de emancipación de la mujer (habría que exceptuar aquí a algunos referentes entre los que se cuenta, sin dudas, el mismísimo Pierre-Joseph Proudhon, enardecido hasta el insulto ante el avance femenino). Ya el Manifiesto comunista daba cuenta de la importancia del tema, y autores fundantes como Friedrich Engels y August Bebel escribieron sendos libros que fueron la letra indiscutida para hablar desde la izquierda sobre «la Mujer», su historia y su porvenir5.

  • 1.

    «Hugo Chávez pregunta a Rafael Correa si es feminista» en YouTube, 13/12/2014, https://youtube/4pnvaAgo-re.

  • 2.

    «Ecuador: President Rafael Correa says ‘gender ideology’ threatens traditional families» en YouTube, 28/12/2013. https: youtube/4J7QMZXput00.

  • 3.

    Sobre la reunión, v. «Colectivos LGBT mantuvieron reunión con el presidente Rafael Correa» en Silueta X, 25/6/2015, https://siluetax.wordpress.com/2015/06/25/colectivos-lgbt-mantuvieron-reunion-con-el-presidente-rafael-correa/.

  • 4.

    Irina Pertierra: «La ‘Revolución Ciudadana’ en Ecuador y los derechos de las mujeres» en Pikara, 29/04/15.

  • 5.

    A. Bebel: La mujer en el pasado, en el presente y en el porvenir [1879], Fontamara, Barcelona, 1980; F. Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado [1884], Claridad, Buenos Aires, 1941.