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Hannah Arendt y el matrimonio igualitario. La lucha por los derechos LGBT en Argentina

La aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario el 15 de julio de 2010 constituyó un punto de inflexión en las luchas por los derechos de las llamadas «minorías sexuales». A la apertura ideológica del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se sumó una estrategia definida que hizo de la demanda «innegociable» del matrimonio el eje de la lucha de las organizaciones lgbt. Ese camino modificó discursos y formas de acción y generó un amplio apoyo social (político, cultural y mediático). En ese sentido, no se trató solo de la ley, sino de un proceso previo que consiguió que la discriminación por razones de orientación sexual se volviera políticamente incorrecta.

Hannah Arendt y el matrimonio igualitario. La lucha por los derechos LGBT en Argentina

Desde que la Ley de Matrimonio Igualitario fue aprobada en Argentina y publiqué el libro Matrimonio igualitario1, contando cómo lo conseguimos –porque hoy parece un derecho casi obvio, pero hace siete años, cuando lanzamos la campaña para conquistarlo, parecía imposible, casi una locura–, me han invitado a dar charlas y talleres para hablar de esa historia en distintos lugares del continente y ayudé, inclusive, a organizar la campaña por el matrimonio igualitario en otros países de América Latina. Algo se repite siempre. Una de las primeras cosas que me preguntan en cada reunión, charla o debate es por qué el matrimonio; por qué esa reivindicación se transformó, en buena parte del mundo, en la principal bandera del movimiento gay e, inclusive, LGBT.

Para responder a esa pregunta, me gusta recordar un viejo texto de la filósofa Hannah Arendt titulado «Reflexiones sobre Little Rock»2. Partiendo de una imagen, publicada en los diarios de la época, que mostraba a una niña negra saliendo de la escuela perseguida por una turba de niños blancos y protegida por un amigo blanco de su padre, Arendt analiza la repercusión de la decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos que acabó con la segregación entre blancos y negros en las escuelas y, aun reconociendo su importancia y obvia justicia, la considera una manera equivocada de encarar el problema del racismo. La decisión acababa con la segregación por la fuerza, pero los niños y niñas «de color» que comenzaban a integrarse a las mismas escuelas donde estudiaban los blancos terminaban sufriendo más violencia y humillaciones que antes, educándose en territorio enemigo, rechazados por los demás alumnos y sus familias.

El caso de «los nueve de Little Rock», que da lugar al título del artículo, muestra la dimensión del conflicto: el 24 de septiembre de 1957, el presidente Dwight D. Eisenhower tuvo que enviar tropas militares a esa ciudad, capital de Arkansas, para escoltar a nueve estudiantes negros para que pudieran entrar en el Central High School, donde debían estudiar junto a 1.900 alumnos blancos cuyas familias rechazaban su ingreso. Una niña negra había sido linchada por un grupo de blancos por tratar de entrar en la escuela; así estaban las cosas. Entre insultos e intentos de agresión, los niños fueron escoltados por guardaespaldas y el colegio tuvo que ser rodeado por 1.000 soldados para que pudieran ingresar por primera vez. Arendt señala que una encuesta realizada en otro estado, Virginia, revelaba que 92% de la población era contraria a la integración escolar (el artículo no aclara si encuestaron a blancos y negros o solo a los blancos, y esa duda dice mucho sobre el clima de época) y 65% estaba dispuesto a renunciar a la escuela pública para evitarla3.

Dice Arendt:

Mi primera pregunta fue: ¿qué haría yo si fuese una madre negra? La respuesta es que en ninguna circunstancia expondría a mi hijo a condiciones que darían la impresión de querer forzar su entrada en un grupo en el que no era deseado (...) Si yo fuese una madre negra del Sur, sentiría que la decisión de la Suprema Corte, involuntaria pero inevitablemente, colocó a mi hijo en una posición más humillante que aquella en la que ya se encontraba antes.4

El error, para la filósofa, fue la reivindicación elegida para ganarle la batalla al racismo. La prioridad, dice, debería haber sido otra: el matrimonio.

Expliquemos el contexto. Hasta el fallo «Loving v. Virginia», dictado el 12 de junio de 1967 por la Corte Suprema de Justicia de EEUU, en 16 estados norteamericanos –entre ellos, Arkansas y Virginia– era ilegal que una persona de piel negra se casara con una persona de piel blanca. Apenas siete estados nunca lo habían prohibido: Minnesota, Wisconsin, Nueva York, Connecticut, Vermont, New Hampshire y Nueva Jersey, y los primeros en permitirlo habían sido Pennsylvania (1780) y Massachusetts (1843). El resto fue cayendo como piezas de un dominó, hasta aquellos últimos 16 a los que la Corte tuvo que darles el empujón final.

Como sucede ahora en distintas partes del mundo con el matrimonio gay, el matrimonio entre negros y blancos era considerado «antinatural e inmoral» y su prohibición se justificaba también con fundamentos religiosos, como lo prueba el siguiente fragmento de una sentencia que avaló la prohibición, citado por la jueza Gabriela Seijas en el histórico fallo que autorizó por primera vez un matrimonio civil entre dos hombres en Argentina, en 2009: «Dios Todopoderoso creó las razas blanca, negra, amarilla, malaya y roja, y las colocó en continentes separados. El hecho de que Él separase las razas demuestra que Él no tenía la intención de que las razas se mezclasen» (sentencia de 1966 de un tribunal de instancia del estado de Virginia). En 1998, una carta publicada por la Universidad Bob Jones (de Carolina del Sur), de orientación cristiana y conservadora, decía que «Dios ha separado a las personas por un propósito» y que «pese a que no existe verso en la Biblia que dogmáticamente estipule que las diferentes razas no deberían casarse entre sí, todo el plan de Dios como él lo ha diseñado para las razas a través del tiempo indica que el matrimonio interracial no es el mejor para el hombre»5. Sí, en 1998.La lista de los estados norteamericanos que nunca prohibieron el matrimonio interracial o que estuvieron entre los primeros en abolir la prohibición se asemeja mucho a la de los estados que luego fueron pioneros en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, como por ejemplo Massachusetts, que fue el primero en abolir la segregación matrimonial de los homosexuales (2004) y había sido el segundo en abolir la de los negros (1843). Según una encuesta de Gallup realizada en 2013, 87% de los estadounidenses aprueba hoy los matrimonios entre personas negras y blancas (y ojo: fue recién en 1991 cuando la mayoría, por 48% a 42% según Gallup, pasó a aprobarlos), frente a apenas 4% que estaba de acuerdo en 1958, un dato que habría que tener en cuenta cada vez que algún político demagógico de América Latina asegura que el matrimonio igualitario debería resolverse mediante una consulta popular. Los derechos humanos de las minorías no se plebiscitan (parece mentira que haya que explicarlo) y la historia da lecciones sobre cómo serán recordados y qué poca estima recibirán en el futuro quienes se oponen a ellos. Los alumnos de las escuelas del futuro leerán en una clase de Historia la carta del ahora papa Jorge Bergoglio llamando a la guerra santa contra el matrimonio igualitario6 y sentirán lo mismo que hoy sentimos al leer un panfleto del Ku Klux Klan sobre los negros.

  • 1. Bruno Bimbi: periodista, máster en Letras y doctorando en Estudios del Lenguaje en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (puc-Rio). Es autor de Matrimonio igualitario (Planeta, Buenos Aires, 2010) y ex-secretario de Prensa y Relaciones Institucionales de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (falgbt). Fue uno de los responsables políticos de la estrategia que llevó a la conquista del matrimonio igualitario en Argentina. Actualmente, trabaja en el canal argentino Todo Noticias, coordina la campaña por el matrimonio igualitario en Brasil, es asesor del diputado Jean Wyllys e integra la mesa ejecutiva estadual del Partido Socialismo y Libertad (psol) del estado de Río de Janeiro.Palabras claves: homofobia, lgbt, matrimonio igualitario, Hannah Arendt, Cristina Fernández de Kirchner, Argentina.. Planeta, Buenos Aires, 2010. Hay edición en portugués: Casamento igualitário, Garamond, Río de Janeiro, 2013.
  • 2. En H. Arendt: Responsabilidad y juicio, Paidós, Barcelona, 2007, pp. 187-202.
  • 3. Ibíd., p. 193.
  • 4. Ibíd., p. 187.
  • 5. «Letter from Bob Jones University re: Interracial Dating» en The Multiracial Activist, http://multiracial.com/site/content/view/1023, 31/8/1998.
  • 6. «En medio del debate del proyecto que legaliza el casamiento entre dos personas del mismo sexo, Bergoglio dio a conocer una carta de repudio dirigida a los cuatro monasterios de Buenos Aires: ‘No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios’. Agregaba: ‘No se trata de un mero proyecto legislativo (este es solo el instrumento) sino de una movida del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios’. El cardenal fue por más al decir: ‘Aquí también está la envidia del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la tierra». V. «Jorge Bergoglio, un acérrimo opositor al matrimonio igualitario y al aborto» en La Nación, 14/3/2013, disponible en www.lanacion.com.ar/1562762-jorge-bergoglio-un-acerrimo-opositor-al-matrimonio-igualitario-y-al-aborto. V. tb. B. Bimbi: ob. cit., pp. 492-493.