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Guatemala buscar salir de la Guerra Fría

¿Dónde comienza «lo nuevo» en la derecha guatemalteca? Sin duda, un punto de inflexión se produce en 1996, con la firma de la paz tras 36 años de guerra interna. A partir de allí es posible identificar a una serie de actores que corporizan las derechas, en un país sin partidos en sentido estricto: los reformistas tímidos y el poder emergente. Y dentro de este último grupo, los nuevos empresarios, el movimiento cooperativista y la derecha indígena. A partir de estos actores es posible revisar las transformaciones ocurridas en los últimos años en Guatemala y el comportamiento de los grupos de poder, aún atravesados por las lógicas de la Guerra Fría.

Guatemala buscar salir de la Guerra Fría

Derechas e izquierdas en una sociedad sin partidos

Identificar derechas nuevas o viejas en Guatemala es un ejercicio de análisis social e institucional, antes que político-organizativo, sustentado sobre el reconocimiento de los valores, intereses, métodos y alianzas que informan sobre los actores. Reconocer a la nueva derecha en Guatemala es identificar actores conservadores. Conservadores económicos que hacen apuestas por la estabilidad macroeconómica, la austeridad fiscal, el gobierno pequeño y la supremacía del mercado; y conservadores sociales que favorecen el statu quo, apuestan por las jerarquías y los roles tradicionales de género, por ejemplo. No es banal para esto tomar una perspectiva bidimensional de lo cultural y lo material, antes que quedarse en la dimensión única de lo político1. Esto no significa que no sea un ejercicio político, sino que se trata de entender que el Estado (y el estado de cosas) que busca construir la derecha no pasa principalmente por el sistema de partidos políticos.

Escribir sobre una nueva derecha es problemático cuando, al menos desde el retorno a la institucionalidad democrática en 1985, los partidos no han sido más que volátiles empresas electorales, poco útiles como proxy para identificar plataformas ideológicas que convoquen votantes en la ciudadanía. La Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG), elegida libremente ese año, inauguró la «maldición del gobierno»: el precio del poder es la desaparición del partido. El patrón persiste hasta la fecha y ha cortado por igual todos los colores ideológicos.

Reconocer una nueva derecha exige primero delimitar tiempos. ¿Dónde empieza lo «nuevo» de la nueva derecha? Una buena frontera es 1996, el año en que se firmó la paz, tras 36 años de guerra interna. Dos razones sostienen esta hipótesis. La primera es que si bien la Constitución de 1985 enunció una visión de democracia y esbozó la institucionalidad que requeriría, fueron los Acuerdos de Paz los que, aunque firmados con más tinta que verdad, establecieron la definición operativa necesaria para tal visión. La segunda es que la participación en la guerra –ya fuera como víctima, verdugo o espectador– marcó de manera indeleble a las generaciones previas a 1996. Por contraste, quien nació el año en que se firmó la paz hoy apenas llega a la mayoría de edad. Quien entró al mundo del trabajo en 1996 hoy está en el ápex de su vida productiva. Aunque la sombra anacrónica del anticomunismo se proyecta hasta el presente, e igualmente lo hace la izquierda tradicional como su criatura reactiva2, nuevos son quienes ya no experimentaron el enfrentamiento armado como evento cotidiano. Los nuevos, ya sean de derecha o de izquierda, no ven el anticomunismo y la guerrilla como hechos, sino como recuerdos más o menos persistentes.

Para resumir, al hablar de nueva derecha en Guatemala aquí haré referencia a los actores que se presentan en el espectro conservador económico y/o social a partir de 1996 y que afincan tanto sus razones como sus propósitos en el presente y el futuro. Hecha esta delimitación, cabe reconocer que el objeto es fragmentado. Más que una nueva derecha, en Guatemala hay varias nuevas derechas.

Los reformistas tímidos

Reformadores tímidos son el conjunto de jóvenes empresarios de elite que en las últimas dos décadas han empezado a expresar una voluntad de cambio en la sociedad y la economía guatemaltecas. Son, literalmente, los herederos de la oligarquía. Fueron sus padres y tíos quienes desarrollaron la riqueza en los tiempos cruentos de la guerra y quienes financiaron la represión del Estado3. Hoy controlan o comienzan a controlar las fincas, las fábricas y las cadenas de tiendas, pero también empiezan a asociarse con inversionistas internacionales en hidroeléctricas, extracciones petrolíferas, de metales y de apropiación del germoplasma.

Sobre ellos pesa grandemente la historia, más aún a partir de los procesos de reformas, pero también las tiranías que instalaron el Estado liberal a partir de 1871, con antepasados que, en tanto «vieja derecha», se conformaron con hacer del Estado una máquina de expolio, antes que construir una nación. Pesa también sobre ellos la noción de linaje y el racismo que implica4. Su imbricación familiar en las redes de la elite criolla les da acceso a recursos y poder muy amplios, especialmente si se los compara con los demás actores de la sociedad. En cualquier situación o debate es su voluntad la que tiene más probabilidades de concretarse, y ellos lo asumen así. Consideran una verdadera afrenta a su identidad el que otros actores políticos o sociales contesten su autoridad sobre la cosa pública5.

Este grupo posee un alto grado de inserción internacional, pues los negocios familiares hace tiempo que están vinculados a la economía mundial. Su formación en universidades del Norte, su exposición a la cultura y los mercados internacionales (incluyendo mercados de ideas) y sus nexos de familia en Europa y Estados Unidos los han hecho cosmopolitas, comparados con la población media guatemalteca.

Ese cosmopolitismo ha conllevado la adopción de posiciones relativamente progresistas en una variedad de dominios, y se les ha hecho atractivo vivir en mercados y sociedades con más apertura. Pero, al mismo tiempo, estos grupos perciben con inmediatez los efectos disciplinarios de los mercados internacionales, que para dejar a sus empresas jugar en esas ligas exigen cada vez más cumplir con normas de inversión social, trabajo y empleo justo, incluso de tributación equitativa6.

Esto plantea contradicciones. Por una parte, sus perspectivas reformistas pueden estar motivadas por la voluntad de perfeccionamiento de sus mercados y de la economía nacional y/o por la motivación de evitar la vergüenza internacional de que se señale a su clase por usufructuar ventajas en una sociedad notoriamente injusta7. Aspiran a ser los nuevos políticos de una nueva política, en el molde del presidente mexicano Enrique Peña Nieto. Pero son tímidos. Cargan con la ideología de una generación anterior marcada por el anticomunismo de dos guerras traslapadas –el conflicto armado interno y la Guerra Fría–, con la cual no se atreven a romper públicamente.

  • 1. Jim A.C. Everett: «The 12 Item Social and Economic Conservatism Scale (secs)» en Plos One vol. 8 No 12, 11/12/2013.
  • 2. Hay razones para sugerir que la guerrilla en Guatemala fue un esfuerzo reactivo ante la represión desatada tras la caída de Jacobo Árbenz, más que un proyecto propositivo. Incluso la presencia radical en el segundo gobierno de la Revolución (1951-1954) fue un aprovechamiento coyuntural ante la oportunidad que ofrecían las excesivas rigideces del conservadurismo en el país. La izquierda ha tenido serias dificultades para superar este origen. Gustavo Porras Castejón: Las huellas de Guatemala, 4a. ed., f&g Editores, Guatemala, 2011; Piero Gelijeses: Shattered Hope: The Guatemalan Revolution and the United States, 1944-1954, Princeton University Press, Nueva Jersey, 1992; y Edelberto Torres-Rivas: Revoluciones sin cambios revolucionarios: ensayos sobre la crisis en Centroamérica, f&g Editores, Guatemala, 2011.
  • 3. Martín Rodríguez Pellecer: «Los militares y la élite, la alianza que ganó la guerra» en Plaza Pública, 21/8/2013, www.plazapublica.com.gt/content/los-militares-y-la-elite-la-alianza-que-gano-la-guerra. Siendo herederos de esta alianza de su clase con los militares, son también los que la actualizan hoy en torno del gobierno del general retirado Otto Pérez Molina.
  • 4. Marta Elena Casaus Arzú: Guatemala: Linaje y racismo, f&g Editores, Guatemala, 2010.
  • 5. Mayra Palencia Prado: «Elites y lógicas de acumulación en la modernización económica guatemalteca», Instituto de Investigaciones y Gerencia Política, Universidad Rafael Landívar, Guatemala, s/f., disponible en www.american.edu/clals/upload/Palencia_Elites_Ejes_Acumulaci%C3%B3n_Guate.pdf.
  • 6. V. por ejemplo Eddy Coronado y Urias Gamarro: «eeuu reactiva panel arbitral contra Guatemala por violación de derechos laborales» en Prensa Libre, 19/9/2014.
  • 7. M. Palencia Prado: ob. cit.